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jueves, 7 de junio de 2012

ANC: Aquí no cuentan

Los politiqueros quieren debilitar la camisa de fuerza que les impide enseñorearse de los demás...

Que no lo engañen. No es por la “modernización” del Estado, ni por el beneficio de las “mayorías”, ni por ayudar a los más pobres, ni por las amenazas del crimen organizado, ni porque los guatemaltecos estemos mejor. No es por ninguna de esas razones por las cuales los politiqueros quieren que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente, (ANC). La verdadera razón es porque no les gusta que la Constitución le ponga límites a su actuar y quieren quitarle todos los candados posibles para enseñorearse de los guatemaltecos, pero especialmente de su dinero. Esa es la triste realidad.

Hay que entender que el concepto detrás de las constituciones es limitar el poder de los gobernantes para que no pasen por encima de los derechos de los habitantes de un país. En pocas palabras, es una camisa de fuerza que limita lo que los políticos pueden hacer para que no se enseñoreen de un país. Es la principal garantía que tenemos los habitantes de un país de que los políticos no se aprovecharán del uso de nuestros recursos para convertirnos en súbditos y esclavos.

Y estas garantías están establecidas principalmente en la primera parte de la Constitución, la parte “dogmática”, la cual no puede ser modificada sino por una Asamblea Nacional Constituyente. De ahí que no nos debe extrañar que los politiqueros quieran aprovechar esta oportunidad para hacer cambios aquí, que es donde pueden librarse de algunos de esos candados que tanto les pesan.

Hay que hacer notar que la ANC solo es necesaria para cambiar el capítulo de los “Derechos Individuales”, por lo que la pregunta del millón es: ¿por qué les interesa a los políticos que se puedan cambiar los derechos individuales consignados en la Constitución?

Yo creo que ninguna consideración actual es lo suficientemente grande como para arriesgar que nuestros derechos individuales sean manoseados por los políticos de turno. Si al tema de seguridad se refiere, ya tenemos el ejemplo que ni a los políticos ni siquiera a los magistrados de la Corte de Constitucionalidad les ha importado violar los derechos individuales consignados en la Constitución, al aprobar y sostener violaciones a los mismos, como por ejemplo la intercepción de llamadas telefónicas. Si no les ha importado pasarse la Constitución por el arco del triunfo en aras de la “seguridad”, ¿qué podemos esperar que no hagan cuando tengan a su disposición poder eliminar cualquier derecho de los ciudadanos que a los políticos les estorbe?

¿Se necesitan cambios a la Constitución? Definitivamente. Pero no cualquier cambio y especialmente no aquellos que puedan reducir nuestros derechos individuales. El convocar a una Asamblea Nacional Constituyente es completamente inaceptable desde todo punto de vista. No se necesita para reformar lo que los políticos dicen que quieren reformar. No deje que los politiqueros lo engañen con ese cuento y al final le digan lo que para ellos representa una ANC: los ciudadanos y sus derechos Aquí No Cuentan.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 7 de junio de 2,012.

jueves, 23 de febrero de 2012

Sin conocimiento

Los diputados ni discutieron la propuesta ni conocían lo que aprobaron.

Al paquetazo fiscal aprobado la semana pasada en el Congreso es imposible atribuirle el nombre de “pacto fiscal” con que el Gobierno quisiera justificarlo. ¿Cómo va a ser un “pacto”, si ni siquiera quienes lo aprobaron sabían qué era lo que estaban aprobando? Los diputados, a quienes nunca mejor les quedó el mote de diputíteres, simplemente siguieron las órdenes de aprobar lo que les mandaron y levantaron obedientemente la mano cuando se les requirió.

Por si queda alguna duda de que no hubo discusión, basta solo leer el reportaje publicado un par de días después por Jessica Gramajo, aquí mismo en Prensa Libre: “Luego de varias consultas se hizo evidente que los diputados que apoyaron el paquete fiscal desconocían su contenido y sus posibles efectos. Uno de ellos fue el presidente del Congreso, Gudy Rivera...”. ¿Qué tan patético puede ser el caso para que ni siquiera el mismo presidente del Congreso supiera bien lo que se aprobó? ¿Podemos creer algo distinto del centenar más de diputíteres que aprobaron el paquetazo? Lo dudo.

Y es que no podía ser distinto. ¿A qué hora iban a tener tiempo los diputados siquiera de leer, no digamos entender, el paquetazo fiscal, si este pasó a la velocidad de la luz por sus manos —si es que siquiera lo vieron pasar—? Se llevó apenas una semana desde que el paquetazo fue presentado al Congreso hasta que fue aprobado de “urgencia nacional”, y eso que en el ínterin recibió el dictamen favorable de la Comisión de Finanzas.

Que no lo engañen. No existió ni hubo tal “pacto fiscal”. Lo que hubo fue lo mismo de siempre, una negociación de intereses entre quienes tenían la sartén por el mango. Todos los demás no contamos y somos los mismos chivos expiatorios y paganos de siempre.

