Luego de dos días hábiles del funcionamiento del Transmetro, puedo decirles que la experiencia para quienes vivimos en los "suburbios" al sur de Guatemala no ha sido nada placentera.Desde que iniciaron los trabajos del Transmetro, mi predicción, por puro sentido común, era que el cuello de botella iba a ser el embudo que se forma cuando la carretera que por unos 6 kilómetros tiene 4 carriles, se convierte en una calle de dos carrilles, a partir de la entrada al Cenma. Una vez se lograra pasar ese cuello de botella, y ya sin la interrupción de las paradas de las camionetas, el tránsito debería fluir relativamente bien. Esto se lo dije incluso a Fritz García-Gallont una vez que lo entrevisté en la radio, así como a otras personas que laboran en la Municipalidad y en el proyecto del Transmetro. Alguno de ellos me argumentó que si bien es cierto sí existía ese embudo, el hecho de que sobre los dos carriles de la Aguilar Batres el tránsito fluyera de una manera más rápida, haría que el embudo no lo fuera tanto. Esa era la teoría. Veamos ahora la realidad.
Yo tengo la suerte de vivir apenas unos 3 o 4 kilómetros al sur de la entrada al Cenma, en la colonia Colinas de Monte María Sur. Digo suerte porque, una vez la cola del tráfico pasa enfrente de la colonia, igual da si la cola llega al puente de Villalobos o a Amatitlán. Obviamente, entre más alejado esté uno de la entrada del Cenma, más lo afecta el largo de la cola. En el mejor de los escenarios posible (quizá un domingo a las 3 de la mañana) lo menos que puedo hacer de mi casa a mi oficina es 15 minutos. En el escenario normal en los últimos años, saliendo entre 6 y 7 de la mañana, me llevaba entre 45 minutos y una hora realizar ese recorrido.
Este lunes, salí a las 5:45 de mi casa, y la cola ya llegaba hasta adentro de la colonia (para quienes no conocen, de la entrada de la colonia hasta la carretera hay una bajada de como un kilómetro). Sólo llegar a la carretera me tomó como 20 minutos. De allí casi una hora para llegar a la entrada del Cenma, y de allí, unos 20 minutos para la zona 10. En un primer análisis, mi teoría era correcta, me llevó más de una hora llegar de la colonia a la entrada al Cenma, y apenas unos 20 minutos de allí a la zona 10. Ese mismo día, un compañero de trabajo que vive en Amatitlán salió de su casa a las 5:30 y llegó a la oficina a las 9:05 (3 horas y media).
Hoy, salí de la colonia a las 5:26. La cola todavía llegaba sólo a la mitad de la cuesta de Villalobos, y de allí a la entrada al Cenma, me llevó 20 minutos. De allí, otros 20 minutos a la zona 10, o sea que hice el recorrido en 40 minutos, pero saliendo una hora antes de lo que lo hacía. Por su parte, mi esposa salió hoy de la casa a las 5:40, y la cola ya llegaba hasta adentro de la colonia. le tomó más de una hora llegar hasta la entrada al Cenma. Según nos informó en la radio uno de los transportistas de Villa Nueva que fue a monitorear el tráfico hoy en la mañana, a las 7:00 la cola llegaba casi hasta Amatitlán.
Conclusión, el cuello de botella es un gran cuello de botella, lo que va a hacer todavía más dificil la vida para quienes vivimos al sur de la ciudad. Y eso, sin contar los problemas en sí en el Transmetro, que por lo menos en los primeros días de operación se ha saturado en las horas pico, haciendo que la promesa de que "aunque se fieguen los que andan en carro, por lo menos los de a pié, que son la mayoría, estarán mejor", esté muy lejos de ser una realidad.
De el tráfico de regreso todavía no puedo hablar, porque ayer tuve una actividad en la U y pasé por la Aguilar Batres hasta las 10 de la noche, aunque debo mencionar que todavía había un poco de tráfico.
Continuaré narrando mis aventuras entre el tráfico los próximos días.
Foto Prensa Libre: Esbin García.
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