jueves, 31 de diciembre de 2020

¿Un año digno de olvidar?

El 2020 será para muchos un año que desearán nunca recordar. Ha sido un año de penas, de pérdidas, de despidos, de quiebras, de pánicos, de angustias, de desesperanza, de desasosiego, de encierros, de privaciones, de soledad. En fin, un año de muchas experiencias dramáticas que quisiéramos olvidar. Pero yo considero que es uno de los años de nuestra vida que más debemos apreciar, porque cada revés que tuvimos nos llevó a ser más fuertes y cada día de encierro nos enseñó a apreciar más la libertad. No es un año digno de olvidar, es uno digno de apreciar.

Aprendimos la importancia de cuidar nuestra salud y fortalecer nuestro sistema inmunológico. De vivir de la manera más sana posible, comiendo bien, vitaminándonos, haciendo ejercicio, pero, sobre todo, no esperar a que las enfermedades avancen, sino empezar a tratarnos al primer síntoma. Aprendimos algo tan sencillo que debimos aprender desde pequeños, pero que ahora finalmente lo hemos interiorizado: lavarnos bien las manos —y que esta es la mejor prevención de muchas enfermedades—.

Aprendimos —algunos, no todos— la importancia de no dejarse llevar por todo lo que uno lee o escucha en las redes, especialmente en cuanto a nuestra salud y vida se trata. A no desechar ideas solo porque no son las aceptadas por la mayoría, o incluso por las mismas redes sociales. A no tener miedo a ir contracorriente, si consideramos que eso puede salvar nuestra vida o la de nuestros seres queridos. Aprendimos que, en muchos casos, el sentido común puede ser mucho más sabio que la arrogancia de los doctos “imperiales”.

Tecnologías que ya existían pero que nadie les ponía mayor atención, como las videoconferencias, se catapultaron al frente de la atención pública porque nos ayudaron a resolver, en parte, el problema en el que nos metieron los políticos al establecer férreos encierros que ocasionaron más daño que bien, decisiones que fueron tomadas basadas más en la ignorancia y el pánico —en su mayoría desproporcionado por los agoreros del apocalipsis— que en la ciencia aprendida en los últimos siglos.

Pero también fue un año donde vimos cómo el esfuerzo humano logró salvar millones de vidas, a través de incontables personas que batallaron tratando enfermos en los hospitales, y por cientos de miles que dedicaron incontables y largas jornadas a desarrollar lo que hasta ahora parecía imposible: no una sino varias vacunas, hasta el momento aparentemente eficaces, en tiempos récord.

También fuimos testigos de incontables actos de benevolencia en medio de las tragedias. Vimos cómo el espíritu humano se sobrepuso a la adversidad, como siempre lo ha hecho a lo largo de la historia.

Vimos también cómo la creatividad humana llevó a muchos que habían perdido sus empleos o su forma de vida, a reinventarse y emprender buscando satisfacer las nuevas necesidades que la pandemia y los encierros crearon.

Definitivamente ha sido un año difícil, pero la mayoría logramos sobrevivir y seguramente saldremos fortalecidos, revitalizados y más sanos, pero sobre todo, más sabios. ¿Se han acabado ya los problemas? No, y seguramente habrá otros que enfrentar. Aunque las vacunas sean efectivas, pasará todavía algún tiempo para que una proporción suficiente de la población adquiera la inmunidad necesaria para que podamos volver a la normalidad. Pero lo importante es que cada vez más se puede ver la luz al final del túnel.

Por todo esto, le estoy agradecido al año 2020, listo para enfrentar los nuevos retos que seguramente tendremos durante el 2021. Le deseo que pase una muy feliz Navidad al lado de su familia, sea de manera presencial o remota, y que el 2021 le traiga muchas enseñanzas, pero también muchas victorias.

Artículo publicado originalmente en el diario Prensa Libre, el 18 de diciembre de 2020.

sábado, 15 de agosto de 2020

La gran carrera de las vacunas

La gran carrera de las vacunas contra el COVID-19 se calentó esta semana con el anuncio de Vladimir Putin de la autorización de la Sputnik V -¿de Vladimir o de vaktsina? -. Considero que estamos ante uno de los esfuerzos científicos más impresionantes de toda la historia. Cientos de equipos de científicos, universidades, empresas y gobiernos enfocados en encontrar la vacuna que pueda librar a la humanidad de la amenaza del SARS-Cov-2. Ni siquiera los mejores guionistas de Hollywood podrían haber ideado tan colosal esfuerzo.

