Este es un lugar en el cyberespacio para compartir ideas. Las mías, en particular, se centran alrededor de la libertad individual que nos permite desarrollarnos y llegar a ser todo lo que queremos ser. Mis Ideas se publican originalmente todos los viernes en el diario Prensa Libre de Guatemala.
jueves, 29 de marzo de 2012
Plata sin resultados
La marcha que llegó esta semana a la capital pretende elevar el perfil del “problema agrario” con el supuesto fin de resolverlo. Con solo revisar un poco los números, lo único que puede uno concluir es que el dichoso problema no se ha resuelto no por falta de dinero para hacerlo, sino porque quienes se han vendido como los “salvadores” de los campesinos han utilizado y despilfarrado la plata para avanzar sus fines y no para lo que dicen que lo utilizarían.
De entrada manifiesto que no considero que el uso de recursos de los tributarios para el “desarrollo rural” sea la ruta correcta para sacar de la pobreza a la gente. Lo que es más, lo que ha sucedido en Guatemala es la mejor prueba que confirma esta aseveración.
En el caso de los tributarios de Guatemala, desde la firma de la paz hasta el año pasado hemos puesto más de Q2 mil 450 millones solo en las instituciones directamente involucradas en el tema —Contierra, Secretaría de Asuntos Agrarios y Fondo de Tierras—. Eso sin contar los otros miles de millones de quetzales que se han destinado a programas de fertilizantes, ayuda y capacitación. A juzgar por lo que argumentan los “líderes” campesinos, este dinero se desvaneció en el aire porque la situación está igual que siempre. En pocas palabras, pasó lo mismo que con las carreteras: solo en el gobierno anterior se gastaron casi Q30 mil millones, pero dejaron las carreteras peor que nunca.
En el campo parece haber pasado lo mismo. Se han gastado miles de millones de quetzales, y la situación parece no haber cambiado. La pregunta principal que surge es: ¿qué se hicieron todos esos miles de millones de quetzales? Pues hay que preguntarles a los mismos “líderes” campesinos, ya que muchos de ellos han participado en algunos de estos programas.
Pero no solo se han utilizado —y desvanecido— fondos de los tributarios guatemaltecos. También fondos de los tributarios europeos se han destinado para resolver el “problema agrario”. Según la guía de la Unión Europea en Guatemala, en su versión del 2011, se les han otorgado en los últimos años al menos Q35 millones en “cooperación” a algunas de las instituciones que “defienden” los derechos de los campesinos, entre ellas el Comité de Unidad Campesina (CUC), la Fundación Guillermo Toriello y la Plataforma Agraria.
Aunque la cooperación tiene el supuesto fin de ayudar a resolver la “conflictividad agraria”, de acuerdo con lo que hemos visto que hacen estas organizaciones, más parece ser que lo que pretenden es azuzarla.
De todo esto concluyo que dinero no es lo que ha faltado. Lo que ha faltado es, por un lado, saber qué es lo que hay que hacer para que las personas salgan de la pobreza, lo que a todas luces ha escapado al conocimiento de todos los funcionarios públicos y los “líderes” defensores de los campesinos, pero todavía más importante, realmente querer sacarlos de la pobreza y no, como parece ser por los resultados, perpetuarla para mantener el modus vivendi de todos los involucrados en “acabar con la pobreza”.
La solución no es tirar a la basura —o a los bolsillos de algunos funcionarios y líderes— más dinero de los tributarios. Esa no es la ruta para salir de la pobreza.
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 29 de marzo de 2,012.
Foto: Alvaro Interiano, Prensa Libre.
jueves, 26 de mayo de 2011
El Fin

No importa cuándo sea el fin del mundo.
El sábado algunas personas se quedaron esperando el momento en el cual serían llevadas al cielo, en el tan esperado “arrebatamiento”. Le creyeron a Harold Camping, un predicador radial estadounidense que, en repetidas ocasiones, ha pronosticado erróneamente el fin del mundo. Charlatanes como este lamentablemente abundan y son responsables del menosprecio de muchas personas hacia el mensaje del evangelio. Pero no son culpables solo ellas, sino también los ingenuos que se dejan engañar.
