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jueves, 18 de agosto de 2011

La seguridad que vale


Lo que atormenta a la mayoría de guatemaltecos es la criminalidad común y las extorsiones, no el narcotráfico.

A riesgo de ser incomprendido, desterrado y hasta linchado por las huestes políticamente correctas, me aventuro a publicar aquí lo que para mí debe ser la ocupación principal de quienquiera sea electo como nuestro mandatario —o sea, mandadero—: la seguridad. Obviamente, decir eso no tiene nada de controversial, lo que sí lo tiene es el cómo: cambie las prioridades, que la número uno sea combatir la criminalidad común y las últimas sean combatir al crimen organizado y al narcotráfico.

Aquí es donde muchos se rasgarán sus pulcras vestiduras, me hostigarán y me condenarán a pasar la eternidad en el quinto infierno.

Pero no hay nada de qué escandalizarse, es puro y simple sentido común. Los recursos siempre serán escasos y, por lo tanto, hay que invertirlos en aquello que pueda dar un mejor rendimiento, considerando siempre el corto, mediano y largo plazos. En el caso de la seguridad, cualquiera con un poco de observación podrá percatarse de que lo que tiene aterrada a la población no es el narco, ocupado en ver cómo lleva su droga a Estados Unidos, sino el asaltante, que lo puede matar en la esquina por un pinche celular, el ladrón que dos veces por semana le roba sus pertenencias en un bus urbano, el marero extorsionador del barrio que ha obligado a muchos a cerrar sus negocios y, en el peor de los casos, a abandonar sus viviendas. En el interior la cosa no es muy diferente, al grado de que en muchas comunidades se han organizado bajo la premisa de “ladrón visto, ladrón linchado”.

No hay que ser un “gran estadista” para entender que los pocos recursos que tenemos se deben invertir en aquello que más nos afecta a todos. Y es en garantizar la seguridad de todos los ciudadanos en lo que se deben invertir los recursos de los tributarios. Al fin y al cabo esa y la impartición de justicia son las razones primordiales por las cuales se organizan los Estados y pagamos impuestos.

¿Y qué pasa con el narcotráfico? Esa es una guerra que no solo no es nuestra sino que quienes, dizque están más interesados en combatirla, en la realidad no lo hacen. En Estados Unidos, el consumo de drogas se ha mantenido relativamente estable desde que se declaró oficialmente la “guerra contra las drogas”, hace 40 años.

Dicen que se acabó el narcotráfico en Colombia, pero no es cierto. Se redujo la violencia derivada del narcotráfico, sí. Se redujo un poco la producción de cocaína, sí. Pero en Colombia todavía se produce casi el 40% de toda la cocaína del mundo.

Otro ejemplo es Afganistán. Allí se produce casi el 70% del opio en el mundo. Cuando lo invadió el Ejército de Estados Unidos, de hecho se incrementó la producción y se ha mantenido estable durante los 10 años que ha estado ese ejército acampado allí. ¿Y entonces?

Uno de los candidatos con más posibilidades me argumentaba que algunos narcos han cometido delitos en nuestro territorio, a lo que le respondí que esos delitos sí hay que perseguirlos y evitarlos, pero combatir el trasiego de drogas es una causa perdida.

La única forma de acabar con el narcotráfico es legalizando las drogas, pero como para que eso pase todavía falta algún tiempo y muchas muertes, nosotros mejor ocupémonos en aquello que está a nuestro alcance y que se puede resolver con solo un poco de decisión y no muchos recursos. Y si eso no les parece suficiente, cuando hayan acabado con la criminalidad común, y solo en ese momento, entonces dedíquense a jugar su guerrita de las drogas.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 18 de julio de 2,011.

jueves, 30 de junio de 2011

Limosneros


El propósito del foro era conseguir más dinero para malgastarlo.

