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jueves, 25 de agosto de 2011

Usted es la diferencia

Su voto es crucial para evitar los abusos de poder.

Aunque nuestra Constitución dice que Guatemala es una república, la realidad dista mucho de ese ideal; a lo más que podemos aspirar actualmente es a una democracia incipientemente decadente. La diferencia principal es que en la República nadie está por encima de la ley, y esta protege los derechos individuales de todos los habitantes. Parece un ideal tan sencillo pero es tan difícil de alcanzar que muy pocas veces en la historia algunas sociedades se le han acercado. Eso sí, cuando lo han hecho el progreso de la humanidad se ha acelerado considerablemente.

El problema de la democracia es que tarde o temprano degenera al punto donde los políticos que aprenden a manipular el sistema para vivir muy bien de él siempre paran abusando del poder en su propio beneficio y el de sus cercanos, en detrimento del resto de la población.

La solución de fondo es encaminarnos a una verdadera república, que es lo que pretende empezar a hacer la propuesta de ProReforma. Pero mientras llegamos a ese punto, hay otras cosas que los ciudadanos podemos hacer, siendo la principal evitar que algún político pueda hacerse de demasiado poder. En nuestro caso particular, la mejor forma de lograr eso es evitando que cualquier partido tenga mayoría en el Congreso.

¿Por qué? Porque debido a la forma en que muchas personas en Guatemala votan, generalmente los partidos que más posibilidades tienen de llegar a dirigir el Organismo Ejecutivo también serán quienes mayor número de diputados tendrán. En un caso extremo, como los que se daban antes en Guatemala y que esperamos no se repitan, el mismo partido que dirige el Ejecutivo tiene también la mayoría de diputados, y eso hace que se elimine la separación de poderes, convirtiendo al Congreso en una simple oficina de trámites para quien se transforma, prácticamente, en un dictador “democráticamente” electo.

Así que, indistintamente de cuáles sean sus preferencias presidenciales, yo le invito a que reflexione bien su voto para diputados, tanto los de la lista nacional como los de la lista distrital. Aún si su preferencia es por los candidatos que actualmente encabezan las encuestas, no vote a ciegas por los candidatos del mismo partido, sino analice también las otras posibilidades disponibles.

Si usted contribuye a que quienes lideran las encuestas —los primeros dos puestos, que son los que más probablemente pasen a la segunda vuelta— no tengan una mayoría en el Congreso, le hará un gran favor no solo a todos los guatemaltecos, sino a los mismos candidatos presidenciales, al evitarles ser envueltos por el manto corruptor del poder absoluto.

No tenga pena de que su candidato no obtenga suficientes diputados. La mayoría de votantes no hacen esta reflexión y votan “en línea” por el mismo partido, así que está en sus manos evitar que el sistema se siga degradando. ¡Vote cruzado!

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 25 de agosto de 2,011.

jueves, 2 de junio de 2011

Rafa Pilatos


¡Qué fácil lavarse las manos!

Aunque haya a quien el “pronunciamiento” del vicepresidente Espada le parezca encomiable y digno, a mí me parece que es un tardío reconocimiento del total fracaso y desfachatez de la actual administración y una conveniente lavada de manos para quien, pudiendo haber hecho, o al menos dicho, algo mucho tiempo atrás, es plenamente corresponsable del desmadre en que actualmente se encuentra Guatemala.

No nos olvidemos de que él es el segundo a bordo del Ejecutivo y el responsable, constitucionalmente, de las decisiones en materia económica que toma el Gobierno. Que en la práctica haya sido un cero a la izquierda en esta administración no lo exime de todas las malas decisiones tomadas “en gabinete”, de los malos manejos de fondos, del desvío de miles de millones de quetzales malgastados en la campaña de la ex primera dama, una de las que califican entre lo que él llama tímida y tangencialmente a que los tribunales “procesen conforme a derecho”.

No nos debe extrañar esta lavada de manos a poco más de seis meses de concluir su mandato. Tanto él como el presidente Colom parecen finalmente entender que su tiempo se acaba, que el poder y sus mieles —no así sus dineros— son efímeros y que el juicio de la historia los va a arrollar dentro de poco.

