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jueves, 15 de julio de 2010

¿Evidencias contundentes?

Conforme me entero de más detalles, más dudas me entran...


La información de la que nos hemos enterado en las últimas semanas alrededor del caso Rosenberg levanta más sospechas que las que aclara con relación a las acusaciones de la Cicig. Creo que este proceso es muy importante porque deja muy claro que no se puede ser tan categórico para afirmar algo de lo cual no se tienen todos los pelos de la burra en la mano. Y si eso ha pasado en este caso, ¿qué podemos esperar en los demás?

Hace unas semanas comenté que una declaración de Castresana, en la cual se sustentaba buena parte de sus conclusiones, era falsa. La Cicig y Castresana simplemente se hicieron los desentendidos.

Ahora, conforme se publican las declaraciones en el juicio contra los sicarios que mataron a Rosenberg y los otros casos conexos, salen a la luz nuevos datos que aumentan las dudas razonables que tenía desde que se presentó la “verdad interina”. Y eso, solo con la información que se presenta en los medios como resumen de lo que sucede en los tribunales. No puedo imaginar la cantidad de inconsistencias adicionales que han de salir a lo largo de todas las declaraciones.

Una de las revelaciones principales es la declaración de Lucas Santiago, quien inicialmente confesó haber disparado el arma contra Rosenberg; sin embargo, ahora argumenta que él no disparó, sino que lo hizo Mario Paz, pero que este, junto con Carlos Aragón Cardona, le amenazaron de muerte a él y a su familia si no se inculpaba. Esto es muy importante porque Paz y Aragón son los dos beneficiados con la figura de “colaborador eficaz”, sobre cuyos testimonios se armó la hipótesis. Así que ahora queda al aire la pregunta: si ellos mintieron sobre esto para quedar libres, ¿sobre qué otras cosas de su testimonio mintieron? ¿Van a hacer algo el MP, la Cicig y el tribunal para aclarar esto o se harán de la vista gorda también aquí?

Luego está el tema de los Valdés Paiz, a quienes la Cicig tan categóricamente acusaba de “autores intelectuales” del asesinato, pero la jueza Galicia, que casi siempre ha apoyado todo lo propuesto por la Cicig, dice que a lo sumo se les puede acusar de cómplices de un homicidio. Aquí también habrá mucha tela que cortar, ya que para conformarse a la hipótesis, los Valdés Paiz deberán contradecir sus declaraciones previas en la entrevista que Haroldo Sánchez le hizo a uno de ellos mientras estaban fugados.

Y por último está el caso de Diego Moreno, quien fuera acusado por Castresana de armar una campaña de desprestigio en su contra, de ser obstructor de la justicia y de ser parte de la red del crimen organizado que puso a Conrado Reyes en el MP. Resulta que la misma jueza Galicia dice ahora que, con las evidencias que le presentaron, a lo sumo se le puede acusar de colusión.

Más importante aún es que en la declaración de Moreno salió a luz que una de las famosas llamadas que publicó Castresana en la conferencia y que utilizó para acusar públicamente al magistrado de la Corte de Constitucionalidad, Roderico Pineda, no era con este que hablaba, sino con su hijo (Prensa Libre, 14/07/10, pág. 10). ¿Y entonces? Castresana acusó a un magistrado de la CC con pruebas falsas. No defiendo al magistrado, a quien ni conozco y parece ser bastante controversial, pero el hecho es que Castresana lo acusó muy categóricamente de algo que no había hecho.

¿Van a disculparse Castresana y la Cicig por los errores y acusaciones falsas que han hecho? Lo dudo. Al fin y al cabo, están por encima de la ley.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 15 de julio de 2,010.

jueves, 24 de junio de 2010

¿Evidencias?

Una vez más, nos quedamos con la sensación de que nos dijeron sólo lo que conviene a sus fines...

La reciente conferencia de prensa, como es usual en la Cicig, dejó más dudas que las que resolvió, siendo la principal: ¿por qué tanto énfasis en un caso que, en última instancia, no tiene que ver con el objetivo primordial por el cual fue creada y, por otro lado, qué pasó con todo lo que supuestamente sí debería estar haciendo?

