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jueves, 22 de marzo de 2012

Completo fracaso

"La guerra contra las drogas es un completo fracaso", Barack Obama (cuando era Senador)

Este sábado se llevará a cabo en Antigua Guatemala una reunión de presidentes centroamericanos en la que se discutirán otras opciones para combatir los efectos del narcotráfico, siendo la principal la “despenalización” de las drogas. Congruente con mi posición pública de muchos años atrás, considero que la “guerra contra las drogas” es una guerra perdida que solo se puede ganar legalizando las drogas.

No hay otra solución. La solución de penalizar el consumo, producción, distribución y venta de las drogas ya fue probada hasta la saciedad durante los últimos cien años, dándole una importancia mucho mayor en los últimos 40 años. ¿Cuál ha sido el resultado? El consumo de drogas se ha mantenido estable, en términos porcentuales, lo que significa que en términos absolutos ha ido creciendo al mismo ritmo que la población mundial.

¿No me cree? Vea los datos de las mismas instituciones que se empeñan en mantener viva la absurda guerra contra las drogas. En su más reciente reporte la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (UNODC, en inglés), el Informe Mundial sobre las Drogas 2011, por ejemplo, reconoce que desde finales de los 1990 hasta el 2010 la cantidad de personas que utilizan drogas ilegales ha ido creciendo paulatinamente y que el porcentaje de la población que las consume se ha mantenido estable en alrededor del 4.8% de la población de entre 15 y 64 años. Y eso en un período que se ha caracterizado por un incremento en las acciones gubernamentales en contra del narcotráfico, como bien lo presenta el mismo reporte al dar cifras de confiscación de drogas en ese mismo período.



Estas instituciones no hacen estudios sobre los costos que para la sociedad tiene la absurda guerra contra las drogas. No les conviene. Obviamente. Se quedarían sin chance.

Afortunadamente, sí hay instituciones que intentan hacerlo y, de lo que pude encontrar, estiman que solo en costos directos en Estados Unidos, los tributarios estadounidenses se ahorrarían por lo menos US$100 mil millones anualmente. A eso hay que añadir al menos otro tanto igual en la pérdida de productividad que tienen los habitantes de ese país debido a la guerra contra las drogas.

Y eso en el caso de Estados Unidos, que se pueden conseguir cifras. En los países latinoamericanos, en general, y en los centroamericanos, en particular, quizás las cifras no sean tan impactantes en términos absolutos, pero en términos relativos tienen un gran peso sobre el desarrollo de nuestros países. Y eso sin contar que aquí tenemos el agravante adicional de la violencia, las muertes, la ingobernabilidad, la corrupción y, en general, el desgobierno que esta absurda guerra genera.

Les pido encarecidamente a los presidentes reunidos en Antigua que no se dejen engañar por la vara del castigo —amenazas de descertificación, etcétera— ni por la zanahoria —ofrecimientos de $—. Los habitantes de la región ya no podemos seguir poniendo los muertos en esta inútil, irracional e insensata guerra que hasta el senador Obama, en su tiempo, calificó de un total fracaso.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 22 de marzo de 2,012.


Fuentes y lecturas interesantes:

- World Drug Report 2,011, United Nations Office on Drug and Crime

- International Drug Control Policy, Congressional Research Service, Liana Sun Wyler.
Este informe es muy revelador.

- National Drug Threat Assessment 2011, U.S. Department of Justice, National Drug Intelligence Center

- Global Commission on Drugs Report, Global Commission on Drugs


- Prohibition II, excelente artículo que revisa el caso de la prohibición del licor en la década de 1920 y la compara con la prohibición de las drogas en el último cuarto del siglo pasado.

- Drug Decriminalization in Portugal: Lessons for Creating Fair and Successful Drug Policies, by Glenn Greenwal, Cato Institute

- Mexico's Failed Drug War, by Jorge Castañeda, Cato Institute

- The Budgetary Impact of Ending Drug Prohibition, by Jeffrey A. Miron and Katherine Waldock, Cato Institute


jueves, 18 de agosto de 2011

La seguridad que vale


Lo que atormenta a la mayoría de guatemaltecos es la criminalidad común y las extorsiones, no el narcotráfico.

