

No importa que estemos bien jodidos, siempre y cuando estemos todos iguales.
El pobre Gini ni enterado ha de estar que sobre sus espaldas han echado la responsabilidad de igualar a todo el mundo en la mediocridad, porque quien sufre las consecuencias son los pobres del mundo igualados por toda esa bola de resentidos a quienes no les importa que haya miseria, siempre y cuando todos sean igualmente miserables.
A estos resentidos, lo único que les importa son las diferencias. No pueden soportar que algunos estén mejor que otros. Prefieren que todos estén comiendo... a que algunos no estén tan mal como los otros. Detestan esas asquerosas diferencias, aunque pocas veces, si es que alguna, reparan en las propias.
Gini es un índice que se inventaron con el supuesto propósito de medir la “desigualdad” de riqueza. Su escala varía desde cero, que indicaría una “perfecta distribución de la riqueza”, hasta cien, que representaría una “desigualdad perfecta”.
El artículo de portada del Wall Street Journal Americas de este martes, dedicado por entero a despotricar contra la “desigualdad” de ingresos, presenta un perfecto ejemplo de este resentimiento. Se quejan los escritores del artículo de que “los ingresos de los trabajadores poco calificados hayan subido, pero los de los trabajadores calificados han subido mucho más”.
Y luego se refieren a China, en donde, “si bien su impresionante expansión ha logrado generar importantes aumentos salariales para las clases bajas, la brecha de los ingresos también ha crecido debido a las enormes ganancias de la clase alta”.
De hecho, un par de las gráficas que presentan en el artículo, sobrepuestas, demuestran algo interesantísimo: en 1980, más de 600 millones de chinos vivían con menos de US$1 diario. Para el 2005, la cifra (ajustada a la inflación) bajó a cerca de cien millones. Durante el mismo período, el índice Gini pasó de 29 a 47, es decir, cuando la mayoría de la población era miserable, estaban más cerca de una “perfecta distribución de la riqueza”, mientras que ahora que muchísimos menos chinos viven en la miseria se han “acrecentado” las desigualdades.
Y, ¿qué es lo que preocupa a la bola de resentidos? La “creciente desigualdad”. El que 500 millones de personas hayan salido de la miseria y ahora tengan un nivel de vida mejor, les viene del norte. La conclusión que saco de este ejemplo es que mientras más miserable es la mayor cantidad de personas, existe una más “perfecta distribución de la riqueza” según el dichoso Gini (por supuesto, no hay riqueza que repartir). En contraposición, mientras mejor es el nivel de vida de todos, más “desigualdad” habrá.
¿Qué prefiere usted, que todos estemos igual de pelados, o que todos estemos mejor, indistintamente de que unos estén mejor que otros? Yo prefiero mil veces que todos mejoremos nuestro nivel de vida, aunque no todos estemos iguales. ¿Por qué la envidia, por qué el resentimiento?
Publicado en Prensa Libre el jueves 31 de mayo de 2007.
Nota: Las gráficas son tomadas de otros sitios, pero reflejan el punto mencionado sobre el artículo del Wall Street Journal Americas.
Technorati Tags: Gini, Indice Gini, resentimiento, Wall Street Journal, China, distribución de la riqueza
El pobre Gini ni enterado ha de estar que sobre sus espaldas han echado la responsabilidad de igualar a todo el mundo en la mediocridad, porque quien sufre las consecuencias son los pobres del mundo igualados por toda esa bola de resentidos a quienes no les importa que haya miseria, siempre y cuando todos sean igualmente miserables.
A estos resentidos, lo único que les importa son las diferencias. No pueden soportar que algunos estén mejor que otros. Prefieren que todos estén comiendo... a que algunos no estén tan mal como los otros. Detestan esas asquerosas diferencias, aunque pocas veces, si es que alguna, reparan en las propias.
Gini es un índice que se inventaron con el supuesto propósito de medir la “desigualdad” de riqueza. Su escala varía desde cero, que indicaría una “perfecta distribución de la riqueza”, hasta cien, que representaría una “desigualdad perfecta”.
El artículo de portada del Wall Street Journal Americas de este martes, dedicado por entero a despotricar contra la “desigualdad” de ingresos, presenta un perfecto ejemplo de este resentimiento. Se quejan los escritores del artículo de que “los ingresos de los trabajadores poco calificados hayan subido, pero los de los trabajadores calificados han subido mucho más”.
Y luego se refieren a China, en donde, “si bien su impresionante expansión ha logrado generar importantes aumentos salariales para las clases bajas, la brecha de los ingresos también ha crecido debido a las enormes ganancias de la clase alta”.
De hecho, un par de las gráficas que presentan en el artículo, sobrepuestas, demuestran algo interesantísimo: en 1980, más de 600 millones de chinos vivían con menos de US$1 diario. Para el 2005, la cifra (ajustada a la inflación) bajó a cerca de cien millones. Durante el mismo período, el índice Gini pasó de 29 a 47, es decir, cuando la mayoría de la población era miserable, estaban más cerca de una “perfecta distribución de la riqueza”, mientras que ahora que muchísimos menos chinos viven en la miseria se han “acrecentado” las desigualdades.
Y, ¿qué es lo que preocupa a la bola de resentidos? La “creciente desigualdad”. El que 500 millones de personas hayan salido de la miseria y ahora tengan un nivel de vida mejor, les viene del norte. La conclusión que saco de este ejemplo es que mientras más miserable es la mayor cantidad de personas, existe una más “perfecta distribución de la riqueza” según el dichoso Gini (por supuesto, no hay riqueza que repartir). En contraposición, mientras mejor es el nivel de vida de todos, más “desigualdad” habrá.
¿Qué prefiere usted, que todos estemos igual de pelados, o que todos estemos mejor, indistintamente de que unos estén mejor que otros? Yo prefiero mil veces que todos mejoremos nuestro nivel de vida, aunque no todos estemos iguales. ¿Por qué la envidia, por qué el resentimiento?
Publicado en Prensa Libre el jueves 31 de mayo de 2007.
Nota: Las gráficas son tomadas de otros sitios, pero reflejan el punto mencionado sobre el artículo del Wall Street Journal Americas.
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