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jueves, 15 de septiembre de 2011

Lecciones Electorales

Se deben aprender varias lecciones de esta votación.

Las votaciones del domingo nos dejaron muchas lecciones que aprender y la oportunidad de corregirlos para el futuro. Para muchos hubo bastantes sorpresas, para algunos, las sorpresas nos salieron de donde no esperábamos. Lo importante es reflexionar sobre lo que se puede aprender. La principal sorpresa para mí fue la falta de información la noche electoral. Eso no había pasado en las elecciones anteriores. Hasta la famosa noche de “la ramita” ya se tenía algo de información antes del apagón. De lo poco que he podido averiguar, entiendo que hubo dos problemas.

Uno fue el canal de comunicación entre los centros de votación y el centro de cómputo. Y el otro con el servidor de información pública —el de la información que se ve en internet—. Esos son errores o problemas técnicos que no debieran haber tenido mayor trascendencia, de no ser porque la comunicación no se manejó bien.

Se debió haber aclarado cuál era el problema en lugar de dar explicaciones no creíbles. Se debió también poner una computadora conectada al sistema en la que la Prensa pudiese ver la información que iba entrando. Pero no se hizo y todos los que estábamos en el centro de cómputo nos fuimos ya en la madrugada sin tener la más mínima idea de lo que pasaba. Ese error de comunicación dio pie para que se levantaran muchos rumores sobre “lo que estaba pasando”. Esto se debe corregir para la segunda vuelta.

Luego están los resultados. Esos a mí no me sorprendieron aunque a muchos sí. Los porcentajes finales estaban en línea con lo que yo esperaba. Desde que la candidata oficial quedó fuera de la contienda, sabíamos que en sus mítines pedía que votaran por Baldizón, por lo que no es de extrañar los votos que recibió: por lo menos la mitad serían atribuibles al partido oficial. Esto se confirma aún más con los resultados al Congreso, donde fue ese partido el que recibió los votos y no Líder.

El que ya no estuviese la candidata oficial, también influyó en que muchos votaran por candidatos que tenían menores posibilidades, lo que también abonaba a que hubiese una segunda vuelta. Esta ventaja ya no la tendrá Líder en la segunda vuelta, por lo que a pesar de las “alianzas” que haga, la batalla se le presenta cuesta arriba.

La conformación del Congreso tuvo varias sorpresas, siendo la principal el arrastre que todavía tiene Alfonso Portillo. Algunos partidos, como el FRG y los Unionistas se salvaron por pelitos y otros como ADN terminaron su carrera sin diputados.

Lo que no fue sorpresa para mí fue que las personas cada vez más han aprendido a votar cruzado. Si bien es cierto todavía la mayoría vota “en línea”, cada vez más personas razonan su voto de manera distinta entre los presidenciables e incluso entre las listas nacional y distrital. Eso es bueno. Creo que todos hemos tenido oportunidad de aprender algo en esta elección. Ojalá que se corrijan los problemas para la segunda vuelta.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 15 de septiembre de 2,011.

jueves, 8 de septiembre de 2011

La hora de la verdad

Todos los plazos se cumplen, y este no es la excepción.

Llegó la hora de la verdad. La hora en que todos tenemos la oportunidad de escoger a nuestros “mandatarios” —léase bien; eso significa mandaderos, quienes ejecutan las órdenes, no quienes las dan; estos, por lo menos en teoría, somos los ciudadanos—. Para muchos es un momento de esperanza, de cambio, de mejoras; pero para otros es más de lo mismo: solo cambiar de ladrones, y para otro gran grupo, es una pérdida de tiempo y de recursos, o le es simplemente indiferente. Yo sí creo que las elecciones son importantes, por diversas razones.

La razón más importante es que creo que esta elección permitirá que empiece un cambio en el Congreso. Si bien es cierto, el 80 por ciento de los actuales diputados busca la reelección; no creo que todos lo logren. Y entre los nuevos que lleguen, tengo la esperanza —espero que no ingenua— de que se abra la puerta para comenzar un cambio en el sistema. Lo que realmente necesitamos es una transición hacia una verdadera República, en la cual los mandatarios estén sujetos a la ley y que ni ellos ni la “mayoría” pueda pasar por encima de los derechos individuales de cualquier habitante. Este cambio es necesario para no estar como estamos en estas elecciones, esperando que llegue alguien “no tan malo” o “el menos peor”, ya que de ello dependerán muchas de las decisiones que tomaremos nosotros y, en especial, las que tomarán los inversionistas.