A riesgo de ser incomprendido, desterrado y hasta linchado por las huestes políticamente correctas, me aventuro a publicar aquí lo que para mí debe ser la ocupación principal de quienquiera sea electo como nuestro mandatario —o sea, mandadero—: la seguridad. Obviamente, decir eso no tiene nada de controversial, lo que sí lo tiene es el cómo: cambie las prioridades, que la número uno sea combatir la criminalidad común y las últimas sean combatir al crimen organizado y al narcotráfico.

Aquí es donde muchos se rasgarán sus pulcras vestiduras, me hostigarán y me condenarán a pasar la eternidad en el quinto infierno.

Pero no hay nada de qué escandalizarse, es puro y simple sentido común. Los recursos siempre serán escasos y, por lo tanto, hay que invertirlos en aquello que pueda dar un mejor rendimiento, considerando siempre el corto, mediano y largo plazos. En el caso de la seguridad, cualquiera con un poco de observación podrá percatarse de que lo que tiene aterrada a la población no es el narco, ocupado en ver cómo lleva su droga a Estados Unidos, sino el asaltante, que lo puede matar en la esquina por un pinche celular, el ladrón que dos veces por semana le roba sus pertenencias en un bus urbano, el marero extorsionador del barrio que ha obligado a muchos a cerrar sus negocios y, en el peor de los casos, a abandonar sus viviendas. En el interior la cosa no es muy diferente, al grado de que en muchas comunidades se han organizado bajo la premisa de “ladrón visto, ladrón linchado”.

No hay que ser un “gran estadista” para entender que los pocos recursos que tenemos se deben invertir en aquello que más nos afecta a todos. Y es en garantizar la seguridad de todos los ciudadanos en lo que se deben invertir los recursos de los tributarios. Al fin y al cabo esa y la impartición de justicia son las razones primordiales por las cuales se organizan los Estados y pagamos impuestos.

¿Y qué pasa con el narcotráfico? Esa es una guerra que no solo no es nuestra sino que quienes, dizque están más interesados en combatirla, en la realidad no lo hacen. En Estados Unidos, el consumo de drogas se ha mantenido relativamente estable desde que se declaró oficialmente la “guerra contra las drogas”, hace 40 años.

Dicen que se acabó el narcotráfico en Colombia, pero no es cierto. Se redujo la violencia derivada del narcotráfico, sí. Se redujo un poco la producción de cocaína, sí. Pero en Colombia todavía se produce casi el 40% de toda la cocaína del mundo.

Otro ejemplo es Afganistán. Allí se produce casi el 70% del opio en el mundo. Cuando lo invadió el Ejército de Estados Unidos, de hecho se incrementó la producción y se ha mantenido estable durante los 10 años que ha estado ese ejército acampado allí. ¿Y entonces?

Uno de los candidatos con más posibilidades me argumentaba que algunos narcos han cometido delitos en nuestro territorio, a lo que le respondí que esos delitos sí hay que perseguirlos y evitarlos, pero combatir el trasiego de drogas es una causa perdida.

La única forma de acabar con el narcotráfico es legalizando las drogas, pero como para que eso pase todavía falta algún tiempo y muchas muertes, nosotros mejor ocupémonos en aquello que está a nuestro alcance y que se puede resolver con solo un poco de decisión y no muchos recursos. Y si eso no les parece suficiente, cuando hayan acabado con la criminalidad común, y solo en ese momento, entonces dedíquense a jugar su guerrita de las drogas.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 18 de julio de 2,011.

jueves, 23 de junio de 2011

Ms. Clinton: End the war





War on drugs has failed. Legalization is the only way to go.

It is time for the US Government to acknowledge that more than 100 years of international drug control efforts have been wasted and drug trafficking is alive and thriving. The US$26 billion federal funds spent directly each year on failed drug control strategies would be much better used on educating people against wasting their lives on drugs and treating them than on trying to stop its illegal use. The war on drugs is an impossible win. The best example: Afghanistan where ten years of US military presence hasn't made even a small dent on the largest opium producer in the world.

