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jueves, 22 de julio de 2010

Excepción de muerte





Para variar: hay que tratar bien a los criminales, y los ciudadanos que se jodan.







En nuestra Guatemala surrealista, a pesar de que la violencia está literalmente a la vuelta de la esquina para casi todos, los funcionarios públicos se empecinan en darle la espalda a la ciudadanía. Ahora resulta que la gran propuesta es establecer estados de Excepción, con los cuales quienes más pierden son los ciudadanos y no los criminales, pero se oponen a capa y espada, por ejemplo, a aplicar la pena de muerte. Para terminar de ajustar las cosas, reducen el presupuesto de seguridad y nos dicen a los ciudadanos que “hay que aguantar”. La conclusión: de palabra están “preocupados” por la inseguridad, pero sus acciones dicen todo lo contrario.

Para ponernos en contexto, creo muy importante recalcar las declaraciones del presidente Álvaro Colom hace menos de dos años, cuando se discutía la aprobación del presupuesto: “Si quieren seguridad, paguen más impuestos, porque los que ya pagan se utilizarán para mis programas sociales”. Y para complementar, algo así como un año después, indicó que los programas sociales de su gobierno, como Cohesión Social y Mi Familia Progresa, eran la plataforma sobre la cual se lograría la reelección del partido oficial. En pocas palabras, su objetivo principal es la permanencia en el poder a expensas de los recursos de los tributarios; la seguridad no es su problema.

Y por aquello de las dudas que ahora ya no se “recuerde” de estas declaraciones, su punto de vista no ha cambiado un ápice. Hace unos días volvió a declarar que no había recursos suficientes para la seguridad y que se necesitaba subir los impuestos para poder combatir la violencia. Lo que contrasta con que hace un tiempo el ministro de Gobernación Gándara “cedió” Q275 millones del presupuesto de seguridad para Cohesión Social, con la excusa de que no se necesitaban en ese ministerio. Y ahora, nuevamente, nos enteramos de que Q200 millones del presupuesto de seguridad se van a utilizar para otras cosas, y el actual ministro Menocal lo justifica diciendo que es dinero que de todas maneras no pueden gastar. Y entonces, ¿por qué dice Colom que necesitan más dinero? ¿Quién miente?

Ahora salen con que para combatir la violencia se necesita establecer un estado de Excepción. Esta aseveración lleva implícita la aceptación del fracaso en controlar la violencia y la inseguridad por parte de los funcionarios, pero además es una nueva amenaza contra la ciudadanía. A los criminales no les afecta mayor cosa que sus derechos sean reducidos con el estado de Excepción, pero a los ciudadanos honrados sí. ¿El que las autoridades no tengan que respetar nuestros derechos básicos —porque los criminales no nos los respetan— hará que éstas funcionen mejor? Lo dudo. Me da mucha más sospecha que esa limitación de nuestros derechos pueda ser utilizada por los funcionarios para abusar todavía más de nosotros y para tratar de acallar a la opinión pública, a la oposición, que para combatir la criminalidad.

Y para terminar de amolar las cosas, los funcionarios tienen el descaro de decir que lo que definitivamente no van a hacer es aplicar la pena de muerte. ¿Y por qué no? Si los criminales se la aplican diariamente al menos a 15 guatemaltecos, sin ningún juicio, evidencia, acusación, defensa ni nada que parezca un debido proceso, garantías y derechos, de los que sí han gozado los sentenciados a muerte. ¿Hasta cuándo tendremos que seguir sufriendo por la cobardía de los políticos?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 22 de julio de 2,010.

Foto: La foto, que es una demostración del proceso de inyección penal, la encontré en el blog "Historias del Regatecha".

jueves, 21 de enero de 2010

Génesis

Aunque muchos ya dan por cerrado el caso Rosenberg, no hay que olvidar que apenas es la punta del Iceberg










Como era de esperarse, lamentablemente ya muchos dieron por cerrado el caso Rosenberg, y aunque el mismo Castresana dijo que solo era su verdad “interina” y que todavía debía irse a juicio, ya bastantes quieren sepultar el caso y seguir como si nada hubiera pasado. Pero la realidad es muy distinta, el caso Rosenberg, que todavía no está cerrado ni juzgado, no es más que la punta del iceberg de esta trama, la que a la vez es apenas un caso de los muchos que habría que investigar en el país.

Aun en la versión de la Cicig, Rodrigo era una persona honorable, que creía sinceramente lo que decía y, si se “inventó” su asesinato, fue ante la desesperanza e impotencia que le causaba creer que no lograría que se hiciese justicia. Lo que implica que el meollo del asunto hay que buscarlo, no en el asesinato de Rodrigo, sino en las acusaciones que hizo en el video, sobre la muerte de los Musa.