Camping no es el primero ni será el último de los “profetas” que anuncien la fecha exacta del fin del mundo. En las décadas recientes hemos visto varios, todos fallidos hasta el momento. Y esto viene desde hace dos mil años, al menos en la tradición cristiana, desde la promesa que dos hombres vestidos de blanco hicieran a los discípulos luego de la ascensión. Y desde esa época vienen también las historias de quienes lo “dejaron todo” para esperar esa segunda venida.
Fue el caso de la primera iglesia cristiana, la de Jerusalén, en la que se llevó a cabo y falló el primer experimento de la vida “comunitaria” dentro del cristianismo. Vendieron todo y se dedicaron a esperar el regreso de Jesús. Algún tiempo después, como era de esperar, necesitaron de la caridad de los miembros de las otras iglesias para sobrevivir.
El futuro es intrigante y no nos debe extrañar que muchos intenten “descifrarlo”. Son innumerables las personas, no solo en el ámbito religioso, que han buscado una manera de conocer lo que sucederá. Y la curiosidad por el futuro que casi todos albergamos hace que tengan bastante público y hasta seguidores. Uno de los mejores ejemplos no religiosos es Nostradamus, quien sagazmente se guardó de ser demasiado específico en sus predicciones, lo que ha hecho que incontable cantidad de personas se haya dedicado a tratar de descifrarlas y ajustarlas a los acontecimientos de su presente.
Esto es exactamente igual a lo sucedido con el Apocalipsis desde que Juan lo escribió. Incontables estudiosos de las escrituras han tratado de encontrar en esa alegoría los sucesos de su tiempo. Uno de los ejemplos que más recuerdo es el de Yiye Ávila, un predicador evangélico que hace 30 años pregonaba que la Unión Europea —la CEE de aquellos tiempos— era la bestia del Apocalipsis, y que cuando llegase a tener 10 miembros —en esa época creo que tenía siete— empezaría la Gran Tribulación. Los miembros casi se cuadruplicaron y nada pasó. ¿Y la profecía? Bien, gracias.
A veces no sabe uno si reír o llorar ante casos como el de Camping. El hombre es tan testarudo y cínico que todavía esta semana afirmó que ninguna de sus predicciones ha fallado. Según él, el sábado pasado sí vino Cristo, sólo que de manera espiritual, y ese día empezó el “juicio contra el mundo”, el cual terminará el 21 de octubre, cuando será el verdadero “fin del mundo”. Así también indicó que las anteriores predicciones también se cumplieron, ya que en esas fechas —1988 y 1994— empezó el juicio contra la Iglesia. Pero el meollo del asunto es que no devolverá nada de los US$100 millones que recaudó en donaciones para anunciarlo.
Lo peor es que, a pesar de todo, siempre habrá gente ingenua que seguirá cayendo en los engaños de estos estafadores. Al final, no importa cuándo sea el fin del mundo. Lo importante es cómo vivamos el hoy. Y para ello le recomiendo la frase que se le ha atribuido a Ghandi: Vive como si fueras a morir mañana; aprende como si fueras a vivir para siempre.
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 26 de mayo de 2,011.
jueves, 27 de mayo de 2010
La Segunda Caída
Estamos presenciando la segunda caída del socialismo, ahora en su versión del Estado Benefactor.La supuesta maldición china —aunque a mi me parece más una bendición— “ojalá vivas en tiempos interesantes” no podía ser más atingente con la época que nos ha tocado vivir: estamos presenciando el inicio de la segunda caída del socialismo, en un lapso apenas mayor de 20 años, ahora en su versión de “estado benefactor”, “estado de bienestar”, “welfare state”, “social democracia” o como mejor deseen llamarlo.