Otro nuevo aspecto que cabe resaltar en estas elecciones es la participación ciudadana por medio de las redes sociales, en particular Facebook y Twitter. Estas elecciones serán las más observadas, y no lo digo por el ejército de observadores nacionales e internacionales, ni por la cobertura de la Prensa, sino por toda la información que estará generando la ciudadanía misma a través de las redes sociales. Esta nueva forma de participación ciudadana, la cual ya rindió sus frutos en la anulación de la inscripción de Sandra Torres, permitirá que los hechos aislados y que antes se conocían pasado mucho tiempo, si es que se llegaban a saber, ahora se conozcan casi en tiempo real, lo cual de alguna manera frenaría el mal accionar de aquellos que quieran entorpecer el proceso electoral.

Este es un perfecto ejemplo de cómo la tecnología ha liberado a las personas y les ha abierto horizontes antes insospechados. Yo estoy convencido de que este es un gran paso, ya que no solo masifica el consumo, sino también la generación de información. Por supuesto, eso presenta otro problema y ahora se hace más importante aún la capacidad de analizar y sintetizar ese océano de información.

Así que este próximo domingo viva la fiesta ciudadana, participe, vote según los dictámenes de su razón y recuerde que lo mejor que podría hacer con su voto es cruzarlo. Sea parte del cambio, utilice las redes sociales para informar lo que sucede a su alrededor. Y si quiere conocer un buen análisis y síntesis de lo que suceda, escúchenos el domingo desde las 6 horas.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 8 de septiembre de 2,011.

jueves, 25 de junio de 2009

¿Qué importa?

iran

Mientras no nos toque a nosotros, ¿no nos debe importar?

Quienes me siguen a través de las redes sociales saben que he estado muy interesado en seguir lo que está pasando en Irán, a raíz de los resultados de las elecciones que dieron como supuesto ganador a Ahmadineyad. Lo que no me esperaba es que a algunas personas ese interés llegase a hastiarles y hasta me pidieran que mejor cambiara de tema: “al fin de cuentas, ¿qué tanto nos puede interesar lo que les está pasando a los iraníes del otro lado del mundo?”, me dijeron.

Este comentario me llevó a una reflexión profunda sobre las razones que me motivan a seguir el desarrollo de los acontecimientos en Irán. En efecto, ¿qué tanto me puede importar lo que les suceda allá, cuando aquí cerca tenemos tantos y tan variados problemas y cada día siguen muriendo 17 personas en Guatemala, víctimas de la criminalidad?

Llegué a dos conclusiones:

1. Me gusta el estudio de la historia y estoy plenamente convencido de que lo que está sucediendo en Irán en estos días pasará, literalmente, a la historia. Por lo que no puedo dejar de aprovechar la oportunidad que ahora la tecnología nos permite al tener acceso directo y casi inmediato a quienes están “haciendo” la historia. Puede ser que durante mi vida no tenga otra oportunidad similar, así que hay que aprovecharla.

2. Creo que es mi responsabilidad apoyar a aquellas personas que están incluso arriesgando su vida por defender el derecho que tienen a expresarse libremente, sin censura ni represión de parte de los gobernantes.

Como no estoy en Irán y ni siquiera conozco el lenguaje, no tengo pruebas de que la elección en efecto haya sido fraudulenta, pero aunque no lo fuese, nada justifica que se le vede a las personas el derecho a expresar su opinión, ni mucho menos atacarlas de la manera sangrienta en que lo han hecho los gobernantes iraníes.

Nada justifica el que se quiera ocultar a los ojos del mundo lo que está pasando, a través de censura de la prensa, de limitar el acceso a las comunicaciones, de aterrorizar a la población y asesinar vilmente a personas desarmadas que manifiestan su descontento.

Simplemente, no me puedo quedar callado. Y aunque no puedo hacer mucho, por lo menos trato que más personas se enteren de lo que está sucediendo y que no pase desapercibido. No me puedo quedar de brazos cruzados ante este atentado a la libertad de expresión. No me puedo quedar callado a sabiendas de que, si ahora que es del otro lado del mundo no decimos nada, luego, cuando nos suceda a nosotros (porque nadie está libre en estos sistemas donde no se respetan los derechos de las personas, si no me cree, vea lo que está pasando en Venezuela), no tendremos la autoridad moral para pedir apoyo.

Siempre recuerdo el poema que se le atribuye a un pastor luterano en la Alemania nazi, Martin Niemöller:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los sindicalistas guardé silencio, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a buscar a los católicos no protesté, porque yo era protestante.

