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viernes, 15 de enero de 2010

El Show

La coreografía mágica está preparada para obtener el verdadero objetivo, mientras la gente ve para otro lado...

Luego de todo el show montado alrededor del presupuesto, ahora el partido oficial está montando el show del paquetazo fiscal. Parece ser que el propósito principal de ambos shows es lograr poner las manos sobre una cantidad cada vez más grande de dinero, con cada vez menos restricciones. Hasta ahora, va ganando la estrategia y la han coreografiado al estilo del mejor ilusionista.

Durante el primer acto —el del presupuesto—, el Gobierno se montó en el caballito de la austeridad y se presentó como la primera administración en la historia en plantear un presupuesto menor al del año anterior. Se rasgaron las vestiduras y le echaron la culpa a los “politiqueros" de la competencia —que no oposición— de obstaculizar la aprobación de su “pequeño” presupuesto. El ministro de Finanzas actuó tan bien su parte que hasta amenazó con renunciar al puesto si el Congreso no le aprobaba el presupuesto.

Al final, lograron su objetivo: el presupuesto no se aprobó, se quedaron con el presupuesto anterior, mayor y con menos candados, y se pudieron dar el lujo de echarle la culpa a los otros. La conclusión del primer acto fue aceptar que se van a ver “obligados” a gastar más, pero eso no era lo que querían. Sí, como no. ¿Y la renuncia del ministro? Ya se le olvidó, o lo que es lo mismo, era pura promesa de político.

Pero ya tenían preparado el segundo acto —el del paquetazo—, y el intermedio casi ni se sintió. Ni lentos ni perezosos, utilizaron la falta de aprobación del presupuesto “pequeño” como palanca para apuntalar su paquetazo fiscal. “Ahora que nos obligaron a gastar más”, dicen, “dennos los fondos para gastarlos”. Y así como quien dice nada, se recetaron un incremento de impuestos que, en algunos casos, llega al 900 por ciento y se les ocurrió la brillante idea de ponerle un impuesto del 50 por ciento al minuto de comunicación por celular.

Durante la semana han estado preparando el montaje para el clímax del segundo acto, que esperan sea hoy. Organizaron una manifestación “espontánea”, programada para hoy, con el fin de presionar a los diputados a que aprueben el paquetazo. El guión del segundo acto demandaba crear la apariencia de “espontaneidad”, por lo que el presidente ha negado cualquier involucramiento en la “voluntad” de las personas por apoyar el paquetazo.

Por supuesto, no contaban con que algunos actores independientes se les salieran del guacal, como por ejemplo, la diputada que publicó el análisis de las cifras de los proyectos de Cohesión Social, en donde claramente se ve que el argumento que han utilizado para justificar el paquetazo, a saber, que hacen falta recursos para la seguridad, la salud y la educación, es engañoso —por no decir mentiroso y malintencionado—, ya que es precisamente a esas tres áreas a las que más recursos le quitaron este año para alimentar al monstruito insaciable.

Y tampoco contaban con que otros actores independientes, entre ellos algunos de mucho peso local y el de más peso internacional, les darían un ultimátum.

Así que, el escenario está montado para el clímax de la obra. Las presiones y los intereses son muchos. El desenlace de la obra todavía es de pronóstico reservado. ¿Qué pasará? ¿Quién tendrá más fuerza en el pulso?

Si no fuera porque las consecuencias del final del segundo acto nos atañen a todos, le diría que no hay más que sentarnos a presenciar el final de la obra. Pero en este caso, todos jugamos una parte de la obra. ¿Cuál parte jugará usted?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 10 de diciembre de 2,009.

Foto: Comisión de Finanzas del Congreso

jueves, 12 de febrero de 2009

¿Qué candados?

La discusión sobre los supuestos “candados” en el presupuesto deja entrever improvisación de parte del Ministerio de Finanzas o desprecio por la separación de poderes de parte de los gobernantes, o un interés desmedido por hacer chinchilete los recursos de los tributarios, o una mezcla de las tres anteriores. Usted decida.

El presupuesto de malgasto de los funcionarios públicos (con nombre técnico de “Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado”) es elaborado por el Ministerio de Finanzas, con información de todos las demás carteras e instituciones públicas. Este presupuesto es presentado al Congreso, cuyos miembros tienen la responsabilidad de analizarlo y aprobarlo.