La actual crisis europea es apenas el primer paso en ese proceso de desmoronamiento del sistema. El problema es que el gasto de los gobiernos de muchos países europeos ha excedido a sus ingresos durante ya mucho tiempo, lo que los ha llevado a endeudarse a niveles astronómicos. Y la causa detrás de ese gasto es, precisamente, esa utopía de querer que el gobierno le “resuelva” la vida a las personas; que les de salud, educación, vivienda, transporte y servicios básicos gratuitos o subsidiados y que adicionalmente les pague por no trabajar.
Lo que nunca les gusta reconocer es que “alguien” tiene que trabajar, crear, producir la riqueza que luego ellos se encargan, muy ineficientemente por cierto, de “redistribuir”. Y ese “alguien” son los tributarios, que cada vez se ven más abrumados con la carga impositiva que deben sufragar para pagar todos esos servicios supuestamente gratuitos.
Pero ni la pesada carga fiscal que le imponen a la fuerza a los tributarios es suficiente para pagar la utopía. Ningún ingreso fiscal es suficiente para los políticos que siempre encontrarán una forma de despilfarrar el dinero de otros, en el mejor de los casos, y de robárselo, en el peor. La mayoría de gobiernos europeos ha vivido por lo menos la última década, y en algunos casos, varias, mucho más allá de sus ingresos, lo que los ha llevado en algunos casos a tener déficits fiscales de más del 10 por ciento del Producto Interno Bruto.
Por supuesto que los políticos y burócratas siempre lo van a negar y van a echarle la culpa de sus desmanes a alguien más. Por ejemplo, este mismo lunes, Prensa Libre publicó una nota en la que el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, se lamentaba de que Europa está en su peor crisis desde 1914. Dice Trichet que la crisis empezó con la caída del banco estadounidense Lehman Brothers y hasta llegó al extremo de sostener que “los mercados ya no funcionan”. Puras mentiras.
La crisis viene de mucho atrás. Para no ir más lejos, el tratado constitutivo del euro establecía que los países no deberían tener déficits fiscales mayores al 3 por ciento de su PIB, y resulta que en la década que lleva el euro, el promedio del déficit fiscal de todos los países que forman la zona euro ha sido del 6 por ciento. Algunos gobernantes, como los griegos, han llegado incluso al grado de utilizar mecanismos financieros para ocultar esos déficits.
Para lo que ya no funcionan los mercados es precisamente para ocultar los desmanes de los gobernantes y los burócratas. Lo que sí probablemente es cierto es que de no haberse dado la crisis financiera, que tampoco empezó con la caída de Lehman Brothers, el sistema de welfare state podría haber continuado ocultando sus pecados por algunos años más. Esta crisis lo único que hizo es evidenciar que el rey se paseaba desnudo.
¿Y el “Socialismo del siglo XXI”? Ese también ya está echando agua, y muy pronto veremos la tercera caída del socialismo. ¿Serán suficientes? No lo creo, porque siempre habrá quienes quieren vivir a expensas de los demás, pero espero que algo aprendamos.
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 20 de mayo de 2,010.viernes, 15 de enero de 2010
Cop15
Cop15: A quién le quitan más, quién se deja quitar menos y cómo se reparten los demás el botín...A punto de terminar la reunión Cop15 en Copenhague (la 15 reunión de la ONU sobre el cambio climático), los puntos de la agenda de la burocracia internacional “sin resolver” todavía son muchos, pero lo interesante es que se han ido destapando las verdaderas intenciones de muchos de los participantes. No nos engañemos, allí lo que están decidiendo es a quién le quitan más, quién se deja quitar menos y cómo se reparten los demás el botín. No se distingue en mucho de los chantajes tributarios en la política local.
Si alguien esperaba ver algo de “ciencia” en esta cumbre, es de lo que menos ha habido. A juzgar por las discusiones y las noticias, lo que ha abundado es la política y los intereses de los grupos de presión. El primer botín fue para las ONG del mundo que obtuvieron el ofrecimiento de la Unión Europea de unos €2 mil 400 millones anuales durante los próximos tres años para “contribuir” a reducir el calentamiento global en los países en vías de desarrollo.
