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jueves, 2 de febrero de 2012

¿Engañados?

Quiero creer que al Presidente lo han engañado en su buena fe.


Durante varios días intenté comprender la lógica -si es que había alguna- detrás de los cambios propuestos al Impuesto Sobre la Renta (ISR), y debo confesar que no lo logré. Por más que lo intento no entiendo por qué ahora quieren incentivar que la gente y las empresas se regresen al problemático régimen optativo en lugar de pasarse al régimen general. ¿Será que hay gato encerrado?

Debo empezar reafirmando la postura que he sostenido durante ya muchos años en contra del ISR. No cabe aquí la explicación pero los remito a un excelente artículo que Manuel Ayau publicó aquí mismo en Prensa Libre hace algún tiempo.

Dicho esto, reconozco que si va a existir un ISR, el régimen general actual es muchísimo mejor que el optativo. No solo es más fácil de pagar sino también de fiscalizar y ni la iniciativa privada ni el Gobierno desperdician valiosos y escasos recursos jugando al gato y al ratón para tratar de establecer cuáles son los costos y las utilidades “reales” de una empresa.

Por si esas ventajas no fueran suficientes, está la que para mí es la más importante: la privacidad. Los funcionarios de la SAT no debieran tener que estar metiendo las narices en cómo se utilizan los fondos de las empresas, pero el régimen optativo los obliga a hacerlo para determinar cuál es, según ellos, la verdadera utilidad de la empresa. En el régimen general, no tienen esa necesidad, lo único que debe preocuparles es que se facture todo lo que vende la empresa —y ahora, con la Ley Anti-inversión II, tienen más formas de hacerlo—.

Por esas razones creo que va en el mejor interés de todos, tributarios y gobernantes, fomentar el que más personas y empresas se adhieran al régimen general. Y por eso es que no entiendo las reformas.

Actualmente, con la tasa del 31% del ISR optativo y del 5% del general, el punto donde convergen ambos sistemas es en el 16.1% de utilidades. Si le descontamos un 25% para tomar en consideración los problemas y costos adicionales que se evita uno al estar en el régimen general, este punto baja al 12.1% de utilidades. Eso significa que si mi empresa tiene utilidades arriba del 12.1%, voy a pagar menos ISR en el régimen general. Para poner esto en perspectiva, históricamente en Estados Unidos las empresas han tenido un promedio del 6% de utilidad. Es decir, esa tasa todavía está alta, pero se puede considerar para evitar todos los problemas y discrecionalidad del otro régimen.

Ahora bien, con los cambios que pretenden subir la tasa del régimen general un 40% (al 7%) y bajar al 25% el optativo, esta cifra donde convergen los regímenes brinca hasta el 28%, y si le bajamos el 25% que mencioné antes queda en 21%, es decir casi el doble que en la actualidad.

En pocas palabras, nadie en su sano juicio optaría por el régimen general, a no ser que tenga utilidades extraordinarias. O lo que es lo mismo, los incentivos están puestos para que todos nos pasemos al régimen optativo. ¿Por qué? No lo entiendo. A menos que sea cierto lo que dicen las “malas lenguas”, que es por puro prurito ideológico de algunos funcionarios para quienes el régimen general no es un “verdadero impuesto sobre la renta” y el otro sí.

¿Alguien le habrá explicado esto al presidente, o lo tienen engañado?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 2 de febrero de 2,012.

jueves, 24 de abril de 2008

Defecto de fábrica

Esta semana se empezó a conocer la nueva propuesta fiscal del Gobierno, y lo que ya se conoció denota que, no importa cuántos años y gobiernos pasen, los funcionarios de turno y sus asesores de siempre nunca logran entender el tema fiscal. Lo único que saben es que quieren más dinero para “invertir” y, como no entienden de economía, lo único que se les ocurre es ver cómo exprimen más y más a los que ya les están pagando impuestos. Y todavía cometen la idiotez de decir que quieren “ampliar la base tributaria”.

Para que después nos salgan con la excusa (mentirosa, por cierto) de que uno solamente critica y no propone soluciones, aquí les va lo que yo creo que deberían hacer.

Primero que nada, el contexto: estamos ante una temporada que se presagia complicada para todo el mundo, y este no es el mejor momento para complicarles todavía más la situación a los que, a pesar de todos los obstáculos, continúan creando riqueza y proveyendo empleos en nuestro país. Hace apenas un par de semanas se publicó un estudio sobre la economía informal que indica que ésta sigue creciendo y que ya llega al 80 por ciento de toda la población económicamente activa.

Lo que se necesita ahorita, urgentemente, es eliminar impuestos y demás obstáculos para producir. La propuesta concreta es eliminar el Impuesto sobre la Renta (ISR), cuya única justificación son los prejuicios ideológicos de algunos cuantos y que representa un costo inmenso para los guatemaltecos, para el Gobierno y para el país. No existe ningún argumento válido para justificar en un país pobre el costo que tiene el impuesto al rendimiento del capital. Lo que se gasta en las empresas y en el Gobierno para recaudar el ISR es muchísimo más alto de lo que “rinde”; y eso, sin tomar en cuenta los problemas éticos y de principios que ocasiona y fomenta.

El Gobierno podría recaudar mucho más dinero si se limitara a cobrar un impuesto, como es el caso del IVA, y se olvidara de todos los dolores de cabeza que representa el ISR. Porque no solo hay que contar lo que ahorita está, ese 20 por ciento de formalidad, sino lo que se podría, aquí si, ampliar la base tributaria, al reducirles el costo de la formalidad a muchas personas y empresas.

Hace poco, un amigo me contó el caso de su hijo, que puso una empresa de venta de computadoras en el interior, y que quería formalizarse, pero no le salían las cuentas por ningún lado. El problema siempre es el ISR. Si se iba al régimen del 5 por ciento (que ahora quieren subir al 7), resulta que quebraba porque en ese negocio tan competido los márgenes son muy pequeños. Y si se iba al régimen optativo, no solo tenía que pagar el impuesto sobre una “utilidad” obligatoria del 3 por ciento, sino además debía contratar los servicios de un auditor. En ambos casos, salía tan mal que, aunque quería formalizarse, no podía, por cuestiones básicas de supervivencia.

Si esta propuesta parece una herejía a los ideológicos oídos de los funcionarios, les propongo entonces una solución no tan extrema y que les permite mantener su “honor socialdemócrata”: reducir la tasa del régimen fijo del ISR del 5 al 2 por ciento. Les aseguro no solo que la mayoría de las empresas formales se pasaría a ese régimen, sino que muchas que están en la informalidad pensarían seriamente en formalizarse. Pero no olviden: lo importante es concentrarse en el IVA, que es el mejor, o si lo quieren ver así, el menos peor de los impuestos.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 24 de abril de 2,008.

jueves, 11 de mayo de 2006

ISR: una propuesta (3)

Si no competimos, todos nos dejarán atrás, pero lo peor es que será en la peor de las miserias.

Me preguntan ¿por qué tanta insistencia en eliminar el Impuesto Sobre la Renta? La respuesta es sencilla: es la única forma que tenemos los guatemaltecos para salir de la pobreza aceleradamente.

El nombre más apropiado para el ISR es Impuesto al Rendimiento de las Inversiones, IRI, porque ese es su verdadero efecto: desincentivar las inversiones.

Los inversionistas analizan muchos factores, pero sopesan cada uno de esos factores en cuanto al efecto que tienen sobre el rendimento de sus inversiones. Nada más. Y no nos debe extrañar que uno de los factores que más pesa sobre este rendimiento es precisamente el IRI (ISR, pues).

Cada día se toman decisiones de miles de millones de dólares basadas en estos análisis. No nos debe extrañar que hasta los políticos alrededor del mundo, tanto de los países pobres como de los ricos, finalmente se hayan percatado de esto y que todos ahora estén sumamente interesados en atraer inversiones a través de reducciones en sus tasas del ISR.

Un estudio presentado recientemente por la Tax Foundation indica que los países miembros de la OECD (30 de los países con economías más grandes del mundo) han estado reduciendo sus tasas corporativas del ISR durante todo lo que va del siglo XXI. En el año 2,000 el promedio de esa tasa impositiva era del 33.6% y ahora, en el 2,006 bajó a 28.7%. Japón* tiene la tasa actual más alta, en 39.5%, e Irlanda, la más baja del grupo en 12.5%.

