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jueves, 28 de julio de 2011

¿Legalizar o no?


Para mi, es cuestión de principios.

Los recientes artículos que publiqué sobre la legalización de las drogas han motivado la discusión entre mis lectores. He recibido todo tipo de comentarios, desde unos muy respetuosos y bien intencionados hasta otros no tanto, lo cual es bueno, porque considero que es un tema que debemos debatir y discutir públicamente, y no cerrarnos simplemente por prejuicios. El argumento principal presentado a favor de continuar con la penalización de las drogas es que estas crean adicción, arruinan la salud y la vida de sus adictos y ocasionan problemas que llevan a la desintegración de la familia y de la sociedad.

Estas consecuencias son suficientes para que muchas personas justifiquen la penalización de su consumo y la consecuente guerra contra el narcotráfico.

Argumentos parecidos fueron los que motivaron la “prohibition” o ley seca en EE. UU., en las décadas de 1920 y 1930. De hecho, el senador Michael Volstead, impulsor de la nueva norma, declaró con optimismo: “El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales.

Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacías; los transformaremos en graneros y fábricas. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno.”

Pero lo que la historia nos muestra es que pasó todo lo contrario y no fue sino hasta después de varios años, millones de dólares en gastos para el Gobierno y una mafia poderosa y violenta, que los gobernados y gobernantes entendieron que el camino no era mantener la prohibición, sino levantarla y dejar que nuevamente los ciudadanos decidieran en forma responsable sobre sus actos y la forma en que deberían llevar sus vidas.

Yo sé que las drogas pueden arruinar las vidas de las personas que las consumen. Sé también que pueden tener efectos dañinos en su salud. Pero creo que esas no son razones suficientes para que los gobernantes se inmiscuyan en las decisiones privadas de cada persona. Creo que todas las personas tenemos el derecho de tomar nuestras propias decisiones sobre lo que queremos y podemos hacer, una vez estas decisiones no afecten el igual derecho que tienen todos los demás —con algunas calificaciones, como, por ejemplo, la minoría de edad—.

Amplío. Si alguien desea consumir drogas, licor o cigarros, a sabiendas de que pueden producirle un daño, está en todo su derecho. Ahora bien, si, bajo el efecto de alguna sustancia, comete una infracción o delito, debe pagar las consecuencias —con agravantes— de esa infracción o delito que cometa.

Esa creo que es la forma correcta de enfrentar los “vicios”. Prohibirlos por ley, por muy bienintencionadas y moralistas que puedan parecer las motivaciones de quienes así lo propongan, ya está comprobado hasta la saciedad, a lo largo de miles de años de historia, que no funciona. Y no se necesita siquiera conocer esa historia; en la actualidad podemos ver que a pesar de la guerra contra las drogas, cualquier persona, especialmente menores de edad, en cualquier parte del mundo, puede conseguir estupefacientes en el momento que así lo desee.

Pero las consecuencias funestas del tráfico ilegal de drogas como consecuencia de esa prohibición las sufrimos y pagamos millones de personas que no tenemos nada que ver en el asunto. ¿Es eso correcto? No.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 21 de julio de 2,011.
Enlace

viernes, 11 de enero de 2008

La cita de hoy - Albert Einstein


El prestigio del gobierno, sin lugar a dudas, se ha reducido considerablemente por la Ley de Prohibición. Ya que nada es más destructivo para el respeto al gobierno y a la ley de la tierra que pasar leyes que no se pueden hacer cumplir. Es un secreto abierto que el peligroso incremento del crimen en este país está estrechamente relacionado con esto.

Albert Einstein, en "Mis primeras impresiones sobre Estados Unidos" [1921], al hablar sobre la ley que prohíbia el consumo de bebidas alcohólicas en Estados Unidos durante la década de 1920.

viernes, 2 de marzo de 2007

Legalización de las drogas: ¿una blasfemia?


Mi artículo de ayer generó bastante controversia, principalmente porque la mayor parte de gente considera que utilizar drogas es malo, daña a la persona que la usa, y por tanto hay que evitar que la use. Yo no niego que utilizar droga sea dañino para la persona que lo hace, lo que es más, yo nunca he utilizado drogas, ni creo que sea bueno hacerlo, ni le recomendaría a nadie hacerlo y hasta trataría de convencerlo de que no lo haga. Pero de eso a querer imponerle esa convicción personal a la fuerza a los demás, hay mucha diferencia. De hecho, creo tanto en la libertad, que considero que cada persona tiene el derecho de hacer con su vida lo que quiera (incluso acabarla), siempre y cuando no viole el mismo derecho que tienen todos los demás. Eso para mi, resume la verdadera libertad.

Lo que yo digo, y creo que hay abundante evidencia, es que prohibir que alguien utilice drogas porque lo puede dañar a él, es incorrecto. El argumento que utilizan algunos para justificar esto es que bajo el efecto de las drogas podría cometer actos violentos o criminales en contra de los demás, y que por tanto, no hay que permitirle esa oportunidad. El problema es que este es un caso perfecto de la medicina que sale más costosa que la enfermedad, ya que por tratar de evitar que esta persona se haga daño a sí misma, o que pueda dañar a otros, se hace un daño mucho más grande a todos los miembros de la sociedad, del que se haría si algunos de los que consumieran la droga actuaran criminalmente.

Hacer ilícito el consumo de drogas hace que sea un negocio apetecible y muy enriquecedor para las mafias, quienes no escatimarán esfuerzos para asegurar su negocio, lo que genera una gran violencia, criminalidad, corrupción y, en general, un costo demasiado alto que debemos pagar todos los miembros de la sociedad, aunque ni consumamos, ni negociemos con los dichosos estupefacientes.

La gráfica que adjunto en este post es un reflejo precisamente de cómo la criminalidad ha aumentado cuando han habido negocios "prohibidos"; el primer pico data de la época de la prohibición del licor en Estados Unidos, y el segundo coincide con el período de la "guerra de las drogas". La tomé de un excelente artículo que revisa el caso de la prohibición del licor en la década de 1920 y la compara con la prohibición de las drogas en el último cuarto del siglo pasado. En el artículo se analizan varios aspectos incluído uno muy importante sobre el derecho constitucional en EStados Unidos, donde analiza que para hacer valer la "ley seca" se debió hacer un cambio constitucional, mientras que para implementar la "prohibición de las drogas" se pasó por encima de los preceptos constitucionales de aquel país.

Otro punto que el artículo recalca es que, si lo que se quiere es evitar que algunas personas se dañen a sí mismas por medio de las drogas, la "guerra contra las drogas" ha sido un completo fracaso ya que lo único que ha logrado es encarcelar y arruinarle la vida a muchísimos de esos que supuestamente dice querer "proteger". Y eso sin contar la innumerable cantidad de personas inocentes, a lo largo y ancho del mundo, que han sido afectados por los "efectos secundarios", tanto del narcotráfico como de quienes dicen combatirlo.

El artículo realmente es muy bueno y yo le recomiendo muy especialmente leerlo, ya que es muy ilustrativo. Lamentablemente sólo lo encontré en inglés y ahorita no lo puedo traducir. Si quiere leer algo en español, le recomiendo el libro de Alberto Benegas Lynch (H) que recomendé en mi artículo de ayer.

El tema da para mucho, por lo que los invito a seguir estudiándolo y a discutirlo.

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