jueves, 10 de marzo de 2011

¿A qué le temen?


No quieren que se sepan todas las tranzas que hacen bajo la mesa.

Ellos no quieren que se sepa. No quieren que los ingenuos votantes se enteren de lo que ellos hacen bajo el velo del poder y la impunidad. No quieren que cambie el sistema. Les sienta muy bien. La democracia, para ellos, es un sistema perfecto: babosean a los votantes una vez cada cuatro años y luego pueden hacer y deshacer a sus anchas, lejos del escrutinio del público, enriqueciéndose a costa de los fondos que les quitan a los tributarios.

Y lo mejor de todo es que, ocultos bajo el “pleno”, ni siquiera deben rendir cuentas a aquellos que votaron por ellos. Solo se preocupan por lograr que algunas “obras” se hagan en su departamento —de las cuales también obtienen su tajada— y cacarear a los cuatro vientos su gran labor en beneficio de los sufridos, para asegurar otros cuatro años de latrocinio. Sí, está usted en lo correcto, me refiero a los diputados.

La mejor prueba es la decidida oposición de muchos de los diputados a que se haga algo tan aparentemente sencillo —y poco tecnológico, a estas alturas del partido— como votar utilizando un sistema electrónico que permitiría, por un lado, que las votaciones sean más exactas y rápidas, pero por el otro, que se lleve un registro de la decisión que cada uno ha tomado en las votaciones en las que ha participado.

Es absurdo que a estas alturas de la tecnología se siga utilizando el anticuado método de levantar la mano y que algún habilidoso “secretario” cuente mentalmente los votos. Este método, además de arcaico, cuenta con muchas deficiencias, siendo la más importante, creo yo, el que en los casos reñidos sea el dichoso secretario el que pare tomando la decisión. Por supuesto que me pueden decir que no es una persona la que cuenta, sino dos o tres. No importa, podrían ser cinco o 10. Esto solo abonaría al absurdo. Lo importante es que es mucho más eficiente el uso de la tecnología para este menester, especialmente si ya se cuenta con el equipo para hacerlo, instalado en el hemiciclo.

Pero no creo que sea esto lo que inquieta a los diputados. Lo que les ha de preocupar es que el registro de sus decisiones sea público y que la ciudadanía pueda revisar en qué sentido votó en algún caso determinado. Eso, por lo visto, sí le causa pánico a muchos de los diputados. No encuentro otra razón para oponerse al dichoso tablero electrónico.

Puede aducir cualquier excusa, pero yo no encuentro ninguna válida para que las decisiones de los diputados sean secretas. Dirán que no es secreto porque levantan la mano, pero el punto es que no queda registrado en ningún lado cómo votó cada quien.

Lo más importante es que con la existencia de dicho registro será más difícil que los diputados puedan esconder las negociaciones bajo la mesa y las transas que se realizan en el Congreso para aprobar decretos y leyes a conveniencia de algunos.

Por ello creo que es importante que presionemos a los diputados a que se apruebe la iniciativa 4323, que hace obligatorio el voto electrónico. Creo que tienen la harta obligación de hacerlo, ya que la ciudadanía tiene derecho a conocer las actuaciones de sus supuestos “representantes”. Este es por lo menos un pequeño paso para devolverle a la ciudadanía sus derechos y empezar a cambiar el sistema, que es lo que realmente se necesita. No es solo un cambio de personas, sino un cambio en el sistema que reduzca la posibilidad de que los políticos que por el momento detentan el poder abusen de él.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 3 de marzo de 2,011.

Foto: Prensa Libre.

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