Este es un lugar en el cyberespacio para compartir ideas. Las mías, en particular, se centran alrededor de la libertad individual que nos permite desarrollarnos y llegar a ser todo lo que queremos ser. Mis Ideas se publican originalmente todos los viernes en el diario Prensa Libre de Guatemala.
jueves, 3 de mayo de 2012
La única forma
La semana pasada expliqué por qué creo que en programas como el de repartición de fertilizantes quienes se benefician son los que venden, los que compran y los que reparten los productos y no quienes los reciben, mucho menos quienes los pagan. Este esquema nunca va a sacar de la pobreza a los pobres. Sólo se sale de la pobreza creando riqueza. Y esa no es la forma de hacerlo.
Por eso es que no importa cuánto se despilfarre en estos programas, los pobres se mantendrán en la miseria, mientras que algunos cuantos “empresaurios” y funcionarios engordarán sus chequeras y se reirán de los incautos que sinceramente creen que esa es la forma de ayudar a los pobres, sin comprender que los están condenando a la miseria eterna.
A este respecto, me gusta mucho una aseveración que hizo Benjamín Franklin hace casi 250 años: "Yo estoy en favor de hacer el bien a los pobres, pero difiero en mi opinión de los medios a utilizar. Creo que la mejor forma de hacerle bien a los pobres es no hacerles fácil la pobreza sino guiarlos o empujarlos fuera de ella. En mi juventud viajé mucho y observé en diversos países que mientras más provisiones se hacían para los pobres, menos proveían ellos para sí mismos, y por supuesto se hacían más pobres. Por el contrario, mientras menos se hacía por ellos, más hacían ellos por sí mismos y se enriquecían".
Esta no es más que una forma elaborada del proverbio antiguo de que si le da a un pobre un pescado le quitará el hambre un día, pero si le enseña a pescar se la quitará para toda la vida. Hago énfasis en la parte que dice “guiarlos o empujarlos fuera de ella”, porque creo que ese es el camino a seguir, y ni siquiera me refiero a hacerlo con los fondos de los tributarios. No hay necesidad de buscar ejemplos en otros lugares o épocas, ya que en la actualidad abundan aquí en Guatemala.
Mientras que los gobiernos han despilfarrado infructuosamente miles de millones de quetzales sin resultados que mostrar para tan descomunal gasto, encontramos muchos ejemplos que, sin la “ayuda” de los gobernantes, han logrado dar un paso cualitativo considerable para salir de la pobreza. En muchos casos no se requiere de grandes inversiones ni mucha tecnología, simplemente alguien que les indique cómo cambiar de siembras y dónde venderlas. No se necesita mucho más.
En alguna de las crónicas de la experiencia del presidente en el área rural el fin de semana pasado se narraba la dependencia del cultivo de maíz. Pues muchas familias guatemaltecas han pasado de la más profunda pobreza a un mucho mejor nivel de vida con tan sólo un cambio de siembras en las mismas parcelas que antes utilizaban para el maíz, incrementando su nivel de vida en 10, 20 o más veces.
Por eso es que llora sangre que los políticos nos vengan con el cuento que se van a gastar Q460 millones para ayudar a los campesinos, con poco o nulo resultado, cuando con muchísimo menos dinero, se podría realmente crear mucha riqueza en el campo. ¿Será que quieren sacar a la gente de la pobreza, o mantenerla en la misma para tener excusa para seguir saqueando las arcas públicas?
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 3 de mayo de 2,012.
Foto: Cooperativa Nueva Esperanza R.L.
jueves, 22 de enero de 2009
La propuesta (II)
La semana recién pasada empecé a analizar la propuesta que el Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES) presentó a los gobernantes sobre las decisiones que les recomienda tomar para salir de la crisis, proceso en el cual sigo esta semana.
El tercer punto que proponen es incentivar la instauración de empresas. Pareciera algo obvio que, para salir de una crisis económica, lo que se necesita es generar más riqueza, pero a juzgar por las decisiones que toman los gobernantes en muchas partes, incluyendo Guatemala, resulta que no es tan obvio.