Pero esta es la vida real, no una serie de Netflix. Cientos de miles de personas han muerto como consecuencia del coronavirus. Y aunque la letalidad de la enfermedad está descendiendo a nivel global, todavía hay muchas personas que podrían salvarse con una vacuna eficaz. De allí la importancia de esta gran carrera. Y es una carrera que no sería ni remotamente posible de no ser por los esfuerzos de otros cientos de miles de científicos y empresarios visionarios que durante las últimas décadas han avanzado la tecnología hasta el punto en que nos encontramos actualmente.

Para quienes tenemos algún interés por la ciencia y la tecnología, es realmente impresionante ver cómo van avanzando los diferentes proyectos en el camino hacia la autorización. Hasta el miércoles se conocían por lo menos 176 proyectos de vacunas. Hay más de 135 en estudios preclínicos. Veinte están en la fase 1, donde se prueba su seguridad y la dosis óptima. Hay 11 en la fase 2, donde se hacen pruebas más amplias de seguridad. Ocho vacunas ya están en la fase 3, donde se hacen pruebas a gran escala para probar su eficacia. Y, con la de Putin, ya hay dos “aprobadas”. La otra fue “aprobada” por el ejército chino. Ambos se saltearon la fase 3 de las pruebas.

Considero que el anuncio de Putin es más mediático que otra cosa, para “fugarse” del resto de desarrolladores de vacunas. Como Putin puede hacer lo que quiera -constitucionalmente- en Rusia, la declaró “autorizada”, sin pasar por un proceso científico de autorización. En ambos casos, la vacuna de Putin y la de Xi, “dicen” que van a continuar las pruebas de la fase 3.  

Pero fuera de los cantos de sirena de los políticos, el esfuerzo científico y empresarial es gigantesco. Al ser tantos los equipos que están buscando una solución, han tomado caminos distintos para llegar a la meta. Entre ellos se pueden contar varios tipos de vacunas. Están las vacunas genéticas, que utilizan uno o más de los propios genes del virus para provocar una respuesta inmune. La vacuna de la empresa Moderna entra en esta categoría. Luego están las vacunas de vectores virales, que utilizan un virus para introducir genes del coronavirus en las células y provocar una respuesta inmunitaria. La vacuna de AstraZéneca y la Universidad de Oxford entra en esta categoría, así como la de Putin y la del ejército chino.

Están también las vacunas a base de proteínas, que utilizan una proteína o un fragmento de proteína del coronavirus para provocar la respuesta inmune. Entre estas la más famosa es la de la empresa Novavax, que entra en la fase 3 en Octubre. Luego están las vacunas de “virus completo”, que utilizan un versión debilitada o inactiva del coronavirus para generar la respuesta inmune. En esta categoría entran varias que están desarrollando en China e India, 3 de las cuales ya están en fase 3. Por último, están las vacunas reutilizadas, que ya están en uso para otras enfermedades pero que también podrían proteger contra el Covid-19. Aquí la más famosa es la BCG -desarrollada hace más de 100 años contra la tuberculosis- que ahora ya está en un ensayo de fase 3 para comprobar su efectividad contra el COVID-19.

Vivimos en tiempos interesantes.


Artículo publicado originalmente en Prensa Libre, el viernes 14 de agosto de 2020. 

 

viernes, 24 de julio de 2020

El semáforo tonto y el semáforo inteligente



La gran mayoría de los guatemaltecos, pero especialmente los que están a punto de perder sus empleos o sus empresas, estamos conteniendo el aliento a la espera del mensaje del presidente de este domingo, en donde se informará cómo funcionará el sistema de semáforos y alertas, de ahora en adelante. Casi puedo imaginar a la plebe en el coliseo, tensa, a la espera de que el emperador decida con el pulgar la vida o la muerte de los esclavos. Así de bajo hemos caído. Así, de un tajo, eliminamos 2,000 años de historia, 2,000 años de desarrollo, que tantos millones de vidas costaron.   

La decisión crucial -que nunca debió legítimamente estar en las manos de un presidente- es si se les respetarán sus derechos a todos los habitantes del país o si se les seguirán violando. Continuar con restricciones a la movilidad de las personas, a que los trabajadores puedan trabajar y a que las empresas puedan operar, condenará a cientos de miles de guatemaltecos a un destino mucho peor del que les tocaría si enfermaran del COVID-19. ¡Ya basta de tantos sinsentidos!

