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jueves, 30 de abril de 2009

El seminarista

El seminarista

El escándalo al conocerse lo licenciosa que era la vida religiosa del ex obispo Fernando Lugo ha ocasionado muchos más problemas a la Iglesia Católica de lo que cualquier involucrado se atreve a aceptar. Un amigo me contó esta historia. No puedo validarla porque la recibí de segunda mano. Quizá es cierta, quizá no, o quizá es algo así como la excusa de Rigoberta Menchú cuando David Stoll descubrió que su historia no era cierta. ¿En este caso sería: “es la historia de todos los seminaristas decepcionados”?

El seminarista, desde pequeño sintió una inclinación especial por dedicarse a la vida religiosa, de dedicar su vida a los demás. Admiraba a los religiosos que estaban a cargo del colegio. Se vislumbraba caminando por los pasillos de algún colegio de la orden, enseñando a los niños, asistiendo a los desamparados, apoyando a los pobres; en fin, viviendo para Dios.

Llegado el momento, comunicó a su familia su decisión de dedicar su vida al servicio de la Iglesia e iniciar su vida como religioso en una de las congregaciones existentes en el país. La noticia fue fuente de mucha alegría en el seno de una familia con larga tradición.

Ingresó al noviciado en un centro al sur de la ciudad. Luego de un exitoso año, hizo sus primeros votos temporales de pobreza, castidad y obediencia e ingresó al filosofado de la congregación. El seminarista sinceramente quería buscar a Dios y agradar a la Iglesia, pero pronto en su camino empezó a encontrar inconsistencias en algunos de los religiosos que lo hacían dudar.

En repetidas ocasiones comentó con sus superiores algunas de las muchas dudas que le saltaban a la mente. Las respuestas le dejaron en una peor situación. Le decían que no había que juzgar a los hermanos, que todos somos humanos y tenemos debilidades; que si bien es cierto había errores, éstos no debían pesar sobre su fe y sus creencias; que debía poner su mirada en Dios y la Iglesia, y no en los supuestos errores de algunos de sus miembros.

Conforme avanzaba en su camino, pasando por el tirocinio, que realizó en varios pueblos del altiplano, y luego en sus estudios de Teología, también en un centro de la congregación, en el sur de la ciudad, las dudas no iban menguando, sino crecían. El principal problema que encontraba era uno de coherencia: no había relación entre lo que muchos de sus superiores religiosos decían que había que hacer, e incluso entre lo que le decían a otros que debían hacer, con lo que ellos practicaban.

No le ayudaron las noticias de escándalos en otros países, como por ejemplo, el de los sacerdotes y religiosos acusados de pederastas en Estados Unidos. Fue un golpe todavía mayor el que, en lugar de condenar esos pecados de los religiosos, la Iglesia prefería encubrirlos.

Ya estaba a punto de terminar su largo camino seminarista cuando tenía que pasar de los votos temporales a los perpetuos. A diferencia de muchos otros, él lo tomaba muy en serio, pero los muchos años de aprendizaje le llevaron a la conclusión de que era imposible cumplirlos, que iban contra la naturaleza humana. En esas estaba cuando salió a luz el escándalo de Lugo, que no solo había quebrantado sus votos, como religioso y como sacerdote, sino que lo había hecho de manera tal que hasta a un feligrés cualquiera sería difícil pasárselo por alto.

Esa fue la gota que rebalsó su vaso. Con todo el dolor de su corazón escribió su carta de retiro de la congregación. No podía seguir con la farsa.

Artículo publicado en Prensa Libre el 30 de abril de 2,009.

jueves, 18 de mayo de 2006

Leer o no leer, ver o no ver


Mañana se estrena una de las películas más controversiales de los últimos años, "El Código Da Vinci", basada en el libro del mismo nombre escrito por Dan Brown. La controversia, muy bien manejada por el autor, radica en poner en duda valores y creencias cristianas, así como ataques directos a la institución de la Iglesia Católica y el Opus Dei.

Desde mi humilde perspectiva, creo que Dan Brown es un genio del "marketing" que ha sabido aprovechar muy bien la controversia para vender libros. Y creo que quienes se han rasgado las vestiduras y lanzado todo tipo de ataques contra Brown y su libro, no hicieron más que caer ingenuamente en el anzuelo que él les tendió. Lo más probable es que Brown, cada vez que recibe su cheque de regalías, se ría a lo grande de todo el dinero que le han hecho los detractores de su obra.

No nos perdamos. Brown no es el anticristo, ni nada que se le parezca. Simplemente es un buen escritor de novelas que sabe qué cuerdas tocar para apasionar a la gente, lo que se traduce en $$$.

Como buen amante de las novelas desde pequeño, creo que "El Código Da Vinci" está muy bien lograda para cumplir el cometido de las obras de su tipo: entretener al lector. No nos perdamos aquí tampoco, no es un libro diseñado para destronar a "Los Miserables" ni nada por el estilo, sino para brindar unas horas de solaz a la mayor cantidad posible de lectores.

Que Brown utiliza algunas creencias gnosticas, "new age" y de teorías de la conspiración, es cierto; pero esos son precisamente los recursos que le sirvieron para generar la controversia y vender más libros. Yo leí hace dos años el libro y le puedo decir que no movió para nada mis creencias.

Lo que hay que entender bien es que el libro simplemente es una novela, y como tal, una ficción, una historia imaginada que sólo existe en la mente del autor. Podrá estar ambientada en lugares reales, y citar algunos sucesos históricos y/o legendarios, pero eso no lo hace más verdadero. Por otra parte, Brown tampoco nunca dijo que escribió un libro de teología ni de historia; es simplemente una novela.

De hecho, si algo ha logrado Brown, a través de su novela, es renovar el interés por conocer cuál es la verdad detrás de todo esto, lo que al final, creo yo, redundará en un beneficio espiritual para algunos. De entrada, han salido muchos libros y sitios en Internet al respecto. Le puedo recomendar, por ejemplo, el sitio www.davinciverdadyficcion.com elaborado por un amigo mío junto con otras personas de Guadalajara.

Entonces, la pregunta es: ¿ver la película o no verla? ¿leer el libro o no leerlo? Creo que uno, como dice en la Biblia, debe escudriñarlo todo y retener lo bueno. Y recuerde, no es un libro de teología, es simplemente una buena novela con un mercadeo todavía mejor.

Publicado en Prensa Libre el 18 de mayo de 2006