A raíz de la reunión de presidentes de la semana pasada, un amigo me envió un comentario que me parece interesantísimo compartir con ustedes. Recibí muchos comentarios sobre mi artículo de la semana pasada y mi postura sobre la legalización de las drogas, que espero contestar la próxima semana. Transcribo a continuación el comentario de mi amigo, AA (no de Alcohólicos Anónimos):

“Hace unos días se llevó a cabo en Guatemala una conferencia de seguridad en la cual los presidentes y expertos ‘enérgicamente’ le pidieron al gobierno de Estados Unidos más dinero para el combate del narcotráfico, aduciendo que sus recursos locales no son suficientes para sostener la lucha de varios años sin que se vean resultados positivos. Hillary Clinton, Secretaria de Estado de ese país, ofreció dar más ayuda para el combate del narcotráfico, pero hizo notar que la tributación tenía que aumentar en los países quejosos. ¡Increíble!

“Es el país consumidor por excelencia, reconocen aprox. el 85% del consumo de drogas, el resto va a Europa y otros países; la mayor parte del dinero de drogas se queda y se lava en EE. UU., mientras los países latinos ponemos los muertos y la violencia.

“Una de las conclusiones del foro fue crear un impuesto regional para el combate del narcotráfico. Irónicamente, el presidente de Colombia afirmó que en el mismo foro había gente comprometida con el tráfico de drogas. ¡Por supuesto que sí! El tema del foro no fue cómo solucionar el problema de las drogas, su tráfico, su consumo y la violencia consecuente; fue estudiar, justificar e implementar una nueva forma de sacarle más dinero a los ciudadanos de estos países.

“¡Qué vergüenza de presidentes! Comenzando por el de Guatemala, que tiene ya varios meses luchando por seguir incrementando el presupuesto y endeudando a los ciudadanos más pobres del país. ¡Qué vergüenza, qué falta de dignidad! Foro de limosneros que al final y con tal de aumentar las posibilidades de corrupción en sus respectivos países, aceptaron la presión del gran consumidor y que se queda con la mayor parte del dinero del narcotráfico, para intentar esquilmar más aún la precaria situación de sus ciudadanos.

“¡Hasta cuándo vamos a despertar latinoamericanos, hasta cuándo! A los gobernantes de EE. UU. y Europa les interesa que haya violencia en nuestros países, les interesa que no haya un clima de trabajo, producción e inversión en el área. Con la situación económica actual en el mundo, se necesitan inversiones frescas, pero, ¿cómo hacerlas en lugares de secuestros, crímenes y de justicia limitada y/o comprometida, de políticos corruptos fácilmente manipulables? Incluso los inversionistas latinoamericanos prefieren llevar su dinero a EE. UU. y Europa. ¡Pregúnteles! El capital solo tiene patria donde hay seguridad.

“Los políticos, tanto de EE. UU. como de Europa, presionan a nuestros no tan ingenuos políticos, para la creación de leyes que persiguen una información abierta sobre cuentas de bancos y activos generales, no tanto porque les interese ‘combatir el crimen’ sino para que haya temor en sus propios ciudadanos a invertir acá. ¿Por qué tardaron tanto en cuestionar las inmensas cuentas de los jeques árabes y de nuestros propios políticos latinoamericanos? Sus bancos usaban los fondos para circularlos entre sus ciudadanos para inversión y creación de puestos de trabajo a costillas de nuestras magras economías. ¡Esos son los ‘países amigos’!”

¿Usted qué opina de esta visión?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 30 de junio de 2,011.

jueves, 23 de junio de 2011

Ms. Clinton: End the war





War on drugs has failed. Legalization is the only way to go.

It is time for the US Government to acknowledge that more than 100 years of international drug control efforts have been wasted and drug trafficking is alive and thriving. The US$26 billion federal funds spent directly each year on failed drug control strategies would be much better used on educating people against wasting their lives on drugs and treating them than on trying to stop its illegal use. The war on drugs is an impossible win. The best example: Afghanistan where ten years of US military presence hasn't made even a small dent on the largest opium producer in the world.

