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jueves, 17 de mayo de 2012

Intereses en conflicto

El problema, señor presidente, es precisamente el tráfico de influencias…

Ahora que empezamos a conocer dudosas transacciones en la administración del PP, es importante que los funcionarios —si realmente están interesados en la transparencia— entiendan cuál es el fondo del asunto y que el problema es, precisamente, el tráfico de influencias.

En algunos casos, como el de un diputado oficialista, el del secretario privado de la Vicepresidencia y el del subsecretario de la SAAS, los funcionarios habían estado vinculados a las empresas, siendo incluso sus representantes. Previendo la cercanía de llegar al poder, “cumplieron con el formalismo” —según las mismas palabras del presidente— de desvincularse legalmente de ellas, aunque siguen “vinculadas” a sus familiares o amigos. Y apenas llegaron al poder, lo aprovecharon para que las empresas —ahora supuestamente de sus familiares o amigos— se vieran favorecidas con contratos millonarios.

En una entrevista al presidente, publicada el martes en un matutino, cuando se le dice que amigos o familiares de los funcionarios continúan al frente de esas empresas, responde:

“Correcto, pero de ellos hay una desvinculación legal, eso fue lo que reportaron. Lo que hicieron fue cumplir un formalismo. ¿Qué es lo que tendríamos que cuidar ahora? ¿Qué es lo que tendría que cuidar la Secretaría de Transparencia? ¿Qué tendría que cuidar la misma Contraloría General? ¿Qué tendría que cuidar la Fiscalía contra la Corrupción? Lo que se tiene que cuidar es que no vaya a haber tráfico de influencias”.

El mismo presidente reconoce que esta “desvinculación” legal no es más que un formalismo para acceder al poder. Lo que parece no colegir es que la falsedad de ese “formalismo” es la que prepara el escenario para el tráfico de influencias.

Hablando con unas personas hace unos días, me hacían énfasis que en la legislación no existe una prohibición expresa para contratar empresas de familiares y amigos, y que, por tanto, se puede hacer. —No estoy de acuerdo en ese positivismo jurídico, pero eso es tema de otra discusión—. Pues aunque no se cometa un “delito” —y pareciera ser que esa es la postura del presidente—, sí considero que existen muchos conflictos de interés que abonan a la corrupción.

Y es precisamente por estos conflictos de interés que se ha buscado mecanismos que intenten minimizarlos, como, por ejemplo, las restricciones de la Ley de Compras y Contrataciones para que se hagan procesos abiertos en los cuales cualquiera pueda participar y sea más difícil que los funcionarios discrecionalmente decidan cómo gastarse los fondos de los tributarios.

Lamentablemente en el actual gobierno, al igual que en los anteriores, le han jugado la vuelta a estas restricciones a través de las compras directas y las compras por excepción, al grado que, según una investigación de la bancada de Encuentro por Guatemala, más del 90% de las compras en esta administración se han hecho a la sombra de esos procedimientos.

¿Quieren que les creamos que su “discurso de la transparencia no es del diente al labio”? Demuéstrenlo haciendo correctamente las cosas, y no saltándose las trancas.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 17 de mayo de 2,012.

jueves, 26 de abril de 2012

Q5 mil millones perdidos

La accidentada compra de fertilizantes desnuda los problemas de la "inversión" gubernamental...

La accidentada compra de fertilizantes en el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación desnuda los serios problemas que existen en toda la “inversión” gubernamental. Creo que es una excelente ocasión para replantearnos lo que debe y no debe ejecutar el gobierno. Deberíamos reflexionar, por ejemplo, cuál ha sido el resultado práctico de más de Q5 mil millones de los tributarios utilizados para comprar fertilizantes. ¿Le han servido de algo, realmente, a los “beneficiados”? ¿Quiénes han sido los verdaderos beneficiados?

En esta compra de más de Q450 millones se han saltado casi todas las trancas, lo que en algunos casos podría conllevar ilegalidades, pero aún así los funcionarios demandan que les creamos que “todo está bien” y que se ha hecho de manera transparente.

Podrán jurar y perjurar, pero lo cierto es que hay muchas irregularidades que deberían ser subsanadas completamente antes de que se pueda siquiera considerar que “todo está bien”. De entrada, el proceso se ha hecho y cambiado tres veces. Se pasó la compra a un fideicomiso, supuestamente para aligerar el proceso, pero eso también levanta suspicacias. Los lineamientos de la compra no están claros. Los parámetros para decidir a quién se le adjudicaba, menos.

A eso hay que añadir el tema de los precios. Entre el primer y el segundo proceso, el precio promedio ofertado subió un 7%. Dicen que es por el incremento del precio de los derivados del petróleo, pero hasta donde yo sé, este no ha tenido un incremento así en el último mes. ¿Por qué será que en corrillos lo que se escucha es que “alguien” pidió un 7% de comisión?

Más importante aún es el precio al que se adjudicó. Yo hice una pequeña investigación en tiendas de productos agrícolas y encontré que aquí en la capital uno puede comprar un quintal de urea por Q250. Y yo me pregunto, ¿cómo es posible que el precio para comprar casi dos millones de quintales, sea apenas un 5% más bajo que el de un pinche quintal, que adicionalmente ya pagó toda la cadena de distribución? No me suena lo de las economías de escala. ¿Puede usted ver algún gato encerrado en estos precios?

Lo que me lleva a cuestionar todavía más el fondo del asunto. ¿Cómo se han despilfarrado los más de Q5 mil millones gastados en lo que lleva esta “genial” idea de Alfonso Portillo? Si ahora que hay más fiscalización nos encontramos con tantos absurdos, ¿qué no se habrá hecho durante las últimas tres administraciones? ¿Quiénes son los verdaderos “beneficiados” con estos programas, los campesinos que reciben quién sabe qué calidad de producto o quienes venden y compran los fertilizantes?

Para mí está muy claro. Los principales beneficiados son quienes venden los fertilizantes —¿por qué no me extraña que algunos estén siempre entre los principales financistas de los políticos?— y quienes los compran y los reparten. Los campesinos son solo la excusa para el negocio.

¿Se han beneficiado los campesinos? Pues a juzgar por los resultados después de más de una década, diría que no. Les garantizo que con esos mismos Q5 mil millones se podría haber generado mucha más riqueza en el área rural que con este absurdo y corrupto negocio.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 25 de abril de 2,012.

Foto: Prensa Libre.

jueves, 29 de septiembre de 2011

¿El último robo?

No solo es el mismo robo de hace dos años, sino que ahora quieren robar más

Hace dos años intentaron perpetrar este robo por US$100 millones, ahora descaradamente lo incrementaron a US$170 millones, y quieren aprobarlo de urgencia, de seguro, para utilizarlos como seguro de retiro al abandonar “el poder”. Que no lo engañen, la compra de aviones y radares brasileños sigue siendo tan corrupta y absurda como hace dos años. Le doy un copy-paste —resumido— a mi artículo “¿Bossa-roba?” para recordar la fallida transacción original:

“La compra de US$100 millones que el Gobierno quiere realizar en Brasil presenta muchas interrogantes difíciles de responder. Lo que es peor, cada vez que los funcionarios tratan de justificar la compra suscitan más interrogantes que las que intentan aclarar…”.

“La realidad es muy distinta. En el mundo existen pocos proveedores de sistemas de radar, los cuales no son generalmente compatibles entre sí. En el caso de Latinoamérica, la gran mayoría de radares —más del 90 por ciento— son de una empresa española —filial de una gringa—. Los únicos distintos son, casualmente, los brasileños…”.

“…en Guatemala, tanto el radar primario como los tres secundarios existentes son de la empresa española, incompatibles con los brasileños. Adicionalmente, Cocesna, que es el sistema de radares que controla el tráfico aéreo comercial regional, también utiliza esos sistemas. Pero el problema no sólo es de compatibilidad, sino también de costos”.

