jueves, 9 de abril de 2009

¿Dónde estás?


En momentos en que la vida de casi todos los guatemaltecos pende de un hilo y que tenemos muy altas posibilidades de pasar a engrosar las estadísticas de las víctimas de la criminalidad y que quienes tienen la gorda obligación de velar porque en el país haya seguridad y se imparta justicia brillan por su ausencia, incompetencia y corrupción, no nos queda más que velar nosotros mismos por nuestra seguridad y, para los creyentes, encomendarnos a Dios.

Sé que no es un gran consuelo para muchos, pero estoy convencido de que, mientras no se cambie el sistema (por eso hay que apoyar a ProReforma), la cosa seguirá color de hormiga.

Y aunque no debemos claudicar en nuestro empeño de lograr que los funcionarios cumplan sus obligaciones principales, la verdad, creo que en las actuales circunstancias, con los gobernantes interesados únicamente en “sus” programas, tenemos pocas esperanzas de cambio en ese ámbito.

Por lo menos en estos días de descanso, le invito a meditar sobre esto y a acercarse a Dios. Le dejo con un par de textos bíblicos (mezclados) que a mí me han servido mucho en este sentido desde hace muchos años:

Jehová es mi pastor; nada me faltará.

El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.

En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.

Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad.

Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, y 10 mil a tu diestra; mas a ti no llegará.

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.

Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación.

P.S.: Esta es una mezcla que hice de los dos salmos que más me gustan, el 23 y el 91, sacados de la versión RV1960.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 9 de abril de 2,009.

1 comentario:

Pablo dijo...

Y no es casaca que nosotros somos los que velamos por nosotros mismos desde hace un tiempo, hoy en las calles ni siquiera los policías hacen bien sus trabajo, creo que ellos en ves de protegernos a nosotros los protegemos a ellos, ya que los maleantes estan mejor armados que ellos, y el gobierno ni siquiera tiene como invertir en seguridad porque estan en quiebra absoluta por tanta robadera a Guatemala.