According to a US Congressional Research Service report available at your State Department website, only 16 to 38 million people all over the world can be catalogued as "problem drug users" and they consume most of the drugs used in the world. However, due to the illegal standing of the drug bussines, half of all the "organized crime" —with all the violence, corruption and ungovernability it has spread all over the developing world— is dedicated to satisfy them.It is irrational to continue with this nonsense. Your government should accept the losses, legalize drugs and move on.

Los números simplemente no cuadran. Digan lo que digan y hagan lo que hagan, el consumo de las drogas continúa creciendo aún a pesar de las grandes cantidades de dinero que se han dedicado a su combate. Las reuniones como las de estos días en Guatemala solo sirven para desperdiciar más recursos de los tributarios en tratar de manera infructuosa de detener el tráfico y consumo de las drogas.

La triste realidad es que se han sobredimensionado los riesgos de que el consumo de drogas fuese legalizado y regulado, aduciendo que en ese momento muchísima más gente consumiría droga. La evidencia nos indica que, actualmente, cualquier persona que quiera consumir droga, aquí, en Estados Unidos, en Colombia o en casi cualquier otra parte del mundo, lo puede hacer, consiguiéndola relativamente fácil. Lo que es más, sería mucho más probable reducir el consumo de drogas por parte de menores si estas fueran legales y se regularan para evitar su venta a menores, que criminalizándolas como actualmente se hace.

Lo que se ha subdimensionado es el efecto corruptor, la violencia, la ingobernabilidad, así como las amenazas a la libertad que subyacen bajo muchas de las decisiones de políticas públicas tomadas bajo el paraguas de la "guerra contra las drogas". Mucha legislación que actualmente existe y se está imponiendo alrededor del mundo con la excusa de combatir el narcotráfico tiene el efecto de reducir considerablemente los derechos de todos los ciudadanos, sin que hasta la fecha haya tenido mayor efecto en lograr una reducción del narcotráfico.

Es obvio que para algunas personas y grupos de presión —yEnlace no me refiero solo a los narcotraficantes— la prohibición del consumo de drogas les ha brindado la oportunidad de oro para prosperar abundantemente. Pero esta prosperidad se logra a expensas de las vidas de muchísimas personas a lo largo y ancho del mundo "en vías de desarrollo" que ni consumen, ni producen, ni comercian con las drogas, pero sí sufren las consecuencias.

No, señora Clinton. La guerra no la están ganando, ni la pueden ganar. Las muertes de tanta gente inocente tampoco se puede compensar con unos millones de dólares de "ayuda". Lo que necesitamos es que tengan el valor de tomar la decisión correcta y descriminalizar el consumo de las drogas. ¿Es mucho pedir?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 23 de junio de 2,011.

Fuentes y lecturas interesantes:

- International Drug Control Policy, Congressional Research Service, Liana Sun Wyler.
Este informe es muy revelador.

- World Drug Report 2,010, United Nations Office on Drug and Crime

- National Drug Threat Assessment 2010, U.S. Department of Justice, National Drug Intelligence Center

- Global Commission on Drugs Report, Global Commission on Drugs

- Drug Decriminalization in Portugal: Lessons for Creating Fair and Successful Drug Policies, by Glenn Greenwal, Cato Institute

- Mexico's Failed Drug War, by Jorge Castañeda, Cato Institute

- The Budgetary Impact of Ending Drug Prohibition, by Jeffrey A. Miron and Katherine Waldock, Cato Institute

jueves, 17 de febrero de 2011

Medio crimen organizado


Para reducir el crimen organizado a la mitad, sólo falta una decisión.

La semana pasada, la organización Global Financial Integrity (Integridad Financiera Global) publicó un documento denominado “Transnational Crime in the developing world” (“El crimen transnacional en el mundo en vías de desarrollo”) que resume un estudio realizado a lo largo de dos años para tratar de dimensionar el crimen organizado en el mundo. Aunque los autores del estudio no tienen ese alcance, creo que este es un argumento más, y uno muy concluyente, de la solución para reducir el crimen organizado a la mitad de un solo plumazo: legalizar las drogas.