Y si revisamos nuevamente el video veremos que, aunque lo que más sensación causó fue la advertencia sobre su propia muerte, la mayoría del mensaje alude a acusaciones de corrupción en la cosa pública que serían la causa del asesinato de los Musa. Y es allí donde deben dirigirse las investigaciones.

Castresana terminó su conferencia sobre el caso con un resumen de dichas acusaciones. Mencionó específicamente una investigación sobre Banrural, los fideicomisos del sector caficultor, los proyectos de Cohesión Social, Anacafé, Fedecocagua. En cuanto a las personas mencionadas en el video, se limitó a decir “Gregorio Valdés y otros”. En todos los casos indicó que las investigaciones continúan.

Castresana también indicó que ahora que ellos ya terminaron su parte en el caso Rosenberg dedicarán más recursos a investigar el asesinato de los Musa y tratar de dar con los asesinos.

Si van a ser tan exhaustivos con cada una de estas líneas de investigación como lo fueron con el asesinato de Rodrigo, creería que más de alguien estará empezando a sudar frío en los círculos de poder.

Quisiera creer eso, pero también tengo que decir que no me dejó muy satisfecho el hecho de que todo lo que tenía que ver con funcionarios públicos fue tocado con pinzas y hasta en un momento, con relación a la acusación que hizo contra Gándara, dijo que eso no era tan importante y que no les tocaba a ellos ese tema.

Castresana debe entender que la corrupción es uno de los principales ejes de la impunidad en un sistema como el guatemalteco, por lo cual, sí tiene que ver con su “mandato”. Ya que, en última instancia, una de las principales razones de ser de los famosos “grupos” incrustados en la administración pública que ellos dicen perseguir es precisamente el valerse del poder y la impunidad que este les brinda para apropiarse de los recursos de los tributarios.

Creo que ahora es cuando más presión debemos poner los ciudadanos para que se continúe esta investigación, se encuentre a los culpables del asesinato de los Musa y se aclaren las acusaciones de corrupción. Si ahorita bajamos la guardia y nos quedamos cruzados de brazos, no habrá servido de nada todo lo que pasó en los últimos meses y habremos desperdiciado una oportunidad de oro para por lo menos dejar el mensaje de que ya no nos quedaremos cruzados de brazos viendo cómo algunos llevan al país al despeñadero con pasos presurosos.

Y usted, ¿va a hacer algo?

viernes, 15 de enero de 2010

El Show

La coreografía mágica está preparada para obtener el verdadero objetivo, mientras la gente ve para otro lado...

Luego de todo el show montado alrededor del presupuesto, ahora el partido oficial está montando el show del paquetazo fiscal. Parece ser que el propósito principal de ambos shows es lograr poner las manos sobre una cantidad cada vez más grande de dinero, con cada vez menos restricciones. Hasta ahora, va ganando la estrategia y la han coreografiado al estilo del mejor ilusionista.

Durante el primer acto —el del presupuesto—, el Gobierno se montó en el caballito de la austeridad y se presentó como la primera administración en la historia en plantear un presupuesto menor al del año anterior. Se rasgaron las vestiduras y le echaron la culpa a los “politiqueros" de la competencia —que no oposición— de obstaculizar la aprobación de su “pequeño” presupuesto. El ministro de Finanzas actuó tan bien su parte que hasta amenazó con renunciar al puesto si el Congreso no le aprobaba el presupuesto.

Al final, lograron su objetivo: el presupuesto no se aprobó, se quedaron con el presupuesto anterior, mayor y con menos candados, y se pudieron dar el lujo de echarle la culpa a los otros. La conclusión del primer acto fue aceptar que se van a ver “obligados” a gastar más, pero eso no era lo que querían. Sí, como no. ¿Y la renuncia del ministro? Ya se le olvidó, o lo que es lo mismo, era pura promesa de político.

Pero ya tenían preparado el segundo acto —el del paquetazo—, y el intermedio casi ni se sintió. Ni lentos ni perezosos, utilizaron la falta de aprobación del presupuesto “pequeño” como palanca para apuntalar su paquetazo fiscal. “Ahora que nos obligaron a gastar más”, dicen, “dennos los fondos para gastarlos”. Y así como quien dice nada, se recetaron un incremento de impuestos que, en algunos casos, llega al 900 por ciento y se les ocurrió la brillante idea de ponerle un impuesto del 50 por ciento al minuto de comunicación por celular.

Durante la semana han estado preparando el montaje para el clímax del segundo acto, que esperan sea hoy. Organizaron una manifestación “espontánea”, programada para hoy, con el fin de presionar a los diputados a que aprueben el paquetazo. El guión del segundo acto demandaba crear la apariencia de “espontaneidad”, por lo que el presidente ha negado cualquier involucramiento en la “voluntad” de las personas por apoyar el paquetazo.