El sistema propuesto por el gobierno necesariamente llevará -aunque no se percaten de ello ni sea su intención- a acabar con la economía del país, incluyendo la del mismo gobierno. Como la inmensa mayoría no se morirá de coronavirus, pero se quedará sin empleo y con pocos medios de subsistencia, no les quedará otra que emigrar -a pesar de que ahora es mucho más difícil y peligroso que hace unos meses-.

El semáforo propuesto es tan tonto, que apenas un par de días después de proponerlo tuvieron que cambiar la cantidad de días que se tomarían en cuenta para los indicadores. En la conferencia de prensa donde lo anunciaron, ilustraron el semáforo con los casos acumulados de 21 días, lo que era un absurdo tal que a los pocos días tuvieron que bajar el indicador al acumulado de 14 días. Aun así, el indicador sigue siendo imposible de cumplir. Para su referencia, con ese indicador, en el departamento de Guatemala se tiene una incidencia de 205 casos por cada 100,000 habitantes, y el municipio de Guatemala tiene una incidencia de 406 casos por cada 100,000 habitantes. El departamento está 8 veces por encima del límite para la alerta roja, y el municipio está 16 veces por encima del límite. Aun con la tendencia ya a la baja, llegar al límite planteado del semáforo tomaría por lo menos varios meses.

Lo peor de todo es que, como está planteado el sistema, aquí en la capital no debería haber mayor actividad económica hasta después de esos meses. O lo que es lo mismo, nunca, porque para ese momento Guatemala sería casi una ciudad fantasma -literalmente-.

El presidente puede -y debe- implementar un semáforo más inteligente. Uno que no determine si las empresas, el transporte colectivo, los centros comerciales, los restaurantes y cualquier otra actividad, pueden operar o no, sino que determine el nivel de “aforo” que puede tener. Bajo ese concepto, si está en “alerta roja” el aforo sería bajo, y conforme van cambiando las alertas, el aforo subiría. Y luego, el indicador a seguir debieran ser las defunciones y no los contagios. Al fin y al cabo, lo que se quiere -y puede- evitar son la mayoría de las muertes. Como los mismos epidemiólogos lo reconocen, tarde o temprano, la mayoría nos vamos a contagiar.

Con solo esos cambios que se hagan al semáforo, el panorama cambia completamente. La gente va a poder trabajar y ganarse su sustento, y el sistema se va a enfocar en evitar que los contagiados de COVID-19 se mueran. ¿No es eso lo que se busca?

Yo estoy en desacuerdo con la implementación del sistema de semáforos, pero si de todos modos lo van a hacer, por lo menos que sea uno inteligente.


Artículo publicado originalmente en Prensa Libre, el viernes 24 de julio de 2020.

viernes, 29 de junio de 2018

Menos trámites, más inversión



La alternativa es que más compatriotas seguirán emigrando a buscar el sueño americano.



Hace un par de semanas finalmente realizaron un cambio en la tramitología chapina que puede tener un gran impacto en la salud de muchos guatemaltecos: facilitar el registro de medicinas que ya cuentan con la aprobación de agencias reguladoras de medicinas de otros países –que cumplen ciertos requisitos-. Este es un buen ejemplo de cómo se puede ir cambiando el sistema con pequeños cambios que parecen sencillos pero cuya trascendencia puede ser muy grande.

Desde hace muchos años he dicho que es absurdo que un país pequeño y con muchas necesidades se quiera dar el tupé de “verificar” que algún producto es “bueno” para la salud, cuando este producto ya ha pasado por ese proceso de verificación en otros países con más recursos. Por ejemplo, hay muchos medicamentos que han pasado todo el tortuoso procedimiento de aprobación de la FDA (Administración de Alimentos y Medicinas de Estados Unidos) –procedimiento que puede llevar muchos años y miles de millones de dólares cumplir- que cuando los querían comercializar en Guatemala tenían que pasar por todo un proceso para averiguar si era “bueno” para la salud de los guatemaltecos. ¡Por Dios!

Por inaudito que le parezca, ese procedimiento estaba vigente hasta hace unos días en nuestro país. Era un absurdo proceso burocrático cuyos resultados más palpables eran precisamente los que mencionó el Ministro de Salud cuando anunció el cambio: posibilidades de corrupción y precios más altos de las medicinas para los guatemaltecos.

¿Alguien en su sano juicio creerá que el proceso en Guatemala podría ser más exhaustivo y completo que el de la FDA?