Según el estudio, el crimen organizado tiene ingresos a nivel mundial alrededor de los US$650 millardos anuales. Para ponerlos en perspectiva, las ventas de la empresa más grande del mundo, Wal-mart, fueron de US$419 millardos el año pasado, es decir, el crimen organizado es un negocio 55% más grande que el de la empresa formal más grande. Y para que se dé una idea mayor, la segunda empresa más grande del mundo, la petrolera Shell, tuvo ventas anuales de US$368 millardos el año pasado. O sea que el crimen organizado es casi el doble que la petrolera más grande del mundo.

Ahora bien, lo interesante del estudio es la división que hace de los ingresos por tipo de crimen. Investigaron 12 ramas del crimen organizado, pero las principales son dos: el narcotráfico, con ingresos estimados de US$320 millardos al año (49%), y las falsificaciones, con ingresos estimados de US$250 millardos (38%). Las otras 10 ramas apenas representan US$80 millardos (13%) de los ingresos del crimen organizado. El mismo estudio dice que, por la misma naturaleza del crimen organizado, las cifras no son exactas, pero lo cierto es que nos da una buena idea de las dimensiones del mismo y su división.

Si lo que se desea es reducir el crimen organizado, no existe, a mi manera de ver, ninguna otra opción que de un solo golpe pueda reducir a la mitad los ingresos, y por ende los incentivos para el crimen, que la legalización de las drogas. Simplemente no existe otra opción. Mientras sigan empecinados en la fallida “guerra contra las drogas”, lo único que van a lograr es incrementar los ingresos de quienes se dediquen a esa lucrativa área del crimen organizado.

El argumento de que no se puede hacer porque sería “claudicar ante el mal” no se sostiene ante la evidencia que va más allá de los números. Primero, los costos no tanto monetarios como en violencia, vidas y corrupción en la mayoría de países en “vías de desarrollo” son inmensamente más grandes y malignos que cualquier efecto que el consumo de las drogas pueda tener. Segundo, los resultados del “experimento” portugués luego de varios años de que se legalizó el consumo de drogas han sido muchísimo mejores que los vaticinados por quienes consideran que legalizar las drogas sería la hecatombe mundial. Tercero, varias décadas de experiencia ya deberían haber convencido hasta al más escéptico de que la prohibición de las drogas no reduce su consumo.

Por tanto, me parece inexcusable la oposición de muchos a la legalización de las drogas. De los políticos del mundo unidos lo entiendo porque, como se ha ido descubriendo poco a poco, muchos de ellos participan de esas jugosas “utilidades”. Pero del resto de la gente, sus “buenas intenciones” son insostenibles y, en alguna medida, responsables de tanta desgracia que nos ha traído la fracasada guerra contra las drogas. ¿Tan difícil es entenderlo?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 17 de febrero de 2,011.

Foto: Revista Wired.

jueves, 11 de junio de 2009

¿Bossa-roba?

Radar i boira

(foto por Ziga-Zaga)

Si el gobierno supuestamente ya no tiene ni para pagar el bono 14, ¿por qué esta compra?

La compra de US$100 millones que el Gobierno quiere realizar en Brasil presenta muchos interrogantes difíciles de responder. Lo que es peor, cada vez que los funcionarios tratan de justificar la compra suscitan más interrogantes que las que intentan aclarar.

Al principio iban a comprar aviones para combatir el narcotráfico, luego resultó que los aviones sólo eran el 20 por ciento de la compra y que el resto era para un equipo de radares. Ahora resulta que no sólo son radares, sino también “sensores”, y que ya no es un sistema de seguridad para combatir el narcotráfico, sino también para la “protección de nuestro legado”, y hasta metieron a la minería en el paquete. No me extrañaría que la próxima vez que traten de defender lo indefendible nos salgan con que poco falta para que sea la solución al “cambio climático”…

La realidad es muy distinta. En el mundo existen pocos proveedores de sistemas de radar, los cuales no son generalmente compatibles entre sí. En el caso de Latinoamérica, la gran mayoría de radares (más del 90 por ciento) son de una empresa española (filial de una gringa). Los únicos distintos son, casualmente, los brasileños, cosa que no debe extrañar si uno conoce un poco de historia y se recuerda que durante muchos años Brasil mantuvo una política de “sustitución de importaciones” hasta en el ámbito de la tecnología, al grado de que los brasileños, para tener acceso a computadoras debieron elaborar incluso sus “propias versiones” de los sistemas operativos.