Quienes vendieron la Cicig dijeron que era la única forma de combatir el crimen organizado enraizado en las “estructuras del poder público”. Si este es el propósito principal de la Cicig y es cierta la hipótesis que ellos mismos plantearon sobre el caso Rosenberg, no veo por qué han volcado tantos de sus recursos a seguir con este caso, a menos que la acusación de Rosenberg en su video sí sea cierta. Porque en la hipótesis de la Cicig, de lo que se acusa a los Valdés Paiz es de mandar a matar a un supuesto extorsionador —que resultó ser Rosenberg—, lo que es un crimen, pero difícilmente los eleva a la calidad de “crimen organizado”.

Entiendo que el propósito principal de la conferencia de prensa era exponer las “evidencias” en contra de Conrado Reyes que justificaban la solicitud de quitarlo del MP. Supuestamente la Cicig tenía pruebas de su vinculación con el crimen organizado y por eso pidió al presidente que no lo designara. Este martes, Colom mismo dijo que cuando escogió a Reyes la Cicig no tenía pruebas en su contra (elPeriódico, 22/06/10, p. 3).

Castresana dijo que a raíz de las investigaciones contra los Valdés habían descubierto una vinculación de Reyes. Y entonces se dedica a exponer conversaciones telefónicas entre allegados a los Valdés, que según él desenmascaran dicha vinculación.

Las conversaciones que presentó en la conferencia indican que probablemente sí existía la intención de realizar tráfico de influencias con Reyes para el caso Valdés. Pero sólo eso: la intención. No presenta, por ejemplo, una llamada en la que Reyes les haya dicho que iba a engavetar el caso, o algo por el estilo.

Luego hace una relación en la que indica que Diego Moreno es hermano de José Manuel Moreno, “quien fue gerente del aeropuerto” y quien supuestamente estaba relacionado con Carlos Quintanilla porque el encargado de seguridad aeroportuaria era Juan Roberto Garrido —que fue quien llegó al MP con Reyes—. Lo que Castresana no dijo fue que Garrido ya estaba en ese puesto cuando llegó Moreno, y que este, a los pocos días de tomar posesión, prescindió de sus servicios. ¿Por qué no lo dijo Castresana? Sólo se me ocurren dos posibilidades: a) no lo sabía, lo que es preocupante porque deja muy mal parada la supuesta “profesionalidad” de la Cicig y denotaría cómo Castresana hace acusaciones “contundentes” sin tener los pelos de la burra en la mano; y b) sí lo sabía, lo que es todavía más preocupante, ya que implicaría que mintió para amoldar las supuestas evidencias a favor de su hipótesis.

Luego hay otras inconsistencias —por no decir falsedades— en sus acusaciones, como por ejemplo que Reyes recontrató a una señora Barco, que supuestamente había sido despedida del MP por anomalías en un caso de narcotráfico. Esta señora declaró luego a Prensa Libre (16/6/10, p. 3) que nunca fue despedida y que además estuvo laborando en la unidad de escuchas telefónicas. Y eso durante la administración de Velásquez Zárate, el ungido de la Cicig. ¿Y entonces?

Nuevamente, me quedé sin espacio, pero siempre dejo la principal pregunta: ¿acaso nadie en la Cicig se ha percatado a dónde van a dar casi todos los cabos sueltos? ¿O en ese caso prefieren voltear a ver para otro lado?

Artículo publicado en Prensa Libre, el jueves 24 de junio de 2,010.

Libertad Coartada

El resultado, no sé si el objetivo, de las acciones de la Cicig es coartar la libertad de expresión.

Con las capturas de la semana pasada y la conferencia de prensa de este lunes, la Cicig inició una campaña para coartar la libertad de expresión de los guatemaltecos. A eso hay que añadirle el reconocimiento expreso de su fracaso en uno de sus supuestos principales objetivos, a saber, fortalecer la institucionalidad de la justicia en Guatemala, ya que lo que ha logrado es imponer la voluntad de sus funcionarios, a expensas de la poca institucionalidad que aún quedaba en nuestro país. Triste legado el que dejará el experimento de la burocracia internacional.

¿Por qué digo que es una campaña en contra de la libertad de expresión? Porque luego de las acusaciones sobre la “conspiración en la prensa contra la Cicig” que hizo el fiscal de esa entidad en la audiencia del miércoles y que los noticieros de los canales de televisión abierta se han encargado de repetir hasta la saciedad, incluso mostrando algunas columnas de opinión que se incluyeron en la acusación y que la jueza enseñó a los medios, ahora resulta que cualquiera que no está de acuerdo con la Cicig o no toma como palabra de Dios sus hipótesis, puede ser acusado de ser parte de esa “conspiración”.