Cuando vinieron a llevarse a los judíos no protesté, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.

¿Hará usted lo mismo?

Twitter.com/jjliber


Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 25 de junio de 2,009.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Ahora, la realidad


Empieza una nueva etapa.

Se acabaron las alegres elecciones (aunque esta vez fueron más negras y ponzoñosas que alegres) y debemos ahora, especialmente los políticos ganadores, despertar a la realidad. Ya no sirven de nada los ofrecimientos, las promesas, los compromisos, los apretones de manos, el cargar y besar niños, las banderitas y toda la demás parafernalia que envuelve un proceso electoral. Ahora hay que enfrentar los problemas que aquejan a toda la población.

Y es que durante esos tan emotivos y viscerales discursos los políticos oferentes olvidan que quienes vivimos en la cruda realidad, los ciudadanos de a pie, quienes no tenemos guardaespaldas ni andamos en vehículos blindados, (mucho menos en helicópteros o jets) necesitamos medidas inmediatas para salir de tanta podredumbre.

Es muy fácil ofrecer despliegues increíbles de fuerzas combinadas para brindar seguridad a la población, pero eso no servirá de mucho si la Policía Nacional Civil continúa en desventaja en relación al armamento y logística que usan los mareros, y ya no digamos el crimen organizado y sus muy bien estructuradas organizaciones, quienes incluso le pagan mejor a sus bizarros que a los agentes (aunque en muchos casos también les pagan, y muy bien, a ellos). Sería como aumentar la cantidad de ovejas que intentan cazar a una manada de lobos.

Y si en caso llegaran a ser copados y capturados estos seres mezquinos y parias, más titánico será propiciarles un castigo rápido, certero y ejemplar, pues la actual burocracia judicial y su tortuguismo, también derivado de un limitado presupuesto para funcionar, no aprestan un rápido y ejemplar castigo.

"Es que no alcanzan los recursos", es el primer grito que se escucha como excusa. "Cuarenta millardos no son suficientes para cubrir las necesidades sociales de la nación, bla, bla, y bla". Esa canción desafinada y altisonante la venimos escuchando hace más de veinte años y por más que se suben impuestos directos, indirectos, temporales (nuevo disfraz para las palabras "inconstitucional" y "arbitrario"), las sobras del presupuesto después de cubrir esas "necesidades sociales" no alcanzarán para hacer funcionar, y menos mejorar, esas funciones primigenias del gobierno que beneficiarán a toda la población: Seguridad, justicia y reglas del juego claras y limpias.

Así es que allí están las dos recetas. Una que durante muchísimos años de inventar y elevar impuestos (sí, leyó bien, inventar), dedicarse a necesidades sociales que no le competen, nos ha llevado a la eterna crisis y rezago. Y la otra probada exitosamente en la historia, con leyes generales, conocidas, cargas tributarias bajas, gobiernos pequeños y dedicados a sus funciones de seguridad y justicia, que llevó a la prosperidad a muchos países alrededor del mundo.

La elección es simple. Espero y lo entiendan de esta forma porque dibujos y trocitos de madera no puedo usar aquí.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Ahora sí

Finalmente saldremos de la inquietud.


Para darle cierre a mi artículo “Se acabó”, que publiqué antes de la primera vuelta electoral, ahora sí, indistintamente cuál sea la visión de gobierno y Estado que cada uno tengamos, se acabó la espera y la inquietud sobre quienes tendrán a su cargo administrar los fondos de los tributarios durante los próximos cuatro años.

Yo reafirmo mi convicción de que, indistintamente de quien salga electo el domingo, la cosa seguirá más o menos igual, con distintos matices, sí, pero no con muchas diferencias, hasta que no entendamos que el problema no es quién llega a la silla de los Q40 mil millones anuales, sino el sistema y las instituciones.

Como siempre, parezco ir contracorriente o “a contravía”, como diría Estuardo Zapeta. No soy partidario del presidencialismo que tanto ha predominado, no sólo en Guatemala, sino en toda Latinoamérica, durante tanto tiempo.

No me creo el cuento de que el Chapulín Colorado, Superman, las Chicas Superpoderosas o algún otro superhombre (o supermujer, uno nunca sabe) llegará a resolver todos nuestros problemas y a sacarnos del subdesarrollo. Es más, creo que esta mentalidad, tan fomentada por los políticos en esta y en casi todas las campañas desde que el país es “democrático”, es una de las principales razones de nuestro subdesarrollo, pobreza y rezago.