La cosa es que en Guatemala, tanto el radar primario como los tres secundarios existentes son de la empresa española, incompatibles con los brasileños. Adicionalmente, Cocesna, que es el sistema de radares que controla el tráfico aéreo comercial regional, también utiliza esos sistemas. Pero el problema no sólo es de compatibilidad, sino también de costos.

Si lo que se quiere hacer es tener “controlado” todo el espacio aéreo guatemalteco, esto se puede lograr añadiendo cinco radares primarios en lugares estratégicos, conectados al sistema ya existente. A ojo de buen cubero, cada radar podría costar unos US$5 millones, con lo que la compra no debería ser mayor a los US$25 millones. Aviones de alcance, que son los que se necesitaría aquí si lo que quieren es “combatir el narcotráfico”, se pueden conseguir en poco más de US$1 millón cada uno. Si van a comprar seis aviones, ya vamos por unos US$33 millones. La pregunta es: ¿En qué se van a gastar los otros US$67 millones?

Todavía más, la pregunta debería ser: ¿Para qué gastarse ese dinero en un sistema “contra el narcotráfico”, cuando para principiar, ni es nuestra guerra y, además, ya los gringos tienen controlado el espacio aéreo de la región con sus Hawkeyes? Si no hacen más contra los aviones de los narcos, no es exactamente porque carezcan de información…

Si lo que quisieran es resolver los problemas de violencia y criminalidad, sería una mucho mejor inversión la compra de helicópteros policiales, que con una inversión menor de los US$5 millones podrían tener el suficiente equipo para tener las 24 horas, los 365 días del año, un helicóptero siempre sobrevolando la ciudad y listo para llegar a cualquier escena del crimen en pocos segundos.

Pero pareciera ser que esa no es la motivación. Lo único importante parece ser cómo justificar un gasto de US$100 millones. Mientras los gobernantes no aclaren todas estas interrogantes, la duda principal será: ¿estamos presenciando un robo a ritmo de Bossanova?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 11 de junio de 2,009.

jueves, 15 de marzo de 2007

Una mejor opción

La única forma de evitar que se vayan es la inversión.

Algunos califican la visita del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, como trascendental, otros como una visita "técnica". Lo que sí es cierto, es que de los temas que trató en Guatemala vale la pena comentar algunos desde una óptica especial.

Se habló por ejemplo del tema del narcotráfico, en donde el presidente estadounidense ofreció más apoyo a la famosa "guerra contra las drogas" pero reconoció que deben desincentivar a sus ciudadanos para que dejen de consumirla y comprarla. Como ya expresé mi postura sobre este tema, me limitaré aquí a decir que esa "guerra" es imposible ganarla y que mejor se debe tomar otra vía, como por ejemplo, un proceso de legalización del uso de las drogas.

Lo que sí llama la atención es un comentario hecho por el presidente Berger a su homólogo estadounidense. ¡No, no fue el de las tortillas con guacamol! En una de sus intervenciones el presidente arañó un atisbo de lucidez al expresar que en Santa Cruz Balanyá el éxodo de migrantes se ha detenido debido a la inversión y al trabajo que realiza la cooperativa Labradores Mayas (dato que por cierto era inexacto, ya que sí ha habido migración hacia el norte desde esa población). Y no fue sólo Berger; también el mandatario mexicano, Felipe Calderón, le explicó a Bush que “la emigración no se detiene por decreto”.

Y es que la verdadera razón por la que los guatemaltecos, y cualquier otro ciudadano del mundo, deciden dejarlo todo, abandonar sus raíces y arriesgar incluso la vida para llegar a Estados Unidos u otros países desarrollados es que en su lugar de origen no encuentran opciones de trabajo que les permitan satisfacer sus necesidades de manera decorosa, mientras que allá encontrarán muchas oportunidades de trabajo, las que, por lo visto, sobrepasan los riesgos de vivir en un mundo "informal".

