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viernes, 26 de octubre de 2007

CorruptONU

La corrupción va por todos lados.

Ahora que ya se aprobó la Cicig y el malinchismo local ha quedado requetecomprobado, es bueno que sepamos la calidad de gente que vendrá a enseñorearse de Guatemala, para que estemos preparados para lo que nos espera.

Mis compañeros de radio, Marta Yolanda Díaz-Durán y Estuardo Zapeta, han estado recomendando el libro ONU: Historia de la corrupción, escrito por Eric Frattini -y yo me uno a esa recomendación-, como una lectura obligatoria para quienes queramos conocer un poco sobre todas las movidas chuecas que se dan dentro de los entretelones de ese organismo supragubernamental.

Y, aunque usted no lo crea, son muchas, y algunas, bastante feas. Van desde lo que conocemos por acá de funcionarios de la ONU que se han aprovechado de su estatus de inmunidad hasta para no pagar las rentas de los alquileres de apartamentos, hasta cientos de millones de dólares que se han ido de las arcas unidas a las billeteras de personajes y familiares cercanos a los altos funcionarios de esa institución, pasando por encubrimientos de las consecuencias de muchas malas decisiones, así como el abuso de utilizar los fondos de los tributarios del mundo para avanzar sus agendas muy personales.

Y no son sólo cosas del pasado, como alguien ingenuamente podría pensar. Para no ir tan lejos, hace menos de un mes, el actual secretario general, el surcoreano Ban Ki-moon, se pasó por el arco del triunfo las mismas reglas de la organización que preside, al arrogarse la autoridad de rechazar la solicitud de Taiwán para ser aceptado como miembro de la ONU, autoridad que sólo le corresponde al Consejo de Seguridad y a la Asamblea General.

Llegó al colmo la arrogancia de don Ban Ki-moon -quien de seguro se ha de sentir cuasi emperador-, que dijo que la había rechazado (dos veces) porque “la posición de las Naciones Unidas es que Taiwán es parte de China”, citando la resolución 2758, de 1971, en la que se le dio a China el sitio que antes ocupaba Taiwán.

Por supuesto, la citada resolución no dice nada al respecto, y ni siquiera menciona a Taiwán, aparte de que no está dentro de sus atribuciones hacer una interpretación así.

Siempre he dicho que no entiendo la posición de Taiwán de querer entrar en la ONU, cuando muchos quisiéramos salirnos, pero claro, yo no vivo en una isla con miles de misiles apuntándole, ni bajo el acoso de un gigante totalitario que se ha encargado de hacerlos un país paria en el mundo.

Pero el punto al final es que no debemos caer bajo el embrujo malinchista de que, porque son funcionarios de una organización internacional del calibre de la ONU, entonces son los superhombres (y supermujeres, por supuesto), inmaculados, incorruptibles y todopoderosos, que vendrán a resolver todos nuestros problemas con tan sólo esgrimir su varita mágica. Nada que ver. Pero ni modo, como así los vendieron los que hicieron hasta lo imposible por conseguir un hueso, digo, por aprobar la Cicig...


Publicado en Prensa Libre el 23 de agosto de 2007.

jueves, 3 de mayo de 2007

La Isla


Es increíble lo mucho que han logrado con tan pocos recursos.

La semana pasada tuve la agradable experiencia de visitar, en compañía de mi compañera radial, Marta Yolanda Díaz-Durán, la isla de Formosa, más conocida como Taiwán. A diferencia de la primera vez que la visité (hace 10 años, por razones de trabajo), esta vez iba con el propósito de conocer más acerca de ese intrigante país.

La vivencia fue muy buena y, a pesar de lo corto de la estadía (apenas cinco días), creo que logramos obtener una visión a vuelo de pájaro de las incontables sorpresas que depara una cultura tan radicalmente distinta de la nuestra. Por supuesto, quedaron muchas dudas pendientes de resolver para alguna nueva oportunidad.

Visitamos museos, edificios, medios de comunicación, mercados, parques nacionales, monumentos, oficinas gubernamentales, parques tecnológicos, templos y hasta un monasterio budista. Hablamos con periodistas, funcionarios, escritores y religiosos.

Quizá uno de los aspectos más importantes por destacar es cómo, a pesar de tener tan poco territorio, han llegado tan lejos. Por supuesto su desarrollo se inició con la producción industrial y se ha orientado en las décadas recientes a la alta tecnología, al grado que actualmente sus productores se cuentan entre los primeros a nivel mundial en ramas tales como pantallas LCD y circuitos integrados.

A pesar de que es un país en donde el Gobierno toma una posición activa en la economía mucho más fuerte de lo que a mí me gusta, es interesante enterarse de que la tasa más alta del ISR es de 25 por ciento, comparada con un 31 por ciento en Guatemala, y que en los parques de alta tecnología, por ejemplo, las empresas tienen ventajas fiscales.

Alguien dirá que la diferencia es que allá se paga y aquí casi es opcional; sin embargo, el problema es que las inversiones que los países necesitan para desarrollarse son aquellas en las que lo primero que ven es este tipo de indicadores.

A diferencia de la isla, aquí, que tan necesitados estamos de ese tipo de inversiones, nos damos el tupé de tener una tasa del ISR más alta que la del promedio de los países desarrollados y todavía algunos políticos despistados proponen que se incremente.

