Este es un lugar en el cyberespacio para compartir ideas. Las mías, en particular, se centran alrededor de la libertad individual que nos permite desarrollarnos y llegar a ser todo lo que queremos ser. Mis Ideas se publican originalmente todos los viernes en el diario Prensa Libre de Guatemala.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Acción de Gracias
Aunque la acción de gracias se tiende a vincular más con una celebración del mes pasado, creo que la Navidad es el momento ideal para hacer un alto en el camino y dar gracias por todas las bendiciones recibidas, los éxitos alcanzados, los retos vencidos, las tristezas, las alegrías; en fin, por todo lo que obtuvimos este año. Al dar gracias por la vida que hemos tenido, creo que debemos empezar por aquellos que nos dejaron este año.
Hace apenas un par de días se fue una muy querida tía, Blanca Alvarado de Del Valle.
La tía Blanca, prima de mi mamá, era una persona admirable. Muy emprendedora y comerciante, pero además muy sencilla y de gran corazón; siempre dispuesta a ayudar a los demás. En mi caso particular, su ayuda y apoyo fueron decisivos en algunos de los momentos más difíciles de mi vida. Por lo cual siempre la recordaré y le estaré muy agradecido.
Si usted ha perdido también a una persona querida y cercana recientemente, dé gracias por haberla tenido un tiempo en su vida y por todo lo que compartieron juntos. Al final, lo que queda son esos recuerdos de una vida bien vivida.
Demos gracias por la vida. Por no ser una más de las estadísticas en Guatemala. Sé que en la mayoría de los casos, nosotros o nuestros allegados hemos flirteado con la muerte en uno de los países más violentos del mundo. Sin embargo, aquí seguimos y eso es razón suficiente para dar gracias.
Demos gracias por nuestra familia y nuestros amigos. Su compañía hace que nuestro andar por esta vida sea más feliz y placentero. Con ellos que se puede disfrutar mejor una cena, una película, un viaje, una excursión, una conversación y hasta el silencio.
Demos gracias también por los fracasos que hemos tenido este año. Porque solo tienen fracasos aquellos que se arriesgan y actúan. Quienes nunca fracasan, lo más probable es que nunca hallan intentado hacer nada fuera de su zona de confort. Y solo quienes se han arriesgado, fracasado y seguido adelante, entienden que el fracaso es un paso más que nos acerca al éxito. Así que si quiere ser exitoso, dé gracias por las lecciones aprendidas a través de los fracasos.
Demos gracias por nuestro trabajo, que si lo hemos escogido bien no es una carga, sino un placer. Y si para usted es una carga, es porque no ha encontrado aquello que le gusta hacer. El día que lo encuentre no tendrá que trabajar nunca más, como bien lo dijo Mark Twain.
Demos gracias por los éxitos que hemos alcanzado este año. Seguramente se deben a nuestra dedicación, esfuerzo, constancia, pasión y a que en algún momento tomamos las decisiones correctas. Que estos sean el combustible que alimente nuestras metas para el siguiente año.
Seamos agradecidos con todos aquellos que este año cooperaron con nosotros para que alcanzáramos nuestras metas. Y cooperemos nosotros también con otros para que alcancen sus metas.
Por último, yo doy gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas este año. ¡Que tengan todos una muy Feliz Navidad!
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 22 de diciembre de 2,011.
viernes, 24 de diciembre de 2010
La senda olvidada
No olvidemos el sentido de la celebración.
Estamos a unas horas de que se celebre una de las fiestas más tradicionales de la cristiandad: la Navidad. La forma de celebrarlo varía entre países, regiones y pueblos, pero el centro de la celebración es el mismo: el nacimiento de Jesús en Belén, hace un par de milenios. Sin embargo, en medio de las tradiciones y celebraciones, los abrazos y la comida, generalmente quedan pocas oportunidades de conmemorar la Navidad por lo que realmente representa.
Y esto no es solo por las carreras de la época; de hecho, en muchos casos y desde hace varios siglos las mismas tradiciones que se le han ido añadiendo a la celebración han nublado el camino, haciendo cada vez más difícil el transitarlo. Yo veo esto desde dos perspectivas: el lado fraternal y el lado espiritual.