El argumento que usan siempre los gobernantes para querer cambiar el presupuesto aprobado en el Congreso (pasa todos los años, no siendo éste la excepción) es que los diputados le hacen cambios sin consultarles, y que así no funciona. La realidad es que la mayoría de modificaciones que efectúan los legisladores tienen que ver con las “obras” por realizar, y la discusión y “negociación” del Presupuesto se centra, principalmente, en qué obras le tocan a qué congresista para que dé su voto de aprobación. No nos perdamos, el resto del presupuesto, con excepción de alguno que otro diputado o diputada que sí se preocupa por cómo se gastan los recursos de los tributarios, a los legisladores les viene del norte, y en su mayoría ni siquiera lo leen, mucho menos lo entienden.

Así que, repito, con excepción de las “obras” negociadas entre los diputados, la mayoría del Presupuesto pasa como lo envían de Finanzas, unos millones más unos millones menos (cuando uno se pone a hablar de cifras de 50 mil millones de quetzales, pierde totalmente la proporción de las cosas). Entonces que no nos vengan a decir que necesitan hacer unos “pequeños” cambios de 20 mil millones de quetzales porque de otra manera no pueden hacer nada. ¡Si fueron ellos mismos quienes plantearon el Presupuesto! ¿O será que la práctica es enviar cualquier cosa al Congreso, que lo único importante es el monto total, y los “detalles” de cómo gastárselo se resuelven después, en el camino?

Otra opción es que sea un craso irrespeto al sistema de separación de poderes del Gobierno, en donde los funcionarios del Ejecutivo ven al Congreso como un simple trámite burocrático, un sello más que debe llevar el papel, y que son ellos quienes deben y pueden decidir cómo gastarse el dinero de los tributarios, porque al final creen que no es de los tributarios, sino que, una vez entra a las arcas públicas, es de su propiedad.

Y la otra opción es que simplemente quieren saltarse las trancas y tener toda la libertad del mundo para manejar los fondos de los tributarios a su sabor y antojo, con el fin principal de evadir los “controles” (que tampoco son muchos ni mucho menos funcionales), y que para ello lo mejor es mover las partidas de un lado para el otro, y así desorientar a los pocos que se atreven a intentar fiscalizar el “gasto público”.

A mi manera de ver las cosas, esas son las opciones posibles. Y si me preguntan mi opinión, creo que la verdad yace en algún punto en la intersección de las tres opciones arriba mencionadas. Eso de que tienen las manos atadas y no pueden hacer nada si no se quitan los pocos candados que tiene el Presupuesto no me lo creo. Y usted, ¿qué cree?


Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 12 de febrero de 2,009.

jueves, 13 de noviembre de 2008

No más presupuesto

El cocimiento del oneroso caldo, oficialmente conocido como presupuesto de Ingresos y Egresos de la Nación del 2009, aún no tiene la suficiente leña, ni siquiera para el “sancocho”.

Esta semana, el Ejecutivo y el Cacif continúan enfrascados en un tira y encoje del monto al que debería ascender el presupuesto, tomando en cuenta que estamos de nuevo en crisis y a las puertas de entrar en estado de coma, por la recesión que ya empieza a sentirse en EE. UU.

El presidente Colom, máximo representante de la “unidad” y del “diálogo” —del que tanto alardeó en sus mítines como candidato—, al primer “no” del Cacif, envió al ministro de Finanzas a “negociar” en el Congreso, lo que seguramente tratarán de aprobar, a pesar de las señales inequívocas que el sentido común, las estadísticas, los ejemplos alrededor del mundo y los ciudadanos comunes y corrientes les envían.

Que no es populismo, dice el presidente, sino inversión social, y tratan de disfrazar y maquillar con efectos especiales el paquetazo que, como casi todos los años, se incrementa e incrementa, sin que los ciudadanos que pagamos impuestos y mantenemos al Gobierno podamos esperar que la cosa mejora, sobre todo en seguridad y justicia.

Las explicaciones de que la gobernabilidad de país, que el gobierno debe enfrentar la crisis, de la protección a los sectores más vulnerables, de que hay que mantener el déficit en cierto porcentaje, de que todo el mundo lo hace, son puras falacias que escucho desde que tengo uso de memoria, de gobernantes que no hacen más que tratar de “redistribuir” la riqueza y equiparar a todos en una pobreza generalizada.

Los guatemaltecos siempre hemos vivido en crisis, en una crisis crónica que, ahora, se puede convertir en un verdadero coma económico, por los sucesos ya por todos conocidos. Más impuestos para “inversión social” no harán más que socavar nuestros ingresos reales, para continuar con el círculo vicioso de la pobreza, que sin inversión nos condena a no salir de la miseria en la que nos encontramos.