La negociación la hicieron quienes prefirieron que los dividendos quedaran gravados al 5% que al 10%, como les había amenazado el Gobierno. La hicieron quienes vieron que se les acababa la gallinita de los huevos de oro de más de Q2 mil millones anuales en contratos y que negociaron los votos de su grupo de diputíteres —que de seguro hasta la fecha ni han caído en la cuenta de cómo los negociaron—, a cambio de que les restablecieran el negocio, lo que el Gobierno diligentemente les cumplió hace un par de días.

Por eso es que siempre he recalcado la importancia del Congreso y de quienes llegan allí en un sistema tan nefasto como el que tenemos actualmente. Si no se tienen personas con principios allí, los pícaros harán y desharán a su sabor y antojo. Los malos diputados simplemente aprovecharán para subirse a la ola y sacar raja de las negociaciones. Los ingenuos ni cuenta se darán de cómo los negocian.

De ahí que todavía más importante sea cambiar el sistema, para acercarnos a una verdadera república en la que los pícaros no puedan hacer tanto daño pasando encima de los derechos de los habitantes del país. Todo ello refuerza mi convicción de que la única salida, en el largo plazo, es realizar los cambios al sistema que propusimos en ProReforma.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 23 de febrero de 2,012.
Caricatura original de Gary Varvel, caricaturista del Indianapolis Star.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Promesas democráticas

De nada sirven las promesas, si lo que hay que cambiar es el sistema.

Promesas van, promesas vienen, y el domingo se detienen, pero lo más seguro es que, indistintamente de quién gane la segunda vuelta, los guatemaltecos seguiremos en las mismas condiciones. Esto es así porque el principal problema no son los candidatos a ocupar la Presidencia del Ejecutivo, sino el sistema bajo el cual vivimos, que prácticamente les permite hacer lo que se les da la gana, una vez electos. Es el problema de quedarnos en la democracia y no llegar a la República.

Como ya nos debería haber quedado muy claro, las promesas de los políticos generalmente se quedan en solo eso: promesas. El que mejor lo describió fue Alfonso Portillo, quien, ya en el ejercicio del poder, declaró claramente que los políticos son “vendedores de sueños”. En pocas palabras, van a ofrecer todo aquello que crean que es un anhelo de los votantes, con tal de convencerlos de que les premien con su voto, pero una vez electos, “si te vi no te conozco”.

De ahí que, ante la falta de planes concretos, de gabinetes desconocidos, de muchos, variados y contradictorios ofrecimientos, ¿qué puede uno creer que van a hacer?

No se necesita, por ejemplo, hacer un gran estudio cuali y cuantitativo para saber que en Guatemala la preocupación principal de la mayoría es la inseguridad. Cualquiera que haya vivido más de dos semanas en nuestro país lo sabe, probablemente por experiencia propia. Así que no nos debe extrañar que uno de los principales ofrecimientos sea el de la seguridad. Lo que nunca explican es cómo y con qué recursos lo van a hacer. El mejor (o peor) ejemplo de esto lo tenemos en los actuales gobernantes que ofrecieron “seguridad con inteligencia” y las dos han brillado por su ausencia. Y por si no fuera suficiente, ya electos tuvieron el descaro de decir que si queríamos seguridad que pagáramos más impuestos porque los que ya pagábamos los iban a destinar a sus “proyectos sociales”.

Tampoco se necesitan los estudios para saber que la siguiente preocupación es la billetera. Y aquí también han ofrecido el oro y el moro, con tal de convencernos de entregarles nuestro voto. No es de extrañar que también caen en tantas contradicciones. Al final no importa si a uno le parece algún ofrecimiento de uno de los candidatos o un par de los del otro, ya que, para principiar, con los demás ofrecimientos neutralizan cualquier beneficio que aquellos pudieran producir, y al final uno nunca puede estar seguro de que vayan a cumplir con lo que ofrecen o simplemente nos están “vendiendo sueños”.

Por eso es que en lo que debemos enfocarnos es en encaminarnos hacia una verdadera república, en la que a los gobernantes se les limite el poder y no puedan pasar por sobre los derechos de nadie. Para que no tengamos que desear que llegue el “menos peor” y rogarle a Dios que su administración no sea “tan mala”, sino que estemos seguros de que, aunque el primer mandadero —mandatario, le dicen algunos— sea el peor que pudiéramos tener, las instituciones limitarán el daño que este pueda hacernos.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 3 de Noviembre de 2,011.

jueves, 16 de junio de 2011

No pasa nada


Lo que en cualquier parte del mundo sería un gran escándalo, aquí pasa desapercibido.

Ayer nos enteramos de los dimes y diretes entre la jueza décima del ramo Penal, Verónica Galicia, y Francisco Dall'Anese, jefe de la Cicig, por desacuerdos en la actuación de la jueza en varios casos. En medio de la trifulca, la jueza hace una acusación muy delicada contra funcionarios de la Cicig, por tratar de alterar la documentación de un caso, lo que, además de ser un grave crimen, en cualquier parte del mundo sería suficiente para armar un gran escándalo y correrían las cabezas de los involucrados y quién sabe cuántos niveles jerárquicos superiores más; sin embargo, en Guatemala no pasa nada. La mayoría de la población, incluidos quienes hicieron la nota —creería, por el poco peso que le dieron—, ni siquiera se percataron de la gravedad de las acusaciones.

