jueves, 30 de octubre de 2008

Forcisolidaridad

El gobierno pretende establecer un nuevo tributo bajo la falacia de que debemos ser “solidarios” con los que menos tienen. Lo irónico del asunto es que el mismo nombre es una contradicción de términos: “impuesto de solidaridad” (ISO). Simplemente no se puede ser “solidario” a la fuerza.

La solidaridad implica acción voluntaria; los impuestos, por definición, en un sistema como el nuestro, donde a los ciudadanos no se nos permite tener voto al respecto, no son nada voluntarios, se “imponen” a la fuerza, de otra manera se les debería llamar, por ejemplo, “contribución solidaria”, y cada quien debería poder decidir si la da o no. Así que no se deje engañar, lo del nombre es una simple estrategia de mercadeo para que los ingenuos caigan en la trampa.

Los políticos siempre se agarran de la misma excusa para justificar su completa incompetencia: “Si no nos dan más recursos, no vamos a poder cumplir con todo lo que ofrecimos”. Ayer mismo se publicaron declaraciones del viceministro de Finanzas, diciendo que la falta de estos nuevos impuestos “afectaría programas de inversión y gasto social en infraestructura, salud y educación, con consecuencias en lo económico y lo social”.

La cruda realidad es que desde que yo tengo memoria —y casi podría garantizar que desde siempre—, los presupuestos generales de malgasto de los políticos se han incrementado anualmente y, sin embargo, los resultados que ofrecen nunca se materializan.

Lo único que se puede ver palpablemente es a muchos políticos que antes de llegar a tener acceso al erario no tenían petate en donde caer muertos y luego resulta que ya tienen resuelta su vida, la de sus hijos, nietos y quién sabe cuántas generaciones adicionales, con todo y mansiones, carros y seguridad.

Más importante, creo yo, es la inconveniencia de incrementar los impuestos en medio de una situación tan difícil como la actual. En este sentido, la lógica de los funcionarios públicos me deja completamente anonadado. Veamos la nota, también publicada ayer, sobre las declaraciones del ministro de Finanzas en un comunicado de prensa reciente: “El funcionario insistió en que la aprobación de las propuestas permitirá enfrentar el escollo económico mundial, sobre todo los impactos en el país”.

O sea que el ministro de Finanzas finalmente entendió que estamos en medio de una crisis mundial y que ésta podría tener consecuencias en nuestro país (antes desestimaba tal extremo), pero que igual hay que subir los impuestos. Antes decía que, como la crisis no nos iba a afectar, se podían subir los impuestos; ahora dice que, porque la crisis nos va a afectar, hay que subir los impuestos. ¿Quién lo entiende?

La clave para entenderlo es sencilla. Como al resto de los políticos, le vienen del norte los aprietos en los que meta a la economía, a las empresas, a los trabajadores del país, siempre y cuando ellos logren poner sus manos encima de los recursos de los tributarios. Al fin y al cabo, la estadía en el poder es tan corta, cuatro años se pasan volando, y ellos tienen que aprovecharlos para asegurar su sobrevivencia por las próximas generaciones. ¿Y los demás, los que pagan los impuestos, los que probablemente se queden sin trabajo porque la empresa no los podrá seguir contratando, los que tendrán que cerrar su negocio porque simplemente ya no podrán operar? Esos a ellos no les importan. Así son los políticos. ¿Y usted qué esperaba? ¿Realmente se creyó lo de la solidaridad?

viernes, 24 de octubre de 2008

De vuelta al trote

Quienes me conocieron de adolescente saben que mi pasión era correr. Entrenaba dos horas diarias bajo el sol de la tarde de Reu y, cuando no estaba corriendo, soñaba con correr. Recuerdo que, en la puerta de mi cuarto, tenía una gran toalla con la figura de las piernas de un corredor. A donde fuera que iba, trataba de correr un poco y, aunque mi verdadera pasión y en lo que era competitivo siempre fue la velocidad, le entraba también a correr distancias largas por hobby.

Las decisiones que uno toma en la vida siempre tienen consecuencias, y una de las que yo tomé, todavía en la adolescencia, truncó esos sueños de competencia. A los 14 años, creía que ya tenía bien planificada mi vida y sabía lo que quería lograr. Sin embargo, a la vuelta de la esquina todo cambió y, cuando finalmente me dí cuenta de lo que sucedía, ya esos sueños de juventud habían quedado atrás.