Pero parece que el discurso que les enseñó el viejo loro no hace reaccionar a los gobernantes ante las sanas medidas que otros países disponen. Bajar impuestos, sobre todo los directos que tanto ahuyentan la inversión productiva, la reducción del gasto público y del tamaño de los gobiernos. Si utilizamos la analogía del barranco y vemos que otros países toman el camino llano para no caer en el precipicio, ¿por qué seguimos empeñados en practicar tan peligroso deporte extremo?

La creatividad de los legisladores deslumbra, puesto que más vale comprar un carrito usado, porque no le cobran impuesto, y qué decir de la abominación idiomática de mezclar impuesto y solidaridad en un solo concepto.

Señores, la fórmula se ha repetido incesantemente, aunque aumenten el presupuesto, aunque suban impuestos, aunque digan que es para los desposeídos, en lugar de decir que van a regalar y despilfarrar el dinero, aunque repitan y repitan la fórmula, la situación no mejorará.

Ya llevamos 25 años de vida democrática repitiendo la misma fórmula, ¿no será que ya es necesario cambiar el sistema para salir adelante? Por eso, apoyamos el cambio del sistema por medio de ProReforma.

Especial de impuestos: No se pierda el especial de los impuestos, el lunes 17, de 6. 30 a 8 horas, y del 18 al 21, de 18 a 19 horas, por la 100.9 FM y www.radiopolis.info.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 13 de Noviembre de 2,008.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Vergüenza legislativa

Propongo instaurar el “Día de la vergüenza legislativa”.

El martes 27 de noviembre pasará a la historia como el día en que los diputados guatemaltecos se despojaron de todo vestigio de vergüenza que todavía pudieran tener, y se retrataron de cuerpo entero como un grupo de aprovechados sin el menor recato. Yo propongo que los ciudadanos (ya que los legisladores, por razones obvias, nunca lo harían) decretemos el 27 de noviembre como el “Día de la vergüenza legislativa”.

En una larga sesión, la mayoría de los diputados aprobaron tres proyectos de una manera que a cualquiera que no tenga piel de cocodrilo le avergonzaría. Primero, aprobaron que se ampliara la vigencia del “temporal” Ietaap, lo que creo que es la peor y más condenable decisión de las que tomaron, aunque para muchos pase casi inadvertida.

Utilizaron la absurda excusa de que lo hacían por “responsabilidad” y por “solidaridad”, pero eso no es más que una falacia. Son irresponsables porque de esa manera están impidiendo que los habitantes de Guatemala mejoren su nivel de vida y al final paren arriesgando su propia vida buscando una mejor opción en el norte. Y no son “solidarios”, porque la solidaridad se practica con la billetera propia, no con sombrero ajeno, como lo hacen los funcionarios con los dineros de los tributarios.

Luego aprobaron un presupuesto general de ingresos y egresos bastante cuestionado ya como iba, pero con el agravante de que añadieron una cláusula en donde dejan en libertad al Ejecutivo para que lo cambie a su sabor y antojo, sin tener que pedir permiso ni dar cuentas a nadie.

En pocas palabras, le giraron un cheque en blanco por Q42 mil millones a la administración de Álvaro Colom. O lo que es lo mismo, de un plumazo (o pezuñazo, pensarían muchos) abolieron el sistema de pesos y contrapesos de nuestra república y abrieron de par en par las puertas de lo que ya de por sí es un arca abierta en donde hasta los más justos han pecado.

Y por último, y más ignominiosamente, se recetaron una indemnización y una indexación de su sueldo, utilizando para tan avorazado propósito la ahora infame excusa de la “emergencia nacional”. ¿En qué cabeza con medio dedo de frente puede caber una lógica más extraña que esa de calificar de “emergencia nacional” la indemnización de los diputados y su aumento de sueldo?

Por supuesto que la respuesta es sencilla, lo hicieron con toda la alevosía y lógica del caso, para lograr su avezado propósito antes de darle tiempo a la ciudadanía y la opinión pública de reclamar y escandalizarse. Como dice la frase que se atribuye a alguno de tantos politiqueros guatemaltecos: “La vergüenza pasa, pero el dinero queda en casa”.

Ahora aprovecharán las “vacaciones navideñas” para esconderse en sus refugios y esperar que para enero ya haya otros escándalos y a la ciudadanía se le olvide su despreciable actuar. Con toda esa calaña de diputados, ¿qué podemos esperar?


Publicado en Prensa Libre el jueves 29 de noviembre de 2,007.

Foto: Infografía de elPeriodico.