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jueves, 5 de agosto de 2010

Muso












Fue la persona más influyente en Guatemala durante la segunda mitad del siglo veinte.


Lo conocí en 1993, durante un seminario sobre energía eléctrica. Yo ya tenía casi un año de escribir columnas en medios de comunicación y, aunque me identificaba por completo con las ideas de la libertad, nunca antes había tenido contacto directo con Manuel Ayau, con la Universidad Francisco Marroquín ni con el CEES. Ese día almorzamos juntos con su hijo Manuel. Fue el inicio de una amistad muy enriquecedora que duró 17 años.

Aunque nos separaban 40 años de edad y yo lo conocí ya avanzado en su vida, desde el principio nos identificamos mucho. A pesar de que todo el mundo lo llamaba Muso, yo en muy raras ocasiones pude llamarlo así. Para mí siempre fue el “doctor”. Aprendí mucho con él. Nos veíamos casi siempre, por lo menos una vez a la semana, en el almuerzo del CEES, los lunes. Si estaba en Guatemala, nunca faltaba. En esos inolvidables almuerzos en el CEES, primero en la casa de la zona 4 y luego en la UFM, fue donde yo me empapé de las ideas de la libertad. El doctor siempre tenía alguna anécdota que contar sobre sus experiencias, de la vida, de la empresarialidad, de sus conversaciones con Hayek, Mises, Friedman y otros grandes defensores de la libertad, así como de su participación en la vida política guatemalteca.

Fueron muchas las conversaciones que sostuvimos también en su oficina. Sus intereses eran tan variados que hasta tenía registradas patentes de inventos propios. Su mentalidad de ingeniero siempre lo llevaba a pensar nuevas y mejores formas en que se podían hacer las cosas.

Cuando lo conocí ya no daba clases en la universidad, por lo que realmente nunca tomé clases formales con él. Sin embargo, aprendí muchísimo tan solo escuchándolo en esas muchas ocasiones. Poseía muchos conocimientos y siempre estaba leyendo y tratando de aprender más. Pero no se quedaba sólo con el conocimiento, reflexionaba mucho sobre lo que leía, tratando de entender y comprender más. Lo que más llegué a apreciar de él era su capacidad para explicar, de manera tan fácil y didáctica, conceptos complejos y difíciles de entender.

También admiré mucho su humildad. A pesar de que considero que fue la persona más influyente en nuestro país en la segunda mitad del siglo XX y que su influencia no se circunscribió a nuestro país, sino que llegó a muchísimos lugares, en donde, por cierto, fue más apreciado que localmente. Siempre fue un hombre sencillo y modesto, dispuesto a hablar con cualquier persona, incluso con quienes denostaban contra las ideas de la libertad.

Su sentido del humor y esa chispa con la que siempre tenía en la punta de la lengua la respuesta adecuada a cualquier pregunta o cuestionamiento eran siempre admirables. Que no quita que no fuera capaz de enojarse, aunque no era la norma. En el tiempo que compartí con él, sólo recuerdo haberlo visto enojado en dos ocasiones, y creo que eran justificadas.

Siempre su interés fue cómo lograr que los guatemaltecos tuviéramos un mejor nivel de vida. En esa búsqueda fue que llegó a las ideas de la libertad y a ese propósito le dedicó su vida. El CEES, la Universidad Francisco Marroquín y Proreforma forman parte de ese legado que deja como testimonio vivo de su deseo porque en Guatemala vivamos mejor.

Ahora que me toca despedirme de mi mentor y amigo, le puedo decir que se puede ir con toda tranquilidad. Hizo muchísimo más de lo que cualquiera podría pedirle y deja un mundo mucho mejor que el que encontró. Descanse en paz, doctor, su legado permanecerá...

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 5 de agosto de 2,010.

Foto: Convivio del CEES, diciembre 2,008.

jueves, 14 de enero de 2010

CEES


Las ideas tienen consecuencias...

Ayer se cumplieron 50 años de la fundación del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES). Esta institución ha sido de vital importancia para Guatemala. Ha sido un faro de libertad que ha permitido que en nuestro país se conozcan y aprecien los principios de una sociedad de personas libres y responsables como en pocos lugares del mundo. Para mí, es una institución muy querida y respetada.

Recuerdo muy bien la primera vez que llegué. Fue hace más de 16 años. En ese tiempo estaba en una casa antigua de la zona 4. Me invitaron al almuerzo de los lunes. Hasta donde sé, esa reunión de los lunes ha sido una tradición casi inamovible durante los 50 años de vida de la institución. Nunca imaginé, esa primera vez, que mi vida, de allí en adelante, estaría vinculada al CEES y a los almuerzos de los lunes.