En la nota titulada “Jueza afirma debilidad de Cicig en acusaciones”, presentada en la edición de Prensa Libre de ayer miércoles 15 de junio, en la página 3, en uno de los últimos párrafos se consigna lo siguiente: “Galicia explicó que no aceptó la recusación en el caso Maskana por estar fuera de tiempo. 'La Cicig intentó hablar con el oficial para que pusiera sello y fecha atrasada, y que cambiara la constancia de su notificación, pero no se le permitió. Esas situaciones provocaron que tomara la decisión de separarme de los dos procesos', dijo la jueza”.

No sé si usted se percata de lo serio de la acusación. La jueza dice claramente que funcionarios de la Cicig trataron de falsificar documentos para que pareciera como si los habían entregado dentro del plazo que establece la ley y así poder utilizarlos dentro de un juicio. Eso, aquí y en casi cualquier parte del mundo es un grave delito. Si a eso le añadimos que quienes intentaron cometer el crimen son quienes supuestamente vinieron a Guatemala para “fortalecer la justicia”, el caso pasa de ser engorroso a totalmente despreciable.

Sin embargo, aquí no pasa nada. ¿Dónde está el Colegio de Abogados reclamando que se investigue esa denuncia? ¿Donde está el Ministerio Público iniciando una investigación? ¿Dónde está la “sociedad civil” exigiendo que se aclare tan grave acusación? ¿Dónde está la ciudadanía indignada pidiendo que se aclare esa situación y se le devuelva la confianza en las instituciones?

No pasa nada. Nadie dice nada. Cualquiera puede hacer lo que se le da la gana, pasarse la ley por el arco del triunfo, y no pasa nada. Por lo menos me queda la conciencia tranquila de que nunca estuve de acuerdo, y lo expresé abierta y públicamente desde hace años, con la absurda idea de que trayendo a un grupo de personas que estuviera por encima de la ley se resolverían los problemas de seguridad y justicia del país. De hecho, ha pasado lo que algunos pocos advertimos desde ese entonces, que quien está por encima de la ley, tarde o temprano acaba corrompiéndose. Esta no es sino la más reciente prueba de tal extremo.

Y ante acusaciones como esta, no queda menos que preguntarse, ¿qué pasa con todas las acusaciones anteriores, muchas de ellas realizadas sin ninguna prueba? ¿Será que podemos confiar en quienes están dispuestos a pasar por encima de todos los principios del debido proceso con tal de que su punto sea el que prevalezca?

Repito aquí lo que Luis Figueroa pone a veces en su blog: “Si usted no está indignado es porque no está poniendo atención”. ¿Qué más se necesita para que entendamos que lo que hace falta es un cambio del sistema? ¡Urge ProReforma!

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 16 de junio de 2,011.

jueves, 26 de mayo de 2011

Masacre


La situación sólo empeorará, si no se le combate de raíz.

Muchas veces hemos leído, oído y visto cosas así en “otras” partes, pero no aquí. Si bien es cierto la vida diaria en Guatemala no es precisamente la de un paraíso terrenal de paz y tranquilidad, no percibíamos con toda su crudeza el verdadero infierno en que vivimos. Hasta ahora, hasta la finca “Los Cocos”. Hasta la irónica “La Libertad”. Hasta la matanza. Hasta los decapitados. Hasta la masacre.

Acostumbrados como estamos a los 17 muertos diarios por la criminalidad, tenía que ser una cifra mayor, con saña y sadismo inmensos, la que nos sacara de ese estupor. 27 muertos. 27 decapitados. 27 vidas truncadas sin razón. Una pared. Un mensaje escrito, literalmente, con sangre. Una advertencia. Una señal.

Lamentablemente, poco será lo que cambie la situación luego de los decapitados. Su muerte implicará un salto en la estadística diaria. Una recordación mayor de la que gozan los 17 de todos los días. Pero poco más. Quizá caerán algunos de los verdugos. Pero la situación seguirá de mal en peor. De los actuales gobernantes, poco podemos esperar. Desde el principio fueron claros que la seguridad no estaba entre sus prioridades. Su prioridad principal siempre fue asegurar la permanencia en el poder, para de esa manera lograr su segunda prioridad, ordeñar la vaca lechera de los tributarios exprimiéndole hasta la última gota, para pasar a mejor vida. Y el colmo de la desfachatez fue decir que si queríamos seguridad, había que pagarles más.

Pero aún si hicieran algo, lo más que lograrían sería aliviar un poco la situación —o quién sabe si empeorarla; si no, vea el caso de México—. Porque estamos en medio de una vana y absurda guerra —como si alguna no lo fuera, pero esta más— en la que, para variar, ponemos los muertos, pagamos los costos y escribimos con sangre su efímera historia.

La raíz del problema no la podemos atacar aquí, porque no está por estos lares. Hay que buscarla en algunas capitales, la de Estados Unidos, las europeas, la “del mundo” (donde están las oficinas de los organismos mundiales) en donde algunos cuantos empecinados e ignorantes “líderes” siguen montados en el macho de la “guerra contra las drogas”. Y envuelven con su discurso moralista a la masa, haciéndole creer que se preocupan por las generaciones futuras.

