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jueves, 24 de julio de 2008

La Gran Estafa (y V)

Esta serie de artículos me ha traído un aluvión de correos y mensajes que, por lo mismo, no los puedo transcribir, pero intentaré contestar las inquietudes en ellos presentados.

Primero, recibí una gran cantidad de correos con acusaciones personales no fundamentadas: básicamente, que trabajo para los gringos y las petroleras. Por supuesto, no todos en buen castellano. No trabajo para ninguno de los grupos aludidos.

Luego, están quienes argumentan que los científicos que hablan en contra del calentamiento global antropogénico son pagados por las petroleras. Algunos, pero no todos ni la mayoría, sí trabajan para organizaciones que han recibido fondos de petroleras. Pero aún si fuera cierto y generalizado el argumento, el mismo se podría utilizar para descalificar a todos los científicos pagados por gobiernos o por las Naciones Unidas que apoyan la visión que esas organizaciones respaldan.

Luego están quienes me acusan de favorecer la contaminación y el manejo descuidado de los desechos. Nunca he dicho tal cosa ni creo que debamos andar tirando la basura y los desechos donde bien nos plazca. Lo que sí he dicho es que la única solución viable y sostenible a este problema es establecer claramente los derechos de propiedad y un sistema jurídico que la defienda, de tal suerte que quien destruya o contamine la propiedad de los demás deba pagar el costo. El punto aquí es que esto no es atingente a la teoría antropogénica del calentamiento global.

Luego están quienes sinceramente están convencidos de que existen bases científicas para creer esa teoría, pero que están dispuestos a indagar otras posibilidades. Éstos creo yo que son honestos intelectualmente, y los invito a que sigan inquiriendo.

Por último están quienes tampoco están de acuerdo con la teoría antropogénica del calentamiento global y me han felicitado por atreverme a cuestionar lo políticamente correcto. Igualmente, los invito a que sigan inquiriendo.

Mi punto central es que los temas científicos no los podemos circunscribir al debate político o ideológico. Tampoco se vale asustar a la gente con el petate del muerto y después decir que no importa que no sea cierto, con tal de lograr que la gente sea más “ecológica”. Ni mucho menos aprovecharlo para avanzar nuestra agenda política, indistintamente de las consecuencias que pueda tener en las demás personas.

Para muestra un botón: la histeria del calentamiento global antropogénico, que ha sido impulsada ferozmente por grupos ambientalistas que se oponen al uso de los combustibles fósiles, es una de las principales razones detrás de la crisis actual del petróleo y los alimentos. Por supuesto que hay otros factores, como por ejemplo que el 80 por ciento del petróleo es controlado por gobernantes y burócratas del mundo, pero el tema “ambiental” ha tenido mucho qué ver con que la demanda haya alcanzado a la oferta.

En el caso de los granos básicos, también por la susodicha histeria contra el CO2 producido por los combustibles fósiles, se ha incrementado considerablemente el uso del maíz para producir combustible, lo que según un informe del Banco Mundial, ha sido responsable de por lo menos el 75 por ciento del incremento en el precio de los granos. Pero esa responsabilidad en los precios —a pesar de que representa un triunfo para su causa— ningún ambientalista se atreve a reclamarla.

Yo prefiero ser coherente con mis principios y con lo que el sentido común me indica. Y en cuanto a los temas científicos, ¡todavía no se ha acabado el debate!

Publicado en Prensa Libre el jueves 24 de julio de 2,008