Los de la Cicig tienen todo el derecho de creer que sus hipótesis son la única posibilidad de interpretación de los hechos que presentan, pero de eso a imponérnoslo y dejar la amenaza velada que quienes saquemos conclusiones distintas, de seguro es porque tenemos agenda escondida y estamos confabulados con el crimen “organizado”, hay una gran diferencia: atenta contra la libertad de expresión.

Y no solo la de los periodistas, sino la de todos los guatemaltecos. A partir del lunes me he encontrado con varias personas que me han externado su temor, incluso, a hablar por teléfono, no digamos a expresar su opinión, especialmente en lo que tenga que ver con la Cicig, porque los podrían involucrar en alguna “conspiración”. No puedo asegurar que esa haya sido su intención, pero sí puedo garantizar que ese es el resultado.

Es lo mismo que pasó con la absurda acusación que hicieron el año pasado contra el twittero Jeanfer. Como era de esperarse, la acusación fue desestimada en los tribunales por improcedente, pero el mensaje ya estaba dado: quien se atreva a hablar en contra de un banco será perseguido inmisericordemente. Y el resultado fue también el esperado: a partir de ese momento ya casi nadie se atrevió siquiera a mencionar nada en contra de Banrural —que era el banco en cuestión en ese momento—, no fuera a ser que lo metieran preso.

Es exactamente lo mismo ahora. Me he encontrado a personas muy respetables, honorables y valientes, que ahora por “precaución” prefieren no hacer comentarios ni expresar sus opiniones, especialmente en los temas de “alto impacto”, no vaya a ser que puedan ser perseguidos.

Pues digan lo que digan y lo planteen como lo planteen, yo considero que cualquier amenaza de persecución contra alguien por expresar su opinión sobre el tema que sea, debe ser considerada una amenaza contra la libertad de expresión. Y el día que los guatemaltecos nos callemos y no digamos lo que opinamos, por temor a ser llevados a prisión, creo que muy poco nos diferencia de una dictatura totalitaria.

Ya no tengo espacio para dar mi opinión sobre la conferencia de prensa del lunes, así que lo haré la semana entrante, solo destaco que el común denominador detrás de muchas de las acusaciones y logros a que hizo referencia Castresana es alguien que no mencionó: Álvaro Colom.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 17 de junio de 2,010.

Foto de Jesús Alfonso, elPeriódico.

miércoles, 16 de junio de 2010

La salida

¿Será que ahora sí le darán la oportunidad a ProReforma?

No hay duda de que la noticia de la semana es la renuncia de Castresana a la dirección de la Cicig. Sean las que sean las verdaderas razones de su renuncia, creo que es importante recalcar el “¿y ahora qué?”. Creo que la principal enseñanza de este experimento es que regresamos al punto de la importancia de cambiar el sistema actual. ¿Será que por lo menos eso aprendimos?

En la maniquea sociedad guatemalteca, a quienes nos opusimos desde un principio a la Ciciacs y luego a la Cicig, se nos metió a todos en el saco de “cómplices” del crimen organizado, bajo el supuesto de que esa era la única razón por la cual uno podría oponerse a tan glorioso experimento de la burocracia internacional. Pues bien, yo me opuse a estas instituciones no por defender al crimen organizado, sino por principios, porque creo que no es ese el camino a seguir para encaminarnos a un estado de Derecho. Hasta la fecha lo sigo creyendo, y por lo visto, ahora ni Castresana está tan convencido de lo contrario.

En su discurso, Castresana dijo que ya no creía que podía hacer nada por Guatemala y se quejó de que no tuvo apoyo de los gobernantes en su labor. Y yo me pregunto: ¿Y qué esperaba, si supuestamente la razón de ser de la Cicig era combatir al crimen “dentro” del Gobierno? ¿O no era esa la excusa para instaurar la Cicig? Creer ingenuamente que ese dichoso “crimen organizado” se manifiesta solo en niveles bajos de la administración pública y que por lo tanto “los de arriba” son incólumes y un dechado de virtudes es absurdo, pero consistente con la visión que podría tener cualquier burócrata.

Es el mismo problema que tiene mucha gente cuando visualiza a los políticos como unos personajes oscuros y poco dignos de confianza, pero a la vez considera que “el Gobierno” es un ente inmaculado, bondadoso, magnánimo y todopoderoso, sin nunca hacer la conexión que tal “piadoso” gobierno es dirigido por los mismos políticos de los cuales desconfía.