Por supuesto, no contaban con que algunos actores independientes se les salieran del guacal, como por ejemplo, la diputada que publicó el análisis de las cifras de los proyectos de Cohesión Social, en donde claramente se ve que el argumento que han utilizado para justificar el paquetazo, a saber, que hacen falta recursos para la seguridad, la salud y la educación, es engañoso —por no decir mentiroso y malintencionado—, ya que es precisamente a esas tres áreas a las que más recursos le quitaron este año para alimentar al monstruito insaciable.

Y tampoco contaban con que otros actores independientes, entre ellos algunos de mucho peso local y el de más peso internacional, les darían un ultimátum.

Así que, el escenario está montado para el clímax de la obra. Las presiones y los intereses son muchos. El desenlace de la obra todavía es de pronóstico reservado. ¿Qué pasará? ¿Quién tendrá más fuerza en el pulso?

Si no fuera porque las consecuencias del final del segundo acto nos atañen a todos, le diría que no hay más que sentarnos a presenciar el final de la obra. Pero en este caso, todos jugamos una parte de la obra. ¿Cuál parte jugará usted?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 10 de diciembre de 2,009.

Foto: Comisión de Finanzas del Congreso

viernes, 7 de noviembre de 2008

Nuevos Confidenciales

“Quien no sigue consejos no llega a viejo”, reza un refrán popular en alusión a aquellas sugerencias que pueden hacer nuestra vida un poco menos trabajosa. Pero dicho refrán no aplica para el Consejo de Cohesión Social, presidido por la no electa primera dama de la Nación, Sandra Torres de Colom.

Esta nueva institución parasitaria es una réplica aumentada, pero con un nombre más políticamente correcto, de los famosos “gastos confidenciales” que manejaban los presidentes en el pasado reciente.

La comparación de la razón de ser de ambos es sencilla: es casi imposible supervisar los gastos que se hacen de dichos recursos que salen del presupuesto de malgasto de los políticos y socavan los bienes que podrían utilizarse en dar seguridad y velar para que haya justicia.

Antaño, los políticos argumentaban que los confidenciales eran para aquellos gastos “emergentes” que no podían esperar a pasar por todo el proceso normal de compras. Algún presidente más cuerudo de lo normal llegó al extremo de decir que eran parte de su salario y que, por tanto, el quedárselos no era un robo ni corrupción.

Cuando en enero de este año fue “instalado” el famoso consejo, el presidente afirmó que su función principal sería fortalecer programas sociales de ministerios ya existentes. El caballito de batalla de “erradicar la pobreza y la extrema pobreza” salió a relucir para justificar su existencia y acallar la oposición al mismo.

Lo que si es cierto es que tendrá ingerencia directa sobre el gasto de casi Q2 mil millones anuales, además de la capacidad de aprovechar los “estados de calamidad” para gastar cualquier cantidad de recursos, saltándose la Ley de Compras y Contrataciones del Estado, uno de los pocos mecanismos que existen para restringir, aunque sea un poco, la creatividad de los corruptos.

Pero la cosa no termina allí. No solo hay duplicación de funciones entre el famoso Consejo y algunos ministerios, no hay transparencia alguna en la utilización de los fondos al grado que ni los mismos funcionarios que trabajan en él pueden explicar a cabalidad cuánto se ha gastado en qué, sino que, además, quien preside dicho Consejo ¡o sorpresa!, es nada más y nada menos que un personaje que no tiene cargo público. Sandra de Colom no es una funcionaria pública electa por sufragio universal, y el que sea esposa del presidente aparenta ser la única razón para que dirija dicha institución. Esto no sería problema si a ella se le nombrara como una funcionaria pública (así como se nombra a cualquier ministro) con todas las obligaciones y responsabilidades que tal cargo implica.

Pero como no tiene un verdadero cargo en la administración pública, la cosa está un poco peor que los gastos confidenciales, puesto que al no ser una funcionaria, a doña Sandra no se le puede hacer responsable ni pedir cuentas por los fondos desperdiciados en la inútil lucha contra la pobreza, que tratan de vender como la razón de ser del Consejo.

Ella argumenta que el problema no es que no se puedan fiscalizar los fondos, sino que los de la oposición no saben cómo hacerlo, pero aún, si ese fuera el caso y en algún remoto momento “aprendieran” cómo fiscalizarla correctamente, igual no la podrían responsabilizar de nada ya que, para efectos legales, ella no tiene ninguna culpa en el entuerto.

Así que si seguimos con este consejo, lo más seguro es que llegaremos a viejos, pero mucho más pobres y esquilmados de lo que ya estamos.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 6 de Noviembre de 2,008.