No me quejo. Al final, fui yo quien tomé las decisiones, acertadas o erradas, maduras o inmaduras, pero fui yo, no le puedo echar la culpa a nadie más. Por supuesto que la vida te va dando jugadas que no esperas y, como decía Randy Pausch, uno no escoge las cartas que te da la vida, pero sí lo que hace con esa mano. En retrospectiva, si no hubiera pasado por todo lo que pasé, muy probablemente, no hubiera llegado a ser el libertario radical que ahora soy, ni al periodismo —que no estaba entre mis planes de la adolescencia, debo reconocer—, ni haría lo que ahora hago que tanto me llena de satisfacción.

Pero todavía estaba el sueño frustrado del atletismo. Se compensó un poco cuando a mi hija le empezó a gustar, sin que yo se lo inculcara. Comenzó a competir por parte del colegio y, en poco tiempo, llegó a lograr mucho, al grado que hasta compitió en un Campeonato Centroamericano en El Salvador. Pero así como llegó se fue, y ahora tiene otros intereses.

Correr se fue quedando en el olvido, hasta que llegó a mi vida Heidy. Ella es una persona realmente extraordinaria a quien, ahora, tengo el honor y gran gusto de considerar una de mis mejores amigas. Una de sus tantas cualidades es que le gusta correr y participar en competencias. De tanto insistir, logró motivarme a meterme a una carrera, en la que participamos con mi hija y, aunque no la terminamos —era irracional pensar que la podía terminar considerando que tenía más de 20 años de no correr y no había entrenado nada—, el solo hecho de estar en la competencia y sentir de nuevo la adrenalina de ese gusto por correr, me dejó picado.

Sin embargo, necesité un empujón más para recomenzar. Este vino de otra amiga, Michelle, quien me retó a correr para reencontrarme con ese patojo disciplinado y competitivo que se quedó en Reu, cuando dejé de correr.

Pues bien, hace un par de meses empecé a correr nuevamente, y la experiencia ha sido increíble. Como era de esperarse, ya uno está bastante oxidado, por lo que tuve que pasar por el médico para revisarme una inflamación en una rodilla y, luego, un período de reacondicionamiento, pero sigo emocionado. Hacía mucho tiempo que no me sentía así. La semana pasada, junto con Heidy, corrí y terminé mi primera carrera de 10 kilómetros en muchísimos años, y la verdad es que disfruté sobremanera la experiencia. Ya nos preparamos para otras dos carreras, en noviembre.

Con base en mi experiencia, le digo que si por algún motivo la vida lo llevó lejos de sus sueños de juventud, nunca es tarde para reiniciar. ¡Anímese!

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 23 de Octubre de 2,008.

sábado, 18 de octubre de 2008

Our deepest Fear

“Our deepest fear is not that we are inadequate. Our deepest fear is that we are powerful beyond measure. It is our light, not our darkness that most frightens us. We ask ourselves, Who am I to be brilliant, gorgeous, talented, fabulous? Actually, who are you not to be?"
Marianne Williamson, en el libro "A return to love"

Me encontré esta cita de Marianne Williamson en una película ("Akeelah and the Bee") muy bonita sobre una niña que participa en un concurso de deletreo y me gustó mucho, así que la comparto con ustedes.

jueves, 16 de octubre de 2008

Rescates fallidos

Casi cada semana los gober- nantes de Estados Unidos y de la Reserva Federal salen con nuevos “planes de rescate” para, supuestamente, evitar que se llegue a una crisis similar a la de la Gran Depresión de los años 30. Lo triste del caso es que con cada nuevo plan, en vez de alejarse pareciera que se está acercando más la tan temida crisis.

El problema central aquí es que no han entendido o no quieren entender, o, peor aún, no les conviene entender, que la raíz de todo el problema fue precisamente la intervención estatal, tanto a través de regulaciones y de supuestos “incentivos a la propiedad”, así como por medio de la manipulación de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal.

Si no se entiende el problema es muy difícil que se pueda llegar a una solución al mismo. En este caso, todo lo que se ha planteado con los famosos planes de rescate es más de lo mismo, con el agravante que se ha orientado a “rescatar”, con dinero de los contribuyentes, a quienes menos se lo merecen, debido a que fueron quienes más irresponsablemente actuaron ante las circunstancias que plantearon la Reserva Federal y el Gobierno de Estados Unidos.