Pues bien, a pesar de la oposición que algunos pudimos haber expresado, se realizó el experimento, se instauró la Cicig, lleva ya varios años funcionando, ha actuado con todo el poder, inmunidad y libertad que podría haber actuado, y al final el mismo director tira la toalla. ¿Será que lo que necesitamos es que venga alguien que tenga todavía más poder, más carácter, más agallas, más compromiso que Castresana? ¿O será que esa no es la vía a seguir?

Y como siempre nos dicen que entonces qué soluciones proponemos. Pues lo que proponemos es que en lugar de estar perdiendo el tiempo en experimentos destinados al fracaso, tengamos la valentía de probar una ruta distinta. Estoy convencido de que es posible cambiar el derrotero de Guatemala, pero para ello lo que se necesita es cambiar las instituciones, cambiar el sistema, y no solamente cambiar a los personajes que por el momento detentan el poder.

¿Cómo hacer ese cambio? Ya presentamos en el Congreso la propuesta de ProReforma, la cual los diputados muy convenientemente tienen engavetada. Como muchos que la menosprecian no la han ni leído y solo se han opuesto por prurito ideológico, les cuento que la propuesta, trabajada y muy bien pensada durante casi 10 años, presenta cambios en la Constitución, que atacan directamente algunos de los problemas con los que Castresana se encontró.

Yo estoy convencido de que este es el camino a seguir. Y usted, ¿se dará a sí mismo por lo menos la oportunidad de leer la propuesta?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 10 de junio de 2,010.

jueves, 21 de enero de 2010

Génesis

Aunque muchos ya dan por cerrado el caso Rosenberg, no hay que olvidar que apenas es la punta del Iceberg










Como era de esperarse, lamentablemente ya muchos dieron por cerrado el caso Rosenberg, y aunque el mismo Castresana dijo que solo era su verdad “interina” y que todavía debía irse a juicio, ya bastantes quieren sepultar el caso y seguir como si nada hubiera pasado. Pero la realidad es muy distinta, el caso Rosenberg, que todavía no está cerrado ni juzgado, no es más que la punta del iceberg de esta trama, la que a la vez es apenas un caso de los muchos que habría que investigar en el país.

Aun en la versión de la Cicig, Rodrigo era una persona honorable, que creía sinceramente lo que decía y, si se “inventó” su asesinato, fue ante la desesperanza e impotencia que le causaba creer que no lograría que se hiciese justicia. Lo que implica que el meollo del asunto hay que buscarlo, no en el asesinato de Rodrigo, sino en las acusaciones que hizo en el video, sobre la muerte de los Musa.

Y si revisamos nuevamente el video veremos que, aunque lo que más sensación causó fue la advertencia sobre su propia muerte, la mayoría del mensaje alude a acusaciones de corrupción en la cosa pública que serían la causa del asesinato de los Musa. Y es allí donde deben dirigirse las investigaciones.

Castresana terminó su conferencia sobre el caso con un resumen de dichas acusaciones. Mencionó específicamente una investigación sobre Banrural, los fideicomisos del sector caficultor, los proyectos de Cohesión Social, Anacafé, Fedecocagua. En cuanto a las personas mencionadas en el video, se limitó a decir “Gregorio Valdés y otros”. En todos los casos indicó que las investigaciones continúan.

Castresana también indicó que ahora que ellos ya terminaron su parte en el caso Rosenberg dedicarán más recursos a investigar el asesinato de los Musa y tratar de dar con los asesinos.

Si van a ser tan exhaustivos con cada una de estas líneas de investigación como lo fueron con el asesinato de Rodrigo, creería que más de alguien estará empezando a sudar frío en los círculos de poder.

Quisiera creer eso, pero también tengo que decir que no me dejó muy satisfecho el hecho de que todo lo que tenía que ver con funcionarios públicos fue tocado con pinzas y hasta en un momento, con relación a la acusación que hizo contra Gándara, dijo que eso no era tan importante y que no les tocaba a ellos ese tema.

Castresana debe entender que la corrupción es uno de los principales ejes de la impunidad en un sistema como el guatemalteco, por lo cual, sí tiene que ver con su “mandato”. Ya que, en última instancia, una de las principales razones de ser de los famosos “grupos” incrustados en la administración pública que ellos dicen perseguir es precisamente el valerse del poder y la impunidad que este les brinda para apropiarse de los recursos de los tributarios.