Lamentablemente, aunque la marea va cambiando y cada vez somos más los que alzamos la voz contra tan absurda “contienda”, todavía tendrá que correr mucha sangre antes de acabarla. Como lo dije en un artículo anterior, hasta que los decapitados no sean ciudadanos estadounidenses en territorio estadounidense, los políticos de por allá no sentirán la presión para tomar la decisión que debieron tomar hace varias décadas pero que nunca se animaron a hacerlo.

Mientras tanto, nosotros debemos seguir sufriendo las consecuencias. Y ya que es poco lo que podemos hacer por aquellos lares, debemos enfocarnos en lo que se puede hacer aquí. Y eso pasa por un cambio del sistema, no por quiénes lo dirigen. Mientras no entendamos esto, seguiremos cada cuatro años cambiando al chofer creyendo que podrá convertir nuestra carcachita en un bólido, solo para concluir unos meses después que este tampoco puede. Necesitamos cambiar el sistema, no el tripulante. Necesitamos el cambio que propone ProReforma. ¿Hasta cuándo la tendrán los diputados durmiendo el sueño de los justos?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 19 de mayo de 2,011.
Enlace
Foto: Prensa Libre.

miércoles, 16 de junio de 2010

La salida

¿Será que ahora sí le darán la oportunidad a ProReforma?

No hay duda de que la noticia de la semana es la renuncia de Castresana a la dirección de la Cicig. Sean las que sean las verdaderas razones de su renuncia, creo que es importante recalcar el “¿y ahora qué?”. Creo que la principal enseñanza de este experimento es que regresamos al punto de la importancia de cambiar el sistema actual. ¿Será que por lo menos eso aprendimos?

En la maniquea sociedad guatemalteca, a quienes nos opusimos desde un principio a la Ciciacs y luego a la Cicig, se nos metió a todos en el saco de “cómplices” del crimen organizado, bajo el supuesto de que esa era la única razón por la cual uno podría oponerse a tan glorioso experimento de la burocracia internacional. Pues bien, yo me opuse a estas instituciones no por defender al crimen organizado, sino por principios, porque creo que no es ese el camino a seguir para encaminarnos a un estado de Derecho. Hasta la fecha lo sigo creyendo, y por lo visto, ahora ni Castresana está tan convencido de lo contrario.

En su discurso, Castresana dijo que ya no creía que podía hacer nada por Guatemala y se quejó de que no tuvo apoyo de los gobernantes en su labor. Y yo me pregunto: ¿Y qué esperaba, si supuestamente la razón de ser de la Cicig era combatir al crimen “dentro” del Gobierno? ¿O no era esa la excusa para instaurar la Cicig? Creer ingenuamente que ese dichoso “crimen organizado” se manifiesta solo en niveles bajos de la administración pública y que por lo tanto “los de arriba” son incólumes y un dechado de virtudes es absurdo, pero consistente con la visión que podría tener cualquier burócrata.

Es el mismo problema que tiene mucha gente cuando visualiza a los políticos como unos personajes oscuros y poco dignos de confianza, pero a la vez considera que “el Gobierno” es un ente inmaculado, bondadoso, magnánimo y todopoderoso, sin nunca hacer la conexión que tal “piadoso” gobierno es dirigido por los mismos políticos de los cuales desconfía.

Pues bien, a pesar de la oposición que algunos pudimos haber expresado, se realizó el experimento, se instauró la Cicig, lleva ya varios años funcionando, ha actuado con todo el poder, inmunidad y libertad que podría haber actuado, y al final el mismo director tira la toalla. ¿Será que lo que necesitamos es que venga alguien que tenga todavía más poder, más carácter, más agallas, más compromiso que Castresana? ¿O será que esa no es la vía a seguir?

Y como siempre nos dicen que entonces qué soluciones proponemos. Pues lo que proponemos es que en lugar de estar perdiendo el tiempo en experimentos destinados al fracaso, tengamos la valentía de probar una ruta distinta. Estoy convencido de que es posible cambiar el derrotero de Guatemala, pero para ello lo que se necesita es cambiar las instituciones, cambiar el sistema, y no solamente cambiar a los personajes que por el momento detentan el poder.

¿Cómo hacer ese cambio? Ya presentamos en el Congreso la propuesta de ProReforma, la cual los diputados muy convenientemente tienen engavetada. Como muchos que la menosprecian no la han ni leído y solo se han opuesto por prurito ideológico, les cuento que la propuesta, trabajada y muy bien pensada durante casi 10 años, presenta cambios en la Constitución, que atacan directamente algunos de los problemas con los que Castresana se encontró.

Yo estoy convencido de que este es el camino a seguir. Y usted, ¿se dará a sí mismo por lo menos la oportunidad de leer la propuesta?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 10 de junio de 2,010.

jueves, 29 de abril de 2010

Fiscalizados




Los cambios al sistema son urgentes...




El proceso de elección del fiscal general en el que hemos estado inmersos las semanas recientes y que ahora está a la espera de que el presidente decida quién de los seis candidatos seleccionados por la comisión de postulación será el ungido, nos deja muchas lecciones, siendo la principal, desde mi punto de vista, la importancia y urgencia de cambiar el sistema. Si no se hacen cambios, seguiremos siempre viendo con impotencia cómo nuestro país se va al despeñadero.