El que la expectativa por el resultado de las elecciones del domingo sea tanta y que mucha gente espere que Otto Pérez Molina o Álvaro Colom sean la solución para sus problemas es tan solo una muestra más de que ese tan dañino mesianismo salvador y la absurda esperanza de que sea un hombre honrado y honesto quien les dará solución a los problemas del país, aún siguen profundamente enraizados en la mente de los electores.

Parecemos seguir sin entender que el problema no está en las personas sino en el sistema.

Mientras no corrijamos el sistema, seguiremos siempre eufóricos en las campañas políticas y decepcionados a los pocos meses, y la cosa seguirá siendo un sube y baja de pasiones, porque siempre estaremos esperando al siguiente, al que sí va a ser honrado, al que va a ser inteligente, al que va a ser capaz, al que va a tener carácter, al que va a tener conocimiento, al que todo lo puede, sin comprender que nunca llegará esa persona ideal.

Independientemente de quien llegue a la silla, repito, no va a cambiar el rumbo sin norte que actualmente nos lleva dando tumbos, más para atrás que para delante, en el camino del desarrollo. Este domingo, o a más tardar lunes, al fin sabremos quién ocupará esa tan codiciada silla. Lo que no sabremos ni tendremos claro será cuándo por fin dejaremos de creer en ese tan dañino presidencialismo, ni cuándo entenderemos que los cambios son del sistema. Yo, por eso, voto por Pro Reforma...

Publicada en Prensa Libre el jueves 1 de Noviembre de 2007.

viernes, 26 de octubre de 2007

Ganó el voto cruzado

No les dimos un cheque en blanco a los políticos.

Considero que las elecciones de este domingo fueron, en general, un éxito, pero lo que más me agradó fue comprobar que los guatemaltecos ya empezamos a aprender a no darles un cheque en blanco a los diputados, a no darles todo el poder, lo que se comprueba al analizar que los guatemaltecos votamos cruzado.

Al principio, tenía la impresión de que no era que los votantes hubieran cruzado su voto sino que simplemente las preferencias estaban tan disgregadas que, aunque la gente votara en línea, de todos modos se tendría un Congreso bastante dividido. Sin embargo, al analizar más detalladamente los datos, me percaté de que los guatemaltecos, en efecto, votaron cruzado.

Hice el ejercicio sólo con los votos para la Presidencia y para la lista nacional (LN), ya que son los más homogéneos para comparar, aunque espero poder hacerlo más adelante, incluyendo los votos para diputados distritales. Los datos son al miércoles por la mañana, y todavía falta un pequeño porcentaje de votos por computar, pero para este efecto el porcentaje es suficiente para comprobar la hipótesis.

Veamos los resultados. Álvaro Colom, de la UNE, recibió 926 mil 244 votos, mientras que los candidatos a diputados por LN de ese mismo partido recibieron 721 mil 988 votos, o sea, 204 mil 256 personas (22 por ciento) que votaron por Colom para presidente no votaron por sus candidatos para diputados.

Otto Pérez Molina, del PP, recibió 771 mil 175 votos, pero sus diputados por LN, sólo 503 mil 442; es decir, 267 mil 733 menos (35 por ciento). Lo mismo, aunque en una proporción menor le sucedió a la Gana, que obtuvo un 8 por ciento menos de votos para LN que para la Presidencia. El partido Casa también sufrió el mismo efecto, y recibió un 37 por ciento menos de votos para LN que para la Presidencia.

Para comprobar la hipótesis, resulta que en los otros partidos sucedió lo contrario. El mejor ejemplo es el Partido Unionista, cuyo candidato presidencial recibió 95 mil 743 votos, mientras que sus candidatos por LN obtuvieron 192 mil 983, es decir, poco más del doble.

Encuentro por Guatemala estuvo igual: Rigoberta Menchú obtuvo 101 mil 316 votos, mientras que sus candidatos por LN obtuvieron 195 mil 151, el 93 por ciento más. Igual le sucedió hasta al FRG, cuyos diputados por LN obtuvieron 30 por ciento más votos que su presidenciable. Lo mismo se puede decir de los demás partidos: ANN, DC, DÍA, PAN, UD, UCN y URNG, en los cuales el porcentaje varió desde 24 hasta 140 por ciento, de más votos por los diputados por LN que por los presidenciables.

Sea por la razón que haya sido, la cosa es que los guatemaltecos votaron cruzado y no estuvieron dispuestos a darle a ningún partido un cheque en blanco. ¡Ojalá los políticos entiendan el mensaje de la ciudadanía!

