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jueves, 7 de junio de 2007

El índice del resentimiento



No importa que estemos bien jodidos, siempre y cuando estemos todos iguales.

El pobre Gini ni enterado ha de estar que sobre sus espaldas han echado la responsabilidad de igualar a todo el mundo en la mediocridad, porque quien sufre las consecuencias son los pobres del mundo igualados por toda esa bola de resentidos a quienes no les importa que haya miseria, siempre y cuando todos sean igualmente miserables.

A estos resentidos, lo único que les importa son las diferencias. No pueden soportar que algunos estén mejor que otros. Prefieren que todos estén comiendo... a que algunos no estén tan mal como los otros. Detestan esas asquerosas diferencias, aunque pocas veces, si es que alguna, reparan en las propias.

Gini es un índice que se inventaron con el supuesto propósito de medir la “desigualdad” de riqueza. Su escala varía desde cero, que indicaría una “perfecta distribución de la riqueza”, hasta cien, que representaría una “desigualdad perfecta”.

El artículo de portada del Wall Street Journal Americas de este martes, dedicado por entero a despotricar contra la “desigualdad” de ingresos, presenta un perfecto ejemplo de este resentimiento. Se quejan los escritores del artículo de que “los ingresos de los trabajadores poco calificados hayan subido, pero los de los trabajadores calificados han subido mucho más”.

Y luego se refieren a China, en donde, “si bien su impresionante expansión ha logrado generar importantes aumentos salariales para las clases bajas, la brecha de los ingresos también ha crecido debido a las enormes ganancias de la clase alta”.

De hecho, un par de las gráficas que presentan en el artículo, sobrepuestas, demuestran algo interesantísimo: en 1980, más de 600 millones de chinos vivían con menos de US$1 diario. Para el 2005, la cifra (ajustada a la inflación) bajó a cerca de cien millones. Durante el mismo período, el índice Gini pasó de 29 a 47, es decir, cuando la mayoría de la población era miserable, estaban más cerca de una “perfecta distribución de la riqueza”, mientras que ahora que muchísimos menos chinos viven en la miseria se han “acrecentado” las desigualdades.

Y, ¿qué es lo que preocupa a la bola de resentidos? La “creciente desigualdad”. El que 500 millones de personas hayan salido de la miseria y ahora tengan un nivel de vida mejor, les viene del norte. La conclusión que saco de este ejemplo es que mientras más miserable es la mayor cantidad de personas, existe una más “perfecta distribución de la riqueza” según el dichoso Gini (por supuesto, no hay riqueza que repartir). En contraposición, mientras mejor es el nivel de vida de todos, más “desigualdad” habrá.

¿Qué prefiere usted, que todos estemos igual de pelados, o que todos estemos mejor, indistintamente de que unos estén mejor que otros? Yo prefiero mil veces que todos mejoremos nuestro nivel de vida, aunque no todos estemos iguales. ¿Por qué la envidia, por qué el resentimiento?

Publicado en Prensa Libre el jueves 31 de mayo de 2007.
Nota: Las gráficas son tomadas de otros sitios, pero reflejan el punto mencionado sobre el artículo del Wall Street Journal Americas.

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jueves, 20 de abril de 2006

¿Dos pueblos encontrados?

¿Hasta cuándo seguirán los políticos de China continental con su absurda oposición a Taiwan?

Recurrentemente el tema de la confrontación entre las dos chinas sale a relucir, particularmente en Centro América que es uno de los pocos lugares donde Taiwán tiene fuerte presencia y, por lo mismo, los tentáculos de la China continental tratan de colarse. Sin embargo, a estas alturas del partido, creo que la lucha de ese gran país por reducir a la obediencia a su supuesta "provincia rebelde" es estéril y absurda.

Es estéril porque en el siglo de la comunicación y la eliminación de barreras es una mera ilusión creer que se va a poder obligar a los veintipico millones de taiwaneses a ceder su soberanía por la de la China continental, indistintamente de lo que éstos hagan y a pesar de los intentos de los políticos continentales de mantener en el supuesto aislamiento internacional a la isla.

Todavía más, es absurda porque la supuesta separación y animadversión sólo existe en la cabeza de los políticos, ya que entre los pueblos de los dos lados, tanto de la isla como los de la masa continental, privan las mejores relaciones. Y no sólo a nivel personal, familiar y sentimental, sino también a nivel económico.

Resulta que uno de los mayores inversionistas en China continental es precisamente el grupo de empresarios taiwaneses que durante años se ha dedicado a construir fábricas en el continente.

En una de esas paradojas del destino, por ejemplo, resulta que el 70% de todas las computadoras portátiles del mundo las fabrican empresarios taiwaneses en industrias asentadas en el continente, pero con tecnología desarrollada en sus laboratorios isleños.

Y esto no va relación comercial y de inversiones no va a cambiar en mucho tiempo. China necesita todo el capital y tecnología de los que pueda echar mano y, por lo visto, para eso si no importa que provenga de los odiosos "privincianos rebeldes".

Mientras tanto, con la otra mano, los políticos continentales continúan en su desgastante campaña por bloquear toda participación en los círculos internacionales a la isla. Hasta la fecha han sido muy exitosos en impedirle el acceso a todo el sistema de las Naciones Unidas, incluyendo su más reciente intento de ingresar, por lo menos, a la Organización Mundial de la Salud. Asímismo, mantienen una constante presión (que en algunos casos llega a chantaje) sobre los países que tienen relaciones diplomáticas con la isla.

Algunos dicen que a los guatemaltecos nos convendría darle la espalda a los taiwaneses y arrimarnos al gigante continental. Mi humilde opinión es que no debemos tomar la ruta pragmática por una supuesta mejor "relación" con China continental. Si algo han comprobado ellos mismos hasta la saciedad, es que ellos son los primeros pragmáticos y que aprovecharán a hacer negocios con quien se les ponga enfrente, incluídos los mismos taiwaneses.

Publicado en Prensa Libre el 20 de abril de 2006.