El presidente, ya casi al final de su mandato, todavía les echa la culpa de todo lo que sucede a los gobiernos anteriores, con lo que tácitamente reconoce que su administración no ha hecho nada que valga la pena. Desde el inicio fue claro que la seguridad no era su tema y que si la queríamos había que pagar más impuestos porque los que ya se pagaban se iban a utilizar para la campaña de su esposa, digo, para sus “programas sociales”.

Hasta hoy, siguen chantajeando con que si no se aprueba una ampliación presupuestaria, no habrá seguridad, pero cuando uno revisa la dichosa ampliación resulta que la mayoría de los fondos “ampliados” van a dar a los lugares de donde se saca dinero para los “programas sociales”, y todavía con la desfachatez de exigir que se quiten los candados que evitan el traslado a los mismos.

Y aún así el presidente pide que “confiemos en él”, que no serán utilizados para fines políticos. Sí, como no.

El vicepresidente, en su pronunciamiento afirma que vivimos en momentos de crisis, de gasto público “desordenado” que “desata calamidades”, y lo que hace es “exhortar públicamente” a sus colegas del Gobierno Central a “conducir con honor y sentido de Estado”. ¡Hipócrita!

Si a lo que se refiere es a que están robando dinero y haciendo malos manejos con el dinero de los tributarios enfrente de sus narices, lo mínimo que debería hacer es renunciar y presentar las denuncias correspondientes. Si tan solo él mismo hiciera honor a la “transparencia” que solicita de los demás.

A estas alturas de una partida tan deplorable, exhortar al “honor y sentido de Estado” a sus compinches que ha apañado y defendido durante tanto tiempo es una bofetada para los guatemaltecos.

Se equivoca el vicepresidente al decir que llevamos 200 años de vida republicana. Precisamente porque no vivimos en una verdadera república es que sus “colegas”, él y muchos de los que los han antecedido han sido capaces de llevarnos a la “hora crítica” actual. Pero, claro, es mucho pedir de él que entienda la diferencia entre democracia y república.

No, don Rafa. Ese pronunciamiento no basta para lavarle las manos.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 2 de junio de 2,011.

Foto: Cuadro "Pilatos lavando sus manos" de Jan Lievens. Museo Stedelijk de Amsterdam.

jueves, 10 de febrero de 2011

El dilema egipcio


Es un excelente momento para retomar los principios de la república.

Ante la situación en Egipto, muchos se han planteado el dilema que presenta para los “demócratas” (en el sentido de que apoyan la democracia), por un lado, estar de acuerdo en terminar una dictadura de 30 años, pero por el otro enfrentar la perspectiva de que la alternativa puede ser peor, porque “democráticamente” se podría convertir en un país islamista y fundamentalista.

Yo creo que este dilema, que ya lo he visto planteado por muchas personas en distintos países y que parece ser la principal preocupación de muchos analistas y gobernantes, nos presenta una oportunidad de oro para aclararnos las ideas y rescatar los conceptos, no solo como discusión académica, sino como algo vital para el futuro de al menos los 80 millones de habitantes de Egipto, aunque realmente afecta el futuro de muchísimos millones más de personas alrededor del mundo, incluyéndonos a los guatemaltecos.

Y me refiero básicamente a que ha llegado el momento de retomar el concepto de la república versus el de la democracia. Actualmente la democracia, cuyo significado es el gobierno de la mayoría, se ha convertido en un sinónimo del sufragio universal a tal grado que en cualquier lugar donde haya elecciones ya se dice que hay democracia. En la práctica, la democracia se convierte en el gobierno casi irrestricto de una minoría, electa cada cierto tiempo por la mayoría. Quizá el ejemplo más representativo de los extremos a los que se puede llegar a través de gobiernos “democráticamente” electos es el de Adolfo Hitler y su partido Nacional Socialista. Pero no tenemos que ir tan lejos y tan atrás en la historia, ya que aquí cerca tenemos actualmente varios ejemplos de presidentes electos “democráticamente” y que quieren —y muy probablemente lo logren— eternizarse como “dictadores democráticos”.