According to a US Congressional Research Service report available at your State Department website, only 16 to 38 million people all over the world can be catalogued as "problem drug users" and they consume most of the drugs used in the world. However, due to the illegal standing of the drug bussines, half of all the "organized crime" —with all the violence, corruption and ungovernability it has spread all over the developing world— is dedicated to satisfy them.It is irrational to continue with this nonsense. Your government should accept the losses, legalize drugs and move on.

Los números simplemente no cuadran. Digan lo que digan y hagan lo que hagan, el consumo de las drogas continúa creciendo aún a pesar de las grandes cantidades de dinero que se han dedicado a su combate. Las reuniones como las de estos días en Guatemala solo sirven para desperdiciar más recursos de los tributarios en tratar de manera infructuosa de detener el tráfico y consumo de las drogas.

La triste realidad es que se han sobredimensionado los riesgos de que el consumo de drogas fuese legalizado y regulado, aduciendo que en ese momento muchísima más gente consumiría droga. La evidencia nos indica que, actualmente, cualquier persona que quiera consumir droga, aquí, en Estados Unidos, en Colombia o en casi cualquier otra parte del mundo, lo puede hacer, consiguiéndola relativamente fácil. Lo que es más, sería mucho más probable reducir el consumo de drogas por parte de menores si estas fueran legales y se regularan para evitar su venta a menores, que criminalizándolas como actualmente se hace.

Lo que se ha subdimensionado es el efecto corruptor, la violencia, la ingobernabilidad, así como las amenazas a la libertad que subyacen bajo muchas de las decisiones de políticas públicas tomadas bajo el paraguas de la "guerra contra las drogas". Mucha legislación que actualmente existe y se está imponiendo alrededor del mundo con la excusa de combatir el narcotráfico tiene el efecto de reducir considerablemente los derechos de todos los ciudadanos, sin que hasta la fecha haya tenido mayor efecto en lograr una reducción del narcotráfico.

Es obvio que para algunas personas y grupos de presión —yEnlace no me refiero solo a los narcotraficantes— la prohibición del consumo de drogas les ha brindado la oportunidad de oro para prosperar abundantemente. Pero esta prosperidad se logra a expensas de las vidas de muchísimas personas a lo largo y ancho del mundo "en vías de desarrollo" que ni consumen, ni producen, ni comercian con las drogas, pero sí sufren las consecuencias.

No, señora Clinton. La guerra no la están ganando, ni la pueden ganar. Las muertes de tanta gente inocente tampoco se puede compensar con unos millones de dólares de "ayuda". Lo que necesitamos es que tengan el valor de tomar la decisión correcta y descriminalizar el consumo de las drogas. ¿Es mucho pedir?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 23 de junio de 2,011.

Fuentes y lecturas interesantes:

- International Drug Control Policy, Congressional Research Service, Liana Sun Wyler.
Este informe es muy revelador.

- World Drug Report 2,010, United Nations Office on Drug and Crime

- National Drug Threat Assessment 2010, U.S. Department of Justice, National Drug Intelligence Center

- Global Commission on Drugs Report, Global Commission on Drugs

- Drug Decriminalization in Portugal: Lessons for Creating Fair and Successful Drug Policies, by Glenn Greenwal, Cato Institute

- Mexico's Failed Drug War, by Jorge Castañeda, Cato Institute

- The Budgetary Impact of Ending Drug Prohibition, by Jeffrey A. Miron and Katherine Waldock, Cato Institute

jueves, 26 de mayo de 2011

Masacre


La situación sólo empeorará, si no se le combate de raíz.

Muchas veces hemos leído, oído y visto cosas así en “otras” partes, pero no aquí. Si bien es cierto la vida diaria en Guatemala no es precisamente la de un paraíso terrenal de paz y tranquilidad, no percibíamos con toda su crudeza el verdadero infierno en que vivimos. Hasta ahora, hasta la finca “Los Cocos”. Hasta la irónica “La Libertad”. Hasta la matanza. Hasta los decapitados. Hasta la masacre.

Acostumbrados como estamos a los 17 muertos diarios por la criminalidad, tenía que ser una cifra mayor, con saña y sadismo inmensos, la que nos sacara de ese estupor. 27 muertos. 27 decapitados. 27 vidas truncadas sin razón. Una pared. Un mensaje escrito, literalmente, con sangre. Una advertencia. Una señal.