Si ya una empresa se gastó muchos millones de dólares para cumplir con todos los requisitos de la FDA, ¿qué sentido tiene que aquí en Guatemala se desconozca dicho proceso y se le obligue a realizar todo un proceso nuevo para que los burócratas guatemaltecos “verifiquen” que la medicina hace lo que dice que hace? ¿Alguien en su sano juicio creerá que el proceso en Guatemala podría ser más exhaustivo y completo que el de la FDA? Y eso que la FDA no es santo de mi devoción y la considero responsable de retrasar –y en algunos casos matar- el desarrollo de nuevas medicinas, precisamente por lo tortuoso y caro que se ha vuelto el procedimiento de autorización.

Así que, felicito al Ministro de Salud por tomar esta decisión y de una vez hago un llamado al Congreso para que lo oficialice como ley, no vaya a ser que el siguiente Ministro que venga se le ocurra revertir este acuerdo gubernativo.

Este es un buen ejemplo de cómo se pueden reducir o eliminar muchos requisitos burocráticos sin sentido cuya única finalidad pareciera ser obstaculizar el desarrollo de los guatemaltecos. Son precisamente muchos de estos requisitos burocráticos absurdos los que se convierten en la excusa perfecta para la corrupción. Si realmente queremos combatir la corrupción hay que presionar a los gobernantes a eliminar todos aquellos trámites innecesarios. De esa manera, no sólo se reducirán las oportunidades de corrupción, también se promoverá una mayor actividad económica, especialmente ahora que tanto se necesita.

En la actual situación donde la mayoría de índices se está yendo a pique, una de las prioridades de todos debiera ser cómo logramos que venga más inversión a nuestro país. No nos engañemos, la situación no mejorará mientras no haya más inversión. Y no habrá más inversión si las señales que se envían en casi todos los frentes son de amenazas en contra de la inversión.

Lo que necesitamos en Guatemala es más inversión, más empleos, más empresas, más generación de riqueza. Esa es la única salida. La alternativa es que más compatriotas seguirán emigrando a buscar el sueño americano, Trump o no Trump, con muro o sin muro.

Artículo publicado originalmente en Prensa Libre el viernes 29 de junio de 2018.

viernes, 22 de junio de 2018

Mal allá y peor aquí


La gente se seguirá marchando porque la desesperación es canija.

Esta semana los titulares se los han llevado las noticias sobre los niños sufriendo al ser separados de sus padres en la frontera de Estados Unidos. Parte el alma ver y escuchar a los niños llorar una separación que no entienden ni merecen. Es realmente lamentable que hayan parado siendo la carne de cañón de peleas políticas que tampoco comprenderán. Tristemente, son otras víctimas inocentes de los políticos de aquí y de allá.
Como liberal siempre he sostenido —y lo sigo haciendo— que no deberían haber restricciones para el libre tránsito de personas y de productos en ninguna parte. Las personas deberían tener el derecho de decidir en dónde quieren vivir y con quién quieren realizar transacciones. Lamentablemente a la gran mayoría de los políticos no les gustan estas ideas porque pierden el control de los que abusivamente consideran sus “súbditos”; pierden el poder.
A ello hay que sumar que el miserable sistema benefactor mercantilista que se propagó por el mundo a lo largo del último siglo, entre otros muchos males que trajo, también se ha convertido en la excusa perfecta para quienes se oponen a la inmigración: “no podemos dejar que vengan otras personas porque se van a beneficiar de servicios que nosotros estamos pagando con nuestros impuestos”. (Excusa que por cierto no se sostiene lógicamente porque si se dejara que cualquiera pudiera llegar legalmente, en cuanto empiecen a trabajar también pagarían impuestos).
Pero esta crisis de la separación de familias lamentablemente solo es la punta del iceberg. Mientras Trump estaba firmando la Orden Ejecutiva para evitar que separen a las familias de migrantes el miércoles, la ICE (US Immigration and Customs Enforcement) estaba realizando una redada en una planta procesadora de carne en Ohio para capturar a inmigrantes ilegales. De los casi 150 que capturaron, más de 100 eran guatemaltecos. Otras 100 familias que probablemente también sean separadas si ya tenían hijos allá.
Todo apunta a que cada vez será más difícil que inmigrantes indocumentados puedan llegar a Estados Unidos —con o sin muro— y también será cada vez más difícil para los que ya están allá mantenerse. En países como el nuestro, eso es una muy mala noticia, por la importancia tan grande que tienen para la economía de muchos guatemaltecos las remesas que sus familiares les envían desde allá.
Lo que nos lleva al verdadero quid del asunto: ¿por qué tantos guatemaltecos se han ido a vivir y trabajar a Estados Unidos? La razón es sencilla: porque aquí no encontraron las oportunidades para poder mantenerse ellos y sus familias. No es solo porque se “quieran” ir. Le garantizo que la mayoría preferirían vivir en su país, en su pueblo, si existieran las posibilidades para poder ganarse la vida dignamente, pero lamentablemente, no las hay.
Y ¿por qué no las hay? Porque la única manera comprobada a lo largo de la historia en la cual las personas de una sociedad pueden prosperar es a través de las inversiones que generan empleos. Solo a través de la inversión se puede generar riqueza y fuentes de trabajo productivas. Pero en Guatemala el sistema está optimizado para ponerle tropiezos a la inversión. No hay un verdadero estado de Derecho en donde la gente pueda tener certeza jurídica que le garantice que los resultados de sus inversiones no van a depender de la voluntad arbitraria —y muchas veces envidiosa— de un funcionario, burócrata o juez.
Y mientras no cambiemos el sistema, no habrá suficiente inversión. Lamentablemente, aun a pesar de los problemas que puedan tener en Estados Unidos, la gente se seguirá marchando porque la desesperación es canija. ¿Cuándo entenderemos?
Artículo publicado originalmente en Prensa Libre

