Los gobernantes dicen que necesitan más fondos. Pretenden conseguirlos endeudándonos a través de bonos. En lo que no se ponen de acuerdo es en la cantidad. Primero dijeron que Q1 mil 500 millones; luego que Q1 mil 800 millones; después resultó que Q2 mil 500 millones, y la cifra más reciente ya va por Q3 mil millones. ¿Cuánto irán a pedir finalmente cuando lleguen al Congreso? Estos más que bonos, parecen globos, y no de los que usan para despistar.
Lo que peor cae de todo este affaire es que ellos se equivocan en sus cálculos, y después quieren que seamos nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos quienes carguemos con la responsabilidad de sus desatinos.
El problema viene desde el año pasado, cuando el ministro de Finanzas juró a diestra y siniestra que Guatemala era “inmune” a la crisis, que a nosotros no nos iba a afectar. Poco faltó para que dijera: “¿Crisis?, ¡chis!”. Pero él mismo estaba muy claro, o debería haberlo estado, que desde antes que tomaran posesión, la situación no apuntaba bien. El Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) —indicador de corto plazo que sirve para tener una idea de cómo se encuentra la economía— venía en franca picada desde finales del 2007, y durante el 2008 en ningún momento dio siquiera alguna falsa señal de que fuese a cambiar la tendencia. Y eso sin tomar en cuenta que la mayoría de los indicadores a nivel internacional apuntaban a que la situación no iba a mejorar muy pronto que se diga.
Aún así, el ministro tuvo el descaro de hacer esas famosas declaraciones, quiero creer que a sabiendas de que mentía, porque la alternativa demostraría demasiada incompetencia. Lo importante es que se basaron en la supuesta inexistencia de la crisis para pedir y lograr que les aprobaran un presupuesto completamente alejado de la realidad. Ese mismo presupuesto que el presidente dijo que serviría sólo para sus proyectos, y que si queríamos seguridad, que se hiciera todavía más grande.
Pues bien, ya pasados seis meses del año en que resulta que sí existía una crisis, en la que los ingresos de la mayoría de los guatemaltecos se han reducido y que la consecuencia lógica ha sido que los ingresos tributarios también han disminuido, resulta ser que al Gobierno no le alcanza el dinero para todo lo que quería gastarse.
Esa, debo hacer la salvedad, es la situación de casi todos los guatemaltecos, no solo del Gobierno; sin embargo, a cada uno de nosotros nos toca ver cómo hacemos para apretarnos el cinturón, y resistir la época de crisis en lo que llegan tiempos mejores.
No obstante, los gobernantes no utilizan esa lógica. La suya es una lógica perversa que dice: “no importa que me haya equivocado en mi apreciación de cómo iba a estar el año, lo importante es que nos gastemos todo lo que nosotros mismos soñamos que podríamos gastarnos, y por tanto, lo que tenemos que hacer no es reducir nuestros ‘sueños’ de gasto, sino gastarnos la plata y dejar que los que vienen atrás la paguen”.
¡Qué de al pelo! Ellos cometieron la insensatez de despreciar todas las llamadas a la cordura que se les hicieron para bajarlos de la nube en que andaban, y ahora pretenden seguir agarrados de la nube, fregando a todos los demás. Lo peor de todo es que lo hacen de la manera más cínica y descarada del mundo, haciéndose las “inocentes palomas” que no tienen nada de responsabilidad en meterse ellos solitos en el lío en donde están metidos. ¡No a los bonos! ¡Apriétense el cinturón ustedes también!
Artículo publicado el jueves 23 de julio de 2,009.