Para nosotros, lo más importante es que nuestra tasa corporativa del ISR, al 31%, resulta estar por arriba incluso del promedio de la que existe en los países desarrollados. ¡Y todavía tienen el descaro algunos de decir que hay que incrementar aún más las tasas!

¡Imagínese usted! Si a esta tasa por encima del promedio de los países desarrollados le sumamos todos los demás factores que en nuestro país incrementan los riesgos a la inversión, como son la inseguridad, física y legal, la falta de respeto a la propiedad privada, lo complicado de los trámites y regulaciones, no nos debe extrañar que por más de 5 años seamos el país de la región que menos atrae inversiones.

No nos engañemos. La ruta, marcada incluso por los países desarrollados, va hacia la reducción y eventual eliminación de ese impuesto tan absurdo como empobrecedor. ¿Para qué esperarnos cruzados de brazos mientras todos los demás compiten arduamente por atraer las inversiones, cuando podríamos tomar la delantera mundial de un solo golpe audaz? ¡Eliminemos ya el impuesto sobre la renta y sus apéndices y encaminémonos de una vez hacia el desarrollo!

La hoja con la propuesta la puede encontrar aquí:

Archivo de Proyecciones

El estudio citado aquí:

Tax Foundation


* En el artículo publicado en Prensa Libre indiqué que era Alemania el país con la tasa más alta, pero estaba equivocado, es Japón. La tasa si está correcta.

Artículo publicado el día 11/05/06 en Prensa Libre

jueves, 27 de abril de 2006

ISR: una propuesta

Una propuesta para resolver los problemas económicos y fiscales de Guatemala


Siempre que hemos propuesto la eliminación del impuesto al rendimiento de las inversiones (más conocido como impuesto sobre la renta, ISR) el argumento que utilizan los gobernantes para desechar la propuesta es: "¿y cómo hacemos para reemplazar los ingresos provenientes del ISR, mientras se cumple lo que ustedes dicen de que la economía va a crecer y van a mejorar los ingresos provenientes de los otros impuestos?".

Pues hoy quiero hacer una propuesta para responder a ese argumento: Utilizar las reservas internacionales para compensar temporalmente ese supuesto "hoyo" que se haría en las finanzas gubernamentales.

Estoy convencido que los beneficios para todos, incluído el gobierno, de eliminar el ISR serían tan grandes y vertiginosos que no se justifica la preocupación, sin embargo, para quienes no pueden sacar de su cabeza el concepto de una economía estática, hago esta propuesta, y la respaldo con una de esas hojas de proyecciones que tanto les fascinan.

Hice una prueba de qué pasaría si se elimina el ISR (y sus comodines –todos los que en la nomenclatura del Ministerio de Finanzas son impuestos directos), asumiendo un modelo estático en donde la variable que cambiaría es que la tasa de crecimiento de los ingresos por los impuestos "indirectos" (nuevamente, según la clasificación del MinFin) se incrementaría de una manera más rápida. Mantuve el crecimiento de los ingresos tributarios en la misma proporción que ha traído desde 1997 al 2005.

La diferencia entre los ingresos tributarios así calculados y los provenientes de los impuestos "indirectos" la cubrí con las reservas internacionales. Planteo tres escenarios, uno en que la tasa de crecimiento de los "indirectos" se incrementa un 50%, otro al 75% y otro en el que se duplica.

Aún cuando creo que estos escenarios son demasiado conservadores, en el del 50% (es decir, que los indirectos crecen a una tasa del 15.35% en lugar de la histórica de 10.23%) en ocho años éstos sobrepasarían las proyecciones actuales incluyendo los impuestos directos.

En el segundo, subiendo la tasa de crecimiento al 17.90%, los indirectos alcanzarían el estimado actual en el quinto año. Y en el tercer escenario, subiendo la tasa de crecimiento al 20.46%, en apenas 4 años los indirectos sobrepasarían la proyección. En ninguno, las reservas bajan más de la mitad.

Por supuesto, estos escenarios asumen una visión errada de la economía, como si ésta fuera estática, pero la economía es muy dinámica y estoy convencido que los cambios serían mucho más dramáticos y rápidos; pero, nuevamente, hago este ejercicio para quienes se siguen escudando en esa visión estática para no hacer nada. Si quiere ver la hoja con las proyecciones, la puede encontrar aquí:

Archivo de Proyecciones


Artículo publicado el día 27/04/06 en Prensa Libre