viernes, 15 de junio de 2018

Una decisión con consecuencias


Tomaron la decisión que creyeron mejor para salvar a Guatemala de los megalómanos
La pasión y el desconocimiento del contexto pueden ser muy malas consejeras a la hora de ponderar los sucesos que analizamos. Un buen ejemplo actual es el caso de financiamiento electoral. En el calor de la animadversión hacia los politiqueros corruptos es fácil tirar la piedra y meter a todos en el mismo costal, pero las cosas distan mucho de ser tan simples.
Hoy pocos parecen recordarlo, pero la situación hace tres años era muy complicada. En medio de un proceso electoral atiborrado de dinero del narco y de la corrupción, se empezó a destapar la trama de abusos extremos de los patriotas. Para muchos que vivían en su burbuja fue la gran novedad; para los que llevamos muchos años dando la batalla de las ideas, fue apenas una confirmación de lo que sabíamos y hemos combatido por años.
No por nada llega uno a asquearse de todo lo que gira alrededor del poder. Son muchos años de ver cómo cambian las caras, las circunstancias, los corruptos, pero el sistema sigue igual. Los años de observar la catástrofe no han hecho más que confirmar mi convicción que el problema es el poder discrecional del que gozan los funcionarios y que la batalla debe encaminarse a limitar ese poder.
Esa misma experiencia lo lleva a uno a comprender que si ese poder —con pocos, nulos o inoperantes límites— puede corromper a las “buenas personas”, en manos de un megalómano puede convertirse en una tragedia de proporciones inimaginables —si no me cree, solo hay que ver a la miseria que veinte años de poder ilimitado han llevado a los venezolanos—.
Y es precisamente ese el contexto que vivíamos hace tres años. Un par de megalómanos que habían demostrado no tener ningún escrúpulo para aprovecharse del dinero de los tributarios y pisotear a quien osara oponérseles eran quienes más posibilidades tenían de llegar al Guacamolón. Esos que aún sin gozar todavía del poder ya se sentían reyes y reinas al grado de amenazar a diestra y siniestra de quebrar a quien no les diera dinero para su “campaña”.
Fue la época del “No te toca” y la del excómico convertido a político que empezó a surgir. Fue en ese contexto que se dio la reunión con potenciales financistas a quienes pidió apoyo para poner fiscales en las mesas que garantizaran que se respetara la decisión de la ciudadanía.
Si bien considero un error hacer los aportes fuera del partido —error del que ahora están pagando las consecuencias—, puedo entender la decisión de hacer algo para garantizar que los fiscales de los megalómanos tuvieran algún contrapeso en las mesas electorales y evitar la posibilidad de un fraude. Sin ese aporte, quien quita que los resultados hubiesen sido distintos y hoy viviéramos una realidad mucho peor que la actual —por inconcebible que parezca—, encaminándonos a una situación muy similar a la de Venezuela o Nicaragua.
Ahora la pasión y el resentimiento de muchos se cierne sobre ellos metiéndolos en un saco incluso peor que en el que se ha metido a los corruptos y criminales. