Hasta las dictaduras más despiadadas y largas, tarde o temprano terminan.
La semana pasada las noticias internacionales estuvieron centradas
en el Magrev africano, con la muerte de Muamar el Gadafi y el
consiguiente final de la guerra civil en Libia y las elecciones en
Túnez. El final de toda una era no pudo pasar desapercibido a nivel
mundial. Gadafi terminó como era de esperarse que terminara, vapuleado
por algunos de aquellos a quienes durante más de 40 años aterrorizó.
Si
bien es cierto quizá nunca sepamos a ciencia cierta los detalles de los
últimos minutos de vida del exdictador, lo cierto es que muy probablemente murió linchado por una turba de
los “rebeldes” que pelearon durante ocho meses para sacarlo del poder,
con la ayuda de la Otán. En uno de los videos que circularon por
internet aparentemente se le ve pidiendo clemencia ante sus captores.
Sin embargo, aunque no se justifica, es comprensible que la turba sacara
42 años de resentimientos contra quien los gobernó con mano dura e
implacable.
En Gadafi tenemos una nueva lección, de las que lamentablemente
la gente rápidamente olvida, de que el poder se acaba tarde o temprano, y
quienes abusan de él, muy probablemente lo pararán pagando caro. Al
final, siempre se cumple el dicho de la sabiduría popular: “no hay mal
que dure cien años ni enfermo que lo aguante”. En este caso, el pueblo
libio lo aguantó 42 años, pero al final se reveló.
Lo irónico del asunto es que, según cuentan algunos de sus
allegados, hasta los últimos momentos Gadafi no se explicaba por qué los
libios lo odiaban y luchaban contra su gobierno. Obviamente, 42 años de
poder absoluto no solo lo corrompieron absolutamente, sino que, además,
lo cegaron.
Solo para que se den una idea de lo que realmente representa el
ejercicio del poder a los dictadores, según algunas notas investigativas
publicadas esta semana, la fortuna “personal” de Gadafi y su familia en
el extranjero podría llegar a los US$200 millardos. Para efectos de
comparación, las personas más “ricas” del mundo —por medios lícitos, por
lo menos— han acumulado fortunas cercanas a los US$50 millardos. Es
decir, Gadafi, durante su dictadura, se robó más de cuatro veces lo que
los mejores empresarios e inversionistas del mundo han podido producir. Y
todo eso mientras los libios pasaban miserias.
Y de allí todavía se extrañaba Gadafi que no lo quisieran. ¿A qué
nivel de megalomanía puede llegar una persona para creer que después de
pasearse en la vida de varios millones de personas, estos todavía le
deberían estar infinitamente agradecidos?
Al final, ni Gadafi ni sus hijos se quedaron con el botín, aunque
sí lo usufructuaron varias décadas. Luego de tanto año de supuestas
glorias, tuvieron un final sangriento y pasarán a la historia como un
mal recuerdo de un pueblo oprimido.
¿De qué tamaño serán las fortunas robadas por los dictadores que todavía quedan por estos lares?
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 27 de octubre de 2,011.
Este es un lugar en el cyberespacio para compartir ideas. Las mías, en particular, se centran alrededor de la libertad individual que nos permite desarrollarnos y llegar a ser todo lo que queremos ser. Mis Ideas se publican originalmente todos los viernes en el diario Prensa Libre de Guatemala.
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viernes, 28 de octubre de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
Foto inspiradora

No pude resistir postear esta foto. Me parece muy inspiradora. Recordemos que esta gente se está jugando la vida por un cambio hacia mayor libertad. Puede ser que no todo salga como esperan, pero lo están intentando.
Foto: Al-Jazeera
miércoles, 23 de febrero de 2011
"Ya no más"

Ningún gobierno, por malo que sea, se sostiene sin el apoyo de la población.
Los cambios que se están dando en el norte de África y en el Oriente Próximo, constituyen uno de esos puntos de inflexión en la historia de la humanidad de los cuales tenemos la suerte de presenciar de cerca, gracias a la tecnología de las comunicaciones. Pero lo más importante es que aprendamos las lecciones detrás de esos cambios. Para mí, la lección más relevante que podemos aprender de estos sucesos la explicó un filósofo francés del siglo 16, Étienne (Esteban) de La Boétie, en un artículo que publicó cuando apenas tenía 18 años: “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”.
La lección es sencilla: ningún gobierno, por malo que sea, se sostiene sin el apoyo de la población; por consiguiente, lo único que se necesita para que un dictador caiga es que la gente diga: “ya no más”. De La Boétie lo explicó muy bien hace casi 500 años, sin embargo, como que siempre se necesita la experiencia cercana para interiorizar una lección tan de sentido común como ésta.
Y la mejor prueba de la veracidad de lo explicado por De La Boétie, la tenemos desarrollándose en vivo frente a nuestros ojos. Hosni Mubarak gobernó con mano férrea Egipto por casi 30 años; comandaba uno de los ejércitos más grandes del mundo y aún así, sólo se necesitaron 18 días de manifestaciones de un buen grupo de la población para que su gobierno perdiera todo sustento y se desmoronara. Zine El Abidine Ben Ali se mantuvo en el poder en Túnez casi 24 años pero tampoco aguantó ni siquiera un mes de manifestaciones antes de salir huyendo. El siguiente en la fila, Muamar al Gadafi, dictador de Libia, a pesar de la sangrienta represión, probablemente no dure muchos días u horas más.
Es tan impresionante el Discurso de De La Boétie, que quisiera transcribirlo todo, pero no alcanza el espacio, así que le doy una probadita para que se interese en leerlo completo.
“No quisiera sino averiguar cómo es posible que tantos hombres, tantas villas, tantas ciudades, tantas naciones algunas veces sufran bajo un sólo tirano que no tiene más poder que el que ellos mismos le dan; que puede dañarlos sólo hasta donde ellos lo aguanten; que no podría hacerles mal alguno a menos que ellos prefieran tolerarlo a contradecirlo. Sin duda, ¡una situación sorprendente! Sin embargo, es tan común que uno debe llorar más y sorprenderse menos, ante el espectáculo de ver a un millón de hombres servir miserablemente, con sus cuellos bajo el yugo, no obligados por una multitud mayor que ellos, sino que simplemente, al parecer, encantados y hechizados por el nombre de un solo hombre, cuyo poder no tienen por qué temer, ya que es la persona que evidentemente no pueden admirar, debido al trato inhumano y salvaje que les da.
“Obviamente no hay necesidad de luchar para vencer a este único tirano, ya que se le derrota automáticamente si el país se rehusa a consentir su propia esclavitud: no es necesario quitarle algo, sino simplemente no darle nada; no hay necesidad de que el país haga un esfuerzo para hacer algo por sí mismo a condición de que no haga nada contra sí mismo. Por lo tanto, son los mismos habitantes quienes permiten, o más bien logran, su propia sujeción, ya que al dejar de someterse pondrían fin a su servidumbre. Un pueblo se esclaviza, corta su propia garganta, cuando, teniendo la oportunidad de escoger entre ser vasallos y ser hombres libres, abandona sus libertades y se pone el yugo, da su consentimiento para su propia miseria, o, más bien, al parecer, la acoge”.
Si quiere leer el discurso completo, búsquelo en www.jorgejacobs.com.
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 24 de Febrero de 2,011.
El discurso lo pueden encontrar aquí:
Versión en Inglés.
Versión en Español.
Etiquetas:
dictaduras,
Discurso sobre la servidumbre voluntaria,
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