Si quiere ver los datos completos, los voy a subir al sitio www.radiopolis.info, en la sección de elecciones dentro del foro.


Publicado en Prensa Libre el 13 de septiembre de 2007.

Se acabó

La suerte está echada.

Estamos a un paso de las elecciones generales, y ya podemos decir que la suerte está echada.

Los candidatos a los distintos puestos de elección popular, desde presidente hasta concejales, ya han hecho todo lo posible por ganarse la preferencia de sus electores, y ya no hay nada más que hacer con las poco más de 24 horas que faltan para que se cierre la ventana para hacer publicidad política. Ahora nos toca a los electores hacer nuestra parte.

La pregunta del millón, y que son pocas las personas con las que uno se encuentra que no la hacen es: ¿por quién votar? La respuesta no es sencilla y creo que hay que dividirla. Por un lado, estoy convencido de que lo más importante, en el largo plazo, es cambiar el sistema, lo que sólo se puede hacer desde el Legislativo, por lo que considero que la elección más importante de esta semana es la de los diputados.

En ese ámbito, mi recomendación es que no vote “en línea”, como algunos partidos han hecho campaña recientemente, sino que lo piense bien y busque, especialmente entre los partidos que no van en los primeros dos lugares de las encuestas, a candidatos que por lo menos tengan claros algunos principios y puedan hacer una diferencia en la próxima legislatura.

Los objetivos principales aquí creo que deben ser dos: a) no darle una aplanadora a cualquiera de los presidenciables que más opción tienen de ganar el Ejecutivo, y b) lograr que lleguen al Congreso personas con ideas un poco más claras que los anteriores congresistas, de quienes se pueda esperar que por lo menos estén anuentes a hacer los cambios que el sistema necesita.

Por otro lado, está la elección presidencial. Aquí también estoy convencido de que, mientras no se cambie el sistema, pocas serán las diferencias que notaremos entre los distintos aspirantes.

Serán distintos matices de un sistema similar, donde tal vez la diferencia principal sea que unos roben más o menos que los otros, pero de allí, todo seguirá casi igual.

Si creemos las encuestas publicadas recientemente en donde los que pasarán a segunda vuelta ya están “definidos”, no hay razón alguna para votar por algún candidato en particular, aunque no nos guste tanto, sólo para que pase a segunda vuelta, así que ese mismo “empate técnico” les da a todos los electores la libertad de evitar esas complicaciones y votar por quien sinceramente crean que pueda hacer un mejor papel, siempre dentro de los estrechos límites que permite el sistema actual, y relegar la decisión “pragmática” para la segunda vuelta.

Así que, si espera de mí un consejo para tomar su decisión de voto, aquí le va: en esta primera vuelta, vote por el candidato presidencial que más se acerque a su propia concepción de la vida.

No se deje influenciar por lo que digan las encuestas; la segunda vuelta no nos da tantas opciones, y allí la elección debe ser más limitada: cuál de las dos opciones restantes, si es que alguna, cree que será mejor (o “menos peor”, según lo vea) para el país.

Publicado en Prensa Libre el 6 de septiembre de 2007.

domingo, 19 de agosto de 2007

¿Indecisos?

¿Por qué tanta indecisión?

Estamos a un mes de las elecciones generales, y resulta que quien continúa escapado en las encuestas es el candidato indeciso. Y no es que algunos de los candidatos no lo sean, sino que son los electores quienes a estas alturas del partido no se han decidido por qué candidato votar para las elecciones generales y por qué listas partidarias votar para el Congreso.

La mayoría de “estrategas” de campaña le está apostando a tratar de convencer a este gran grupo de indecisos a que su candidato es la mejor opción que se le podría presentar. Con tal de lograrlo, hacen que los candidatos digan y hagan cualquier cantidad de cosas, por ver si de esa manera logran tornar la indecisión en su favor.

Mi lectura es distinta. De lo que he podido percibir en conversaciones escuchadas al pasar y en unas con un poco más de involucramiento directo, la indecisión de la gente no estriba en por cuál candidato votar, sino más bien en si vale la pena votar, si sirve de algo el voto, o da igual, ya que, sea Juana o sea Chana, igual de malos y corruptos serán.

Los votantes están cansados de falsas promesas, de que le ofrezcan el cielo y la tierra; lo que es más, de que les ofrezcan el “cielo en la tierra” y de que, al final, todos salimos igual de fregados, menos, por supuesto, quienes pasaron a “mejor vida” porque llegaron a un lugar “donde hay”.