Lamentablemente, poco será lo que cambie la situación luego de los decapitados. Su muerte implicará un salto en la estadística diaria. Una recordación mayor de la que gozan los 17 de todos los días. Pero poco más. Quizá caerán algunos de los verdugos. Pero la situación seguirá de mal en peor. De los actuales gobernantes, poco podemos esperar. Desde el principio fueron claros que la seguridad no estaba entre sus prioridades. Su prioridad principal siempre fue asegurar la permanencia en el poder, para de esa manera lograr su segunda prioridad, ordeñar la vaca lechera de los tributarios exprimiéndole hasta la última gota, para pasar a mejor vida. Y el colmo de la desfachatez fue decir que si queríamos seguridad, había que pagarles más.

Pero aún si hicieran algo, lo más que lograrían sería aliviar un poco la situación —o quién sabe si empeorarla; si no, vea el caso de México—. Porque estamos en medio de una vana y absurda guerra —como si alguna no lo fuera, pero esta más— en la que, para variar, ponemos los muertos, pagamos los costos y escribimos con sangre su efímera historia.

La raíz del problema no la podemos atacar aquí, porque no está por estos lares. Hay que buscarla en algunas capitales, la de Estados Unidos, las europeas, la “del mundo” (donde están las oficinas de los organismos mundiales) en donde algunos cuantos empecinados e ignorantes “líderes” siguen montados en el macho de la “guerra contra las drogas”. Y envuelven con su discurso moralista a la masa, haciéndole creer que se preocupan por las generaciones futuras.

Lamentablemente, aunque la marea va cambiando y cada vez somos más los que alzamos la voz contra tan absurda “contienda”, todavía tendrá que correr mucha sangre antes de acabarla. Como lo dije en un artículo anterior, hasta que los decapitados no sean ciudadanos estadounidenses en territorio estadounidense, los políticos de por allá no sentirán la presión para tomar la decisión que debieron tomar hace varias décadas pero que nunca se animaron a hacerlo.

Mientras tanto, nosotros debemos seguir sufriendo las consecuencias. Y ya que es poco lo que podemos hacer por aquellos lares, debemos enfocarnos en lo que se puede hacer aquí. Y eso pasa por un cambio del sistema, no por quiénes lo dirigen. Mientras no entendamos esto, seguiremos cada cuatro años cambiando al chofer creyendo que podrá convertir nuestra carcachita en un bólido, solo para concluir unos meses después que este tampoco puede. Necesitamos cambiar el sistema, no el tripulante. Necesitamos el cambio que propone ProReforma. ¿Hasta cuándo la tendrán los diputados durmiendo el sueño de los justos?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 19 de mayo de 2,011.
Enlace
Foto: Prensa Libre.

jueves, 5 de mayo de 2011

La victoria de Bin Laden


Creo que Osama Bin Laden logró incluso más de lo que esperaba.

La muerte de Osama Bin Laden cierra un nuevo capítulo en la historia del mundo; sin embargo, las repercusiones de sus actuaciones todavía están por venir; quién sabe si en las próximas décadas o incluso siglos. Desde mi punto de vista, Osama logró lo que nadie antes soñó alcanzar: sentar las bases para el deterioro y posible final de ese interesante experimento sobre lo que se puede lograr en un sistema basado en una república liberal, como lo es (o fue) Estados Unidos.

Me explico. Como consecuencia del ataque a las Torres Gemelas, en septiembre del 2001, cambiaron las reglas en Estados Unidos, al grado de que, utilizando principalmente la excusa de la “Guerra contra el terrorismo”, aunque también, en parte, la de la “Guerra contra las drogas”, redujeron y/o eliminaron las garantías de los derechos individuales, que son el alma del sistema que les permitió prosperar tanto durante más de dos siglos. Si los “padres fundadores” vieran lo que han hecho del sistema que tanto les costó establecer, seguramente se horrorizarían.

Por supuesto que muchos dirán que esas son nimiedades y “costos necesarios” a pagar por la “seguridad”, pero quienes así lo ven son víctimas del cortoplacismo que tanto nos afecta en la actualidad. No se dan cuenta de que en el largo plazo lo que ahora ven como una victoria se podría convertir en su destrucción. No se percatan de que institucionalizar el que “el fin justifica los medios” no puede acarrear buenas consecuencias.

Hay que ver esto en la perspectiva del largo plazo, en el de la historia. El mejor ejemplo que tenemos de algo similar es Roma. Esta se hizo grande y próspera durante el medio milenio que duró la República. Pero su final se empezó a gestar precisamente cuando esta terminó y empezó el Imperio. Por supuesto que en ese momento también inició su época de mayor prosperidad y paz, la de los dos siglos de la Pax Romana, pero las bases ya estaban puestas para que otro medio milenio más tarde colapsara. De hecho, podemos decir que empezó a morir en ese momento, aunque la gran inercia que traía le permitió todavía prosperar más durante algún tiempo y que tardara 500 años en sufrir las consecuencias.

En el caso de Estados Unidos, en un sentido estricto, el punto de inflexión se dio a partir de finales del Siglo XIX, con la aprobación de la ley “antimonopolio” Sherman y siguió luego con los cambios constitucionales de principios del siglo XX; sin embargo, creo que el golpe de gracia se dio a partir del ataque a las Torres Gemelas. Repito, estos son procesos de largo plazo y podrán pasar siglos antes de que se vean sus verdaderas consecuencias, pero lo importante es que las bases ya están sentadas.

Ahora bien, la historia nunca está escrita con anterioridad y las cosas pueden cambiar en el camino. ¿Qué hubiera pasado si en medio de la Pax Romana el Imperio se hubiese revertido a la República? Muy probablemente hubiéramos llegado a la modernidad mil 500 años antes. ¿Sabía usted, por ejemplo, que justo en esa época se desarrollaron las bases para el motor a vapor, tecnología que luego de la caída del imperio se perdió por un milenio y que después impulsó la revolución industrial?

Así también, Estados Unidos todavía está a tiempo de revertir su sistema hacia los principios republicanos liberales de un Estado de Derecho establecidos por los “padres fundadores”. Lamentablemente no se oyen muchas voces que promuevan esto, ni dentro ni fuera. ¿Será que Osama terminará saliéndose con la suya?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 5 de Mayo de 2,011.

jueves, 17 de febrero de 2011

Medio crimen organizado


Para reducir el crimen organizado a la mitad, sólo falta una decisión.

La semana pasada, la organización Global Financial Integrity (Integridad Financiera Global) publicó un documento denominado “Transnational Crime in the developing world” (“El crimen transnacional en el mundo en vías de desarrollo”) que resume un estudio realizado a lo largo de dos años para tratar de dimensionar el crimen organizado en el mundo. Aunque los autores del estudio no tienen ese alcance, creo que este es un argumento más, y uno muy concluyente, de la solución para reducir el crimen organizado a la mitad de un solo plumazo: legalizar las drogas.

Según el estudio, el crimen organizado tiene ingresos a nivel mundial alrededor de los US$650 millardos anuales. Para ponerlos en perspectiva, las ventas de la empresa más grande del mundo, Wal-mart, fueron de US$419 millardos el año pasado, es decir, el crimen organizado es un negocio 55% más grande que el de la empresa formal más grande. Y para que se dé una idea mayor, la segunda empresa más grande del mundo, la petrolera Shell, tuvo ventas anuales de US$368 millardos el año pasado. O sea que el crimen organizado es casi el doble que la petrolera más grande del mundo.

Ahora bien, lo interesante del estudio es la división que hace de los ingresos por tipo de crimen. Investigaron 12 ramas del crimen organizado, pero las principales son dos: el narcotráfico, con ingresos estimados de US$320 millardos al año (49%), y las falsificaciones, con ingresos estimados de US$250 millardos (38%). Las otras 10 ramas apenas representan US$80 millardos (13%) de los ingresos del crimen organizado. El mismo estudio dice que, por la misma naturaleza del crimen organizado, las cifras no son exactas, pero lo cierto es que nos da una buena idea de las dimensiones del mismo y su división.

Si lo que se desea es reducir el crimen organizado, no existe, a mi manera de ver, ninguna otra opción que de un solo golpe pueda reducir a la mitad los ingresos, y por ende los incentivos para el crimen, que la legalización de las drogas. Simplemente no existe otra opción. Mientras sigan empecinados en la fallida “guerra contra las drogas”, lo único que van a lograr es incrementar los ingresos de quienes se dediquen a esa lucrativa área del crimen organizado.

