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viernes, 26 de octubre de 2007

Mediocre competencia (II)

Los mediocres quieren vivir a expensas del trabajo de los demás.

Como siempre me sucede, los artículos que creo que serán los menos controversiales resultan siendo los que más correos, comentarios, regaños e insultos me generan. El caso de mi artículo de la semana recién pasada, sobre la decisión de los tribunales de la Unión Europea de sancionar a Microsoft por “abuso de posición dominante”, no fue la excepción.

Recibí varios correos, algunos respetuosos, otros no tanto, pero todos muy en contra de mi opinión. Algunos me tildaron de ignorante, de desconocer la diferencia entre un sistema operativo y un portal, de ignorar las batallas que día a día luchan los usuarios de Windows para contrarrestar los supuestos abusos de Microsoft. Otros se quejaron de que las aplicaciones de Microsoft ocupan mucho espacio y no son tan buenas.

Algunas otras opiniones fueron divertidas. Como por ejemplo la de alguien que dijo que para que un programa sea exitoso debe ser regalado, y que entonces estuvo bien lo que hicieron los tribunales de la UE. Obviamente, quien así escribió no se percató de que Microsoft da de gratis el Media Player, y lo que dijeron los tribunales de la UE es que debe cobrar por él y no darlo de gratis para no caer en “competencia desleal”.

Las palmas se las llevó quien me indicó que no debo utilizar de fuente un libro como La rebelión de Atlas, y que mejor me informe de lo que está pasando ahora en día a través de alguno de los portales mencionados.

Debo confesar que no creí causar tanto revuelo con ese artículo, pero que el mismo no hace más que justificar mi punto. Todos los argumentos en contra de Microsoft y sus aplicaciones que me enviaron tienen una solución sencilla: no use los productos de Microsoft. Al fin y al cabo, contrario a la creencia popular -y hasta la de muchos jueces despistados, por lo visto-, existen muchas otras soluciones para cada una de las actividades que habitualmente hacemos en una computadora.

Si quiere sistemas operativos, hay otras opciones aparte de Windows, algunas incluso gratis. Si quiere un procesador de palabras, una hoja electrónica, un paquete de presentaciones, una base de datos, un navegador, una agenda electrónica, un manejador de correos, para todas estas actividades existen muchas y diversas alternativas a los programas de Microsoft. Así que tildar a Microsoft de monopolista cuando existen muchas otras alternativas es una confesión de harta ignorancia o de simple haraganería.

Al mencionar no sólo a Linux como competencia de Microsoft, sino a YouTube, Yahoo, Google y FaceBook, no lo estoy haciendo porque crea que un sistema operativo es lo mismo que un portal de Internet, como alguno de los que me escribió me acusó, sino porque las opciones que existen para hacer alguna cosa son muchas y no tenemos la más mínima idea de lo que la tecnología nos pueda deparar en un futuro cercano. Microsoft no sólo es Windows, y la tecnología y las nuevas empresas se pueden comer hasta a Microsoft.

Publicado en Prensa Libre el 27 de septiembre de 2007.

Mediocre competencia

Los mediocres quieren vivir a expensas del trabajo de los demás.

Esta semana, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) ratificó una multa por US$600 millones contra la empresa Microsoft, bajo la acusación de “abuso de posición dominante”. Este es un nuevo ejemplo de cómo los mediocres se aprovechan de la intervención gubernamental para montarse sobre el trabajo y el éxito de otros. Ese es el verdadero fin de toda esa absurda legislación contra la “competencia desleal”.

El juicio se remonta a una demanda en 1998 que interpuso la empresa Sun, argumentando que Microsoft se aprovechaba de que su sistema operativo Windows era el estándar de facto, que no les daba acceso al código de Windows y que, adicionalmente, cometía una maldad tan grande como lo era incluir gratis, junto con el sistema operativo, un reproductor de imágenes y sonido (el RealPlayer). Estos argumentos fueron aceptados por los burócratas de la UE, y por eso le pusieron esa multa a Microsoft.

Toda esta argumentación surge de la ridícula legislación “antimonopolio” y supuestamente a favor de la “competencia justa” que los mercantilistas de los países desarrollados han logrado que se apruebe en sus países. Pero no nos equivoquemos: esa legislación no ayuda a los consumidores, sino que los perjudica; a quienes ayuda es a los productores mediocres, que de otra manera no podrían competir.

¿No me cree? El resultado del juicio es que Microsoft no debería regalar programas con su sistema operativo, sino que tiene que venderlos. O lo que es lo mismo, los consumidores tendremos que pagar más por lo mismo, para que los productores mediocres también puedan vender sus productos.

El error principal de toda esta mentalidad es creer que cualquier empresa puede llegar a ser un monopolio sin que exista una regulación gubernamental que le impida la entrada a otros. Eso es completamente falso. Con excepción de muy pocos casos -y algunos argumentamos que ninguno-, no existe tal cosa como un monopolio natural. Siempre que exista, aunque sea la posibilidad remota de competencia, es imposible que surja un monopolio, a menos, por supuesto, que el Gobierno le conceda ese privilegio.

Microsoft y Windows no son la excepción. Existen otros sistemas operativos, otros players, otros navegadores y, por si fuera poco, existe mucha piratería. Microsoft ha sido una empresa muy exitosa, y ello hace que muchos mediocres se quieran aprovechar de su éxito.

Pero hasta ellos tienen que competir, y siempre existe la posibilidad de que surja una nueva empresa con mejor tecnología, como han surgido, por ejemplo, Yahoo, Google, YouTube, FaceBook y todas las variantes de Linux.

Si desea profundizar más en estos conceptos, le recomiendo leer la novela La rebelión de Atlas, de Ayn Rand, que el mes entrante cumple 50 años de publicación; sin embargo, como lo muestra este caso, sigue tan vigente hoy como cuando fue publicada originalmente.


Publicado en Prensa Libre el 20 de septiembre de 2007.