Creo que ahora es cuando más presión debemos poner los ciudadanos para que se continúe esta investigación, se encuentre a los culpables del asesinato de los Musa y se aclaren las acusaciones de corrupción. Si ahorita bajamos la guardia y nos quedamos cruzados de brazos, no habrá servido de nada todo lo que pasó en los últimos meses y habremos desperdiciado una oportunidad de oro para por lo menos dejar el mensaje de que ya no nos quedaremos cruzados de brazos viendo cómo algunos llevan al país al despeñadero con pasos presurosos.

Y usted, ¿va a hacer algo?

viernes, 15 de enero de 2010

Al Gore Castresana


Presentar hipótesis como palabra de Dios no las hace automáticamente la verdad absoluta.

Aunque don Castresana indicó en varias ocasiones durante la presentación de los hallazgos de la Cicig en el asesinato de Rodrigo Rosenberg que esta es apenas su hipótesis, su verdad “interina”, y que todavía debe ser puesta a juicio, durante la presentación tomó una actitud a lo Al Gore (“El debate se ha terminado”) y presentó varias especulaciones como verdades irrefutables. Por lo visto le funcionó, porque muchas personas ya dan la hipótesis como palabra de Dios.

Como suelo ser escéptico cuando alguien asegura tener la verdad verdadera, encuentro varios detalles que no me cuadran.

Primero y creo que muy importante, si supuestamente esta conferencia de prensa era para revelar “todo” lo que saben acerca del caso Rosenberg, ¿cómo es que la inician escondiendo información? Castresana explicó que pudieron “resolver” el caso Rosenberg porque estuvieron rápido en la escena del crimen, lo que les permitió recabar evidencia. Y solo mencionó, como algo irrelevante, el que “alguien” les dijo el día del asesinato de Rodrigo que “ese caso puede ser relevante”.

Si estuviéramos en alguna ciudad canadiense, en donde un asesinato como este sucede una vez cada cinco años, sería creíble y entendible esa reacción. Pero en Guatemala, en donde ese mismo día han de haber matado a otras 16 personas, resulta poco creíble. Alternativamente, ¿a cuántos de los aproximadamente cuatro mil 365 asesinatos que se dieron en Guatemala desde el de Rosenberg investigaron porque “podía ser relevante”? ¿Quién les puso sobre aviso? ¿Cómo sabían que “sería relevante” antes de conocerse el video? Pero, principalmente, ¿por qué la Cicig le dio credibilidad a ese informante?

La Cicig da como hecho que su investigación tiene una sola conclusión posible, que Rodrigo preparó su asesinato, y desechó todas las demás posibilidades. Pero a mí se me ocurren varias otras versiones que podrían “ajustarse” también a esas evidencias. Por ejemplo, ¿alguna vez cuestionaron la participación de Luis López, el chofer de Rodrigo? Digo, ¿y si él trabajaba para los asesinos? Alguien podrá decir que eso es muy remoto pero, como sabe cualquiera que se dedica a la seguridad, en los secuestros casi siempre participa alguien cercano y, generalmente, de confianza de las víctimas.

Siguiendo en esta línea, la información de las llamadas indica que podría estar en el apartamento de Rodrigo, pero no dicen que también podría estar en otro apartamento en el mismo edificio, en otro edificio o casa cercana o incluso en un carro que lo vigilara, cosa que, por cierto, también es “procedimiento estándar”.

Luego vienen las afirmaciones categóricas sobre especulaciones. Me refiero, por ejemplo, a que varias de las acciones que hizo Rodrigo antes de ser asesinado corresponden al perfil de un suicida, como preparar su testamento, pero también corresponden a la actitud de una persona responsable que está convencida de que la pueden matar.

Yo no me atrevería a asegurar categóricamente, tampoco, que Rosenberg no tenía pruebas de las acusaciones que hacía. Que no las haya encontrado la Cicig es una cosa, que no existan o no las haya tenido es otra muy distinta.

Y así como esas hay varias “verdades evidentes” que deberán comprobarse en el juicio. En última instancia, indistintamente de si lo asesinaron o se suicidó, la muerte de Rosenberg tiene su génesis en el asesinato de los Musa. ¿Será que algún día conoceremos quién y por qué los mataron a ellos?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 14 de enero de 2,010.

Foto: elPeriódico.com.gt