El argumento de que no se puede hacer porque sería “claudicar ante el mal” no se sostiene ante la evidencia que va más allá de los números. Primero, los costos no tanto monetarios como en violencia, vidas y corrupción en la mayoría de países en “vías de desarrollo” son inmensamente más grandes y malignos que cualquier efecto que el consumo de las drogas pueda tener. Segundo, los resultados del “experimento” portugués luego de varios años de que se legalizó el consumo de drogas han sido muchísimo mejores que los vaticinados por quienes consideran que legalizar las drogas sería la hecatombe mundial. Tercero, varias décadas de experiencia ya deberían haber convencido hasta al más escéptico de que la prohibición de las drogas no reduce su consumo.

Por tanto, me parece inexcusable la oposición de muchos a la legalización de las drogas. De los políticos del mundo unidos lo entiendo porque, como se ha ido descubriendo poco a poco, muchos de ellos participan de esas jugosas “utilidades”. Pero del resto de la gente, sus “buenas intenciones” son insostenibles y, en alguna medida, responsables de tanta desgracia que nos ha traído la fracasada guerra contra las drogas. ¿Tan difícil es entenderlo?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 17 de febrero de 2,011.

Foto: Revista Wired.

viernes, 31 de julio de 2009

¿Blasfemia?












La "guerra contra las drogas" es una broma de mal gusto de los gobernantes.

El director de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca, más conocido como el Zar Antidrogas, Gil Kerlikowske, declaró hace un par de días en México: “Los narcotraficantes no son más que criminales y terroristas, y la legalización no es claramente la respuesta que sería suficiente para la gente de cualquier país”. Creo que el señor Kerlikowske está completamente equivocado, y el problema del narcotráfico nunca se va a resolver con la dichosa “guerra contra las drogas”, y eso lo sostengo, aunque para muchos la sola mención de la legalización de las drogas sea poco menos que blasfemia.

Cuando el entonces senador Obama se encontraba en campaña presidencial dijo que la “guerra contra las drogas es un completo fracaso”; ya de presidente parece que la cosa cambió. Y lejos de variar la actual política de criminalización contra la producción, distribución y consumo de las “drogas”, se afianza más en su administración la ilógica persecución de estos “delitos”.

Hay dos razones importantes por los que a mi parecer la denominada “guerra contra las drogas” es un caso perdido.

La primera obedece a una cuestión moral. ¿Qué derecho tienen los gobernantes para decidir qué deben los ciudadanos consumir o no? ¿No son acaso los ciudadanos lo suficientemente capaces para decidir qué es bueno para ellos o qué no lo es? La intromisión de los gobernantes en asuntos privados de las personas es causa de muchos males para sus pueblos.

La segunda, de orden económico, indica que cuando se prohíbe el consumo de algún bien o servicio por ley, pero sigue existiendo demanda, se crea una escasez artificial que incrementa su precio, razón por la que siempre existirá alguien dispuesto a correr el riesgo de producirlo, comercializarlo y venderlo, obteniendo grandes ganancias. No importa con cuántos capos acaben, siempre habrá alguien dispuesto a ocupar su vacante.

Y en esta reflexión tomo el caso de las bebidas alcohólicas, tanto por su popular consumo como por ser un ejemplo claro, histórico y comprobable, puesto que los estadounidenses ya pasaron por ese proceso en la década de 1920, con la prohibición de su consumo. Lejos de alcanzar los objetivos por los que se impuso, esta prohibición terminó haciendo todo lo contrario, dando origen a las mafias. Si nota un leve parecido entre este caso y el de la guerra contra las drogas, es pura coincidencia o alucinación suya.

Pero los políticos como Kerlikowske —a pesar de sus raíces policiales— y aquellos afines al combate de las drogas argumentarán que quienes producen y comercializan la droga son criminales despiadados que incurren en una serie de delitos, incluidos asesinatos, secuestros y demás. Eso es cierto, pero es un efecto, no la causa. ¿Acaso son delincuentes los productores y vendedores del alcohol y sus derivados? ¿Acaso quiénes venden cigarrillos andan secuestrando y matando a los otros vendedores? Lo que es más, ambos son de los principales recolectores de impuestos en todo el mundo.