No nos debe extrañar que uno de los resultados sea el “desencanto” con la democracia en muchas personas que ven cada cierto tiempo cómo llegan los vendedores de espejitos ofreciéndoles el oro y el morro a cambio de su voto, pero que, una vez lo obtienen y logran hacerse del poder, “si te vi, no te conozco”.

Y es precisamente por ese trasfondo que muchos temen lo que pueda pasar en el Egipto post Mubarak. Es decir, creen que luego serían electos “democráticamente” líderes islamistas que tardarían poco en convertir al país en el nuevo Irán.

Es aquí donde entra el concepto de la república, cuyo cimiento es la defensa de los derechos de todos sus integrantes, incluidas todas las minorías, hasta la más pequeña, que es la del individuo, a través de normas generales y abstractas que permitan una convivencia pacífica y limiten el poder discrecional de quienes detentan el poder. El sufragio universal, por supuesto, forma parte de la república; de hecho es uno de sus logros, pero este no autoriza a quienes ejercen el poder a abusar de los demás.

Esta es la diferencia fundamental entre república y democracia. Y si lo entendemos veremos por qué es tan importante que ahora que en Egipto existe la posibilidad de iniciar un nuevo sistema deben abogar porque se instaure una república y no una democracia. El problema no son los grupos fundamentalistas, sino el sistema que les permite, a ellos o a cualquier otro, abusar del poder.

Y ya que estamos en eso, ese cambio en el sistema no solo es bueno y necesario para los egipcios; también lo es para los guatemaltecos. De ahí la importancia de que la propuesta de Proreforma vaya a consulta popular.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 10 de febrero de 2,011.

jueves, 11 de febrero de 2010

¿Es usted demócrata?

¿Tiene derecho la población a elegir lo que más le conviene?










Mi artículo de la semana pasada, sobre la importancia de que sea la población quien decida si acepta o no las reformas a la Constitución propuestas por ProReforma, generó muchos comentarios. De los mismos deduzco que muchos defienden la "democracia" del diente al labio, pero a la hora de la hora preferirían la tiranía.

Debo aclarar que no defiendo la democracia como un fin en sí misma, sino simplemente como un sistema de toma de decisiones públicas que debe estar enmarcado dentro de un estado de Derecho en donde se respeten los derechos individuales de todas las personas. Esto tiene como corolario que ni aún la "mayoría" pueda utilizar el poder ni la "democracia" para violar los derechos de ninguno de los habitantes de un país, por muy minoría que sean.

Dicho esto, estoy convencido de que la propuesta de ProReforma, a mi mejor juicio y entender, lo que busca es precisamente que vivamos en un estado de Derecho en donde se respeten los derechos individuales de todos los habitantes de Guatemala. Y como siempre hay quienes dicen que uno solo habla y critica pero no propone soluciones, pues esta es la solución que proponemos.

Ahora bien, quienes no creen que este sea el camino a seguir, sino otro, yo los invito a que también hagan uso de las herramientas de la democracia para proponer sus soluciones. Si no está de acuerdo con la propuesta de ProReforma porque no cree que sirva o cree que es perjudicial, no menoscabe la "democracia" oponiéndose a que se lleve a Consulta Popular, sino haga una campaña planteando sus argumentos para convencer a la gente que vote en contra de ProReforma. ¿O es que no cree en realidad en la democracia?

Si usted cree que las reformas que hay que hacer son otras y no estas, lo invito a que siga el procedimiento que establece nuestra Constitución, como ya lo hicimos en ProReforma. Plantee su propuesta, consiga por lo menos a cinco mil personas que la apoyen —en ProReforma conseguimos más de 73 mil— y preséntela al Congreso para que luego vaya a Consulta Popular. Ese es el procedimiento a seguir y en ProReforma ya lo hicimos. ¿Por qué no lo hace usted?