Pero eso es solo una pequeña parte de lo que está en “juego”. Los representantes de los países en “vías de desarrollo” (pobres, pues) están pidiendo que los países “desarrollados” (ricos) les den US$100 mil millones anuales para paliar el cambio climático, a la vez que exigen que reduzcan considerablemente la emisión de dióxido de carbono (CO2). Sin embargo, conscientes de la relación directa que existe con la tecnología actual —entre el desarrollo y esas emisiones— tratan ellos a su vez de no tener las mismas restricciones que le quieren imponer a los “ricos”.
Por su parte, los países “ricos” están haciendo todo lo posible para librarse del chantaje y ya ofrecieron US$3 mil 500 millones de ayuda a los pobres, pero que no les reduzcan tanto los límites en las emisiones.
¿Y de ciencia? No mucho. Especialmente después del escándalo que precedió a la Cop15 cuando un grupo de hackers publicó en Internet archivos y correos electrónicos de investigadores de uno de los principales centros de investigación climática en algunos de los cuales se revelaban “maquillajes” en los datos para aparentar cambios más drásticos que los medidos.
Lo peor de todo es que, digan lo que digan, y aunque el soberbio y nada científico Gore diga que “ya se acabó el debate”, la realidad es que no hay todavía suficiente evidencia científica para asegurar categóricamente que los cambios climáticos (recordemos que ahora ya no le dicen “calentamiento global” porque ya ni ellos están seguros si el planeta se está calentando o enfriando) tienen una raíz antropogénica (que es culpa del hombre). Por lo que aunque todo el debate en Cop15 podría estar basado en mitos, no importa, porque ya vimos que lo que les interesa a la mayoría (al igual que a cualquier político, incluidos los guatemaltecos) es ponerle la mano encima al dinero de los demás.
No nos engañemos, la Cop15 es solamente sobre dinero. La supuesta ciencia es solo la excusa.
No me malinterprete. De que las actividades del ser humano contaminan, no hay duda; pero de eso a que somos los responsables de los cambios climáticos, hay un gran vacío de conocimiento de diferencia. Y el hecho de que utilicen ese vacío de conocimiento para asustar con el petate del muerto con el fin de sacar plata, no abona a su cada vez menor credibilidad.
Definitivamente, reuniones de burócratas como la Cop15 no hacen más que alimentar mi escepticismo sobre las teorías del “calentamiento global”.
Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 17 de diciembre de 2,009.
viernes, 26 de octubre de 2007
Mediocre competencia (II)
Como siempre me sucede, los artículos que creo que serán los menos controversiales resultan siendo los que más correos, comentarios, regaños e insultos me generan. El caso de mi artículo de la semana recién pasada, sobre la decisión de los tribunales de la Unión Europea de sancionar a Microsoft por “abuso de posición dominante”, no fue la excepción.
Recibí varios correos, algunos respetuosos, otros no tanto, pero todos muy en contra de mi opinión. Algunos me tildaron de ignorante, de desconocer la diferencia entre un sistema operativo y un portal, de ignorar las batallas que día a día luchan los usuarios de Windows para contrarrestar los supuestos abusos de Microsoft. Otros se quejaron de que las aplicaciones de Microsoft ocupan mucho espacio y no son tan buenas.
Algunas otras opiniones fueron divertidas. Como por ejemplo la de alguien que dijo que para que un programa sea exitoso debe ser regalado, y que entonces estuvo bien lo que hicieron los tribunales de la UE. Obviamente, quien así escribió no se percató de que Microsoft da de gratis el Media Player, y lo que dijeron los tribunales de la UE es que debe cobrar por él y no darlo de gratis para no caer en “competencia desleal”.
Las palmas se las llevó quien me indicó que no debo utilizar de fuente un libro como La rebelión de Atlas, y que mejor me informe de lo que está pasando ahora en día a través de alguno de los portales mencionados.
Debo confesar que no creí causar tanto revuelo con ese artículo, pero que el mismo no hace más que justificar mi punto. Todos los argumentos en contra de Microsoft y sus aplicaciones que me enviaron tienen una solución sencilla: no use los productos de Microsoft. Al fin y al cabo, contrario a la creencia popular -y hasta la de muchos jueces despistados, por lo visto-, existen muchas otras soluciones para cada una de las actividades que habitualmente hacemos en una computadora.
