Colombia y Uruguay se nos adelantaron...
En lo que Otto Pérez Molina anda ensimismado tratando de quitarse de
encima el mote constitucional de mandatario, Colombia y Uruguay se nos
adelantaron en el proceso de la despenalización de las drogas. El
liderazgo que había tomado Guatemala en este tema empieza a ser relegado
por otros mandatarios que se han portado más ágiles y sagaces.
La
semana pasada, la Corte Constitucional de Colombia dictaminó que los
colombianos pueden portar dosis mínimas de estupefacientes para consumo
personal, sin que se les pueda detener ni acusar penalmente. La Corte incluso estableció cuál es esa dosis mínima: 1 gramo de
cocaína o 22 gramos de marihuana. Cualquier persona a la que se le
encuentre una dosis mínima de estas drogas podrá ser tipificada, a lo
más, dependiendo del estado en que esté, como enferma, y ser tratada
física y sicológicamente como tal, pero no detenida ni encausada
judicialmente.
Este dictamen de la Corte aleja definitivamente a Colombia del
cauce que el gobierno de Álvaro Uribe le había impreso hacia la
penalización de los usuarios de drogas y la encauza hacia la visión más
abierta de Santos, en la línea de tratar las adicciones a las drogas
como un problema de salud y no como uno penal. ¿Es esto suficiente? De
seguro no lo es, pero es un primer paso en la línea correcta.
El presidente de Uruguay, José Mujica, también dio un gran paso
hace unos días, al presentar al Parlamento una propuesta para
despenalizar el consumo de marihuana. No estoy completamente de acuerdo
con la propuesta de Mujica, ya que esta convierte al Gobierno en el
productor y vendedor monopolista de la marihuana, pero aun así creo que
es un muy buen experimento. Al parecer, el partido de Mujica cuenta con
los suficientes votos y aliados para que la propuesta sea aprobada en
ambas cámaras, lo que no quita que la propuesta sea controversial y haya
mucha discusión y opiniones encontradas sobre la misma, tanto en
Uruguay como fuera.
En ambos casos, creo que lo importante es que la marea empieza a
cambiar y la despenalización de las drogas cada día se convierte en algo
más cercano y posible. Los muchos años que quienes hemos promovido la
legalización de las drogas parecíamos arar en el mar, finalmente parecen
empezar a dar frutos. ¿Es algo que va a cambiar de la noche a la
mañana? Por supuesto que no. Estos son apenas unos débiles pasos en la
dirección correcta, pero ya empezamos a caminar.
Debo añadir un elemento adicional. Estoy convencido que el
regreso del PRI al poder en México tiene su raíz en la absurda y trágica
guerra contra las drogas en la que Calderón embarcó a todo el país.
Esperemos que hayan aprendido la lección y estén dispuestos a considerar
las alternativas. La presión de Estados Unidos puede ser mucha, pero
los muchos miles de muertes sin sentido de los años recientes deben
pesar más. Ese no es el camino a seguir. Las pruebas abundan en muchos
cementerios a lo largo y ancho de ese gran país. Ha llegado el momento
de considerar otra ruta.
Mientras tanto, en Guatemala, pudiendo liderar esta ruta, perdemos
el tiempo con un paquetazo constitucional dictatorial. Triste nuestro
caso.
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 5 de julio de 2,012.
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jueves, 5 de julio de 2012
22 gramos
Etiquetas:
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