Hay otros dos argumentos que surgen en muchos comentarios. Uno es que el "pueblo" guatemalteco es muy ignorante y analfabeta y por lo tanto no tiene criterio para tomar decisiones tan importantes. A ese argumento respondo: primero, que no hay que despreciar el sentido común de las personas, por muy "ignorantes" o analfabetas que sean. Segundo, este realmente es un argumento en contra de la democracia, ya que lo mismo se podría decir de la elección de presidentes y diputados. Tercero, si usted realmente cree eso, entonces lo que debería hacer es proponer una reforma constitucional que establezca requisitos mínimos para los votantes, como por ejemplo, que hayan cursado la primaria. Si eso es lo que realmente cree, sea consecuente y pida esos cambios, pero no se oponga a la consulta de ProReforma menospreciando a los guatemaltecos que no son tan inteligentes como usted.

Por último, hay otro argumento que indica que Guatemala "no está preparada para la igualdad ante la ley", aduciendo que hay muchas desigualdades. Yo creo que ese argumento está equivocado. Lo que se quiere es que todos nos desarrollemos y todos prosperemos, y para ello se necesita un sistema en el que se respeten igualmente los derechos de todos, de pobres y ricos, analfabetas y letrados, indígenas y ladinos, hombres y mujeres. ¿Usted qué opina?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 11 de febrero de 2,010.

Foto: proreforma.org.gt

jueves, 28 de junio de 2007

Indecisos

No importa que no sepa por quién votar para presidente.

La principal constante en los resultados de todas las encuestas sobre las próximas elecciones que se han publicado es la indecisión. Es tan grande que, si fuera candidata, quizás ganaría la Presidencia en primera vuelta. Pero ese dato estadístico no es más que un reflejo de la decepción de la ciudadanía por el sistema de gobierno actual.

Estamos a poco más de dos meses de la primera vuelta y la gente está indecisa, no sabe por quién votar para presidente, está en el proceso de despejar la ecuación del candidato menos peor.

Aunque es fácil entender que la mayoría de esos indecisos está decepcionada del sistema, es más difícil llegar a las verdaderas causas de la decepción. Le aseguro que la mayoría de los indecisos mismos no logra dar en el clavo de esa razón y se conforma con pensar que, si encontrara al candidato “ideal", otro gallo cantaría.

Sin embargo, la cosa no es así. No importa quién llegue a la Presidencia, con el actual sistema, benefactor-mercantilista, tiene todas las posibilidades de “fracasar” en el intento y que cuatro años después sea tenido como el mal presidente que no cumplió sus promesas y decepcionó a la ciudadanía, la que, una vez más tratará, de encontrar al escurridizo candidato “ideal”. No crea que es por casualidad que ningún partido en las décadas recientes se ha repetido en el poder.

Por eso es mi insistencia en que lo que necesitamos no es que llegue el presidente “perfecto" (que no existe) sino un cambio del sistema. Mientras no se cambie el sistema, cada cuatro años se añadirá un desencanto más, hasta que llegue el día en que los ciudadanos, creyendo que el problema es la “democracia”, optarán por pedir un dictador sin percatarse de que, en lugar de mejorar, van directos al despeñadero (como ya lo están empezando a ver hasta los venezolanos defensores de Chávez).

Y ¿cómo cambiar el sistema?, se preguntará. Pues creo que una buena opción es la propuesta de Pro Reforma (www.proreforma.org.gt), por lo que lo invito a estudiarla y, si lo convence, apoyarla.

Pero como por buena que sea no se puede implementar en el par de meses que nos faltan para las elecciones, le pido que reflexione un poco sobre la única alternativa que tenemos, por el momento, para por lo menos intentar reducir las posibilidades de que se den excesos de abuso de poder en la siguiente administración: evitar las aplanadoras en el Congreso.

Según las mismas encuestas, a menos que se dé alguna sorpresa en los próximos meses, ya está claro quiénes tienen más posibilidades de llegar al Guacamolón. Pues bien, aunque usted no vaya a votar por nadie para presidente, decídase a votar por alguien al Congreso que pueda hacer oposición a las bancadas mayoritarias, especialmente a la que sea la oficial. No serán los diputados “perfectos” (porque tampoco existen), pero por lo menos servirá para balancear un poco el poder. Piénselo.

Publicada en Prensa Libre el 28 de junio de 2007.