Si quiere sistemas operativos, hay otras opciones aparte de Windows, algunas incluso gratis. Si quiere un procesador de palabras, una hoja electrónica, un paquete de presentaciones, una base de datos, un navegador, una agenda electrónica, un manejador de correos, para todas estas actividades existen muchas y diversas alternativas a los programas de Microsoft. Así que tildar a Microsoft de monopolista cuando existen muchas otras alternativas es una confesión de harta ignorancia o de simple haraganería.
Al mencionar no sólo a Linux como competencia de Microsoft, sino a YouTube, Yahoo, Google y FaceBook, no lo estoy haciendo porque crea que un sistema operativo es lo mismo que un portal de Internet, como alguno de los que me escribió me acusó, sino porque las opciones que existen para hacer alguna cosa son muchas y no tenemos la más mínima idea de lo que la tecnología nos pueda deparar en un futuro cercano. Microsoft no sólo es Windows, y la tecnología y las nuevas empresas se pueden comer hasta a Microsoft.
Publicado en Prensa Libre el 27 de septiembre de 2007.Mediocre competencia
Esta semana, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) ratificó una multa por US$600 millones contra la empresa Microsoft, bajo la acusación de “abuso de posición dominante”. Este es un nuevo ejemplo de cómo los mediocres se aprovechan de la intervención gubernamental para montarse sobre el trabajo y el éxito de otros. Ese es el verdadero fin de toda esa absurda legislación contra la “competencia desleal”.
El juicio se remonta a una demanda en 1998 que interpuso la empresa Sun, argumentando que Microsoft se aprovechaba de que su sistema operativo Windows era el estándar de facto, que no les daba acceso al código de Windows y que, adicionalmente, cometía una maldad tan grande como lo era incluir gratis, junto con el sistema operativo, un reproductor de imágenes y sonido (el RealPlayer). Estos argumentos fueron aceptados por los burócratas de la UE, y por eso le pusieron esa multa a Microsoft.
Toda esta argumentación surge de la ridícula legislación “antimonopolio” y supuestamente a favor de la “competencia justa” que los mercantilistas de los países desarrollados han logrado que se apruebe en sus países. Pero no nos equivoquemos: esa legislación no ayuda a los consumidores, sino que los perjudica; a quienes ayuda es a los productores mediocres, que de otra manera no podrían competir.
¿No me cree? El resultado del juicio es que Microsoft no debería regalar programas con su sistema operativo, sino que tiene que venderlos. O lo que es lo mismo, los consumidores tendremos que pagar más por lo mismo, para que los productores mediocres también puedan vender sus productos.
El error principal de toda esta mentalidad es creer que cualquier empresa puede llegar a ser un monopolio sin que exista una regulación gubernamental que le impida la entrada a otros. Eso es completamente falso. Con excepción de muy pocos casos -y algunos argumentamos que ninguno-, no existe tal cosa como un monopolio natural. Siempre que exista, aunque sea la posibilidad remota de competencia, es imposible que surja un monopolio, a menos, por supuesto, que el Gobierno le conceda ese privilegio.
Microsoft y Windows no son la excepción. Existen otros sistemas operativos, otros players, otros navegadores y, por si fuera poco, existe mucha piratería. Microsoft ha sido una empresa muy exitosa, y ello hace que muchos mediocres se quieran aprovechar de su éxito.
Pero hasta ellos tienen que competir, y siempre existe la posibilidad de que surja una nueva empresa con mejor tecnología, como han surgido, por ejemplo, Yahoo, Google, YouTube, FaceBook y todas las variantes de Linux.
Si desea profundizar más en estos conceptos, le recomiendo leer la novela La rebelión de Atlas, de Ayn Rand, que el mes entrante cumple 50 años de publicación; sin embargo, como lo muestra este caso, sigue tan vigente hoy como cuando fue publicada originalmente.
Publicado en Prensa Libre el 20 de septiembre de 2007.
