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jueves, 5 de marzo de 2009

Nueva Aventura

Esta semana iniciamos una nueva aventura, ahora en ese mundo virtual que tanto ha revolucionado nuestra vida en los últimos tres lustros: el Internet. El nuevo emprendimiento, libertopolis.com, ha resultado ser una experiencia mucho más compleja y enmarañada de lo que esperábamos, pero finalmente logramos que saliera a luz. Creo que es nuestra humilde respuesta a la crisis: hay que innovar.

Como muchos de mis lectores saben, participo en la producción de programas radiales de opinión desde hace más de 10 años. Hace unos meses nos propusimos cambiar nuestro sitio en Internet, y mi socia, Marta Yolanda Díaz-Durán, insistió mucho en que debíamos incluir una cámara web en el estudio, para que los radioescuchas también pudieran ver lo que pasaba mientras estábamos al aire.

Durante el diseño del nuevo sitio, la famosa cámara web tenía, según nosotros, la misma importancia que todo lo demás. Nos preocupamos mucho de la operatividad y facilidad de uso e integración de todos los componentes para que los usuarios pudieran encontrar fácilmente la información que buscan en nuestros programas y veíamos la cámara como un componente más en el lanzamiento de nuestro nuevo canal por Internet.

Como generalmente sucede en todo nuevo emprendimiento, es mucho más sencillo decir lo que uno hará que hacerlo. La tarea fue titánica y nos llevó a todos los involucrados en el proyecto mucho tiempo, desvelos, estrés, adrenalina, alegatos, discusiones, acuerdos y desacuerdos, al grado que apenas unas horas antes de salir al mundo, todavía había componentes que no funcionaban, incluida la famosa cámara a la que debo muchas de las canas que ahora tengo.

Finalmente, esta semana logramos salir al mundo con el nuevo proyecto, y no fue sino hasta ya “montados en el macho” que nos percatamos de la trascendencia de lo que habíamos hecho. Lo que nosotros creíamos “técnicamente” que era lanzar un canal de audio y video por Internet, resultó siendo mucho más que eso: sin quererlo y sin buscarlo, nos convertimos en los participantes de un reality show.

Las personas que se conectan no lo hacen solo mientras transmitimos los programas, sino que se quedan luego más tiempo conectados, apreciando la música que programamos y la bonita vista de la ciudad que tenemos en el estudio. Pero las cámaras web, con esa manía de mantenerse conectadas todo el tiempo, resulta que se han vuelto el instrumento vouyerista por excelencia del siglo XXI (además de Facebook, por supuesto), y luego tenemos a los “libernautas” viendo y comentando todos los enredos en los que nos metemos para mejorar la calidad de la producción. A diferencia de la televisión, por ejemplo, la cámara sigue encendida y transmitiendo durante las pausas, así que todo lo que uno hace, aun en los cortes, está a la vista de todos.

Con todo y que no esperábamos este giro de los acontecimientos, estamos felices. Creemos que en los tiempos de crisis es cuando se presentan las mejores oportunidades y queremos aportar nuestro pequeño grano de arena en ese sentido. No nos debemos amilanar por los retos, sino buscar la manera de enfrentarlos y vencerlos. En eso consiste la empresarialidad, esa que tanto hace falta para que salgamos de la pobreza. Y ese, al final, es el secreto de la felicidad: hacer lo que a uno le gusta. Así que anímese y busque los retos a vencer en esta época de crisis. Y si le pica el vouyerista que todos llevamos dentro, nos puede ver en www.libertopolis.com.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 5 de marzo de 2,009.

viernes, 26 de octubre de 2007

Mediocre competencia (II)

Los mediocres quieren vivir a expensas del trabajo de los demás.

Como siempre me sucede, los artículos que creo que serán los menos controversiales resultan siendo los que más correos, comentarios, regaños e insultos me generan. El caso de mi artículo de la semana recién pasada, sobre la decisión de los tribunales de la Unión Europea de sancionar a Microsoft por “abuso de posición dominante”, no fue la excepción.

Recibí varios correos, algunos respetuosos, otros no tanto, pero todos muy en contra de mi opinión. Algunos me tildaron de ignorante, de desconocer la diferencia entre un sistema operativo y un portal, de ignorar las batallas que día a día luchan los usuarios de Windows para contrarrestar los supuestos abusos de Microsoft. Otros se quejaron de que las aplicaciones de Microsoft ocupan mucho espacio y no son tan buenas.

Algunas otras opiniones fueron divertidas. Como por ejemplo la de alguien que dijo que para que un programa sea exitoso debe ser regalado, y que entonces estuvo bien lo que hicieron los tribunales de la UE. Obviamente, quien así escribió no se percató de que Microsoft da de gratis el Media Player, y lo que dijeron los tribunales de la UE es que debe cobrar por él y no darlo de gratis para no caer en “competencia desleal”.

Las palmas se las llevó quien me indicó que no debo utilizar de fuente un libro como La rebelión de Atlas, y que mejor me informe de lo que está pasando ahora en día a través de alguno de los portales mencionados.

Debo confesar que no creí causar tanto revuelo con ese artículo, pero que el mismo no hace más que justificar mi punto. Todos los argumentos en contra de Microsoft y sus aplicaciones que me enviaron tienen una solución sencilla: no use los productos de Microsoft. Al fin y al cabo, contrario a la creencia popular -y hasta la de muchos jueces despistados, por lo visto-, existen muchas otras soluciones para cada una de las actividades que habitualmente hacemos en una computadora.

Si quiere sistemas operativos, hay otras opciones aparte de Windows, algunas incluso gratis. Si quiere un procesador de palabras, una hoja electrónica, un paquete de presentaciones, una base de datos, un navegador, una agenda electrónica, un manejador de correos, para todas estas actividades existen muchas y diversas alternativas a los programas de Microsoft. Así que tildar a Microsoft de monopolista cuando existen muchas otras alternativas es una confesión de harta ignorancia o de simple haraganería.

Al mencionar no sólo a Linux como competencia de Microsoft, sino a YouTube, Yahoo, Google y FaceBook, no lo estoy haciendo porque crea que un sistema operativo es lo mismo que un portal de Internet, como alguno de los que me escribió me acusó, sino porque las opciones que existen para hacer alguna cosa son muchas y no tenemos la más mínima idea de lo que la tecnología nos pueda deparar en un futuro cercano. Microsoft no sólo es Windows, y la tecnología y las nuevas empresas se pueden comer hasta a Microsoft.

Publicado en Prensa Libre el 27 de septiembre de 2007.