“Si lo que se quiere hacer es tener ‘controlado’ todo el espacio aéreo guatemalteco, esto se puede lograr añadiendo cinco radares primarios en lugares estratégicos, conectados al sistema ya existente. A ojo de buen cubero, cada radar podría costar unos US$5 millones, con lo que la compra no debería ser mayor a los US$25 millones. Aviones de alcance, que son los que se necesitaría aquí si lo que quieren es ‘combatir el narcotráfico’, se pueden conseguir en poco más de US$1 millón cada uno. Si van a comprar seis aviones, ya vamos por unos US$33 millones. La pregunta es: ¿En qué se van a gastar los otros US$67 millones?” —2011: ahora US$137 millones—.

“Todavía más, la pregunta debería ser: ¿Para qué gastarse ese dinero en un sistema ‘contra el narcotráfico’, cuando para principiar, ni es nuestra guerra y, además, ya los gringos tienen controlado el espacio aéreo de la región con sus Hawkeyes? Si no hacen más contra los aviones de los narcos, no es exactamente porque carezcan de información…”.

“Si lo que quisieran es resolver los problemas de violencia y criminalidad, sería una mucho mejor inversión la compra de helicópteros policiales, que con una inversión menor de los US$5 millones podrían tener el suficiente equipo para tener las 24 horas, los 365 días del año, un helicóptero siempre sobrevolando la ciudad y listo para llegar a cualquier escena del crimen en pocos segundos. Pero pareciera ser que esa no es la motivación...”.

Hace dos años desenmascaramos este robo y se evitó. ¿Será que ahora se saldrán con la suya y se robarán casi el doble?

P.S.: Si quiere leer completo el artículo mencionado, lo encuentra en www.jorgejacobs.com

jueves, 7 de abril de 2011

Más rentable presidente que narco


Es importante la comparación para que comprendamos la magnitud de la corrupción.

El lunes los lectores de Prensa Libre nos enteramos, a través de su artículo de portada, sobre la vida a cuerpo de rey que llevaba el supuesto narcotraficante Juan Ortiz López, alias Chamalé. En el reportaje se menciona que su fortuna se calcula en más de US$100 millones, y la foto de portada es de la casa patronal de “una” de sus fincas, que nada le envidia a las casas que aparecen en los programas de los “ricos y famosos”.

Muchos se sorprenderían del tamaño de su fortuna o de los lujos con que vivía; sin embargo, a mí lo que me impactó sobremanera fue percatarme, con un ejemplo de la vida real, de lo que en verdad representa la corrupción en un país “pequeño y en vías de desarrollo”. Siempre he sabido que la corrupción campea en los gobiernos latinoamericanos, pero con cifras tan grandes como las que se manejan aún en un país pequeño como Guatemala es difícil que uno pueda asimilar o comprender la magnitud de los robos.

Ahora tenemos una comparación perfecta para dimensionar correctamente la magnitud del problema: Alfonso Portillo vs. Juan Ortiz López. La acusación que pesa sobre Portillo en Estados Unidos es por haber “lavado” a través de bancos de ese país alrededor de US$70 millones. Si presumimos que Portillo lavó allá el 50% de lo que se robó durante su paso por el Gobierno, concluiríamos en que la “fortuna” de Portillo ha de rondar los US$140 millones; es decir, un 40% mayor que la de Ortiz.

Ahora bien, ¿qué tanto le costó a cada uno amasar dicha fortuna? Como explica el reportaje en mención, a Ortiz le llevó 26 años, aunque también refieren que realmente destacó en los últimos 10 años. Así que podemos decir que le tomó al menos 10 años de arduo trabajo en uno de los negocios más rentables del mundo amasar esa fortuna. Por el otro lado, Portillo amasó una fortuna mayor en apenas cuatro años de farra porque tampoco es que se mantuviera trabajando, aunque él de seguro argumentará que sí trabajó“arduamente” haciendo campaña durante seis años.

Si esta comparación no es suficiente para que dimensionemos el tamaño de la corrupción en nuestro país, no sé cuál puede ser. Y eso que aquí hablamos solo de un funcionario en una administración, y no de toda la cadena de funcionarios de distintos niveles y sus contrapartes, los “contratistas del Estado”. Así no hay dinero que alcance.

Si todavía no logra dimensionar el problema, le hago otra comparación: el presupuesto del Gobierno en un año es, al menos, 60 veces la fortuna de Ortiz. No nos debe extrañar, pues, que tanta gente se vea atraída hacia el “poder” y las fortunas fáciles que la corrupción puede dar.

Hacer fortuna honradamente no es fácil. En mi vida he conocido a varias personas con fortunas similares o mayores adquiridas legalmente, y en la mayoría de los casos —solo con dos notables excepciones de grandes emprendedores— todas esas fortunas eran el resultado del arduo y honrado trabajo de varias generaciones de emprendedores. Esas son fortunas admirables, no las obtenidas a través de la corrupción y el crimen.

Por eso es que es necesario hacer un cambio en el sistema. No importa quién “llegue” al Ejecutivo, la tentación es muy grande. Necesitamos reducir al máximo la discrecionalidad de los funcionarios públicos. También es necesario que nos involucremos en contarles las costillas a los funcionarios, lo que se puede hacer, como se ha demostrado recientemente, a través del activismo judicial.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 7 de abril de 2,011.

jueves, 9 de septiembre de 2010

La lluvia, ¿culpable?













Un nuevo ejemplo de las consecuencias de la falta de responsabilidad en las deciciones públicas.


La crisis que estamos vivien-do actualmente en Guatemala no es responsabilidad de la lluvia. A ella, a lo sumo, se le puede acusar de ser la gota que rebalsó el vaso, con lo que se desencadenó una serie de tragedias. Quizá el cargo que se le pueda imputar sea el de cómplice, pero muy probablemente saldría libre bajo la figura de “colaborador eficaz”, ya que si seguimos las pistas que va dejando, encontraremos a los verdaderos responsables.

Lamentablemente para ella, todavía no han logrado escoger a quién se encargue de la defensoría pública para que le pueda brindar asesoría de cómo defenderse de las acusaciones que contra ella han interpuesto el presidente, el ministro de Comunicaciones y los contratistas del Estado. Todos ellos, y algunos más, la acusan de ser la culpable de los derrumbes, de los deslaves, de los puentes caídos y del deplorable estado en que se encuentra la mayoría de las carreteras del país.

Probablemente sí, la lluvia sea en parte culpable de las tragedias recientes, pero no es responsable de ellas. La responsabilidad debería caer sobre muchas personas que durante largos años —que no sólo en la administración actual— han “mamado de la teta” de los tributarios, cobrando y pagando carreteras de a cien, pero entregando y recibiendo carreteras de, a lo sumo, cuarenta, mientras entre ellos se reparten el resto. Es la historia de nunca acabar. Los funcionarios que “piden” comisión para conceder trabajos a empresaurios que se han acostumbrado a ser “contratistas del Estado”. Y los empresaurios, que no empresarios, que se han acomodado a ese sistema corrupto con tal de poder seguir disfrutando de los buenos ingresos que obtienen en esas obras. De hecho, estos son todavía más responsables, porque los funcionarios generalmente lo más que duran son cuatro años, pero los empresaurios, con las salvedades de los funcionarios que se gradúan a “contratistas”, siguen siendo los mismos. Con cada nueva administración, lo que cambia es a quién le pagan la comisión y de cuánto es. En algunos gobiernos, los funcionarios se han vuelto muy “chuchos” y piden comisiones exageradas. Cuando esto ha sucedido, hasta los empresaurios se han quejado, pero cuando uno les dice que por qué no los denuncian, la respuesta siempre es la misma: “Si no nos dan más trabajo”.

Lo que los hace a todos cómplices y responsables, no sólo de la corrupción, sino de todas las tragedias y muertes que se dan como consecuencia de la deficiente infraestructura que se obtiene por tener que bajar la calidad para que “salgan las cuentas”.

No acuso a todos, porque sí he encontrado a algunos que realizan su trabajo a conciencia. De hecho, admiro mucho a alguien que, aún dedicándose a la construcción, me dijo una vez que él prefería, aunque no creciera mucho, trabajar sólo con empresas privadas, porque en los trabajos con el gobierno siempre había que caer con “mordidas”.

Así que no nos dejemos engañar. La lluvia fue sólo el detonador. Los responsables son los funcionarios públicos y quienes les han trabajado, repito, no sólo en esta administración, sino también en las anteriores. Todo esto no exime de responsabilidad a quienes, adicionalmente, se han encargado de desviar los recursos para otros fines.

¿Es la solución darles más dinero? Para nada. Con ese dinero va a suceder exactamente lo mismo. El culpable es el sistema benefactor mercantilista que tenemos y todos aquellos que se han aprovechado de ese sistema para su propio beneficio. Mientras no se cambie el sistema, los resultados no serán muy diferentes.

Publicado en Prensa Libre el jueves 9 de septiembre de 2,010.

jueves, 4 de marzo de 2010

Terremoto





Todavía le quedan casi 2 años y la actual administración echa agua por todos lados...

La noticia del terremoto en Chile, durante el fin de semana, quedó en segundo plano en Guatemala a la vista del terremoto que se está dando en la administración pública: El cambio de tres ministros, la captura del ex jefe de la Policía y la ex jefa de la SAIA, los dimes y diretes sobre el sicariato dentro de la Policía, las acusaciones contra los funcionarios recién separados de su cargo y los señalamientos de estos contra los gobernantes; todo envuelto en una maraña de corrupción. El terremoto en la administración pública, de seguro, ya pasó de los nueve grados y quién sabe si tendrá muchas “réplicas”.

El mandatario ha salido al paso de la crisis utilizando el argumento de Espada: Los ciudadanos debemos estarles eternamente agradecidos porque ellos son quienes están tomando la iniciativa en contra de la corrupción y se han convertido en un ejemplo de transparencia. Este es un argumento falaz.

Para principiar, el Ministro de Educación fue removido del cargo por la Corte de Constitucionalidad, precisamente por negarse a entregar información del programa Mi Familia Progresa. En este caso, la oposición a “transparentar” la información ha venido directamente desde la Presidencia y han recurrido a cuanto ardid y subterfugio legal han podido con tal de que no se conozca. De hecho, llegaron hasta el colmo de que el Superintendente de Bancos —y ¿a cuenta de qué él?, nos preguntamos— anunció la semana recién pasada que para evitar que se conozca esa información recurrirían a utilizar cuentas bancarias en el cuestionado Banrural para así poder aprovecharse del secreto bancario. Lo más ridículo de la situación es que ese mismo día, el Superintendente de Bancos dijo que presentaría una iniciativa al Congreso para eliminar el secreto bancario para temas fiscales. ¡Al grado de incongruencia que caen con tal de tapar el Sol con un dedo!

Luego dijeron que al Ministro de Gobernación se le pidió la renuncia por sospechas de corrupción en el caso de la gasolina para las autopatrullas. Sin embargo, este hecho se conoció en los medios desde hace varias semanas y, cuando se supo públicamente, el presidente argumentó que no había nada de malo en esa compra. Luego de la destitución vinieron las denuncias de parte de los destituidos sobre el sicariato dentro de la Policía, e incluso que tuvieron que llevar la denuncia a la Cicig porque no les hicieron caso dentro del gobierno. La Cicig ya confirmó que sí recibió esa denuncia y que la está investigando. ¿Qué réplicas irá a tener todo este affaire?

El Ministro de Agricultura también fue destituido supuestamente por dudas de malos manejos en el programa de fertilizantes, caso que también ya se conocía desde hace tiempo y sobre el cual la destitución del ministro deja más dudas que respuestas.

Por si fuera poco, ahora los productores e importadores de medicinas genéricas le están pidiendo al presidente que ya que anda en su mood de transparencia, ¿por qué no les hace caso en la denuncia que han hecho desde hace meses de sobrefacturación en los contratos abiertos de compra de medicina por más de Q400 millones que ellos han denunciado desde hace tiempo? ¿Será que también van a resolver el asunto destituyendo al Ministro de Salud?

Quedan muchas preguntas en el aire: ¿Será que la corrupción se elimina con solo cambiar a los ministros? ¿Será que los gobernantes no estaban ni enterados de lo que pasaba? ¿A cuántos funcionarios y ex funcionarios veremos en la cárcel a raíz de todos estos escándalos?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 4 de marzo de 2,010.

viernes, 26 de febrero de 2010

Pititangaffaire

¿Sería en una pititanga así en la que se gastaron nuestros impuestos?























¿o en una así?













Por lo visto, no es la cantidad sino el descaro lo que indigna...

A la mayoría de guatemaltecos, acostumbrados durante años a ver camadas de “nuevos ricos” cada cuatro años, el que se “pierdan” 80 millones de quetzales por aquí o se descubran desfalcos de cientos de millones por allá, parece ya no calarles. Pero el que funcionarios se gasten unos cientos de quetzales en una pititanga roja y pastillas contra la disfunción eréctil parece ser que rebalsó el nivel de tolerancia de los guatemaltecos. ¿Tendrá alguna consecuencia este nuevo escándalo? Aparte de los chistes recurrentes sobre la firmeza de la vicepresidencia, lo dudo.

Y ¿por qué el pesimismo? Porque otra constante en Guatemala es la impunidad con la que mucha gente pasa “a mejor vida” gracias a su paso por la administración pública, desde presidentes —¿de dónde cree que sacó Portillo los US$70 millones que pasó por EE. UU. y por los que piden su extradición?—, vices, ministros, diputados, alcaldes, secretarios y así sucesivamente.

Es cierto que algunos son más descarados que otros, pero son pocos los que se salvan. Al fin y al cabo, no por nada dice la sabiduría popular que “en arcas abiertas hasta el justo peca”, y aquí tenemos una gran arca abierta de casi 50 mil millones de quetzales anuales. ¿Por qué habríamos de esperar que los funcionarios públicos, la mayoría muy distantes del “justo” calificativo, actuaran de manera distinta? Por ello es que es tan importante cambiar el sistema. Si no se cambian las reglas, no podemos esperar otra cosa. Aunque lleguen algunos más “justos”, igual pararán pecando. No nos engañemos.

A pesar de todo, es bueno que se descubran casos tan emblemáticos como el de la pititanga, porque nos muestran al grado de cinismo y descaro que pueden llegar los funcionarios públicos que creen que están por encima de la ley y que nunca les contarán las costillas.

Hay que aclarar que nos enteramos del affaire, única y exclusivamente, por el trabajo de periodistas, ya que la Contraloría de Cuentas lo único que ha dicho es que quienes recibieron “doble sueldo” lo deben devolver. A estas alturas, ya debería haber informado al MP qué funcionario del Plan Trifinio presentó en su informe de gastos las facturas por las pastillitas y la pititanga, y no me extrañaría que hasta las del motel hayan presentado.

Quien no le atina una tratando de desligarse de la gran responsabilidad que tiene, aunque sea porque entre los involucrados esta su “hombre de confianza”, es el vicepresidente. Primero, pide que se auditen 10 años, para que vean que no solo en su administración ha habido corrupción, sino también en las anteriores. ¡Como que eso fuera la gran excusa! Luego dice descaradamente que eso de los dobles sueldos no es nuevo y siempre ha existido en la administración pública, nuevamente recurriendo al argumento de que si otros cometen el mismo delito y no los han cachado, ¿por qué me acusan a mí?

