
Presentar hipótesis como palabra de Dios no las hace automáticamente la verdad absoluta.
Aunque don Castresana indicó en varias ocasiones durante la presentación de los hallazgos de la Cicig en el asesinato de Rodrigo Rosenberg que esta es apenas su hipótesis, su verdad “interina”, y que todavía debe ser puesta a juicio, durante la presentación tomó una actitud a lo Al Gore (“El debate se ha terminado”) y presentó varias especulaciones como verdades irrefutables. Por lo visto le funcionó, porque muchas personas ya dan la hipótesis como palabra de Dios.
Como suelo ser escéptico cuando alguien asegura tener la verdad verdadera, encuentro varios detalles que no me cuadran.
Primero y creo que muy importante, si supuestamente esta conferencia de prensa era para revelar “todo” lo que saben acerca del caso Rosenberg, ¿cómo es que la inician escondiendo información? Castresana explicó que pudieron “resolver” el caso Rosenberg porque estuvieron rápido en la escena del crimen, lo que les permitió recabar evidencia. Y solo mencionó, como algo irrelevante, el que “alguien” les dijo el día del asesinato de Rodrigo que “ese caso puede ser relevante”.
Si estuviéramos en alguna ciudad canadiense, en donde un asesinato como este sucede una vez cada cinco años, sería creíble y entendible esa reacción. Pero en Guatemala, en donde ese mismo día han de haber matado a otras 16 personas, resulta poco creíble. Alternativamente, ¿a cuántos de los aproximadamente cuatro mil 365 asesinatos que se dieron en Guatemala desde el de Rosenberg investigaron porque “podía ser relevante”? ¿Quién les puso sobre aviso? ¿Cómo sabían que “sería relevante” antes de conocerse el video? Pero, principalmente, ¿por qué la Cicig le dio credibilidad a ese informante?
La Cicig da como hecho que su investigación tiene una sola conclusión posible, que Rodrigo preparó su asesinato, y desechó todas las demás posibilidades. Pero a mí se me ocurren varias otras versiones que podrían “ajustarse” también a esas evidencias. Por ejemplo, ¿alguna vez cuestionaron la participación de Luis López, el chofer de Rodrigo? Digo, ¿y si él trabajaba para los asesinos? Alguien podrá decir que eso es muy remoto pero, como sabe cualquiera que se dedica a la seguridad, en los secuestros casi siempre participa alguien cercano y, generalmente, de confianza de las víctimas.
Siguiendo en esta línea, la información de las llamadas indica que podría estar en el apartamento de Rodrigo, pero no dicen que también podría estar en otro apartamento en el mismo edificio, en otro edificio o casa cercana o incluso en un carro que lo vigilara, cosa que, por cierto, también es “procedimiento estándar”.
Luego vienen las afirmaciones categóricas sobre especulaciones. Me refiero, por ejemplo, a que varias de las acciones que hizo Rodrigo antes de ser asesinado corresponden al perfil de un suicida, como preparar su testamento, pero también corresponden a la actitud de una persona responsable que está convencida de que la pueden matar.
Yo no me atrevería a asegurar categóricamente, tampoco, que Rosenberg no tenía pruebas de las acusaciones que hacía. Que no las haya encontrado la Cicig es una cosa, que no existan o no las haya tenido es otra muy distinta.
Y así como esas hay varias “verdades evidentes” que deberán comprobarse en el juicio. En última instancia, indistintamente de si lo asesinaron o se suicidó, la muerte de Rosenberg tiene su génesis en el asesinato de los Musa. ¿Será que algún día conoceremos quién y por qué los mataron a ellos?
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 14 de enero de 2,010.
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