Los potenciales votantes, simplemente ya no creen en el sistema. Y es allí donde está el verdadero quid del asunto. El problema es el sistema, y mientras no se cambie, no podemos esperar que el barco cambie de rumbo.

El “Estado” seguirá en su desenfrenada carrera por absorber cuanto dinero pueda de los indefensos tributarios para entregar a cambio: nada. Nada de nada. Sólo vacías promesas y advertencias de que lo que se necesita para estar mejor es que paguemos más impuestos y que cuando lleguemos a pagar esa elusiva cantidad de tributos (la que misteriosamente por más que avancemos siempre aparenta estar más allá), habremos encontrado el cielo en la tierra.

Y los candidatos actuales, tanto al Ejecutivo como al Legislativo, poco hacen por reducir esa indecisión. Antes bien, diría yo, abonan a ella.

No nos engañemos. No importa quién llegue al Ejecutivo. Mientras no se cambie el sistema, todos los que lleguen tratarán de hacer funcionar un sistema que no puede funcionar. Algunos tendrán un poco mayor éxito que otros, y algún otro será incompetente hasta en eso, pero en general, la cosa seguirá igual para los que no estamos involucrados en la administración pública.

Así que si usted está entre los indecisos, no se preocupe, comparte espacio con un buen grupo de guatemaltecos que ya se pregunta qué hacer para que la cosa no siga igual. Por el momento, lo único que le puedo recomendar es que por lo menos vote para el Legislativo, de preferencia por uno de los partidos que no encabeza las encuestas para el Ejecutivo, para que al menos no haya aplanadora en el Congreso.

Publicado en Prensa Libre el 9 de agosto de 2007.

jueves, 28 de junio de 2007

Indecisos

No importa que no sepa por quién votar para presidente.

La principal constante en los resultados de todas las encuestas sobre las próximas elecciones que se han publicado es la indecisión. Es tan grande que, si fuera candidata, quizás ganaría la Presidencia en primera vuelta. Pero ese dato estadístico no es más que un reflejo de la decepción de la ciudadanía por el sistema de gobierno actual.

Estamos a poco más de dos meses de la primera vuelta y la gente está indecisa, no sabe por quién votar para presidente, está en el proceso de despejar la ecuación del candidato menos peor.

Aunque es fácil entender que la mayoría de esos indecisos está decepcionada del sistema, es más difícil llegar a las verdaderas causas de la decepción. Le aseguro que la mayoría de los indecisos mismos no logra dar en el clavo de esa razón y se conforma con pensar que, si encontrara al candidato “ideal", otro gallo cantaría.

Sin embargo, la cosa no es así. No importa quién llegue a la Presidencia, con el actual sistema, benefactor-mercantilista, tiene todas las posibilidades de “fracasar” en el intento y que cuatro años después sea tenido como el mal presidente que no cumplió sus promesas y decepcionó a la ciudadanía, la que, una vez más tratará, de encontrar al escurridizo candidato “ideal”. No crea que es por casualidad que ningún partido en las décadas recientes se ha repetido en el poder.

Por eso es mi insistencia en que lo que necesitamos no es que llegue el presidente “perfecto" (que no existe) sino un cambio del sistema. Mientras no se cambie el sistema, cada cuatro años se añadirá un desencanto más, hasta que llegue el día en que los ciudadanos, creyendo que el problema es la “democracia”, optarán por pedir un dictador sin percatarse de que, en lugar de mejorar, van directos al despeñadero (como ya lo están empezando a ver hasta los venezolanos defensores de Chávez).

Y ¿cómo cambiar el sistema?, se preguntará. Pues creo que una buena opción es la propuesta de Pro Reforma (www.proreforma.org.gt), por lo que lo invito a estudiarla y, si lo convence, apoyarla.

Pero como por buena que sea no se puede implementar en el par de meses que nos faltan para las elecciones, le pido que reflexione un poco sobre la única alternativa que tenemos, por el momento, para por lo menos intentar reducir las posibilidades de que se den excesos de abuso de poder en la siguiente administración: evitar las aplanadoras en el Congreso.

Según las mismas encuestas, a menos que se dé alguna sorpresa en los próximos meses, ya está claro quiénes tienen más posibilidades de llegar al Guacamolón. Pues bien, aunque usted no vaya a votar por nadie para presidente, decídase a votar por alguien al Congreso que pueda hacer oposición a las bancadas mayoritarias, especialmente a la que sea la oficial. No serán los diputados “perfectos” (porque tampoco existen), pero por lo menos servirá para balancear un poco el poder. Piénselo.