Creo que algo se ha avanzado con la ley de comisiones postuladoras, especialmente en que los procesos de selección sean más conocidos y más escrutados por un grupo cada vez más grande de la población; y esa mayor exposición y participación resultaron, por ejemplo, en que no se nominó a alguien que ya demostró su falta de independencia, como el actual fiscal general. Sin embargo, como lo demuestran los resultados, estos cambios no son suficientes para salir del atolladero en que está la seguridad y la justicia en Guatemala. Se necesitan todavía más cambios, y para ello es imprescindible cambiar el sistema.

El puesto de fiscal general es de importancia capital para lograr que se imparta justicia y, como consecuencia, que gocemos de más seguridad, ya que según nuestra legislación, el Ministerio Público (MP) es que tiene bajo su cargo la acusación en los casos penales. Es cierto que las víctimas o sus cercanos pueden constituirse en querellantes adhesivos; sin embargo, el peso principal de la acusación recae sobre los hombros de los fiscales del MP. Si ellos realizan deficientemente su trabajo, lo más probable es que los criminales se queden sin castigo y puedan continuar tranquilamente sus labores delictivas. Como hemos visto en muchos casos, hasta los jueces se han quejado de que no pueden condenar a alguien a todas luces culpable, porque el MP no ha presentado pruebas para demostrar esa culpabilidad.

El MP adicionalmente tiene la responsabilidad de la acusación en los casos de corrupción; sin embargo, en esta función tiene conflictos de interés, ya que quien lo designa y adicionalmente lo puede destituir sin mayores problemas es el presidente del Organismo Ejecutivo —como ya lo hemos visto en repetidas ocasiones, incluida la administración actual—. Los incentivos están puestos para sino garantizar, por lo menos promover la impunidad.

Si queremos que esto cambie, no es solo cuestión de cambiar a las personas, como el actual proceso lo demuestra, sino que hay que cambiar también las instituciones y los incentivos bajo los cuales operan. En este sentido, la única propuesta de cambio del sistema que se ha presentado es la de ProReforma.

En el caso particular del fiscal general, ProReforma propone que la elección sea realizada por los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, mediante un sorteo entre los candidatos seleccionados por la Comisión de Postulación. Adicionalmente, propone que el fiscal general electo de esta manera tenga un cargo vitalicio. ¿Por qué esos cambios?

El propósito principal es darle independencia: que no le “deba” su elección a nadie en particular, que la continuidad en el puesto no dependa de que quede bien con el presidente del Ejecutivo ni con nadie más, y que no tenga que preocuparse de su futuro después de dos o tres años frente al MP.

¿Es esto perfecto? Probablemente no. Pero lo que sí puedo prever es que será mejor que lo que tenemos actualmente. ¿Tiene alguien una idea mejor? Pues que la presente, como nosotros lo hemos hecho con ProReforma.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 22 de abril de 2,010.

jueves, 11 de febrero de 2010

¿Es usted demócrata?

¿Tiene derecho la población a elegir lo que más le conviene?










Mi artículo de la semana pasada, sobre la importancia de que sea la población quien decida si acepta o no las reformas a la Constitución propuestas por ProReforma, generó muchos comentarios. De los mismos deduzco que muchos defienden la "democracia" del diente al labio, pero a la hora de la hora preferirían la tiranía.

Debo aclarar que no defiendo la democracia como un fin en sí misma, sino simplemente como un sistema de toma de decisiones públicas que debe estar enmarcado dentro de un estado de Derecho en donde se respeten los derechos individuales de todas las personas. Esto tiene como corolario que ni aún la "mayoría" pueda utilizar el poder ni la "democracia" para violar los derechos de ninguno de los habitantes de un país, por muy minoría que sean.

Dicho esto, estoy convencido de que la propuesta de ProReforma, a mi mejor juicio y entender, lo que busca es precisamente que vivamos en un estado de Derecho en donde se respeten los derechos individuales de todos los habitantes de Guatemala. Y como siempre hay quienes dicen que uno solo habla y critica pero no propone soluciones, pues esta es la solución que proponemos.

Ahora bien, quienes no creen que este sea el camino a seguir, sino otro, yo los invito a que también hagan uso de las herramientas de la democracia para proponer sus soluciones. Si no está de acuerdo con la propuesta de ProReforma porque no cree que sirva o cree que es perjudicial, no menoscabe la "democracia" oponiéndose a que se lleve a Consulta Popular, sino haga una campaña planteando sus argumentos para convencer a la gente que vote en contra de ProReforma. ¿O es que no cree en realidad en la democracia?

Si usted cree que las reformas que hay que hacer son otras y no estas, lo invito a que siga el procedimiento que establece nuestra Constitución, como ya lo hicimos en ProReforma. Plantee su propuesta, consiga por lo menos a cinco mil personas que la apoyen —en ProReforma conseguimos más de 73 mil— y preséntela al Congreso para que luego vaya a Consulta Popular. Ese es el procedimiento a seguir y en ProReforma ya lo hicimos. ¿Por qué no lo hace usted?