En el monasterio budista al que fuimos, que por cierto pertenece a un grupo de “vanguardia”, tienen un salón en donde el líder atiende a los visitantes importantes, entre los que se incluye a los altos políticos de Taiwán.

En la pared frente a las sillas tiene tres cuadros para que éstos los lean, con la esperanza, nos cuentan, de que algo se les quede. Los tres cuadros dicen: “Haz buenas obras, di buenas palabras, piensa buenos pensamientos”. ¿Será este un buen consejo también para nuestros políticos locales?

P.S.: El espacio es muy corto para contar todas nuestras experiencias, así que si le interesa, lo invito a que visite mi blog (jorgejacobs.com), en donde subiré una crónica más detallada del viaje, con fotos.

Publicado en Prensa Libre el jueves 3 de mayo de 2,007.


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jueves, 26 de abril de 2007

Primeros pasos en Taiwan





El lunes por la mañana llegamos a Taiwan. Luego de registrarnos en el hotel, desayunamos y fuimos a comprar una memoria en la cual pudiera almacenar las fotos (ya ahorita llevo más de 730). También fuimos a dar una vuelta a una calle tradicional de Taipei, en donde entramos a uno de los templos tradicionales de la ciudad, en donde está el dios de la Ciudad: Xia-Hai. Al medio día regresamos al hotel para almorzar con una escritora, la señora Liao, quien es una persona muy agradable, escribe columnas en varios periódicos, así como varias novelas sobre la vida en Taiwan. Luego fuimos a visitar el Centro de Comercio Mundial. Luego dimos un tour casi instantáneo (porque ya no teníamos mucho tiempo) al observatorio del edificio Taipei 101 que ahorita está catalogado como el más alto del mundo. El observatorio está en el piso 89 y tiene un ascensor que está catalogado como el más rápido del mundo que nos subió del piso 5 al 89 en apenas 37 segundos. Estuvimos sólo unos minutos en el observatorio y luego bajamos (para abajo el ascensor se tardó 45 segs.) Luego fuimos a visitar la redacción del periódico Taiwan News, en donde tuvimos una charla muy interesante con el director y una de las reporteras, aparte de participar en la reunión de la tarde con los jefes de sección para decidir la portada. Luego de eso regresamos al hotel porque ya estábamos bastante cansados y todavía teníamos que terminar de adaptarnos al jetlag. En otro momento que me pueda conectar les sigo contando nuestros periplos. Creo que las fotos hasta que regresemos las podré subir, ya que no tengo acá un programa para bajarle la resolucion. Hasta pronto.

jueves, 20 de abril de 2006

¿Dos pueblos encontrados?

¿Hasta cuándo seguirán los políticos de China continental con su absurda oposición a Taiwan?

Recurrentemente el tema de la confrontación entre las dos chinas sale a relucir, particularmente en Centro América que es uno de los pocos lugares donde Taiwán tiene fuerte presencia y, por lo mismo, los tentáculos de la China continental tratan de colarse. Sin embargo, a estas alturas del partido, creo que la lucha de ese gran país por reducir a la obediencia a su supuesta "provincia rebelde" es estéril y absurda.

Es estéril porque en el siglo de la comunicación y la eliminación de barreras es una mera ilusión creer que se va a poder obligar a los veintipico millones de taiwaneses a ceder su soberanía por la de la China continental, indistintamente de lo que éstos hagan y a pesar de los intentos de los políticos continentales de mantener en el supuesto aislamiento internacional a la isla.

Todavía más, es absurda porque la supuesta separación y animadversión sólo existe en la cabeza de los políticos, ya que entre los pueblos de los dos lados, tanto de la isla como los de la masa continental, privan las mejores relaciones. Y no sólo a nivel personal, familiar y sentimental, sino también a nivel económico.

Resulta que uno de los mayores inversionistas en China continental es precisamente el grupo de empresarios taiwaneses que durante años se ha dedicado a construir fábricas en el continente.

En una de esas paradojas del destino, por ejemplo, resulta que el 70% de todas las computadoras portátiles del mundo las fabrican empresarios taiwaneses en industrias asentadas en el continente, pero con tecnología desarrollada en sus laboratorios isleños.

Y esto no va relación comercial y de inversiones no va a cambiar en mucho tiempo. China necesita todo el capital y tecnología de los que pueda echar mano y, por lo visto, para eso si no importa que provenga de los odiosos "privincianos rebeldes".

Mientras tanto, con la otra mano, los políticos continentales continúan en su desgastante campaña por bloquear toda participación en los círculos internacionales a la isla. Hasta la fecha han sido muy exitosos en impedirle el acceso a todo el sistema de las Naciones Unidas, incluyendo su más reciente intento de ingresar, por lo menos, a la Organización Mundial de la Salud. Asímismo, mantienen una constante presión (que en algunos casos llega a chantaje) sobre los países que tienen relaciones diplomáticas con la isla.

Algunos dicen que a los guatemaltecos nos convendría darle la espalda a los taiwaneses y arrimarnos al gigante continental. Mi humilde opinión es que no debemos tomar la ruta pragmática por una supuesta mejor "relación" con China continental. Si algo han comprobado ellos mismos hasta la saciedad, es que ellos son los primeros pragmáticos y que aprovecharán a hacer negocios con quien se les ponga enfrente, incluídos los mismos taiwaneses.

Publicado en Prensa Libre el 20 de abril de 2006.