Publicada en Prensa Libre el 28 de junio de 2007.

Votando Cruzado

El voto cruzado nos “salvó” la vez pasada. ¿Lo hará nuevamente?

Se acerca la fecha de las elecciones generales y creo que desde ya debemos empezar a reflexionar sobre la forma en que votaremos (los que lo haremos, ya que una de las principales tendencias en esta ocasión es la apatía).

Mientras no cambiemos el sistema que tenemos actualmente, creo que la única manera que tenemos los ciudadanos de intentar reducir las posibilidades de que los políticos abusen del poder absoluto es cruzando el voto.

¿Qué quiere decir eso de cruzar el voto? Que no le demos una aplanadora en el Congreso al partido que finalmente obtenga el control del Organismo Ejecutivo. ¿Por qué? Simplemente porque esto equivale a dar a los políticos de ese partido el poder absoluto. Y como lo dijo Lord Acton: “El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Cuando un mismo partido tiene el control del Organismo Ejecutivo y del Legislativo, el presidente y los líderes del partido pueden hacer lo que les da la gana y solamente utilizar el Congreso como una oficina burocrática de trámite de leyes. El resultado principal es que se pierde lo poco que queda en nuestro sistema del equilibrio del poder y de los chequeos y balances entre los distintos organismos.

Digo lo poco que queda porque tampoco es que nuestro sistema funcione a las mil maravillas y que el Congreso sirva para efectivamente vigilar las actuaciones del Ejecutivo. Pero lo que sí le puedo garantizar es que la situación sería mucho peor si la administración actual hubiese tenido el poder absoluto para controlar el Ejecutivo y el Legislativo.

¿Y cómo hacemos para votar cruzado? Sencillo, vote por quien quiera para el Ejecutivo, pero no vote por los candidatos a diputados del mismo partido. Creo que lo mejor es que no haya ninguna aplanadora en el Congreso, por lo que no sólo piense en los partidos grandes, sino también considere a los candidatos de los partidos pequeños.

Quizá no todo está perdido en Guatemala y encuentre algunos candidatos a diputados que, aunque no sean de los principales partidos, tengan la posibilidad de hacer una buena actuación en el Congreso y quizás, por qué no, hasta encaminarnos en el cambio del sistema al que debemos llegar.

Hago la salvedad de que, incluso con esta opción del voto cruzado, no tenemos garantizado que los diputados vayan a continuar en el partido por el que se postularon para la diputación, o que se tenga certeza de la calidad de las leyes que pudieran generar o derogar, pero de esta opción a que tengamos de entrada cuatro años de partido con una aplanadora, es preferible tomar el menor de los males. Y sigo insistiendo, mientras no cambiemos el sistema que tenemos actualmente, el voto cruzado será la mejor forma de protegernos contra los abusos de poder de los gobernantes.

Publicado en Prensa Libre el 21 de junio de 2007.

jueves, 24 de mayo de 2007

Impuestos prometidos


Los tributos deberían ser uno de los temas importantes de la campaña.

Ya "montados en el macho" de las elecciones, creo importante que reflexionemos sobre los temas sobre los cuales deberíamos conocer la posición de los candidatos como prerrequisito para inclinar hacia alguno de ellos nuestro voto. Uno de los temas que considero de suma importancia es el fiscal.

Lo creo tan importante, que considero la posición de cada uno de los candidatos a este respecto como un requisito mínimo que los ciudadanos deberíamos exigirle a los candidatos, y no sólo a los presidenciales sino también, y más importante aun, a los diputados potenciales.

Pero, ¿por qué es de tanta importancia? Sencillo. Porque durante toda la campaña los candidatos se llenan la boca con ofrecimientos de "todo" lo que van a hacer, pero nunca reparan en el pequeño y "despreciable" detalle de con qué dinero van a hacer todo lo que están prometiendo. No nos engañemos, cada "promesa" de los candidatos que en realidad vayan a cumplir (porque la mayoría no) no la van a pagar ellos con su dinero, la pagaremos todos los ciudadanos por medio de los impuestos.

Sin ir tan lejos, el gobierno actual ha gastado algo más de 100 mil millones de Quetzales en 4 años producto precisamente de la expropiación forzosa a que nos somete el Estado. De esa suma, exorbitante, obscena y difícil de asimilar, se han hecho pagos superfluos a grupos de presión, viudas, ex patrulleros civiles Ministros, Ministerios y otros gastos más que se asombraría de conocer.