Hay otros dos argumentos que surgen en muchos comentarios. Uno es que el "pueblo" guatemalteco es muy ignorante y analfabeta y por lo tanto no tiene criterio para tomar decisiones tan importantes. A ese argumento respondo: primero, que no hay que despreciar el sentido común de las personas, por muy "ignorantes" o analfabetas que sean. Segundo, este realmente es un argumento en contra de la democracia, ya que lo mismo se podría decir de la elección de presidentes y diputados. Tercero, si usted realmente cree eso, entonces lo que debería hacer es proponer una reforma constitucional que establezca requisitos mínimos para los votantes, como por ejemplo, que hayan cursado la primaria. Si eso es lo que realmente cree, sea consecuente y pida esos cambios, pero no se oponga a la consulta de ProReforma menospreciando a los guatemaltecos que no son tan inteligentes como usted.

Por último, hay otro argumento que indica que Guatemala "no está preparada para la igualdad ante la ley", aduciendo que hay muchas desigualdades. Yo creo que ese argumento está equivocado. Lo que se quiere es que todos nos desarrollemos y todos prosperemos, y para ello se necesita un sistema en el que se respeten igualmente los derechos de todos, de pobres y ricos, analfabetas y letrados, indígenas y ladinos, hombres y mujeres. ¿Usted qué opina?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 11 de febrero de 2,010.

Foto: proreforma.org.gt

jueves, 4 de febrero de 2010

ProReforma Democrática


Lo más democrático que se puede pedir es que sea la población la que decida...

La solicitud de reformas a la Constitución que presentó la asociación ProReforma al Congreso, con la participación de más de 73 mil ciudadanos guatemaltecos debe ser puesta a consideración de toda la población, para que sea esta la que decida si la aprueba o no. Si supuestamente “toda” la gente se opone, ¿cuál es el miedo de realizar una Consulta Popular?

ProReforma es el mejor ejemplo que tenemos en Guatemala de un grupo de personas que se unen porque quieren vivir y dejar a la posteridad un mejor país que el que encontraron, y lo pretenden hacer a través de los mecanismos pacíficos y de derecho que nuestro marco constitucional actual establece.

A diferencia de muchos otros, no utilizamos la violencia, ni la coerción, ni las amenazas, ni el asesinato, ni los secuestros, ni siquiera las “medidas de hecho” con las que pretenden o han pretendido en el pasado imponer por la fuerza su visión del mundo a los demás.

Somos un grupo de personas pacíficas, preocupadas por la terrible realidad actual de Guatemala y convencidas de que el problema principal no es necesariamente las personas que nos han gobernado —lo que no los exculpa de sus errores y pecados—, sino el sistema actual de incentivos perversos que nos ha llevado a los resultados que tenemos hoy.

Estamos convencidos de que para resolver los problemas hay que ir a las raíces, a las causas, y no contentarnos con “podar” las ramas. Por ello es que proponemos estas reformas a la Constitución, con el fin de acercarnos a un verdadero estado de Derecho a través de fortalecer los derechos de todos los habitantes de Guatemala, que todos vivamos bajo las mismas reglas, y establecer los incentivos correctos para que, en el mediano plazo, las instituciones encargadas de velar por la seguridad y porque se imparta justicia funcionen mejor de lo que lo hacen en la actualidad. ¿Es eso mucho pedir?

Sin embargo la propuesta ha encontrado oposición, principalmente de grupos y personas interesados en mantener el status quo, quizá porque son muy conscientes de que si pasa ProReforma se les reducirán considerablemente las posibilidades de maximizar la frase de Frederic Bastiat: “El Estado es esa ficción por medio de la cual, todos buscan vivir a expensas de todos los demás”. Pero también hay gente que se opone porque sinceramente cree que los cambios propuestos no van a mejorar la situación.

A quienes se oponen les pregunto: ¿No es mejor dejar que sea la ciudadanía quien decida? ¿No es una de las partes medulares de la “democracia” el que los ciudadanos puedan participar y decidir lo que mejor les conviene como sociedad? ¿O acaso no creen en ese método de hacer gobierno? ¿Cuál es el problema de preguntarle al pueblo?

Los diputados tienen en sus manos una gran responsabilidad. Si en esta ocasión que se están siguiendo todos los pasos que establece la Constitución, que no se viola ninguna de las normas que la misma establece, que no se intenta cambiar ningún artículo que la Constitución lo impida y todo se hace de manera correcta, legal, pacíficamente, sin recurrir a la fuerza ni a las amenazas, ellos se oponen e impiden que esta propuesta sea puesta a disposición de la ciudadanía y que sea esta quien decida, el mensaje que estarán dando es que en Guatemala, en efecto, lo que vale son las “medidas de hecho” y que lo que hay que hacer son bochinches, paralizar el tránsito y que entonces así sí lo oirán los diputados. ¿Es eso lo que queremos?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 4 de febrero de 2,010.

Foto: Luis Soto, elPeriodico

viernes, 15 de enero de 2010

10


El 2,010 será muy especial, de usted depende...


Hoy se cierra un nuevo ciclo de nuestra vida, el año 2009. Ha sido un año difícil en muchos sentidos, que nos ha dejado muchas lecciones, en el que tuvimos que enfrentar muchos retos, pero que a la vez también nos trajo muchas satisfacciones. Pero como toda conclusión de ciclo, a la vez es el inicio de uno nuevo, en este caso del año 2010.

Este año será muy especial. Primero por esa magia que encierra el número 10, que para algunos es símbolo de perfección, de lo más alto o del número de camisola preferido… lo cierto es que es un número con significado especial. Pero no es sólo el número.