Después dice que los guatemaltecos deberíamos estarle muy agradecidos porque pidió que se investigara el asunto. Y no contento con tantos traspiés, concluye diciendo: “Por primera vez hacemos algo honesto…” ¿Eso es una aceptación explícita que todas sus anteriores actuaciones son deshonestas?

Pero las preguntas principales de este affaire siguen sin responderse: ¿quién o quiénes compraron las pastillitas y la pititanga? ¿Quién las utilizó? Si no van a pagar las consecuencias de sus delitos, por lo menos que carguen con la vergüenza —como si eso les importara—.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 25 de febrero de 2,010.

jueves, 28 de enero de 2010

Pollo Enchachado

Se sienta un buen precedente, que quizá servirá de disuasivo para algunos...


La noticia de la semana, sin dudar, es la fuga y posterior captura del ex presidente Alfonso Portillo. Indistintamente de todas las aristas que tiene el caso, creo que lo más importante es que se sienta un precedente muy importante de que hasta los presidentes pueden ir a la cárcel a pagar las consecuencias de algunas de las decisiones que tomaron durante su administración. Estamos claros de que este apenas es el inicio de este caso, pero el solo hecho de que ya esté en la cárcel y deba enfrentar la justicia ya es un gran adelanto.

Los rumores y las versiones sobre la captura del Pollo Ronco son muchas. Uno cuenta que los gobernantes “negociaron” la caída de Portillo, a cambio de que se les exculpara en los casos en los que se les investiga actualmente. Esa versión ya circulaba desde hace un par de semanas, solo que en ese momento solo se decía que se había negociado la caída de una “cabeza alta”. ¿Será cierta? Solo Dios sabrá.

Otra versión cuenta que en esa negociación participaron “altas autoridades” del norte, bajo la premisa de que “mejor lo extraditamos ahora y no más tarde”, en el supuesto de que el Pollo Ronco, tarde o temprano, regresaría a las mieles del poder —yo siempre dije que por lo menos a presidente del Congreso llegaba, si lo dejaban— y que desde allí utilizaría sus influencias para convertir a Guatemala en el paraíso para los narcotraficantes.

Por supuesto que esas son las razones y rumores de Guatebolas. Lo cierto es que la dichosa “Fuerza de Tarea” (Task Force) investigó la pista del dinero durante siete años y encontró, por lo menos, US$70 millones que pasaron por bancos gringos hacia cuentas de Portillo, sus familiares y amigos. Hay que hacer la salvedad que esa cifra es mucho mayor que la del caso por el que se le “juzga” actualmente en Guatemala, lo que confirma lo que hemos dicho siempre: los ciudadanos apenas nos llegamos a enterar de la punta del iceberg de la corrupción.

Indistintamente de cuáles sean las verdaderas razones, cuáles las negociaciones y quiénes los involucrados, lo cierto es que el caso Pollo Ronco sienta un precedente muy importante para los actuales y futuros politiqueros, no solo de Guatemala sino de muchas otras partes. El mensaje es claro: cada vez será más difícil ocultar el dinero robado de las arcas públicas.

Y aún si es cierta la versión de las negociaciones, hasta ese precedente queda: ningún ex gobernante va a estar libre de que los que vienen atrás los negocien a ellos para salvar su propio pellejo. O lo que es igual: nadie estará libre de que le pase lo mismo. El poder es efímero y ahora ni siquiera el dinero que se roben les garantizará que podrán vivir tranquilamente el resto de sus días. Ojalá que eso sirva, por lo menos, para moderar la voracidad de los muchos que buscan el poder como medio para pasar a “mejor vida”.

Que conste que también hay otras lecciones que aprender. ¿Será que las “autoridades del norte” estarán realmente interesadas en perseguir la corrupción, o simplemente utilizan ese látigo para castigar a gobernantes que no se pliegan a sus designios, especialmente en lo que tiene que ver con el narcotráfico y el terrorismo?

En cualquier caso, creo que es preferible que a Portillo se le juzgue en Estados Unidos que aquí. Aunque sea porque las estadísticas nos indican que hay muchas más posibilidades de que allá sí tenga que pagar las consecuencias de sus acciones. ¿Y los demás? Ojalá que aprendan la lección.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 28 de enero de 2,010.

Foto: elperiodico.com.gt

jueves, 12 de febrero de 2009

¿Qué candados?

La discusión sobre los supuestos “candados” en el presupuesto deja entrever improvisación de parte del Ministerio de Finanzas o desprecio por la separación de poderes de parte de los gobernantes, o un interés desmedido por hacer chinchilete los recursos de los tributarios, o una mezcla de las tres anteriores. Usted decida.

El presupuesto de malgasto de los funcionarios públicos (con nombre técnico de “Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado”) es elaborado por el Ministerio de Finanzas, con información de todos las demás carteras e instituciones públicas. Este presupuesto es presentado al Congreso, cuyos miembros tienen la responsabilidad de analizarlo y aprobarlo.

El argumento que usan siempre los gobernantes para querer cambiar el presupuesto aprobado en el Congreso (pasa todos los años, no siendo éste la excepción) es que los diputados le hacen cambios sin consultarles, y que así no funciona. La realidad es que la mayoría de modificaciones que efectúan los legisladores tienen que ver con las “obras” por realizar, y la discusión y “negociación” del Presupuesto se centra, principalmente, en qué obras le tocan a qué congresista para que dé su voto de aprobación. No nos perdamos, el resto del presupuesto, con excepción de alguno que otro diputado o diputada que sí se preocupa por cómo se gastan los recursos de los tributarios, a los legisladores les viene del norte, y en su mayoría ni siquiera lo leen, mucho menos lo entienden.

Así que, repito, con excepción de las “obras” negociadas entre los diputados, la mayoría del Presupuesto pasa como lo envían de Finanzas, unos millones más unos millones menos (cuando uno se pone a hablar de cifras de 50 mil millones de quetzales, pierde totalmente la proporción de las cosas). Entonces que no nos vengan a decir que necesitan hacer unos “pequeños” cambios de 20 mil millones de quetzales porque de otra manera no pueden hacer nada. ¡Si fueron ellos mismos quienes plantearon el Presupuesto! ¿O será que la práctica es enviar cualquier cosa al Congreso, que lo único importante es el monto total, y los “detalles” de cómo gastárselo se resuelven después, en el camino?

Otra opción es que sea un craso irrespeto al sistema de separación de poderes del Gobierno, en donde los funcionarios del Ejecutivo ven al Congreso como un simple trámite burocrático, un sello más que debe llevar el papel, y que son ellos quienes deben y pueden decidir cómo gastarse el dinero de los tributarios, porque al final creen que no es de los tributarios, sino que, una vez entra a las arcas públicas, es de su propiedad.

Y la otra opción es que simplemente quieren saltarse las trancas y tener toda la libertad del mundo para manejar los fondos de los tributarios a su sabor y antojo, con el fin principal de evadir los “controles” (que tampoco son muchos ni mucho menos funcionales), y que para ello lo mejor es mover las partidas de un lado para el otro, y así desorientar a los pocos que se atreven a intentar fiscalizar el “gasto público”.

A mi manera de ver las cosas, esas son las opciones posibles. Y si me preguntan mi opinión, creo que la verdad yace en algún punto en la intersección de las tres opciones arriba mencionadas. Eso de que tienen las manos atadas y no pueden hacer nada si no se quitan los pocos candados que tiene el Presupuesto no me lo creo. Y usted, ¿qué cree?


Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 12 de febrero de 2,009.

viernes, 12 de septiembre de 2008

V de Luto (2)

No se puede llegar a rico, gastando lo que gastan los ricos...

Aunque el tema de moda es el espionaje, al respecto solo diré que, aparte de la obvia lucha de poderes en los lugares altos, no debemos dejar que este asunto se vuelva una pantalla de humo, muy conveniente para que los gobernantes metan bajo la alfombra la innumerable cantidad de escándalos de corrupción de los que todos los días continuamos enterándonos, y que, “armados de indignación” nos desvíen la mirada de todo lo que está pasando en el país.

Le puedo garantizar que si el presidente estaba realmente preocupado el día de los espías, como en verdad parecía estarlo durante la conferencia de prensa, no sería porque los espías de algún país enemigo se hayan enterado de los secretos planes de invasión guatemaltecos, sino porque, de tener acceso a lo allí espiado, quién sabe de qué otro montón de escándalos nos podríamos enterar.

Lo que me regresa al tema de la gesta cívica que efectuamos hace dos semanas, en El Obelisco, en contra de la corrupción y del incremento de los impuestos. En mi artículo de la semana pasada argumenté que muchos tienen una visión romántica del Gobierno, por un lado, calificando de corruptos y malos a los políticos, mientras que, por el otro, al Gobierno le dan poderes y virtudes casi divinas, sin percatarse de que son la misma cosa: son los políticos quienes gobiernan.

Siguiendo con esa romántica visión, algunas personas argumentan que en los países más desarrollados es donde se pagan más impuestos, y por lo tanto, lo que hay que hacer para desarrollarse es pagar más impuestos. Por supuesto, quienes así afirman manifiestan su desconocimiento del largo plazo (de la historia, pues), ya que si no todos, al menos la mayoría de los países que ahora son “desarrollados”, no empezaron así.

Cuando estaban en “vías de desarrollo”, es decir, cuando eran pobres, no tenían la famosa carga fiscal de la que creyeron que se podían dar el lujo cuando llegaron a ricos (aunque ya la mayoría se está arrepintiendo y dando marcha atrás, al percatarse de que ni de ricos se pueden dar ese lujo). Cuando todos esos países eran pobres y estaban en el proceso de capitalización, su carga fiscal era incluso más baja que la nuestra actual. De hecho, fue esa una de las principales razones que les permitieron capitalizarse (volverse ricos, volverse “desarrollados”).

Después, y solo después, cuando ya eran “ricos”, se pudieron dar el lujo de intentar implementar un sistema “benefactor”. Pero a nosotros nos quieren vender el cuento, a todas luces absurdo, de que para ser ricos hay que gastar como ricos, sin pasar por el proceso de capitalización. ¿Por qué será que algo que es tan obvio, si lo vemos a nivel de individuos, se vuelve incomprensible para muchos cuando lo transpolan a “la sociedad”? Cómo se ve que no entienden para nada cómo funciona el proceso de creación de riqueza. No nos debe extrañar que lo único que se les ocurra es repartir la poca que ya hay, sin entender que eso conduce a más pobreza. Lo que necesitamos ahorita que somos pobres es que nos quiten los tropiezos y que nos quiten las cargas, no que nos añadan más bajo la excusa de que así lo hacen los ricos.

Así que, como no queremos + corrupción ni + impuestos, seguiremos con nuestra gesta cívica. La puede seguir en línea en www.vdeluto.org. Y como no nos damos por vencidos, nos volveremos a vestir de luto todos los viernes, y nos reuniremos nuevamente en El Obelisco, el sábado 20 de septiembre, de 9.30 horas en adelante. ¡Lo esperamos!

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 11 de septiembre de 2,008.

jueves, 4 de septiembre de 2008

V de Luto

El sábado 30 de agosto celebramos una exitosa gesta cívica en El Obelisco, en la que un millar de ciudadanos manifestamos libremente nuestro descontento por la corrupción y por el intento de los políticos de aumentar más los impuestos. Contrario a lo que algunos creen, llegamos personas de muy diversos ámbitos sociales y económicos. Eso sí, todas cansadas de que los políticos nos quieran dar atole con el dedo.

Fue increíble ver personas de todas las edades —había desde niños pequeños hasta señores de avanzada edad— unidas en una manifestación ejemplar, sin obstruir el derecho a la libre locomoción de nadie, sin pintarrajear monumentos públicos ni propiedad privada, y lo suficientemente responsables y ordenadas como para que, concluida la actividad, quitáramos todo lo que se puso para “enlutar” la plaza. Una manifestación muy distinta a las acostumbradas aquí y en muchas partes; sin bochinches, sin pintas, sin enfrentamientos, sin obstrucciones, sin golpeados; tal vez por eso —o será por compromisos y temores políticos— algunos medios no le quisieron dar cobertura a la actividad.

Felicito a todos los que llegaron el sábado a manifestar su descontento con el status quo, al grito de “No + corrupción, no + impuestos”, porque decidieron hacerlo voluntaria y pacíficamente, sin esperar “huesos” a cambio, y de hecho, muchos poniendo de su propio bolsillo para colaborar con la organización de la actividad. Llegaron con la principal intención de hacerles saber a los políticos el grado de descontento al que nos están llevando con la forma tan irresponsable de derrochar el dinero de los tributarios.

Algunas personas argumentan que no hay que mezclar la corrupción con los impuestos, que son dos cosas distintas. Pero yo afirmo categóricamente que ambos están íntimamente unidos. ¿De dónde sacan el dinero para la corrupción los políticos, si no de los impuestos que pagan los tributarios?

Quienes tratan de hacer esa separación lo hacen bajo la misma falacia en que cae mucha gente, al separar mentalmente a los políticos del Gobierno: cuando se refieren a los políticos no tardan en menospreciarlos por corruptos, por infames, por abusivos, por ladrones, por aprovechados y por toda una larga serie de epítetos, pero al siguiente segundo se refieren al Gobierno, y entonces lo describen casi como un ser angelical, bonachón, todopoderoso, bondadoso, solidario, entregado en cuerpo y alma a la labor de erradicar el mal y la pobreza sobre la faz del país. Nunca caen en la cuenta de que en ambas ocasiones se están refiriendo a lo mismo: el Gobierno son los políticos. Esa visión romántica del Gobierno y, por consiguiente, de los impuestos es falsa. No se engañen, los políticos son quienes gobiernan, y los impuestos son los que van a parar a las manos de los corruptos.

Siguiendo con esa romántica visión, algunos otros argumentan que es en los países más desarrollados donde se pagan más impuestos, y, por lo tanto, lo que hay que hacer para desarrollarse es pagar más. Esta también es una visión errada de la realidad, pero como ya se me acabó el espacio, la comentaré la semana entrante.

Quienes no tuvieron oportunidad de ir, pueden ver fotos y comentarios de lo que sucedió en www.vdeluto.org. Y como apenas empezamos, nos volveremos a vestir de luto todos los viernes, y nos reuniremos nuevamente en El Obelisco el sábado 20 de septiembre, de 9.30 en adelante. ¡Lo esperamos!

jueves, 28 de agosto de 2008

No + Corrupción

Mañana muchos guatemaltecos nos vestiremos de luto, en señal de repudio por la pretensión de los gobernantes de incrementar los impuestos para recaudar más dinero en medio de una generalizada corrupción que cada día se hace más evidente.

No hace falta más que abrir cualquier periódico, de cualquier día, para encontrar, por lo menos, uno, si es que no varios, reportajes sobre algún nuevo caso de corrupción descubierta. Y de esto no se han salvado ni siquiera los "organismos internacionales" que el malinchismo de algunos ilusos les hacía creer que en ellos no habría corrupción, quizá bajo la absurda idea de que ésta solo es una "enfermedad local".