Y ¿cuál es la diferencia? En pocas palabras: el nivel de inversión. Lo que se necesita para que la gente no se vaya de mojado es muchísima inversión. No poner un muro, ni incrementar las redadas y las deportaciones, ni criminalizar todavía más el simple hecho de cruzar una frontera sin el permiso adecuado; aún así la gente se seguirá marchando.

Mientras aquí no haya la suficiente inversión que permita elevar el nivel de productividad de los guatemaltecos y generar más y mejores empleos, la inmigración seguirá. Lo que hay que cambiar es el sistema que actualmente desincentiva la inversión en nuestro país. Hay que reducir y eliminar impuestos, quitar los obstáculos así como la animadversión a la inversión. La inmigración podrá ser ilegal, pero seguirá existiendo mientras no haya una mejor opción.

Al parecer en esta estadía de los doctores norteamericanos hizo falta llevar al oftalmólogo a pacientes importantes para ser curados de la miopía: a los gobernantes que viendo no ven.

Publicado en Prensa Libre el 15 de marzo de 2007. Foto Prensa Libre: Erlie Castillo.

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viernes, 2 de marzo de 2007

Legalización de las drogas: ¿una blasfemia?


Mi artículo de ayer generó bastante controversia, principalmente porque la mayor parte de gente considera que utilizar drogas es malo, daña a la persona que la usa, y por tanto hay que evitar que la use. Yo no niego que utilizar droga sea dañino para la persona que lo hace, lo que es más, yo nunca he utilizado drogas, ni creo que sea bueno hacerlo, ni le recomendaría a nadie hacerlo y hasta trataría de convencerlo de que no lo haga. Pero de eso a querer imponerle esa convicción personal a la fuerza a los demás, hay mucha diferencia. De hecho, creo tanto en la libertad, que considero que cada persona tiene el derecho de hacer con su vida lo que quiera (incluso acabarla), siempre y cuando no viole el mismo derecho que tienen todos los demás. Eso para mi, resume la verdadera libertad.

Lo que yo digo, y creo que hay abundante evidencia, es que prohibir que alguien utilice drogas porque lo puede dañar a él, es incorrecto. El argumento que utilizan algunos para justificar esto es que bajo el efecto de las drogas podría cometer actos violentos o criminales en contra de los demás, y que por tanto, no hay que permitirle esa oportunidad. El problema es que este es un caso perfecto de la medicina que sale más costosa que la enfermedad, ya que por tratar de evitar que esta persona se haga daño a sí misma, o que pueda dañar a otros, se hace un daño mucho más grande a todos los miembros de la sociedad, del que se haría si algunos de los que consumieran la droga actuaran criminalmente.

Hacer ilícito el consumo de drogas hace que sea un negocio apetecible y muy enriquecedor para las mafias, quienes no escatimarán esfuerzos para asegurar su negocio, lo que genera una gran violencia, criminalidad, corrupción y, en general, un costo demasiado alto que debemos pagar todos los miembros de la sociedad, aunque ni consumamos, ni negociemos con los dichosos estupefacientes.

La gráfica que adjunto en este post es un reflejo precisamente de cómo la criminalidad ha aumentado cuando han habido negocios "prohibidos"; el primer pico data de la época de la prohibición del licor en Estados Unidos, y el segundo coincide con el período de la "guerra de las drogas". La tomé de un excelente artículo que revisa el caso de la prohibición del licor en la década de 1920 y la compara con la prohibición de las drogas en el último cuarto del siglo pasado. En el artículo se analizan varios aspectos incluído uno muy importante sobre el derecho constitucional en EStados Unidos, donde analiza que para hacer valer la "ley seca" se debió hacer un cambio constitucional, mientras que para implementar la "prohibición de las drogas" se pasó por encima de los preceptos constitucionales de aquel país.

