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jueves, 2 de junio de 2011

Rafa Pilatos


¡Qué fácil lavarse las manos!

Aunque haya a quien el “pronunciamiento” del vicepresidente Espada le parezca encomiable y digno, a mí me parece que es un tardío reconocimiento del total fracaso y desfachatez de la actual administración y una conveniente lavada de manos para quien, pudiendo haber hecho, o al menos dicho, algo mucho tiempo atrás, es plenamente corresponsable del desmadre en que actualmente se encuentra Guatemala.

No nos olvidemos de que él es el segundo a bordo del Ejecutivo y el responsable, constitucionalmente, de las decisiones en materia económica que toma el Gobierno. Que en la práctica haya sido un cero a la izquierda en esta administración no lo exime de todas las malas decisiones tomadas “en gabinete”, de los malos manejos de fondos, del desvío de miles de millones de quetzales malgastados en la campaña de la ex primera dama, una de las que califican entre lo que él llama tímida y tangencialmente a que los tribunales “procesen conforme a derecho”.

No nos debe extrañar esta lavada de manos a poco más de seis meses de concluir su mandato. Tanto él como el presidente Colom parecen finalmente entender que su tiempo se acaba, que el poder y sus mieles —no así sus dineros— son efímeros y que el juicio de la historia los va a arrollar dentro de poco.

El presidente, ya casi al final de su mandato, todavía les echa la culpa de todo lo que sucede a los gobiernos anteriores, con lo que tácitamente reconoce que su administración no ha hecho nada que valga la pena. Desde el inicio fue claro que la seguridad no era su tema y que si la queríamos había que pagar más impuestos porque los que ya se pagaban se iban a utilizar para la campaña de su esposa, digo, para sus “programas sociales”.

Hasta hoy, siguen chantajeando con que si no se aprueba una ampliación presupuestaria, no habrá seguridad, pero cuando uno revisa la dichosa ampliación resulta que la mayoría de los fondos “ampliados” van a dar a los lugares de donde se saca dinero para los “programas sociales”, y todavía con la desfachatez de exigir que se quiten los candados que evitan el traslado a los mismos.

Y aún así el presidente pide que “confiemos en él”, que no serán utilizados para fines políticos. Sí, como no.

El vicepresidente, en su pronunciamiento afirma que vivimos en momentos de crisis, de gasto público “desordenado” que “desata calamidades”, y lo que hace es “exhortar públicamente” a sus colegas del Gobierno Central a “conducir con honor y sentido de Estado”. ¡Hipócrita!

Si a lo que se refiere es a que están robando dinero y haciendo malos manejos con el dinero de los tributarios enfrente de sus narices, lo mínimo que debería hacer es renunciar y presentar las denuncias correspondientes. Si tan solo él mismo hiciera honor a la “transparencia” que solicita de los demás.

A estas alturas de una partida tan deplorable, exhortar al “honor y sentido de Estado” a sus compinches que ha apañado y defendido durante tanto tiempo es una bofetada para los guatemaltecos.

Se equivoca el vicepresidente al decir que llevamos 200 años de vida republicana. Precisamente porque no vivimos en una verdadera república es que sus “colegas”, él y muchos de los que los han antecedido han sido capaces de llevarnos a la “hora crítica” actual. Pero, claro, es mucho pedir de él que entienda la diferencia entre democracia y república.

No, don Rafa. Ese pronunciamiento no basta para lavarle las manos.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 2 de junio de 2,011.

Foto: Cuadro "Pilatos lavando sus manos" de Jan Lievens. Museo Stedelijk de Amsterdam.

jueves, 5 de mayo de 2011

La victoria de Bin Laden


Creo que Osama Bin Laden logró incluso más de lo que esperaba.

La muerte de Osama Bin Laden cierra un nuevo capítulo en la historia del mundo; sin embargo, las repercusiones de sus actuaciones todavía están por venir; quién sabe si en las próximas décadas o incluso siglos. Desde mi punto de vista, Osama logró lo que nadie antes soñó alcanzar: sentar las bases para el deterioro y posible final de ese interesante experimento sobre lo que se puede lograr en un sistema basado en una república liberal, como lo es (o fue) Estados Unidos.

Me explico. Como consecuencia del ataque a las Torres Gemelas, en septiembre del 2001, cambiaron las reglas en Estados Unidos, al grado de que, utilizando principalmente la excusa de la “Guerra contra el terrorismo”, aunque también, en parte, la de la “Guerra contra las drogas”, redujeron y/o eliminaron las garantías de los derechos individuales, que son el alma del sistema que les permitió prosperar tanto durante más de dos siglos. Si los “padres fundadores” vieran lo que han hecho del sistema que tanto les costó establecer, seguramente se horrorizarían.

Por supuesto que muchos dirán que esas son nimiedades y “costos necesarios” a pagar por la “seguridad”, pero quienes así lo ven son víctimas del cortoplacismo que tanto nos afecta en la actualidad. No se dan cuenta de que en el largo plazo lo que ahora ven como una victoria se podría convertir en su destrucción. No se percatan de que institucionalizar el que “el fin justifica los medios” no puede acarrear buenas consecuencias.

Hay que ver esto en la perspectiva del largo plazo, en el de la historia. El mejor ejemplo que tenemos de algo similar es Roma. Esta se hizo grande y próspera durante el medio milenio que duró la República. Pero su final se empezó a gestar precisamente cuando esta terminó y empezó el Imperio. Por supuesto que en ese momento también inició su época de mayor prosperidad y paz, la de los dos siglos de la Pax Romana, pero las bases ya estaban puestas para que otro medio milenio más tarde colapsara. De hecho, podemos decir que empezó a morir en ese momento, aunque la gran inercia que traía le permitió todavía prosperar más durante algún tiempo y que tardara 500 años en sufrir las consecuencias.

En el caso de Estados Unidos, en un sentido estricto, el punto de inflexión se dio a partir de finales del Siglo XIX, con la aprobación de la ley “antimonopolio” Sherman y siguió luego con los cambios constitucionales de principios del siglo XX; sin embargo, creo que el golpe de gracia se dio a partir del ataque a las Torres Gemelas. Repito, estos son procesos de largo plazo y podrán pasar siglos antes de que se vean sus verdaderas consecuencias, pero lo importante es que las bases ya están sentadas.

Ahora bien, la historia nunca está escrita con anterioridad y las cosas pueden cambiar en el camino. ¿Qué hubiera pasado si en medio de la Pax Romana el Imperio se hubiese revertido a la República? Muy probablemente hubiéramos llegado a la modernidad mil 500 años antes. ¿Sabía usted, por ejemplo, que justo en esa época se desarrollaron las bases para el motor a vapor, tecnología que luego de la caída del imperio se perdió por un milenio y que después impulsó la revolución industrial?

Así también, Estados Unidos todavía está a tiempo de revertir su sistema hacia los principios republicanos liberales de un Estado de Derecho establecidos por los “padres fundadores”. Lamentablemente no se oyen muchas voces que promuevan esto, ni dentro ni fuera. ¿Será que Osama terminará saliéndose con la suya?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 5 de Mayo de 2,011.

jueves, 10 de febrero de 2011

El dilema egipcio


Es un excelente momento para retomar los principios de la república.

Ante la situación en Egipto, muchos se han planteado el dilema que presenta para los “demócratas” (en el sentido de que apoyan la democracia), por un lado, estar de acuerdo en terminar una dictadura de 30 años, pero por el otro enfrentar la perspectiva de que la alternativa puede ser peor, porque “democráticamente” se podría convertir en un país islamista y fundamentalista.

Yo creo que este dilema, que ya lo he visto planteado por muchas personas en distintos países y que parece ser la principal preocupación de muchos analistas y gobernantes, nos presenta una oportunidad de oro para aclararnos las ideas y rescatar los conceptos, no solo como discusión académica, sino como algo vital para el futuro de al menos los 80 millones de habitantes de Egipto, aunque realmente afecta el futuro de muchísimos millones más de personas alrededor del mundo, incluyéndonos a los guatemaltecos.

Y me refiero básicamente a que ha llegado el momento de retomar el concepto de la república versus el de la democracia. Actualmente la democracia, cuyo significado es el gobierno de la mayoría, se ha convertido en un sinónimo del sufragio universal a tal grado que en cualquier lugar donde haya elecciones ya se dice que hay democracia. En la práctica, la democracia se convierte en el gobierno casi irrestricto de una minoría, electa cada cierto tiempo por la mayoría. Quizá el ejemplo más representativo de los extremos a los que se puede llegar a través de gobiernos “democráticamente” electos es el de Adolfo Hitler y su partido Nacional Socialista. Pero no tenemos que ir tan lejos y tan atrás en la historia, ya que aquí cerca tenemos actualmente varios ejemplos de presidentes electos “democráticamente” y que quieren —y muy probablemente lo logren— eternizarse como “dictadores democráticos”.

No nos debe extrañar que uno de los resultados sea el “desencanto” con la democracia en muchas personas que ven cada cierto tiempo cómo llegan los vendedores de espejitos ofreciéndoles el oro y el morro a cambio de su voto, pero que, una vez lo obtienen y logran hacerse del poder, “si te vi, no te conozco”.

Y es precisamente por ese trasfondo que muchos temen lo que pueda pasar en el Egipto post Mubarak. Es decir, creen que luego serían electos “democráticamente” líderes islamistas que tardarían poco en convertir al país en el nuevo Irán.

Es aquí donde entra el concepto de la república, cuyo cimiento es la defensa de los derechos de todos sus integrantes, incluidas todas las minorías, hasta la más pequeña, que es la del individuo, a través de normas generales y abstractas que permitan una convivencia pacífica y limiten el poder discrecional de quienes detentan el poder. El sufragio universal, por supuesto, forma parte de la república; de hecho es uno de sus logros, pero este no autoriza a quienes ejercen el poder a abusar de los demás.

Esta es la diferencia fundamental entre república y democracia. Y si lo entendemos veremos por qué es tan importante que ahora que en Egipto existe la posibilidad de iniciar un nuevo sistema deben abogar porque se instaure una república y no una democracia. El problema no son los grupos fundamentalistas, sino el sistema que les permite, a ellos o a cualquier otro, abusar del poder.

Y ya que estamos en eso, ese cambio en el sistema no solo es bueno y necesario para los egipcios; también lo es para los guatemaltecos. De ahí la importancia de que la propuesta de Proreforma vaya a consulta popular.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 10 de febrero de 2,011.