Lo correcto y lo mejor en este caso era enfrentar el mal momento, y dejar que quebraran quienes tenían que quebrar. Las quiebras son precisamente el mecanismo de mercado que sirve para salir de las malas inversiones y de las empresas que no han servido adecuadamente al público. Pero, por el temor de que las quiebras se convirtieran en un efecto dominó, los políticos han hecho todo lo que se les ha ocurrido para evitarlas, sin importarles que con ello se pasen llevando, no solo una inmensa cantidad de recursos de los contribuyentes que no tendrían porqué estar corriendo con esos costos, sino, además, los mismos principios que dicen “defender” con los planes de rescate.

Y lo peor de todo es que difícilmente podrán evitar los problemas que quieren evitar. Lo único que lograrán, si es que lo logran, es aplazar el problema.

Y ahí es adonde llegamos al meollo del asunto, creo yo.

No sería de extrañar que todas las decisiones que los políticos están tomando actualmente tengan un solo propósito en mente: “aguantar la peña unas semanas hasta las elecciones; de ahí en adelante, que venga lo que haya de venir”. En este caso, los republicanos estarían tratando de perjudicar lo menos posible la campaña de McCain, y si en todo caso pues no gana, entonces que vea Obama cómo se las arregla con el tétrico panorama que le dejarán.

Quizá es una línea de pensamiento un cacho jalada, pero como hemos llegado a aprender en nuestras latitudes, con los políticos, “piensa mal y acertarás”. Lo triste del caso es que, como en casi todas las decisiones que toman los funcionarios públicos y los políticos, no son ellos quienes deberán pagar las consecuencias, sino los demás. En este caso, primero los contribuyentes gringos, pero atrasito de ellos vamos todos los demás, ya que al paso que va esta crisis, las dimensiones que puede tomar son muy grandes.

En resumen, de que no nos libramos de un mal rato, no nos libramos. Y lo mejor es al mal paso darle prisa, y enfrentarlo de una vez, y no esperar a que, con unas pocas aspirinas (y carísimas), se va a resolver el problema que necesita una cirugía mayor. Lo que le recomiendo es que se prepare, porque la cosa pinta para largo y pesado.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 16 de octubre de 2,008.

jueves, 9 de octubre de 2008

El Chantajista

La solicitud de Álvaro Colom de incrementar el presupuesto para dar seguridad no es más que un vil chantaje. Estamos claros en que la criminalidad es la principal preocupación actual de todos los que vivimos en Guatemala, y que eso hace del brindar seguridad un ofrecimiento político atractivo. Sin embargo, el que se ponga como la zanahoria para engatusar a todos los… diputados, para que aprueben un considerable incremento en el presupuesto de malgasto del gobierno y el consiguiente incremento a los impuestos es un chantaje al mejor estilo de los mareros, secuestradores y demás criminales.

Respaldo lo dicho en las siguientes declaraciones de Colom:

“Esta es una decisión nacional: si quieren seguridad, hay que invertir en seguridad”.

“Lo hemos hablado con el ministro de Finanzas; esto es como poner un sobrepresupuesto en el presupuesto normal, no queremos afectar el normal, eso tiene que ser una decisión de las consultas que hagamos de cómo vamos a financiar como país y nación un tema que nos está afligiendo a todos”.

“Eso hay que verlo como cuando una persona toca un cable de alta tensión y es ingresada en un cuarto de cuidados intensivos: allí la familia del lesionado no ve el límite de ninguna naturaleza en gastos, y la seguridad de Guatemala está moribunda en un cuarto de cuidados intensivos”.

El punto crucial del chantaje es que la función principal de cualquier gobierno es brindar justicia y velar por la seguridad de los habitantes de su país; sin embargo, Colom la pone como la última prioridad.

¿Por qué lo digo? Porque, como dice el refrán, “ponga el dinero donde pone la boca”, y en este caso, Colom dice que la seguridad esta “moribunda”, pero no está dispuesto a asignarle el presupuesto requerido por él mismo para “empezar” a curarla. Lo dice muy claramente: el presupuesto “normal” es para las cosas “normales” que hace el Gobierno. Si quieren seguridad, caigan muertos con más dinero, porque lo demás, de lo que vivimos los burócratas y hacemos fortuna los políticos, eso sí no se toca. Siguiendo su mismo ejemplo, sería como que la familia que tiene al electrocutado en el hospital asigne todo su dinero como siempre lo ha utilizado, como si nada estuviera pasando, y para pagar los cuidados de su enfermo salga a la calle a robarle su dinero al primer despistado que pase.