Otro punto que el artículo recalca es que, si lo que se quiere es evitar que algunas personas se dañen a sí mismas por medio de las drogas, la "guerra contra las drogas" ha sido un completo fracaso ya que lo único que ha logrado es encarcelar y arruinarle la vida a muchísimos de esos que supuestamente dice querer "proteger". Y eso sin contar la innumerable cantidad de personas inocentes, a lo largo y ancho del mundo, que han sido afectados por los "efectos secundarios", tanto del narcotráfico como de quienes dicen combatirlo.

El artículo realmente es muy bueno y yo le recomiendo muy especialmente leerlo, ya que es muy ilustrativo. Lamentablemente sólo lo encontré en inglés y ahorita no lo puedo traducir. Si quiere leer algo en español, le recomiendo el libro de Alberto Benegas Lynch (H) que recomendé en mi artículo de ayer.

El tema da para mucho, por lo que los invito a seguir estudiándolo y a discutirlo.

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jueves, 1 de marzo de 2007

Sistema corruptor

Problemas radicales, requieren soluciones radicales.

Mientras no se quite el incentivo de lo prohibido en los estupefacientes, el narcotráfico seguirá siendo un gran negocio que corromperá a casi cualquiera. No son excepciones ni los policías guatemaltecos, ni los funcionarios de la DEA ni mucho menos los de la ONU.

Si bien es cierto se han elucubrado muchas hipótesis alrededor de los sucesos recientes que desenmascararon lo que todos sabíamos pero nadie tenía pruebas: que algunos, si no muchos o incluso la mayoría de, policías son tanto o más criminales que los que dicen perseguir, lo cierto es que mucha –que no toda– de esta corrupción tiene sus raíces en un flagelo que afecta a toda Latinoamérica: el narcotráfico.

Pero este problema jamás se resolverá con la "guerra al narcotráfico". Esa es una guerra perdida de antemano. De hecho, mientras más leña se le hecha al fuego, mientras más "dura" sea la supuesta lucha, mejor negocio es. ¿Tan difícil será entender esto?

La única forma de acabar con esa espada de Damocles es legalizando el uso, tenencia y distribución de estupefacientes. Sí, aunque parezca una herejía.

La prohibición que pesa actualmente sobre esas sustancias es lo que les da un margen de utilidad (de riesgo, dirán algunos) tan alto que las convierte en un negocio atractivísimo para quien esté dispuesto a enfrentar los riesgos de actuar al margen de la ley. Ese nivel de rentabilidad es el que permite que quienes están en ese negocio tengan tantos excedentes que pueden comprar la voluntad de casi cualquiera, ya sea con plata o plomo.

El argumento que se utiliza para justificar la prohibición es que los estupefacientes arruinan la vida de quien los consume. Primero que nada, quiénes se creen los gobernantes que son para decidir por las personas qué es lo que más les conviene. Si alguien a sabiendas que esas sustancias le harán daño las quiere consumir, pues que lo haga, siempre y cuando no afecte a los demás. Y si los afecta, pues que se le aplique la ley (por las faltas o crímenes que cometan, no por el consumo).

Ahora bien, lo irónico del caso es que ahorita, aunque sean completamente prohibidas, de todos modos las personas las continúan usando (yo incluso argumentaría que no es a pesar de que son prohibidas sino porque lo son), pero con el agravante de toda la violencia, asesinatos, crímenes y corrupción que afecta a todo el mundo.

Ese costo social tan alto que todos los que ni consumimos, ni comerciamos, ni tenemos nada que ver con las drogas tenemos que pagar por causa de esa enfermiza y absurda terquedad de los gobernantes que se creen guardianes de la moralidad de las masas no se justifica bajo ninguna excusa. Mientras no se resuelva esto, todo lo demás no es más que inútiles ajustes cosméticos.

P.S.: Si quiere conocer más sobre este tema, le recomiendo leer el libro "La tragedia de la drogadicción" de Alberto Benegas Lynch (H).




Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 1 de marzo de 2007

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