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jueves, 15 de diciembre de 2011

Dejamos atrás

Este año nos trajo muchos retos y satisfacciones, pero principalmente, muchos cambios.

Este año fue uno extraordinario. Nos trajo muchos retos, muchos desafíos, muchas victorias, algunas derrotas, muchas bendiciones pero sobre todo muchos cambios, aquí y en todas partes. Creo que va a ser uno de esos años dignos de recordar.

Uno de los cambios para mí más memorables es la transformación de varios países del norte de África. Nadie podría haber previsto hace un año que la inmolación de un tunecino iba a ser la chispa que encendiera el fuego que consumió a varios dictadores.Mucho menos que un año después ya no quedarían ni las huellas de Muamar el Gadafi.

Ciertamente, no podemos decir que la “primavera árabe” ya haya terminado ni mucho menos que haya acabado con los vicios que la generaron, pero creo que es el inicio de más cambios en esa región. Mucha gente cree que esta será la puerta para que se radicalicen esos países; sin embargo, yo estoy convencido de que los orígenes de estos cambios tienen su raíz en deseos de la gente de más libertad, por lo que creo que, aunque haya tropiezos y reveses, poco a poco se irán consolidando sociedades más abiertas.

Otro de los cambios que más atención me han merecido es el que también creo que es el inicio del fin del Estado benefactor-mercantilista en su encarnación actual —digo esto porque no descarto la increíble capacidad que tienen para reinventarse quienes gustan de vivir a expensas de los demás—. Este proceso lo podemos ver palpablemente en varios países de Europa, los cuales están llegando a niveles insostenibles de déficit y deuda.

A este respecto, siempre recuerdo una de las frases célebres de Margaret Thatcher: “El socialismo funciona hasta que se les acaba el dinero de las demás personas”. Y esto es precisamente lo que podemos ver actualmente en varios países de Europa. Se dedicaron a vivir de “prestado” durante mucho tiempo, creyendo que nunca se les acabaría el dinero de “alguien más”, pero la fuente no podía ser eterna y son varios los gobiernos que ya llegaron al punto donde no pueden conseguir más dinero prestado.

Como suele suceder en estos sistemas llenos de incentivos perversos, quienes siempre terminan pagando el pato son los más trabajadores y responsables, en este caso los ciudadanos alemanes, pero no nos debería extrañar que, tarde o temprano, hasta ellos le zafen bulto a sus gobernantes y se nieguen a pagar lo que los demás se comieron.

Es interesantísimo notar, a pesar de las acusaciones en contra del “capitalismo”, que la crisis, el déficit y la deuda es de los gobiernos, y no de las empresas y personas trabajadoras. Así que, que no lo engañen, esta no es una crisis del capitalismo, es una crisis del Estado benefactor-mercantilista.

¿Y en Guatemala? Dejamos atrás, finalmente, a esta administración llena de corrupción e ineficiencia como la que más. Lo que no es garantía de que la siguiente no sea igual, por lo que tenemos todos los ciudadanos la obligación de seguir atentos a fiscalizar a los gobernantes para que no abusen del poder.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 15 de diciembre de 2,011.

Foto: Futurity: Hussein Elkhafaif

jueves, 12 de marzo de 2009

Niño símbolo

A juzgar por las decisiones de muchos inversionistas, la sola mención en un memo “interno”, el martes en la mañana, por parte del CEO del banco más grande de Estados Unidos, de que en los primeros dos meses del año tuvieron utilidades, es un indicador suficiente de que “lo peor de la crisis ya pasó”, y ahora resulta que el “optimismo” sobre el futuro regresó.

Yo no creo que sea tan sencilla la cosa. Si bien es cierto no creo que la crisis sea tan grave como algunos han pensado, sí estoy convencido de que muchas de las acciones de los gobernantes la profundizarán.

No podemos esconder la cabeza en la arena y dejar de ver la inundación de papel moneda que los bancos centrales de Estados Unidos, Europa, Inglaterra y otros están haciendo. Basta con ver un par de gráficas (las puede encontrar en www.jorgejacobs.com) para percatarse de que la consecuencia principal de los “planes anticrisis” es un crecimiento desmesurado de la masa monetaria, que tarde o temprano habremos de enfrentar.

Si no entendemos las causas de un problema, difícilmente podremos encontrar una solución. Quedarnos contentos con los argumentos superficiales de que la causa es el capitalismo y no querer profundizar más en las verdaderas causas de la crisis es una postura fácil y cómoda, pero que no nos ayudará en nada a salir de la crisis.

En el caso de la actual crisis, creo que hubo una conjunción de muchos factores, pero los principales, como ya lo he comentado en anteriores ocasiones, fueron la política monetaria de la Reserva Federal, los créditos de vivienda obligatorios y la obstaculización de las compras hostiles de empresas.

La política monetaria de la Reserva Federal, que a lo largo de su historia ha demostrado hasta la saciedad que es un péndulo con el cual sus directores (Greenspan, Bernanke, et al) tratan de adelantarse al mercado, pero siempre se equivocan, calculan mal y les sale el tiro por la culata. En este caso particular, la baja de las tasas de interés fue la semilla que alimentó la crisis inmobiliaria. Ahora están haciendo exactamente lo mismo, solo que ampliado exponencialmente.

Luego está la política de “casas para todos”, que forzaba a las entidades bancarias a autorizar préstamos riesgosos. Esta fue otra de las semillas de la crisis.

La parte de la crisis que se atribuye a las grandes corporaciones tiene sus raíces en los incentivos que tenían muchos de sus ejecutivos que les llevaron a tomar decisiones equivocadas. Nuevamente, la raíz viene de más atrás. Durante la década de 1990, ejecutivos de las grandes corporaciones presionaron al Congreso para que se pasara legislación para evitar las compras “hostiles” de las empresas. Los políticos les hicieron caso y obstaculizaron el mecanismo de mercado para reemplazar a los malos ejecutivos. En pocas palabras, les dieron impunidad a las consecuencias de sus decisiones. El resultado lo podemos ver en los estados financieros de muchas de esas corporaciones el día de hoy.

El problema es que las decisiones que están tomando Obama y muchos otros líderes no buscan eliminar esas causas, sino las profundizan. Todo lo cual pinta mal para el futuro.

En una nota publicada el martes en los servicios financieros, Randy Frederick, director de una empresa de corretaje de bolsa, llamó a Citibank “el niño símbolo de toda esta crisis financiera”. Y aunque esta es la esperanza de muchos, yo creo que los problemas continuarán mientras se repitan los errores que nos llevaron a la crisis.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 12 de marzo de 2,009.