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jueves, 19 de febrero de 2009

¿Ejemplo?

A juzgar por los sucesos de los días recientes en la isla tropical, la familia presidencial, con su derroche de admiración y pleitesía, parece tomar el sistema socialista cubano como un muy buen ejemplo para Guatemala. ¿Será que ese es el ejemplo que nos conviene seguir? ¿Será que incluso es el mejor ejemplo de la “social democracia”?

Indistintamente de la controversia que puede haberse creado alrededor de la entrega de la Orden del Quetzal a Fidel Castro o la pedida de disculpas (¿no debió haber sido un ofrecimiento, en lugar de solicitud?), temas que, la verdad, me parecen que simplemente azuzan el hormiguero y caldean los ánimos ideológicos innecesariamente, y que lo más que demuestran es la “calidad” de quien los entrega más que de quien los recibe, creo que el verdadero quid del asunto es qué ejemplo queremos seguir.

En el caso de la pareja presidencial, es claro que sus corazones se derriten por el sistema socialista que representan actualmente Cuba y Venezuela. No nos debe extrañar entonces que lo que quieran implementar en nuestro país sea algo similar.

Ahora bien, yo me pregunto: ¿será que lo que queremos los guatemaltecos es vivir bajo una eterna dictadura? Cuba, por ejemplo, acaba de celebrar con bombos y platillos 50 años de los mismos en el poder. Llegaron a tal grado de “monarquizar” la revolución, que Fidel le heredó la isla a su hermano cuando ya no pudo sostenerse en el trono. Venezuela va por el mismo camino. Aunque el inicio tenga un poco más apariencia “democrática”, el final pinta a que, si nada más sucede, Chávez “monarquizará” también ese país, y dentro de algunas décadas seguirá en el trono. Ya Álvaro Colom manifestó su inquietud por probar eso de la reelección. ¿Será casualidad?

Luego está cómo realmente funciona el sistema en la Isla. Un matutino local está publicando los domingos una serie de reportajes sobre cómo realmente es la vida de los cubanos de a pie. Si no le tiene miedo a la verdad, le recomiendo leerlos. Muy distinto a lo que pregona la propaganda políticamente correcta, dentro y fuera de la Isla, la vida en Cuba es muy difícil. El sistema obliga a la gente a vivir doble vida para sobrevivir. Una cara ante al sistema, otra muy distinta la necesaria para salir adelante. Si en algo han logrado “igualar” a las personas es en la miseria y en la hipocresía de un sistema corrupto. Por supuesto, siempre hay unos más “iguales” que otros, es decir, tal vez eliminaron a los “ricos” entre la población, pero quienes forman parte de la “dirigencia” se dan la vida de ricos, aunque sean camaradas. Le echan la culpa de la miseria al “embargo”, pero eso no es más que una excusa conveniente para justificar el fracaso del socialismo.

Para que se sostenga un sistema así se debe restringir la libertad de todos, pero especialmente de quienes se oponen al sistema. A esos se les trata como parias, enemigos, delincuentes, criminales. Aunque su único crimen sea desear vivir en paz y libertad. Por eso es que no a cualquiera dejan salir de la Isla. Solo a aquellos que han “demostrado” su lealtad al sistema.

Y aún a éstos se les retiene a sus familiares en la Isla, para “inmunizarlos” contra la traición de no querer regresar. Y Venezuela también va por ese camino.

¿Y eso es lo que nuestros gobernantes quieren copiar? ¿Un sistema que, de no ser porque la frontera (el mar) es muy difícil de salvar, ya se hubiera quedado casi deshabitado? Yo, paso. ¿Y usted?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 19 de febrero de 2,009.

domingo, 8 de febrero de 2009

La revolución

Como suele suceder en casi todas las circunstancias de la vida, mientras algunos están pasando penas, otros están viendo cómo se benefician de las crisis de los demás. En esta crisis global que aqueja a buena parte del mundo y que probablemente va a tener serias repercusiones sobre muchas personas, resulta que quienes están muy felices son los miembros del Foro Social Mundial.

A pesar de que reconocen que “los masivos despidos de trabajadores en todo el mundo, generados por la crisis financiera, redundarán en agitación y violencia social…”, están muy felices, porque consideran que éste podría ser el anuncio de la muerte del capitalismo, y porque “tamaño descontento será un paso doloroso pero necesario hacia un nuevo orden mundial”.

Uno de los ponentes en el Foro Social acusó a los países desarrollados, en general, y a Estados Unidos, en particular, de querer salvar al “neoliberalismo” de la quiebra. Él argumenta que “los modelos que hay que seguir ahora son Cuba, Venezuela y Bolivia, todos los cuales han rediseñado sus constituciones hacia enfoques socialistas, para que la riqueza también llegue a los pobres”. Llegan incluso a expresar que “… los sindicatos se aferran a la esperanza de que este infierno acabe con tres décadas de consumismo y acumulación de riquezas”.

Según las notas periodísticas, “la esperanza en una revolución de los trabajadores ha flotado en el aire durante el foro…”. En pocas palabras, los miembros del grupo, que incluye a cuatro presidentes del “bloque izquierdista”, son conscientes de que muchas personas en todo el mundo van a sufrir las consecuencias de esta crisis, pero eso les tiene sin cuidado, ya que ese es un mal necesario para lograr lo que no han podido lograr de otras maneras (algunas más violentas): implantar en el mundo el socialismo, luego de la derrota del capitalismo.

No voy a extenderme aquí en la explicación de la actual crisis, que tiene sus raíces mucho más profundas en esa mezcla del Estado Benefactor-Mercantilista que ha privado alrededor del mundo durante ya bastantes décadas, sino más bien quiero reflexionar sobre esa nueva demostración de que el fin justifica los medios y que si es necesario que la gente sufra con tal de implantar un “nuevo orden”, pues ¡qué viva la fiesta!

Durante casi todo el siglo XX, la misma actitud prevaleció entre quienes trataron de implantar el socialismo y/o comunismo a lo largo y ancho del mundo: “el fin justifica los medios”. Para todos ellos, llevar al éxito la “revolución de los trabajadores” era más importante que cualquier otro factor, lo que los llevó, en nombre de ese supuesto ideal, a asesinar a más de cien millones de personas y a mantener una buena parte del mundo en guerras civiles, donde muchos otros millones de personas sufrieron las consecuencias.

Durante el mismo tiempo, a pesar de todas las contrariedades, se fue acumulando evidencia de que las sociedades en las que la mayoría de las personas estaban mejor eran aquellas en donde, en mayor o menor grado, se dejaba en libertad a los individuos para buscar su propio bienestar. Hasta la fecha, esto no ha cambiado. ¿Por qué ahora, de repente, mágicamente, la situación sería distinta?

Yo estoy confiado en que, a pesar de que los gobernantes de todo el mundo están reaccionando ante la crisis con más del Estado Benefactor-Mercantilista, la creatividad y el empuje de los individuos, ocupados en salir cada uno de la crisis, hará que ésta no sea tan profunda y complicada como la mayoría cree.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 5 de febrero de 2009.