De nuevo, los gobernantes se hacen de la vista gorda de las relaciones de causa y efecto; solo se centran en los efectos que les convienen, de la prohibición, y no en la causa que es la prohibición misma. Desde cualquier perspectiva, la guerra contra las drogas está completamente perdida, y la única forma de acabarla es atacando su origen: legalizar la producción, distribución y consumo de las drogas.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 30 de Julio de 2,009.

viernes, 2 de marzo de 2007

Legalización de las drogas: ¿una blasfemia?


Mi artículo de ayer generó bastante controversia, principalmente porque la mayor parte de gente considera que utilizar drogas es malo, daña a la persona que la usa, y por tanto hay que evitar que la use. Yo no niego que utilizar droga sea dañino para la persona que lo hace, lo que es más, yo nunca he utilizado drogas, ni creo que sea bueno hacerlo, ni le recomendaría a nadie hacerlo y hasta trataría de convencerlo de que no lo haga. Pero de eso a querer imponerle esa convicción personal a la fuerza a los demás, hay mucha diferencia. De hecho, creo tanto en la libertad, que considero que cada persona tiene el derecho de hacer con su vida lo que quiera (incluso acabarla), siempre y cuando no viole el mismo derecho que tienen todos los demás. Eso para mi, resume la verdadera libertad.

Lo que yo digo, y creo que hay abundante evidencia, es que prohibir que alguien utilice drogas porque lo puede dañar a él, es incorrecto. El argumento que utilizan algunos para justificar esto es que bajo el efecto de las drogas podría cometer actos violentos o criminales en contra de los demás, y que por tanto, no hay que permitirle esa oportunidad. El problema es que este es un caso perfecto de la medicina que sale más costosa que la enfermedad, ya que por tratar de evitar que esta persona se haga daño a sí misma, o que pueda dañar a otros, se hace un daño mucho más grande a todos los miembros de la sociedad, del que se haría si algunos de los que consumieran la droga actuaran criminalmente.

Hacer ilícito el consumo de drogas hace que sea un negocio apetecible y muy enriquecedor para las mafias, quienes no escatimarán esfuerzos para asegurar su negocio, lo que genera una gran violencia, criminalidad, corrupción y, en general, un costo demasiado alto que debemos pagar todos los miembros de la sociedad, aunque ni consumamos, ni negociemos con los dichosos estupefacientes.

La gráfica que adjunto en este post es un reflejo precisamente de cómo la criminalidad ha aumentado cuando han habido negocios "prohibidos"; el primer pico data de la época de la prohibición del licor en Estados Unidos, y el segundo coincide con el período de la "guerra de las drogas". La tomé de un excelente artículo que revisa el caso de la prohibición del licor en la década de 1920 y la compara con la prohibición de las drogas en el último cuarto del siglo pasado. En el artículo se analizan varios aspectos incluído uno muy importante sobre el derecho constitucional en EStados Unidos, donde analiza que para hacer valer la "ley seca" se debió hacer un cambio constitucional, mientras que para implementar la "prohibición de las drogas" se pasó por encima de los preceptos constitucionales de aquel país.

Otro punto que el artículo recalca es que, si lo que se quiere es evitar que algunas personas se dañen a sí mismas por medio de las drogas, la "guerra contra las drogas" ha sido un completo fracaso ya que lo único que ha logrado es encarcelar y arruinarle la vida a muchísimos de esos que supuestamente dice querer "proteger". Y eso sin contar la innumerable cantidad de personas inocentes, a lo largo y ancho del mundo, que han sido afectados por los "efectos secundarios", tanto del narcotráfico como de quienes dicen combatirlo.

El artículo realmente es muy bueno y yo le recomiendo muy especialmente leerlo, ya que es muy ilustrativo. Lamentablemente sólo lo encontré en inglés y ahorita no lo puedo traducir. Si quiere leer algo en español, le recomiendo el libro de Alberto Benegas Lynch (H) que recomendé en mi artículo de ayer.

El tema da para mucho, por lo que los invito a seguir estudiándolo y a discutirlo.

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