En el plano internacional se espera que sea el año del reinicio de otro ciclo, este no de años, sino de la economía, luego de la crisis reciente. Quizá no sea un despegue tipo transbordador espacial, sino más bien uno tipo “Arabá” (para quienes se recuerdan qué es eso…), pero despegue al fin. Que no implica que no haya nuevas crisis, ya que, mientras no se cambie también este sistema de bancas centrales, siempre tendremos esos ciclos de altas y bajas, tomando en cuenta que el mismo “remedio” que le aplicaron a la crisis es la semilla de la próxima. Pero mientras dure, aprovechemos este nuevo ciclo.

En el plano local, pues nos espera un año duro, dado que será el año preelectoral, en donde casi todos se reacomodan para el banderazo final y otros muchos empiezan a ver cómo se les acaban sus días del chorro y empiezan a desesperarse por jalar cuanta agua para su molino se pueda… Será también el año de un nuevo intento de paquetazo fiscal, donde quizá se empiecen a conocer las realidades que tanto tratan de esconder en los programas de la solidaridad. Pero también será un nuevo año en donde la violencia será el común denominador, ya que no se ve que las instituciones encargadas de velar porque haya seguridad y se imparta justicia vayan a ser muy distintas de lo que lo han sido hasta la fecha. Será también un año crítico porque se elegirá la nueva Corte de Constitucionalidad.

Pero también será un año de esperanza porque el Congreso tendrá que decidir que la propuesta de reformas a la Constitución planteadas por ProReforma sea consultada a la ciudadanía. Este, sin lugar a dudas, puede llegar a ser el mejor momento del 2010 para Guatemala.

Y en el plano personal, creo que también puede llegar a ser un muy buen año para todos nosotros. Las circunstancias nos pueden ser adversas, pero de nosotros depende qué decisiones vamos a tomar frente a esas circunstancias. Así que le propongo que desde hoy se prepare para ese nuevo año, para ese nuevo ciclo. Y aunque algunos digan que es la mentira más grande, le propongo que reflexione sobre las metas que debería cumplir en el 2010, las ponga por escrito y se comprometa consigo mismo a darles seguimiento durante todo el año.

El problema usual con los “propósitos de año nuevo” es que la mayoría lo hacemos simplemente del diente al labio, como un simple capricho, pero sin proponernos realmente cumplirlos. Si nos enfocamos y realmente nos ocupamos en ellos, por supuesto que los podemos cumplir.

No pierda más el tiempo. Póngase una meta en cinco áreas vitales: la económica, la salud, su desarrollo personal, sus relaciones y el área espiritual. Con eso es más que suficiente. Escríbalas, póngalas donde las pueda ver y enfóquese en ellas durante todo el año. Si no lo logra todo, aún así le garantizo que estará mejor que si no hubiera hecho nada. ¡Feliz Año 2010!

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 3 de diciembre de 2,009.

jueves, 2 de julio de 2009

¿Y la Constitución?






Foto: El Heraldo de Honduras.





Mientras no se hagan respetar las Constituciones, los politiqueros siempre harán de las suyas.


La principal lección que nos deja la crisis actual en Honduras es que las Constituciones de los países deben respetarse, y que a los politiqueros del mundo, lo que digan de las mismas, les viene del norte; mientras las puedan violar impunemente.

Creería que casi a nadie le queda la duda de que Mel violó flagrante y repetidamente la Constitución hondureña, si hasta él mismo lo reconoció tímidamente en su discurso en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La violó desde el 2008, al no enviar el presupuesto de este año y utilizar las cuentas del Gobierno a su discreción y sin control. La violó con todo el proceso de la “cuarta urna” y, en este caso, adicionalmente desobedeció sentencias judiciales. Estas violaciones eran suficientes para quitarle el antejuicio, entablarle juicio y separarlo del cargo.

Sin embargo, también creo que aunque Mel logró lo que pocas personas en la historia han conseguido, como es unificar a todas las instituciones gubernamentales, a casi todos los partidos políticos, el suyo incluido, a muchas organizaciones y a la mayoría de la población en su contra, no se siguió el debido proceso para hacerlo pagar sus repetidas violaciones a la Constitución. Y esto fue un grave error que cometieron quienes lo removieron. Error que ahora están pagando por medio de la “condena” internacional.

Lo correcto debió ser que el Congreso le quitara el antejuicio, luego de que se le entablara un proceso y que por ello se le separara del cargo. Si era necesario encarcelarlo, pues se le debió apresar en una cárcel hondureña y no echarlo del país. Si Mel regresa, habrá que seguir el debido proceso para enjuiciarlo.

Y aquí es donde entra la doble moral de los politiqueros de la región. Ahora todos se rasgan las vestiduras e invocan la Carta Democrática Interamericana de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para restaurar a Mel como presidente de Honduras, cuando hace no muchas semanas hasta él mismo la calificó de “babosada”, ya que obstaculizaba el ingreso de Cuba a la OEA. En comparación, me llama la atención la declaración de la Human Rights Foundation, la cual solicita a la OEA activar la Carta Democrática contra el nuevo Gobierno de Honduras, pero, a la vez, critica a Insulza por no activarla contra los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador porque, a su criterio, estos gobiernos también violan la Carta Democrática.

