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viernes, 24 de diciembre de 2010

La senda olvidada


No olvidemos el sentido de la celebración.

Estamos a unas horas de que se celebre una de las fiestas más tradicionales de la cristiandad: la Navidad. La forma de celebrarlo varía entre países, regiones y pueblos, pero el centro de la celebración es el mismo: el nacimiento de Jesús en Belén, hace un par de milenios. Sin embargo, en medio de las tradiciones y celebraciones, los abrazos y la comida, generalmente quedan pocas oportunidades de conmemorar la Navidad por lo que realmente representa.

Y esto no es solo por las carreras de la época; de hecho, en muchos casos y desde hace varios siglos las mismas tradiciones que se le han ido añadiendo a la celebración han nublado el camino, haciendo cada vez más difícil el transitarlo. Yo veo esto desde dos perspectivas: el lado fraternal y el lado espiritual.

La Navidad se ha convertido en muchos países en la celebración familiar por excelencia, y Guatemala no es la excepción. Es el momento ideal para reunirse con toda la familia, disfrutar juntos de los alimentos, compartir buenos deseos y bendiciones, intercambiar regalos y, en general, pasar un buen rato con los familiares, con quienes quizá difícilmente nos reunimos en otras ocasiones. Y eso está bien. Creo que todos necesitamos de momentos como estos, en donde los lazos familiares se refuercen.

Como muchos han comentado, se llega a incluso sentir un “espíritu navideño” que básicamente se refiere a un cambio de actitud en muchas personas, quienes durante el mes de diciembre se vuelven más afables y amables que de costumbre. Y eso también está bien. Claro que sería mejor que el “espíritu navideño” les durara más tiempo, pero por lo menos algo es. En Guatemala, especialmente, donde hasta tocar la bocina en el tránsito puede ser ofensa suficiente para que alguien lo balee a uno, ese cambio de actitud es más que bienvenido.

Pero el inicio de todo esto es el significado espiritual de la Navidad. Para quienes nos confesamos cristianos, esta representa el parteaguas de la historia, precisamente porque celebra el inicio de la vida en la Tierra del Cristo y, por ende, del clímax del plan de redención. Parece poco pero, al final, todo el cristianismo se basa precisamente en la vida, muerte y resurrección de Jesús. Como muy bien lo dijo Pablo: “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”. Pero esto, dos milenios después, parece para muchos tan lejano, que hasta pena les da reflexionar y comentar al respecto.

La Navidad ha pasado por varias etapas en mi vida. De pequeño, era una etapa fenomenal, por el árbol, los adornos, los regalos, el viaje a la capital a visitar familiares y amigos; en fin, una época esperada. Luego pasé por mi etapa de extremista, en la que dicha celebración era casi anatema, por pagana, al grado de que creo que era el día en el año en que más temprano me acostaba, para no estar “presente” durante la misma. Etapa esta de la que, afortunadamente, salí hace ya bastante.

Con el tiempo uno va aprendiendo la mesura. Ahora la Navidad para mí tiene mucho de ambos temas, lo fraternal y lo espiritual. Es una reunión familiar —y este año hasta vamos a cocinar el pavo en nuestra casa—, pero también tengo muy presente lo que conmemora. Y lo que represente para cada quien, está bien. Usted aprenda a disfrutarla y, si tiene a bien aceptar mi consejo, por lo menos dedique un minuto de su tiempo a reflexionar sobre el origen de la misma. ¡Que pase una muy feliz Navidad!

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 23 de Diciembre de 2,010.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Reflexiones

Hay mucho por qué estar agradecidos y mucho que buscar el año que viene.

Estas épocas siempre me ponen reflexivo, sin embargo unas cuantas charlas, un par de películas y libros añadieron todavía más a ese ánimo reflexivo de "fin de año". Mi conclusión es que éste ha sido un buen año y tengo muchas cosas por las cuales estar agradecido y que el 2008 se presenta también como un buen año, si tan sólo nos ocupamos en buscar nuestros objetivos.

El 2007 fue un buen año para mí. Me trajo muchas bendiciones y tengo muchísimas cosas por las cuales estar agradecido. Le agradezco a Dios, primeramente por mi familia, mi esposa y mi hija: son las mejores joyas que me pudo dar y sin ellas mi vida estaría vacía. También estoy muy agradecido porque, luego de casi 20 años de separación, finalmente este año mi familia volvió a reunirse.

También estoy agradecido por los amigos que tengo. Con algunos trabajo todo el tiempo, a otros apenas los veo quizá una vez al año, pero poco a poco, esos lazos de amistad van creciendo a veces incluso más que los familiares. Este año debo agradecer también que nuevas personas se han incorporado a ese círculo de amigos, en especial, las madres y los niños del Hogar Rafael Ayau.

También estoy agradecido por la salud y las oportunidades que hemos tenido este año. Por las muchas satisfacciones, batallas, éxitos, alegrías, tristezas y muchos conocidos que el trabajo en los medios me ha permitido experimentar y conocer. Por haberme iniciado formalmente en el hobby de la fotografía. Incluso hasta las cosas que al principio parecían malas, como el tener que mudarme por causa del Transmetro, al final resultaron siendo una bendición.

En fin, para mí el 2007 ha sido un buen año y deseo con todo corazón que también lo haya sido para usted.

Ahora nos enfrentamos al nuevo reto, al nuevo año, al 2008. Como soy optimista a más no poder, creo que el nuevo año también será muy bueno. Qué vaya a suceder, no tengo la más remota idea, así como hace un año no sabía que viviría en otra casa, que tendría nuevos amigos, las batallas que me tocaría pelear.

Lo que sí podemos hacer es trazarnos metas, objetivos, que nos den un norte hacia dónde dirigirnos y saber que, si bien es cierto hay muchas cosas y circunstancias que no dependen de nosotros, siempre, ante cualquier situación, tendremos la oportunidad de decidir si queremos ser dueños de nuestro destino y responsabilizarnos por las decisiones que tomamos o simples "víctimas" de las circunstancias en busca de alguien a quien echarle la culpa de nuestras desgracias.

En una de las lecturas recientes encontré una cita de Benjamín Franklin que me gustó: "mantente siempre en guerra contra tus vicios, en paz con tus vecinos, y que cada año nuevo te encuentre como una mejor persona". Le deseo que el año entrante usted pueda volver su mirada atrás y ver que, en efecto, es una mejor persona. ¡Feliz 2,008!

Publicado en Prensa Libre el jueves 27 de diciembre de 2007.