Porque el problema no son solo las personas que llegan con el principal, si no es que único, interés de meter su mano peluda en el barril sin fondo de los dineros públicos, sino especialmente, el sistema de arcas abiertas que les permite hacerlo tan fácilmente y con tanta desfachatez e impunidad.

Una famosa ex diputada confesó en una ocasión que más del 30 por ciento del presupuesto se perdía en corrupción. Hace apenas un par de días, una diputada actual dijo más o menos lo mismo en un programa televisivo, al defender la importancia de que se apruebe la "Ley de libre acceso a la información" como una herramienta para reducir la corrupción.

Yo estoy convencido de que lo que ahora vemos reflejado todos los días en los medios no es nuevo, ni que los actuales funcionarios sean mucho más corruptos que los anteriores, sino que ahora se hace más evidente, porque hay más periodistas dedicados a la investigación que han ido descubriendo lo que considero es apenas la punta del iceberg. Lo que implica que conforme más se vaya conociendo y se tengan las herramientas para conocer mejor la información gubernamental, más evidencia tendremos de lo que siempre hemos sabido: que la función principal del Gobierno de Guatemala es ser una fuente de enriquecimiento ilícito para muchísimas personas.

Por eso no nos debe extrañar que todos los gobiernos que hemos tenido desde el famoso "retorno a la democracia" han salido siempre con el cuento de que necesitan más recursos para poder "erradicar la pobreza en Guatemala". Y todos han aumentado los impuestos y recaudado más, pero la situación de los pobres sigue igual o peor. ¿Será porque la forma de sacarlos de la pobreza es creando riqueza y no aumentando los impuestos?

Lo peor de todo es que son tan descarados los políticos que alegan que quienes utilizamos el argumento de la corrupción es porque somos insensibles y no queremos ser "solidarios" con los más pobres y prometen que ellos sí serán "honestos" en el manejo de los fondos públicos. Pero lo único que se materializa son los nuevos impuestos, porque la honestidad y transparencia a duras penas llegan a mostrarse en los rótulos de entrada de algún absurdo viceministerio.

Y si usted también ya está harto de que los políticos le quieran ver la cara de tonto, lo invito a que mañana se vista de negro, como muestra de su rechazo a las pretensiones de los políticos. Y que el sábado, también de negro, vaya a El Obelisco, a las 9.30 horas, a ratificar que ya no está dispuesto a quedarse callado y dejar que sigan haciendo lo que se les da la gana con el país. (Si usted no vive en la capital, de todos modos vístase de negro, y si lo puede hacer, organice reuniones en su localidad).

viernes, 22 de agosto de 2008

No + Impuestos

Representantes del ejecutivo presentaron ya la primera parte de la reforma fiscal que quieren hacer este año, a pesar de que tanto se les ha argumentado contra la conveniencia de intentar incrementar las cargas de los tributarios en una etapa económica tan difícil. Su avidez por poner las manos en más abundantes recursos parece cegarlos, y no se percatan de lo grave que es la situación y de las honduras a que se están metiendo, porque la gente está desesperada.

La situación económica es bastante difícil, algunas empresas han cerrado, otras muchas han tenido que hacer grandes recortes de presupuesto para mantenerse a flote, en algunos casos, teniendo que recortar personal, lo que ha incrementado el ya de por sí alto desempleo.

Por si no fuera suficientemente difícil la situación, principalmente por el entorno internacional, tenemos también absurdas decisiones locales, como la de subir las tasas de interés a sabiendas de que uno de los resultados sería "detener la actividad económica", en efecto, frenando de tajo mucha de la economía, especialmente en la construcción, pero no solo limitada a ese segmento, sino a muchos otros que dependen del crédito para su actividad empresarial.

Y si a eso le añadimos que, gracias a la excelente actividad investigativa de reporteros en varios medios de comunicación, cada vez se van descubriendo nuevos y más abundantes casos de corrupción que demuestran a claras luces lo que siempre se ha sospechado: el Gobierno, en general, es un foco de corrupción increíble, y buena parte del presupuesto de "gastos" va a parar a las cuentas de funcionarios corruptos y empresaurios corruptores. Porque no hay día en que en alguno de los medios de comunicación no se mencione algún nuevo escándalo de robo o "desaparición" de unos cuantos millones por aquí, unos cientos de miles por allá. Y eso es solo de lo poco que nos llegamos a enterar, gracias a la labor de esos valientes periodistas, pero le puedo garantizar que lo que han ido encontrando en algunos lugares es generalizado a todo nivel de la administración pública. ¿Quiere decir eso que todos los que trabajan en el Gobierno son corruptos? No, siempre existen las excepciones, pero no nos debemos engañar ni creer esos cuentos de hadas de que "la preocupación principal del Gobierno son los pobres". No, la mayor preocupación de la mayoría de personas que llegan al Gobierno (y de muchos "contratistas del Gobierno") es acabar con su propia pobreza, logrando meter su mano peluda en ese aparentemente infinito (para ellos) chorro de dinero del "presupuesto de la Nación".

Y como somos muchos los que ya nos cansamos de que nos quieran ver la cara de tontos con la misma historia de siempre: "el Gobierno no puede sacar al país de la pobreza, porque le faltan fondos", y no estamos dispuestos a que nos sigan exprimiendo mientras ellos se llenan los bolsillos con el dinero que nos quitan, esta vez haremos algo.

Y si usted también se cuenta entre los que ya están hartos de tanta desfachatez, lo invito a que este viernes 29 de agosto se vista de luto, se vista de negro, como señal de que no está de acuerdo con los deseos de los políticos de apropiarse de + dinero para + corrupción. Y el sábado 30, también de negro, preséntese en El Obelisco, a las 9.30 de la mañana, a ratificar que ya no está dispuesto a quedarse callado y a dejar que sigan haciendo lo que se les da la gana con el país.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 21 de agosto de 2,008

viernes, 20 de junio de 2008

¿Más corrupción?

El escándalo más reciente en el Congrueso, el de los Q82 millones, no ha hecho más que apuntar los reflectores hacia algo que ya todos percibíamos pero que es muy difícil señalar y más aún probar: la corrupción campea en las instituciones públicas. Y, ¿para eso es que quieren más recursos?

El Congrueso solo es el más reciente de la larga fila de escándalos que en lo que va del año se han hecho patentes en la administración pública, como por ejemplo las acusaciones que existen en el Renap.

Lo que tienen en común estos escándalos es que todos han sido sacados a luz, no por las autoridades encargadas de vigilar que no sucedan (el mismo Congrueso, la Contraloría), sino por investigaciones realizadas por periodistas, publicadas en los medios de comunicación. Según sé, están tras otras pistas, pero estas investigaciones son complicadas y tardadas, ya que no es fácil obtener la información desde afuera.

El punto, al final, es que, así como esto del Congrueso y lo del Renap y cuanto otro escándalo logremos llegar a conocer a través de los investigadores periodísticos, les puedo garantizar que de igual manera se pueden encontrar casos similares a todo lo largo y ancho de la administración pública, incluyendo, por supuesto, el Ejecutivo y las municipalidades. Lo que pasa es que no nos enteramos de ello porque quienes debieran vigilar que no suceda, o por lo menos que suceda lo menos posible, no lo están haciendo.

Y la pregunta del millón es ¿para eso es que quieren más recursos? ¿Por qué en las propuestas de reforma fiscal nunca se habla del gasto, sino solo del ingreso? ¿Por qué siempre se habla de perseguir a los desgraciados que no pagan impuestos, y nunca de perseguir a los desgraciados que se los roban ya en el Gobierno? ¿Por qué?