De esa reunión, y de las muchas que siguieron, surgieron amistades entrañables que hasta la fecha aprecio y me enorgullecen sobremanera. La amistad se ha ido fortaleciendo a medida que hemos recorrido el camino de las ideas, lleno de mucho aprendizaje, de muchas aventuras, de muchas batallas, de muchas alegrías y tristezas, pero siempre con mucho ánimo, convencidos todos de que trabajamos por un futuro mejor para los guatemaltecos.

El amor y la pasión por la libertad, que ya era incipiente en mi corazón y mente cuando llegué al CEES, se fortalecieron gracias al apoyo, las enseñanzas, las discusiones, con un grupo de personas verdaderamente comprometidas, de ánimo y principios inquebrantables, que han sido un verdadero ejemplo para mi vida y para la de muchos otros.

De los fundadores, sólo conocí a Manuel Ayau, Félix Montes y Estuardo Payo Samayoa. De lo que conozco de la historia, un grupo de amigos, liderados por el doctor Ayau, inconformes con las teorías económicas que en aquellas épocas prevalecían, se empezaron a reunir para estudiar economía. Conforme avanzaron en su estudio fueron decantándose por el liberalismo clásico y la escuela austríaca de economía. Luego, decidieron fundar el CEES, para dar a conocer lo que estaban aprendiendo.

Más adelante, convencidos de la necesidad de educar a las generaciones venideras en los principios de la libertad, se dedicaron a la tarea de fundar una universidad, la que ahora conocemos como Francisco Marroquín.

Mucho ha sucedido en 50 años. En Guatemala pasó el conflicto armado, en el mundo pasó la Guerra Fría. Pero los principios que llevaron a ese grupo de amigos a fundar el CEES se mantienen. La batalla de las ideas continúa y seguirá por siempre. Que “el precio de la libertad es una eterna vigilancia” sigue siendo tan válido ahora en el siglo XXI como cuando se planteó hace varios siglos. Y esa es una labor que, en Guatemala, el CEES ha sabido sobrellevar con mucho éxito.

Nos pueden tildar de extremistas, de intransigentes, de retrógrados, y de cuanto otro épiteto se le pueda ocurrir a los enemigos de la libertad, pero de lo que nadie nos puede acusar es de flaquear en la defensa de los principios de la libertad.

Estamos claros de qué es lo que se necesita en Guatemala y el mundo: más libertad. Y seguiremos, mientras Dios nos de la vida, defendiendo el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de todas las personas, porque estamos convencidos de que ese es el camino hacia la paz y el desarrollo.

Me considero muy dichoso de haberme topado con el CEES y sus miembros. ¡Brindo por los siguientes 50 años!

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 19 de noviembre de 2,009.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Atlas Libertas



El año pasado se celebraron los 50 años de la publicación de la novela "La Rebelión de Atlas" (Atlas Shrugged, en inglés) escrita por Ayn Rand. Para conmemorar ese aniversario, en la Universidad Francisco Marroquín decidieron elaborar una estatua representativa. La elaboración de la misma le fue encomendada al arquitecto y escultor, Walter Peter Brenner. Walter elaboró varios bocetos de entre los cuales se escogió el diseño que finalmente se realizaría. Según la descripción al pie de la estatua, la misma representa una "figura humana de espalda, en altorrelieve, de la cadera hasta la cabeza, cargando el Universo. El Universo está representado por un conjunto de semicícrulos (abstrayendo planetas y engranajes). La escultura es de lámina de latón repujado y soldado, con un acabado final de pátinas (químicos al calor) de color cian, semejando el óxido de cobre". La escultura tiene un tamaño de 4.5 metros de alto por 4.5 metros de ancho y una profundidad aproximada de 40 centímetros.

Yo debo confesar que me impresionó mucho el Atlas Libertas desde que tuve la oportunidad de ver las fotos durante el proceso de elaboración. Ya estando acabada e instalada, aproveché para tomarle algunas fotos que comparto aquí con ustedes, así como algunas que tomé durante las dos conferencias que se impartieron en la UFM para inaugurarla. Si usted vive en Guatemala y tiene la oportunidad, le invito a que vaya a conocerla. Todavía mejor aún es que le dedique un tiempo a leer "La rebelión de Atlas", novela que considero de lectura indispensable para todos aquellos que están en el proceso de aclararse las ideas. Más que nada, lo invito a que sea una de esas personas que toma su destino en sus manos.