La Navidad se ha convertido en muchos países en la celebración familiar por excelencia, y Guatemala no es la excepción. Es el momento ideal para reunirse con toda la familia, disfrutar juntos de los alimentos, compartir buenos deseos y bendiciones, intercambiar regalos y, en general, pasar un buen rato con los familiares, con quienes quizá difícilmente nos reunimos en otras ocasiones. Y eso está bien. Creo que todos necesitamos de momentos como estos, en donde los lazos familiares se refuercen.
Como muchos han comentado, se llega a incluso sentir un “espíritu navideño” que básicamente se refiere a un cambio de actitud en muchas personas, quienes durante el mes de diciembre se vuelven más afables y amables que de costumbre. Y eso también está bien. Claro que sería mejor que el “espíritu navideño” les durara más tiempo, pero por lo menos algo es. En Guatemala, especialmente, donde hasta tocar la bocina en el tránsito puede ser ofensa suficiente para que alguien lo balee a uno, ese cambio de actitud es más que bienvenido.
Pero el inicio de todo esto es el significado espiritual de la Navidad. Para quienes nos confesamos cristianos, esta representa el parteaguas de la historia, precisamente porque celebra el inicio de la vida en la Tierra del Cristo y, por ende, del clímax del plan de redención. Parece poco pero, al final, todo el cristianismo se basa precisamente en la vida, muerte y resurrección de Jesús. Como muy bien lo dijo Pablo: “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”. Pero esto, dos milenios después, parece para muchos tan lejano, que hasta pena les da reflexionar y comentar al respecto.
La Navidad ha pasado por varias etapas en mi vida. De pequeño, era una etapa fenomenal, por el árbol, los adornos, los regalos, el viaje a la capital a visitar familiares y amigos; en fin, una época esperada. Luego pasé por mi etapa de extremista, en la que dicha celebración era casi anatema, por pagana, al grado de que creo que era el día en el año en que más temprano me acostaba, para no estar “presente” durante la misma. Etapa esta de la que, afortunadamente, salí hace ya bastante.
Con el tiempo uno va aprendiendo la mesura. Ahora la Navidad para mí tiene mucho de ambos temas, lo fraternal y lo espiritual. Es una reunión familiar —y este año hasta vamos a cocinar el pavo en nuestra casa—, pero también tengo muy presente lo que conmemora. Y lo que represente para cada quien, está bien. Usted aprenda a disfrutarla y, si tiene a bien aceptar mi consejo, por lo menos dedique un minuto de su tiempo a reflexionar sobre el origen de la misma. ¡Que pase una muy feliz Navidad!
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 23 de Diciembre de 2,010.
viernes, 15 de enero de 2010
Grinch
Ahora sí tenía razones para estar triste, molesto, enojado.Nunca le gustó la celebración de la Navidad. De seguro era resultado de las malas experiencias que tuvo de pequeño. Su papá los abandonó cuando él era todavía muy pequeño. Así que las primeras las pasó sólo con su mamá en la pequeña covacha en la que vivían. Ya un poco más grande, cada año tenía "padrastro" distinto. Lo único que tenían de común entre sí era lo borracho.
Siempre era lo mismo. Llegaban dando tumbos, a pegarle a su mamá y a veces hasta él cachaba golpes, al principio por no esconderse bien, luego por defender a su madre. Generalmente, por esas fechas su mamá terminaba la "relación", así que el desencanto era doble. Por lo mismo, el "año nuevo" era muy significativo porque implicaba, de manera muy literal, volver a empezar.
Afortunadamente, gracias al mucho esfuerzo y trabajo de su mamá, logró superarse, estudiar, sacar una carrera y prosperar. Pero cada año, al acercarse la Navidad, nuevamente se sentía extraño, como que no encajaba en el "espíritu navideño" del que todos se imbuían.
Ni su casamiento, ni los hijos y las consiguientes celebraciones podían alejar de él ese rechazo. En el trabajo, en la casa y con las amistades, era conocido como el "Grinch". Detestaba escuchar la música navideña. A veces hasta se molestaba consigo mismo por esa actitud, por ese sentimiento. Pero no lo podía cambiar. Diciembre, que para muchos era el mejor mes del año, para él era uno de los peores.
Repetidas veces intentó cambiar. Intentó celebrar con sus hijos, con los amigos, iba a los convivios, pero no importaba qué hiciera, no podía alejar de sí ese sentimiento. Una vez hasta intentó yendo con el sicólogo, pero también fue en vano.