Y si mi tino no me traiciona podría apostar, sin lugar a equivocarme, que en el próximo período de gobierno, tanto de parte de diputados como de quienes detenten el poder en el ejecutivo, se discutirá tarde o temprano un aumento de impuestos, porque "no alcanza para la labor social" ni para sostener al armatoste estatal.

Ya uno de los candidatos, por ejemplo, ofreció que durante el primer año de su gobierno no va a solicitar que suban los impuestos (lo que implícitamente indica que nos esperemos para ver lo que nos va a tocar el segundo año). El mismo candidato, a los pocos días, expresó que consideraba "aceptable" una carga tributaria del 28% (¡el doble de la actual!). Lo que nos da una idea de lo que podemos esperar para ese tenebroso segundo año.

Entonces, como somos nosotros quienes vamos a terminar pagando sus promesas, lo menos que podemos esperar es que nos digan, al menos, cómo lo van a hacer. O si lo quiere tomar con mayor resignación: si no puede evitar que le roben, por lo menos concédase el gusto de saber de antemano y cuestionar a cada candidato, cómo le van a robar durante los próximos años el fruto de su trabajo y creatividad. ¿O será que alguno de los candidatos va a abanderar el desarrollo económico a través de una menor cantidad y menores tasas de impuestos, especialmente los directos?

Publicado en Prensa Libre el jueves 24 de mayo de 2,007. Imagen tomada del sitio educared.org.gt

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jueves, 11 de enero de 2007

¿Quién ganará?

¿La pregunta del millón?

En los inicios de un año electoral, la pregunta más usual que le inquieren a uno casi todas las personas con las que se encuentra es la misma (de seguro creen que porque uno se "mueve" en círculos más "informados" la bola de cristal le funciona mejor): ¿Quién cree que ganará las elecciones?

¿Será que gana Colom en la primera vuelta? ¿Será que Harold capturará el "voto evangélico"? ¿Podrá Giamattei sobreponerse a la historia y lograr por primera vez la reelección del partido oficial? ¿Logrará Pérez Molina mantener la distancia y enfrentar en segunda vuelta a Colom? ¿Podrá el Doctor Suger lograr la suficiente inercia para colarse en la segunda vuelta? Y así sucesivamente, la serie de preguntas que le hacen a uno y que de seguro rondan la cabeza de muchísimos guatemaltecos.

Ahora bien, si analizamos la pregunta y sus repreguntas, todas adolecen del mismo mal: están enfocadas en la silla presidencial.

Esa constante inquisición revela que no hemos logrado superar la etapa del caciquismo, en la que la gente espera que llegue "el hombre" o "la mujer" (para que vean que recién pasada la luna llena hasta yo puedo ser políticamente correcto) que van a ser lo suficientemente buenos, justos, honrados, probos, decentes, éticos, correctos, aparte de sabios, doctos, capaces, inteligentes, a la vez que de carácter y decididos, quienes le van a resolver todos sus problemas.

No hemos entendido, a pesar de la multiplicidad de decepciones a lo largo de los años, que nunca va a llegar el líder ideal. Nunca tendremos ese dirigente dechado de virtudes que a fuerza de su carácter y virtudes nos sacará del subdesarrollo y nos llevará triunfantes por la senda del progreso.

No hemos entendido, o no lo queremos hacer, que el problema no son los dirigentes, no son "el hombre" o "la mujer" que lleguen a los cargos de dirección pública. No. El problema no está en la persona que elegimos. El problema está en el sistema.

Y mientras no cambiemos el sistema, igual da quién llegue al poder. Los resultados, por supuesto, no serán iguales, pero tampoco serán tan distintos. Unos robarán más, otros robarán un poco menos. Unos tomarán algunas buenas decisiones, otros tomarán muchas malas decisiones. Unos trabajarán con toda la buena intención, otros simplemente llegarán a aprovecharse para su propio bolsillo. Pero al final, los resultados palpables serán bastante similares, y esperaremos otros 4 años para ver si ahora sí se aparece el buen líder que nos guiará hacia la utopía.

Entendámoslo de una vez. Mientras no se cambie el sistema, da igual quién gane. Seguiremos igual. Si queremos un cambio real que nos dirija en la senda del desarrollo, olvidémonos del caciquismo y enfoquémonos en donde se puede cambiar el sistema: en el Legislativo.

Publicado en Prensa Libre el 11 de enero de 2007