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jueves, 13 de marzo de 2008

Todavía peor

No han pasado ni dos semanas desde el accidente del bus en la Curva del Chilero y ya la mayoría parece haberse olvidado del asunto. Lo que es peor, los funcionarios a cargo del “transporte pesado”, en un súbito arranque dizque de conciencia, han decidido que ahora sí van a hacer algo; sin embargo, las decisiones que empiezan a tomar son tan absurdas que no nos debería extrañar que pronto enfrentemos nuevos casos similares al del Chilero.

La principal decisión que tomaron es prohibir los buses “expresos” durante la Semana Santa. Según ellos, así se evitarán accidentes, ya que esos automotores no están “supervisados” por ellos para efectuar tal faena en las carreteras, y entonces no pueden “responder” por ellos. ¡Como que lo hicieran por los que sí están bajo su supervisión!

Esta decisión denota la mentalidad de los funcionarios, que es la verdadera raíz de los problemas actuales: el mercado es “imperfecto” y, por tanto, requiere la “supervisión” de los burócratas para “perfeccionarlo”.

El resultado de esa intromisión de la mano peluda de los burócratas en el servicio de transporte de pasajeros en particular, pero que se replica en toda actividad económica que se meten a regular, es un sistema más imperfecto que el que el mercado proporcionaría, a precios generalmente mayores, con menor oferta de la necesaria y con el problema adicional que a la hora de que hay problemas todos los “responsables” se lavan las manos, como lo expliqué en mi artículo de la semana pasada.

Pues bien, en el caso de esta nueva prohibición, ¿cuál cree usted que será el resultado? En ese momento en el cual la demanda por transporte extraurbano para movilizarse a los departamentos llega a su pico máximo del año, la oferta será todavía más insuficiente de lo que ha sido en los años anteriores, cuando alguna de esa demanda era satisfecha a través de los buses “expresos”. En otras palabras, habrá muchas más personas buscando un medio de transporte para llegar a su lugar de origen o destino de descanso de lo que ha habido en otros años, y una oferta de transporte que no ha crecido al mismo ritmo.

Esos factores, aunados, redundarán, como mínimo, en bastante frustración para muchas personas que ven en este feriado largo su única oportunidad para salir de la ciudad, y, más seguramente, en sobrecarga mayor de la usual en los buses que forman parte del cartel autorizado por la Dirección General de Transportes.

¿Tan difícil será entender que lo que se necesita es eliminar las restricciones de rutas establecidas por los funcionarios? ¿Tanto les costará comprender que el resultado natural de esas restricciones es la formación de un cartel cuyos miembros se vuelven ineficientes, inseguros y poco competitivos, precisamente por la falta de competencia?

¿Alguna vez se les habrá ocurrido a los funcionarios preguntarse por qué nunca es suficiente la cantidad de buses que hay para la demanda que existe (si no, no habría sobrecarga de las camionetas)? Por lo visto, no.

Sólo espero que esta decisión no pare ocasionando más accidentes que los que pretende evitar. Y si lo hace, no hay que buscarle tres pies al gato, la culpa es de los funcionarios que no entienden lo que hacen, pero se creen capaces de controlarlo.

Le aconsejo mucha precaución en esta Semana Santa, y si tiene que utilizar un bus y no está tranquilo con el chofer, es mejor que no se suba y pierda su “descanso” a perder la vida.


Artículo pulblicado en Prensa Libre el jueves 13 de marzo de 2,008.

martes, 11 de marzo de 2008

Irresponsables

Los accidentes de tránsito en general y los del transporte colectivo en particular siempre se han dado y jamás se podrán erradicar por completo; sin embargo, el problema actual, manifestado a raíz del bus que se accidentó en la Curva del Chilero y le costó la vida a más de medio centenar de guatemaltecos, el pasado viernes, tiene otras raíces. Esa raíz es la irresponsabilidad, pero no solo la del piloto que manejaba a excesiva velocidad, ni la del empresario que lo contrató sin licencia y nunca controló su desempeño, sino principalmente de los funcionarios que supuestamente deben velar porque estos percances se minimicen, y no lo han hecho.

Lo triste del caso es que esos funcionarios saldrán tan campantes como siempre, sin dar cuentas a nadie de su irresponsabilidad.

Los funcionarios siempre han tratado de vender la idea de que el mercado no tiene controles y, si se deja libre a las personas para actuar, el caos reinará. Como alternativa, se presentan ellos, que saben a ciencia cierta y con toda exactitud lo que puede y va a suceder y que por tanto están perfectamente capacitados para solucionar los problemas, antes incluso de que se presenten, siempre y cuando se les dé carta blanca para meter su mano peluda a través de una miríada de regulaciones.

Así, se arrogan el derecho de decidir quiénes pueden o no prestar el servicio de transporte y les establecen una serie de regulaciones con el supuesto propósito de velar por el bienestar de los usuarios. Nos venden la idea de que bajo sus controles y sanciones el transporte será más seguro, pero la realidad es muy distinta.

Los funcionarios no cumplen la tarea que ellos mismos se han arrogado y, como consecuencia de ello, suceden accidentes como el mencionado, pero a la hora de la verdad resulta que nadie es “responsable”. Nadie sabía que el piloto no tenía licencia, que el bus estaba defectuoso, que el bus iba sobrecargado, que ya tenía varias multas por exceso de velocidad.

Y entonces uno se pregunta: ¿para qué tanta alharaca con querer “reducir” las imperfecciones del mercado cuando con sus actos demuestran hasta la saciedad que ellos son mucho más imperfectos?

Hoy las mismas autoridades que se supone vigilan el cumplimiento de la reglamentación que ellos mismos imponen no están seguras de quién es el dueño y a quiénes se perseguirá penalmente por el siniestro. Pero tampoco se deducirán responsabilidades a esas autoridades que no cumplieron su labor.

Creo que debemos seguir una ruta distinta. La asignación exclusiva y coercitiva de rutas por parte del Gobierno no permite que los usuarios del transporte puedan escoger entre una gama más amplia de servicios.

La limitación de éstos hace que los dueños de las unidades se acomoden a que no se les puede sacar del negocio y, por consiguiente, la seguridad y el buen servicio les tienen sin cuidado. Eso sucedería menos si tuvieran que competir libremente.

Accidentes habrá siempre, pero muchos pueden evitarse con simples acciones, como liberar las rutas de transporte para que las preferencias de los usuarios se encarguen de mantener a los buenos servicios y sacar del mercado a los irresponsables y mediocres.

Si seguimos haciendo lo mismo, obtendremos los mismos resultados (ayer mismo hubo otro accidente) que hemos tenido desde que tengo memoria.

Artículo pulblicado en Prensa Libre el jueves 6 de marzo de 2,008.