Ahorita dijeron que van a esperar que se calmen las aguas en el Congrueso para presentar la propuesta fiscal, lo cual la deja ver más todavía como una propuesta oportunista, ya que solo les preocupa que, debido al actual escándalo, la población se enardezca porque presenten su propuesta para incrementar los impuestos.

Pero solo quieren esperar a que se olvide el asunto del Congrueso, como suele suceder en Guatemala, ya que casi no hay día que no surja un nuevo escándalo, y entonces es muy difícil llevarle la cuenta a todos los escándalos. Y así, cuando ya estemos pensando en algún otro problema, la violencia, el transporte, la gasolina, entonces van a aprovechar para presentarlo en el Congrueso y que nadie, o por lo menos no la mayoría, se oponga.

Esa es la triste historia de los políticos oportunistas, y que en esta ocasión no serán la excepción. Lo único que les interesa es cómo le sacan más dinero a los tributarios, para tener más dinero al cual ponerle las manos encima. Por supuesto que siempre saldrán con la excusa de que es por los pobres, para poder hacer más obra, para sacar de la extrema pobreza a algunos guatemaltecos, y cuanta otra excusa bonita y solidaria se les ocurra, pero la triste realidad es que los ingresos que más han subido en la última década son los de los gobernantes, y por ningún lado se ven esos resultados que ellos siempre prometen.

Definitivamente, no debemos aceptar que nos vengan nuevamente con el cuento de los pobres, porque es solo eso, un cuento. La realidad es lo que estamos viendo ahorita en el Congrueso, en Renap y en algunas otras partes de la administración pública. ¿Para eso quieren más impuestos?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 19 de junio de 2,008.

viernes, 26 de octubre de 2007

CorruptONU

La corrupción va por todos lados.

Ahora que ya se aprobó la Cicig y el malinchismo local ha quedado requetecomprobado, es bueno que sepamos la calidad de gente que vendrá a enseñorearse de Guatemala, para que estemos preparados para lo que nos espera.

Mis compañeros de radio, Marta Yolanda Díaz-Durán y Estuardo Zapeta, han estado recomendando el libro ONU: Historia de la corrupción, escrito por Eric Frattini -y yo me uno a esa recomendación-, como una lectura obligatoria para quienes queramos conocer un poco sobre todas las movidas chuecas que se dan dentro de los entretelones de ese organismo supragubernamental.

Y, aunque usted no lo crea, son muchas, y algunas, bastante feas. Van desde lo que conocemos por acá de funcionarios de la ONU que se han aprovechado de su estatus de inmunidad hasta para no pagar las rentas de los alquileres de apartamentos, hasta cientos de millones de dólares que se han ido de las arcas unidas a las billeteras de personajes y familiares cercanos a los altos funcionarios de esa institución, pasando por encubrimientos de las consecuencias de muchas malas decisiones, así como el abuso de utilizar los fondos de los tributarios del mundo para avanzar sus agendas muy personales.

Y no son sólo cosas del pasado, como alguien ingenuamente podría pensar. Para no ir tan lejos, hace menos de un mes, el actual secretario general, el surcoreano Ban Ki-moon, se pasó por el arco del triunfo las mismas reglas de la organización que preside, al arrogarse la autoridad de rechazar la solicitud de Taiwán para ser aceptado como miembro de la ONU, autoridad que sólo le corresponde al Consejo de Seguridad y a la Asamblea General.

Llegó al colmo la arrogancia de don Ban Ki-moon -quien de seguro se ha de sentir cuasi emperador-, que dijo que la había rechazado (dos veces) porque “la posición de las Naciones Unidas es que Taiwán es parte de China”, citando la resolución 2758, de 1971, en la que se le dio a China el sitio que antes ocupaba Taiwán.

Por supuesto, la citada resolución no dice nada al respecto, y ni siquiera menciona a Taiwán, aparte de que no está dentro de sus atribuciones hacer una interpretación así.

Siempre he dicho que no entiendo la posición de Taiwán de querer entrar en la ONU, cuando muchos quisiéramos salirnos, pero claro, yo no vivo en una isla con miles de misiles apuntándole, ni bajo el acoso de un gigante totalitario que se ha encargado de hacerlos un país paria en el mundo.

Pero el punto al final es que no debemos caer bajo el embrujo malinchista de que, porque son funcionarios de una organización internacional del calibre de la ONU, entonces son los superhombres (y supermujeres, por supuesto), inmaculados, incorruptibles y todopoderosos, que vendrán a resolver todos nuestros problemas con tan sólo esgrimir su varita mágica. Nada que ver. Pero ni modo, como así los vendieron los que hicieron hasta lo imposible por conseguir un hueso, digo, por aprobar la Cicig...


Publicado en Prensa Libre el 23 de agosto de 2007.

domingo, 19 de agosto de 2007

Los millonarios más pobres


¿Estamos condenados a seguir repitiendo la historia?

Un artículo publicado esta semana en la edición de The New York Times que presenta dominicalmente Prensa Libre movió mi interés a investigar un poco sobre lo que está pasando en Zimbabue.

La situación allá es realmente crítica, y los testimonios, sobrecogedores, pero al final no es más que la repetición de la misma historia del “líder revolucionario” convertido en decadente dictador decidido, junto a su camarilla de secuaces, a permanecer usufructuando las mieles del poder a cualquier costo (historia, por cierto, de la que todavía no nos libramos tampoco en nuestro continente).

Robert Mugabe, ex guerrillero maoísta, gobierna Zimbabue desde 1980, primero como primer ministro y luego como presidente. Se ha convertido en un “dictador democrático”, ya que ha sido reelecto tres veces, aunque las mismas han sido bastante cuestionadas.

Durante este período, se le ha acusado de cometer masacres, reprimir la libertad de expresión, tomar represalias contra sus opositores políticos y hasta contra sus seguidores, al grado de destruir barriadas donde vivían más de 700 mil personas.

La situación se ha agravado desde finales de la década de 1990. Como represalia ante los avances de la oposición, implementó una “reforma agraria” que básicamente consistió en expropiar por la fuerza las fincas a sus dueños -la mayoría blancos que las compraron ya dentro de su régimen, y no que las traían como “herencia colonial”- y repartirlas, no entre los pobres, sino entre sus fieles, dejando sin empleo a cientos de miles de trabajadores.

El resultado ha sido que, de ser el “granero” de África, Zimbabue se convirtió en un pueblo hambriento, sin empleo, refugiado -casi cuatro millones de 12 se han ido-, perseguido, oprimido.

La inflación, que es la más alta del mundo, ya pasó este año de 15 mil por ciento, y algunos calculan que podría llegar a un millón 500 mil por ciento a finales del año. En el colmo de la imbecilidad, Mugabe decretó hace unas semanas que los precios de los productos básicos se debían reducir a la mitad, so pena de cárcel. Pues ya van más de cuatro mil personas arrestadas por “especulación” y los precios de los productos que todavía existen siguen duplicándose todos los días.

En una historia que leí, una maestra convertida en prostituta para mantener a su familia cuenta que su salario de maestra de mayo fue de 2.1 millones de dólares zimbabuenses; sin embargo, esa millonaria cifra no le alcanza ni para pagar el bus para ir a trabajar. “Somos los millonarios más pobres del mundo”, declara con triste sonrisa.

Para esconder su corrupción, incapacidad y locura, Mugabe recurre al trillado argumento de los mismos de siempre: los problemas en Zimbabue son ocasionados por una conspiración “imperialista” de Estados Unidos e Inglaterra.

¿Por qué no me extraña que uno de sus principales aliados sea Hugo Chávez? ¿Será porque Zimbabue parece el modelo que éste intenta calcar en la Venezuela socialista? Lo que le podemos garantizar es que terminará igual.

