Mostrando las entradas con la etiqueta competencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta competencia. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de mayo de 2010

Incompetencia asegurada

Si se impide la competencia, lo que se obtiene es incompetencia.


En el debate sobre la nueva Ley de Seguros, que supuestamente será aprobada la semana entrante, el nudo gordiano es la competencia. Algunos aseguradores y reguladores locales se empecinan en querer prohibir la competencia extranjera, casi llegándola a igualar con el narcotráfico. Utilizando los mejores argumentos mercantilistas, que algunos creíamos ya superados, quieren evitar la competencia y obligar a los consumidores locales a depender exclusivamente de ellos para sus necesidades de seguros.

El único resultado que estas limitaciones pueden tener, como ya se ha comprobado hasta la saciedad tanto aquí como en casi todas partes, es la incompetencia de los proveedores locales y la insatisfacción de los consumidores.

Algunos me dicen que por qué no nos fijamos en las muchas bondades que tiene la nueva ley, que actualiza legislación, que viene de hace casi medio siglo y que va a “modernizar” el sistema, y no solo en esa pequeña piedra en el zapato de la competencia extranjera. De entrada, no soy muy partidario de la sobrerregulación que ahora está de moda, particularmente en los temas financieros, por lo que no me emociona mucho la nueva regulación, pero sí creo que algunas cosas hay que actualizarlas y que algo se avanza en ese sentido.

Con lo que no estoy de acuerdo es con considerar que el tema de la competencia es apenas un concepto marginal en esta legislación. De hecho, estoy convencido de que es el tema toral de la misma. De nada sirve que se establezcan todos los controles y regulaciones habidas y por haber, con el supuesto propósito de reducir al máximo el riesgo que corren los consumidores, si a la hora de la hora se les veda el acceso a más y mejores servicios.

El argumento subyacente siempre es el mismo: los consumidores son unos pobres tontos e ignorantes que no pueden tener tanta información ni sabiduría como los reguladores, así que, para evitarles que se puedan hacer daño ellos mismos, tomando malas decisiones, los reguladores, en su magnanimidad y casi omnisciencia, decidirán qué es lo que más les conviene a ellos.

Pero aunque este es el argumento blandido por los reguladores y legisladores, ellos, a su vez, aunque las mieles del poder les hacen creer que son casi dioses, son apenas marionetas (o más bien tontos útiles) en las manos de quienes verdaderamente se benefician de la legislación proteccionista: los productores locales.

Porque, no nos engañemos, el proyecto de ley de seguros, actualmente en discusión en el Congrueso, es una ley proteccionista. Y en todas las industrias sujetas a un marco regulatorio proteccionista, quien termina pagando siempre el pato son los consumidores. Lo pagan con precios más caros, con productos y servicios no tan buenos como los que podrían obtener, con menos variedad de productos y servicios para satisfacer sus necesidades, con peor trato de parte de los proveedores del que podrían tener.

Lo peor de todo es que hasta quienes se creen beneficiados con la protección muy pocas veces se percatan de que ellos también sufren las consecuencias, ya que la protección los hace dependientes de los políticos y los vuelve flojos y poco competitivos. No han entendido que el mejor acicate para mejorar es la competencia. El tener constantemente que ganarse el favor de los consumidores es, a la larga, una mucho mejor política que esclavizarlos con la complicidad de los políticos. Pero eso solo lo puede uno comprender con visión de largo plazo, y los mercantilistas rara vez la tienen.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 27 de mayo de 2,010.

jueves, 22 de mayo de 2008

Precios acordados

El gobierno, finalmente, presentó la semana pasada su negociación de “acuerdo de precios” en tres productos, como el inicio de lo que podría considerarse una oleada de “precios tope” para intentar frenar el alza del costo del nivel de vida para los guatemaltecos. Desde ya, considero que la decisión es equivocada en principio, y todavía más equivocada en la forma en que se realizó.

Es equivocada en principio porque en cuatro mil años de historia registrada, todas las veces que los gobernantes han intentado controlar los precios, han fracasado miserablemente. El resultado de los controles de precios siempre es el mismo, primero hay escasez y luego se generan mercados negros. Eso ha sido así en todas partes y en todas las épocas, ni siquiera la Unión Soviética se salvó, con todo y los rígidos controles que pretendía tener. Y, ¿quién puede creer que ahora sí va a funcionar en Guatemala, porque no son precios “controlados”, sino que son precios “acordados”? ¡Por Dios! ¡Hay que ser ingenuos!

Pero el problema no solo es que se están tomando decisiones equivocadas que no han funcionado en ninguna parte del mundo, sino que además, pareciera que las están haciendo con las extremidades inferiores.

Tomemos, por ejemplo, el caso de la harina. Resulta que hace dos semanas los panaderos estaban solicitándoles a los importadores de harina que les redujeran el precio, ya que éste se ha reducido en los mercados internacionales, pero los importadores dijeron que no podían bajarlo, porque ellos la habían comprado a los precios altos.

En esa discusión estaban cuando llegó el fin de semana y, ¡oh sorpresa!, durante el fin de semana los importadores “acordaron” con el presidente que se comprometían a no subir los precios de la harina durante los próximos meses. Lo que no sé si alguien le explicó al presidente es que los precios de los que estaban hablando eran de los precios en su máximo reciente y que el precio internacional ya no era ese.

Para quienes no están enterados, resulta que en el mercado internacional, el contrato de harina (de 5,000 bushels) en junio del 2007 se cotizaba en US$375. A finales de febrero y principios de marzo de este año, ese mismo contrato llegó a los US$1300, pero de allí para acá ha disminuido hasta cerca de los US$750, y todo apunta a que seguirá bajando, ya que se espera que la cosecha de trigo de este año bata todos los registros.

Y resulta que el presidente, quiero creer que por ignorancia y no por mala fe, llegó a un “acuerdo” con los importadores de que no van a subir el precio en los próximos meses, cuando, lo que debería estar sucediendo es que los precios bajen considerablemente, siguiendo la tendencia del mercado internacional.

Así que, no sólo es una decisión incorrecta, sino que además el Gobierno la hizo al revés, y en lugar de ponerle un “tope” a los precios, les puso un “piso”, para que tengan la excusa perfecta para no bajarlos.

¿Hasta cuándo entenderán los gobernantes que la mejor y, para efectos prácticos, la única forma de asegurar que el consumidor va a obtener el mejor producto al más bajo precio es abrir las puertas a la competencia, y no seguir con el sistema mercantilista que tanto daño ha ocasionado a los latinoamericanos en general y a los guatemaltecos en particular?

Lo que hay que hacer ahora es eliminar todas las barreras arancelarias y no arancelarias, y no andarse con las medias tintas de decir que lo que tal vez se podría hacer es ampliar un poco los contingentes.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 22 de mayo de 2,008.