Si aceptamos que, en efecto, lo que necesitamos para salir de la pobreza en general, y de las crisis en particular, es generar más riqueza, pues lo que debemos ver es cómo hacemos para fomentar esa producción de riqueza. Y lo que la historia ha demostrado hasta la saciedad es que la riqueza se crea mediante la inversión. Alguien tiene que invertir algo, trabajarlo, esforzarse, para que, luego de algún tiempo, pueda ver los beneficios de esa inversión y generar riqueza. Ese proceso de inversión es el que a la vez redunda en generación de empleo, porque quien invirtió el dinero, el “capital”, por lo general necesitará trabajadores para lograr que éste le produzca beneficios. El proceso es un poco más complejo, pero ese es el resumen.
Entonces, ¿cómo fomentamos la inversión? La mejor manera es no poniéndole obstáculos, y de los principales, además de la falta de seguridad e infraestructura, son los impuestos, en particular los directos, que en este caso se presentan como Impuesto Sobre la Renta (ISR).
Este impuesto debería denominarse Impuesto al Rendimiento de las Inversiones, porque ese es su verdadero efecto. Esto lo entienden todos los políticos y funcionarios, aunque casi nunca lo reconozcan. Y se nota que lo entienden porque cuando de repente se les ocurre que, para que el país progrese, se debe fomentar algún tipo de industria específica, como por ejemplo las maquilas o el turismo, lo primero que proponen es darle a quienes inviertan en esas industrias el “incentivo” de reducirle o quitarle completamente el pago del ISR. Y eso lo han hecho aquí, en Estados Unidos y en casi cualquier otra parte del mundo.
Entonces, la pregunta del millón es, si entienden que con quitar el ISR se “fomenta” la inversión, ¿por qué solo hacerlo con una industria determinada, y no con todas? Si lo que se necesita en esta crisis es “fomentar” la inversión, ¿por qué no de una vez eliminar el ISR a todas las empresas? El argumento que utilizan para responder a estas preguntas es que se quedarán sin ingresos fiscales, aunque por lo general, la principal razón es simplemente un prurito ideológico por el cual creen que de esa manera van a “redistribuir” la riqueza.
Puede ser que los ingresos fiscales se reduzcan un poco al inicio, pero se compensaría con creces, primero con la creación de empleo que las nuevas inversiones generarían y luego, en el mediano plazo, con los ingresos fiscales que esa más grande actividad económica produciría, aun ya solo con impuestos indirectos.
Por cierto, esto es algo que ya políticos de otros países empiezan a reconocer, como lo demuestra que hasta en los países desarrollados bajan las tasas del ISR, para atraer inversiones, particularmente en estas épocas de crisis, aunque todavía no se atreven a eliminarlo, pero no le extrañe que pronto alguien lo haga. ¿Será tan difícil de entender por nuestros gobernantes? ¿O simplemente no les interesa?
Continuará…
miércoles, 2 de enero de 2008
Metas
¿Lograremos alcanzar nuestros objetivos este año?
En estos días en que la gente se pone a hacer conjeturas sobre si el 2008 será bueno o será malo, yo lo que le puedo decir es que, para usted, será tan bueno o tan malo como usted lo permita. Así de sencillo. El resultado que obtenga al final dependerá, en gran medida, de las decisiones que usted mismo tome durante el año.
"Pero siempre hay situaciones inesperadas", me dirá usted; "no podemos controlar el precio del petróleo", "no sabemos qué decisiones vaya a tomar la nueva administración", "podemos tener percances o ser víctimas de la delincuencia", y así por el estilo serán los argumentos utilizados. Y, en efecto, pueden suceder muchas cosas que uno no pueda controlar, lo importante es cómo reaccionamos ante ellas. Más importante aún es que hay muchas cosas que sí podemos controlar, que dependen de nuestras decisiones y que, con contadas excepciones, son las que realmente definen nuestro caminar.
Por ello, yo lo invito a que si aún no lo ha hecho o simplemente no tiene costumbre de hacerlo, se ponga algunas buenas metas a alcanzar durante este año. Está demostrado hasta el cansancio que las personas que se ponen metas obtienen mejores resultados que quienes simplemente andan "a la deriva en la vida".
"Eso no funciona…", "todos se proponen cosas pero luego las olvidan…", "antes de que termine enero ya casi todos se olvidaron de sus propósitos de año nuevo…", continúan los argumentos. En efecto, así suele suceder. De hecho, en algunos estudios han encontrado que el 85% de las personas que se han propuesto algo al inicio del año, lo dejan en el olvido a las pocas semanas.