Pero este año era diferente. Ahora sí tenía razones para estar triste, molesto, enojado. Su madre había fallecido. A él lo asaltaron en varias ocasiones, una por robarle el carro y las otras para robarle el celular. Criminales se metieron a su casa y poco faltó para que mataran a su esposa e hijos. Por si todo eso no fuera suficiente, la famosa "crisis" le había pegado duro a la empresa y se rumoraba que el año se iniciaría con recortes de personal. No sabía si en enero tendría trabajo.
Durante la mayor parte de su vida no había sido para nada religioso. A pesar de que su mamá cuando niño lo llevaba a la escuela dominical de la iglesia cercana, conforme pasó el tiempo el concepto de Dios se fue haciendo cada vez más lejano y borroso.
Pero esta noche no se pudo aguantar más, se encerró en una habitación y, alejado del bullicio típico de la Nochebuena, se enfrascó en un alegato con Dios. Le reclamó todo lo malo que le había sucedido en el año. Aprovechó para sacar también todo aquello en que le parecía que la vida, o Dios mismo, habían sido injustos con él. Conforme más se recordaba todas las aparentes injusticias que le habían acontecido más rabia le daba, más recuerdos le venían a la mente. La emoción, el enojo reprimido, eran tan fuertes que sin darse cuenta, empezó a llorar. Al principio fue de rabia y amargura, pero poco a poco fue sintiendo que ésta se acababa, como si los ríos de lágrimas sirvieran para lavar su corazón.
Varias horas habían pasado. De repente escuchó los ruidos de cohetes y juegos artificiales. Eran las 12. En su alma había paz. Le costaba entender lo que le pasó. Lo cierto es que la amargura, el rencor y el enojo parecían haber desaparecido. Se sentía un hombre nuevo. Salió a compartir esa nueva sensación con su familia.
¡Feliz Navidad!Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 24 de diciembre de 2,009.
jueves, 21 de diciembre de 2006
P.C. Christmas
En estas doradas épocas del oropel de la corrección política, cuando uno supuestamente debe tener "respeto" de las minorías so pena de ser desterrado al ostracismo por "conservador y retrógrada", resulta que ni siquiera una conmemoración con eminentes raíces religiosas y espirituales, como lo es la Navidad, se escapa de los tentáculos de la corrección política, que parece empeñada en querer sepultar en el olvido los principios, valores y tradiciones judeo-cristianas.
Una investigación reciente del periódico británico The Daily Mail, por ejemplo, reveló que las víctimas más recientes de este ataque de la corrección política son las tarjetas de navidad. En una revisión de 5,500 tarjetas, encontraron que solamente 70 (poco más del 1%) hacían alguna mención al concepto "religioso" detrás de la celebración.
Tanto los mensajes como las imágenes que hacen referencia al nacimiento de Jesús, como por ejemplo, los ángeles anunciando su nacimiento a los pastores, el niño en el pesebre o los tres reyes magos, han desaparecido de las tarjetas. Incluso escenas no "religiosas" vinculadas con la navidad, como Santa Claus o el árbol adornado, también están desapareciendo. En algunos casos se llegó incluso a obviar completamente la Navidad, al grado que una tarjeta simplemente decía: Feliz Diciembre.
La corrección política también se manifiesta en otros ámbitos. Según un reporte de una empresa de derecho laboral, el 75% de las empresas británicas evitaron adornar sus instalaciónes con motivos navideños para evitar ser demandados por cualquiera que crea que la celebración es "ofensiva".
Pero la Navidad es sólo la punta del iceberg. El cristianismo en general está siendo blanco de la corrección política, no sólo en Inglaterra, sino en todas partes. Como lo describe Jeff Randall, editor del también británico diario The Telegraph: "A una minoría tiránica de secularistas intolerantes… las enseñanzas y guianzas del cristianismo tradicional les ofende, así que buscan eliminar de la vida pública todo rastro de ellas".
En Guatemala los políticamente correctos todavía no han logrado los éxitos que han tenido en otros países con relación al cristianismo y la Navidad, pero puede estar seguro que ganas no les faltan, así que, si no tiene el valor para soportar su ostracismo, empiece a acostumbrarse al nuevo lenguaje (que es por donde primero se cuelan): el niño dios o la niña diosa; el Santa Claus o la Santa Claus, los pastores y las pastoras, los reyes magos y las reinas magas, el burro y la burra, y así sucesivamente.
Nota: Si desea leer las notas que sirvieron de base para esta columna, puede encontrár los vínculos en la sección de foros de www.radiopolis.info.
Publicado en Prensa Libre el 21 de diciembre de 2006.