Es interesante que ni en la OEA ni en la ONU se le haya dado importancia a las violaciones constitucionales de Mel. ¿Será que para ellos las violaciones constitucionales solo son importantes cuando se hacen contra uno de “ellos” (y no me refiero a los “países”, sino a los políticos), pero si es uno de “ellos” quien las comete, no tiene importancia? Esa parece ser la “moral” de los politiqueros miembros de la OEA y la ONU. Y eso sin mencionar el caso de Irán.

Pero más cercano a nosotros, los presidentes de Nicaragua, El Salvador y Guatemala decidieron “cerrar” las fronteras con Honduras para todo el tránsito comercial. Y yo me pregunto ¿en qué parte de la Constitución de Guatemala se basó el presidente Colom para arrogarse tal autoridad? ¿Será que la excusa de la “prioridad de recuperar el orden institucional en Honduras” es suficiente para que en Guatemala el presidente haga un rollito de papel toilet con la Constitución?

Insisto, mientras no hagamos respetar nuestras constituciones, los politiqueros locales las violarán impunemente, de una u otra forma. ¡Urge ProReforma!

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 2 de julio de 2,009.

sábado, 24 de enero de 2009

¡Hoy vamos al concierto de ProReforma!


Los muchachos voluntarios de ProReforma organizaron para hoy un concierto en el Teatro Abril en el que se estará dando a conocer a muchos jóvenes los propósitos y la labor de ProReforma. Si crees que "nadie está haciendo nada", eso no es cierto. Hay muchos que están trabajando para lograr un verdadero cambio en el sistema que nos asegure, en el mediano plazo, que nuestro país se encamine hacia un verdadero Estado de Derecho. ¡No te quedes sentado, participa!!!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Sí a la reforma

Ya está probado hasta la saciedad que el sistema político que actualmente tenemos no funciona. La prueba más palpable la encontramos en nuestro diario vivir: no hay seguridad, no hay justicia, no hay “desarrollo”.

Le pueden atribuir las causas que sean. Unos dicen que es por falta de recursos, pero no importa de qué tamaño sea el presupuesto de malgasto de los gobernantes, ni que todos los años crezca considerablemente, la situación sigue de mal en peor. Lo cierto es que todos los gobernantes utilizan la “falta de fondos” como excusa conveniente para los escasos o nulos avances durante su administración, pero lo interesante es que para la corrupción siempre alcanzan los fondos. Irónico, ¿no lo cree?

Otros lo atribuyen a las personas. Dicen que el problema es que no ha llegado la persona “ideal” a la Presidencia. Creen que cuando llegue “esa” persona, la situación se compondrá. Que por el momento tenemos que aguantar a la partida de mediocres que con cada elección llegan a ocupar los altos cargos públicos, pero que si tenemos la suficiente paciencia, algún día vendrá el redentor de los políticos, aquella persona que nos demostrará que si se tiene la honradez, la capacidad y la entrega suficientes, se puede cambiar el rumbo del barco, y nos llevará a una Guatemala de ensueño. Pero ésta no es más que la esperanza de los ilusos. No importa quién llegue a la Presidencia. No importa quiénes lleguen al Congreso. Las pocas diferencias palpables son que unos son más o menos corruptos que los otros, más o menos abusivos que los anteriores, más o menos descarados que los precedentes, pero el resto de ciudadanos nunca ve que su situación de vida mejore.

Estoy convencido de que el problema no son los recursos ni las personas. Estoy plenamente convencido que el problema es el sistema que tenemos actualmente. Y, por lo mismo, estoy convencido de que mientras no cambiemos el sistema, podrán los políticos tener cientos de miles de millones de quetzales a su disposición, podrán llegar las “mejores” personas al ejercicio del poder, pero la situación no cambiará. La única manera de cambiar el rumbo del barco es por medio de un verdadero cambio en el sistema.

Por eso es que desde hace unos años apoyo la propuesta de ProReforma. Este proyecto propone hacer un cambio parcial de la Constitución, sin meterse en la parte “pétrea” de la misma, por lo que es una modificación que solo necesita ser aprobada por las dos terceras partes del Congreso, y luego por la ciudadanía, en una Consulta Popular, sin tener que convocar a una Asamblea Nacional Constituyente ni nada por el estilo.

Los cambios que plantea son pocos y sencillos, pero que pueden llegar a tener una trascendencia increíble en el futuro de todos los guatemaltecos. Su premisa básica es el respeto a los derechos individuales de todos los habitantes de Guatemala y que sea del interés general el que estos derechos individuales se respeten. Proteger la vida, la propiedad y los contratos. Establecer un régimen de verdadero estado de Derecho, en donde las personas vivan por derecho y no por permiso de los gobernantes. La promesa es que un estado de Derecho tiende a reducir la pobreza y la violencia.

A mi manera de ver las cosas, la única solución es un cambio en el sistema, por eso creo que la propuesta de ProReforma es vital para el futuro de nuestro país. Lo invito a que usted mismo revise la propuesta y las premisas que la impulsan en: www.proreforma.org.gt.

Artículo publicado en Prensa Libre el 11 de Diciembre de 2,008.