Si realmente le preocupara la inseguridad que vivimos todos los demás, el primer monto asignado en el presupuesto sería el de seguridad, y luego a ver para qué alcanza lo demás. ¿Por qué, por ejemplo, no dejó en esa ampliación de los Q3 mil millones el presupuesto de la Cohesión Social?

Espero que los diputados no se dejen chantajear. A Colom no le interesa la seguridad, le interesa obtener más ingresos; la seguridad es solo el dulcito con el cual pretende que el Congreso apruebe más impuestos y más gastos. Lo más digno que podrían hacer, si es que todavía les queda algo de esa escurridiza cualidad entre los políticos, es no aprobar el presupuesto y que siga vigente el de este año.

Caso Pollo Ronco: no es más que un teatro del absurdo, arreglado con anticipación. La teoría que más me convence es que lo mandaron a traer al mejor estilo de Juan el Bautista: para que prepare el camino de la señora. El que lee, entienda.

Vdeluto.org: Ahora más que nunca, vístase de negro los viernes y demuestre su repulsa por el sistema actual. Pase por El Obelisco mañana, después de las 18 horas, “V” estará allí de nuevo.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 9 de octubre de 2,008.

jueves, 2 de octubre de 2008

Neoliberalismo muerto

La crisis en el sistema financiero mundial ha significado para muchos “el fin del neoliberalismo”. Lamentablemente, con lo mucho que yo mismo estaría feliz de que fuera el fin del neoliberalismo, la triste realidad es que lo más probable es que el “neoliberalismo” al que ellos se refieren seguirá campante y boyante en medio de la probable recesión que él mismo ocasionó.

¿Por qué digo esto? ¿Por qué quisiera que fuera el fin del “neoliberalismo”? Para entenderlo hay que comprender bien a qué se refiere la terminología que muchos usan. El término “neoliberal” fue acuñado por algunos enemigos del liberalismo, pero no se lo aplicaron a lo que dice el liberalismo, sino a lo que ellos creían que quería decir el liberalismo, sin percatarse (o, si les vamos a dar el beneficio de la duda maquiavélica, con todo el conocimiento de causa) de que a lo que ellos realmente se referían con el término es a lo que se conoce como “mercantilismo”. En lógica, esto se denomina la falacia del espantapájaros, que ya expliqué hace algún tiempo en otro artículo (lo puede ver en mi blog: jorgejacobs.com).

Y ¿qué es el mercantilismo? En pocas palabras, el aprovechamiento del poder discrecional que tienen los funcionarios públicos en beneficio de ellos mismos, sus amigos, sus financistas, los “contratistas del Estado”, los grupos de presión y, en general, de todos aquellos que se puedan beneficiar, ya sea de fondos públicos o de la protección y privilegios que le pueden dar los funcionarios a través de legislación, permisos, aranceles y toda una serie de instrumentos que se han ideado para sacarle raja al ejercicio del poder.

Un prerrequisito para la existencia del “mercantilismo” es que el Gobierno tenga el poder de intervenir en la economía, en las transacciones que realizan las personas. Y es allí donde podemos encontrar las raíces de la actual crisis financiera: en la intervención de los funcionarios públicos en la economía, tanto a través de regulaciones y de obligaciones impuestas, como a través de la manipulación de la masa monetaria, a través de las decisiones del banco central (en el caso de Estados Unidos, la Reserva Federal, la FED). La crisis no se debe al “libre mercado”, como algunos quieren inferir; se debe a la intervención de los gobernantes. Es un claro ejemplo de mercantilismo aplicado.

Así que, en efecto, la crisis es culpa del “neoliberalismo”, porque a lo que ellos llaman así es al “mercantilismo”, que es realmente el culpable.

Lamentablemente todas las soluciones que están proponiendo, y las que más probablemente ejecutarán, son más de lo mismo: más mercantilismo. Tal es el grado de despiste, que la mayor parte de personas ve en la FED al salvador que nos va a rescatar de la gran crisis mundial, sin siquiera percatarse de que la FED es uno de los principales responsables de que la crisis llegara a donde llegó. Con excepción de los verdaderos liberales, casi nadie cuestiona la responsabilidad de los funcionarios públicos en esta debacle, ni mucho menos la necesidad de cambiar de sistema y dejar el de banca central con reservas fraccionarias en la historia.

Así que, no se alegre. El neoliberalismo no ha muerto y no morirá en el futuro cercano. Seguirá vivito y coleando, para que los enemigos del liberalismo puedan mantener su espantapájaros en el cual descargar sus frustraciones.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 2 de octubre de 2,008.