Publicado en Prensa Libre el 16 de agosto de 2007. Fotografía del New York Times.

Links interesantes:

Artículo en el New York Times.

Zimbabwe's horrors. Columna en el Boston Globe por Jeff Jacoby.

How to kill a Country, por Samantha Power

Teachers sell sex to buy food as Mugabe cronies get richer. Artículo en el The Sunday Times.

Zimbabwe's silent genocide. Artículo en el The Sunday Times.


jueves, 1 de marzo de 2007

Sistema corruptor

Problemas radicales, requieren soluciones radicales.

Mientras no se quite el incentivo de lo prohibido en los estupefacientes, el narcotráfico seguirá siendo un gran negocio que corromperá a casi cualquiera. No son excepciones ni los policías guatemaltecos, ni los funcionarios de la DEA ni mucho menos los de la ONU.

Si bien es cierto se han elucubrado muchas hipótesis alrededor de los sucesos recientes que desenmascararon lo que todos sabíamos pero nadie tenía pruebas: que algunos, si no muchos o incluso la mayoría de, policías son tanto o más criminales que los que dicen perseguir, lo cierto es que mucha –que no toda– de esta corrupción tiene sus raíces en un flagelo que afecta a toda Latinoamérica: el narcotráfico.

Pero este problema jamás se resolverá con la "guerra al narcotráfico". Esa es una guerra perdida de antemano. De hecho, mientras más leña se le hecha al fuego, mientras más "dura" sea la supuesta lucha, mejor negocio es. ¿Tan difícil será entender esto?

La única forma de acabar con esa espada de Damocles es legalizando el uso, tenencia y distribución de estupefacientes. Sí, aunque parezca una herejía.

La prohibición que pesa actualmente sobre esas sustancias es lo que les da un margen de utilidad (de riesgo, dirán algunos) tan alto que las convierte en un negocio atractivísimo para quien esté dispuesto a enfrentar los riesgos de actuar al margen de la ley. Ese nivel de rentabilidad es el que permite que quienes están en ese negocio tengan tantos excedentes que pueden comprar la voluntad de casi cualquiera, ya sea con plata o plomo.

El argumento que se utiliza para justificar la prohibición es que los estupefacientes arruinan la vida de quien los consume. Primero que nada, quiénes se creen los gobernantes que son para decidir por las personas qué es lo que más les conviene. Si alguien a sabiendas que esas sustancias le harán daño las quiere consumir, pues que lo haga, siempre y cuando no afecte a los demás. Y si los afecta, pues que se le aplique la ley (por las faltas o crímenes que cometan, no por el consumo).

Ahora bien, lo irónico del caso es que ahorita, aunque sean completamente prohibidas, de todos modos las personas las continúan usando (yo incluso argumentaría que no es a pesar de que son prohibidas sino porque lo son), pero con el agravante de toda la violencia, asesinatos, crímenes y corrupción que afecta a todo el mundo.

Ese costo social tan alto que todos los que ni consumimos, ni comerciamos, ni tenemos nada que ver con las drogas tenemos que pagar por causa de esa enfermiza y absurda terquedad de los gobernantes que se creen guardianes de la moralidad de las masas no se justifica bajo ninguna excusa. Mientras no se resuelva esto, todo lo demás no es más que inútiles ajustes cosméticos.

P.S.: Si quiere conocer más sobre este tema, le recomiendo leer el libro "La tragedia de la drogadicción" de Alberto Benegas Lynch (H).




Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 1 de marzo de 2007

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martes, 27 de febrero de 2007

El que a hierro mata a hierro muere

El asesinato de los policías criminales que a su vez mataron a tres diputados salvadoreños y su piloto (y quien sabe cuántas almas más pesaban sobre sus cabezas) es un recordatorio para todos que, en efecto, el que a hierro mata, a hierro muere.

Creo que debemos analizar el affair de los diputados al Parlacen desde varios puntos de vista.

Primero, la corrupción dentro de la Policía Nacional Civil, o como Estuardo Zapeta los llamó hoy, la Policía Nacional Corrupta. Siempre se ha rumorado que la PNC está llena de corrupción, ahora ya no es rumor, es un hecho comprobado. Resulta que el jefe de la Unidad contra el Crimen Organizado, trabaja como sicario para el crimen organizado. Ante esta aplastante verdad (confesada incluso por ellos mismos antes de ser asesinados), ¿qué confianza puede tener la ciudadanía acerca de sus autoridades? Las autoridades podrán argumentar todo lo que quieran, pero el hecho es que ahora queda al descubierto que la policía es más criminal que los mismos criminales. Y podrán dedir que no hay que generalizar, pero ¿cómo sabemos los ciudadanos quiénes son los buenos y quiénes son los malos policías? No hay de otra. Mientras no se aclare la situación, para los guatemaltecos, todos los policías serán corruptos hasta que no prueben lo contrario. La única opción aceptable es hacer una reforma completa; en este sentido, apoyo la propuesta de Estuardo de de-centrar la policía y que haya policías locales.

Otra de las historias que ha surgido es que tanto en la policía como en otras divisiones del Ministerio de Gobernación han organizado grupos de limpieza social y que tanto los policías capturados como los que los llegaron a silenciar forman parte de ellos. No sé si esta versión es cierta, pero igual doy mi opinión al respecto, en caso de ser cierta. El que las autoridades tengan que recurrir a una instancia fuera de la ley para hacer que se cumpla la ley (según ellos) es una muestra más del fracaso del actual sistema. No se puede hacer cumplir la ley violándola. Nadie debe estar por encima de la ley, ni siquiera (y especialmente) las autoridades encargadas de velar por que se cumpla. Por último, asumiendo que han estado haciendo esto, no debemos nunca olvidar a Lord Acton: el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. ¿Se imagina usted el poder que puede llegar a tener (o por lo menos sentir) una persona que puede asesinar impunemente a quien se le ponga enfrente, sin temor a repercuciones, sin temor a tener que enfrentar la justicia (por lo menos la terrenal) a sabiendas que hasta sus propios jefes los avalan y, por qué no decirlo, una buena parte de la población? Definitivamente, el nivel de poder que manejan es muy grande, lo que como consiguiente acarrea que el nivel de corrupción al que están expuestos también es muy grande, por lo que es de esperar que se corrompan y paren convirtiéndose en parte de lo mismo que supuestamente combaten. En este escenario, lo peor de todo es que las autoridades que lo conscienten, aunque no se manchen las manos paran estando en la misma barca que los ejecutores y tarde o temprano, se ven envueltos en lo mismo para cubrir sus pasos. En este escenario, los sucesos recientes se acoplan muy bien.

Como este tema da para bastante, espero seguirlo tratando en el blog. Mi recomendación: si mira a un policía, ¡huya!.

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domingo, 14 de enero de 2007

Liberalismo...

Por razones académicas me tocó darle una releída al libro "Liberalismo" de Ludwig von Mises. Encontré nuevamente algunas citas que creo importantísimas, por lo que las voy a estar subiendo al blog. Es especialmente interesante tomar en cuenta que el libro fue escrito por Mises en 1927, hace ya 80 años, sin embargo, los principios allí explicados no sólo continúan vigentes, sino que los acontecimientos mundiales durante esos años no han hecho más que validarlos.

Aquí les va una: " Pero el poder, como decía Jacobo Burckhardt, es malo per se, ejérzalo quien lo ejerza. Corrompe a quien lo maneja, induciendo al abuso".

Otra forma de decir la máxima de Lord Acton: "El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Si les interesa conocer más de este libro, es el que estamos estudiando con el Doctor Julio César De León Barbero (quien, por cierto, escribió el prólogo para la edición en español más reciente) todos los lunes de 12:30 a 14:00 en el programa "Todo a Pulmón" por la Lite FM 100.9.

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