Lo importante aquí es la contraparte: ese 15% que no lo deja al olvido. Esas personas avanzan más en la vida que el resto, y no me refiero sólo a lo material. Usted puede ser una de ellas. No hay nada en sus genes que lo "predisponga" o "condicione" a estar en ese 85%: la única diferencia es la voluntad.
No pierda más el tiempo y propóngase por lo menos una meta alcanzable (eso es muy importante) en cada una de estas 4 áreas: salud, riqueza, desarrollo personal y desarrollo social. Pueden ser metas muy sencillas, no tiene que pasar de la total inacción a escalar el Everest en un año, pero sí puede proponerse, por ejemplo, caminar 15 minutos tres veces por semana, leer un libro al mes, tomar un curso que le ayude a mejorar en su trabajo, sonreírle a todas las personas con que se encuentre, dominar algún hobby, cambiar de trabajo para hacer algo que realmente le guste, en fin, puede ser cualquier cosa que usted quiera. Lo importante, repito, es que tenga una meta a dónde llegar.
Así que no se deje vencer por las circunstancias y la holgazanería. En este año que empieza, propóngase algunas metas y persígalas todo el año. Verá que no se arrepentirá.
Publicado en Prensa Libre el jueves 3 de enero del 2008.
jueves, 29 de junio de 2006
¿Podemos progresar?
Todos queremos progresar pero el problema es ¿cómo le hacemos para lograrlo? Si fuera fácil, todo el mundo sería rico, sin embargo, la realidad es que la mayor parte de países y personas no son ricos, ni siquiera muy "desarrollados". No importa la cantidad de recursos naturales que un país tenga, la evidencia indica que no es en ellos que radica la "creación de riqueza". Según mi humilde opinión es el sistema imperante el que nos tiene en donde estamos.
Si queremos progresar, lo que debemos hacer es precisamente cambiar el sistema. No nos queda otra. No podemos esperar resultados distintos haciendo exactamente lo mismo que hemos hecho siempre. No podemos esperar a que llegue la persona con todos los atributos y ninguno de los defectos que nos sacará a todos de la pobreza y catapultará a nuestro país a las alturas del desarrollo. No podemos esperar la varita mágica que convertirá nuestros harapos en traje de fiesta. No. No viene por allí la solución.
Si nos quedamos esperando que alguien venga y nos rescate, esperaremos sentados hasta el día del juicio. Solamente nosotros podemos sacarnos del fondo del subdesarrollo a nosotros mismos. Pero para que eso sea posible, necesitamos cambiar el sistema en el que nos desenvolvemos. Necesitamos quitar los impedimentos que nosotros mismos nos hemos impuesto. Necesitamos liberar las fuerzas creativas que se esconden en lo profundo del corazón de muchos millones de guatemaltecos, esperando la oportunidad de salir a la luz y avanzar.
Algunos trataron de cambiar el sistema (por otro peor, hago la salvedad) de manera violenta durante muchos años, pero nosotros estamos convencidos que ese no es el camino a seguir. Estamos convencidos que el sistema se puede cambiar de una manera pacífica, a través de la persuasión y del involucramiento de muchísimos guatemaltecos.
Y es por eso que un grupo de guatemaltecos ha dedicado mucho tiempo, esfuerzo, recursos y todas sus capacidades para generar un proyecto capaz de hacer eso: cambiar el sistema.
El mecanismo para hacerlo es a través de una reforma constitucional de principios por medio de la cual se pretende que en nuestro país se establezcan normas generales y abstractas de conducta justa.
La propuesta ya está hecha y ahora queda el largo (o tal vez corto) camino por recorrer para convencer a una buena parte de la población de la necesidad de cambiar el sistema.
Si usted cree que necesitamos ese cambio, lo invito a estudiar el cambio propuesto en el sitio www.proreforma.org.gt. Yo considero que los cambios constitucionales propuestos nos permitirán, en el largo plazo, desarrollarnos. Si usted también se llega a convencer, lo invito a que apoye la propuesta.
Publicado en Prensa Libre el 29 de junio de 2006.
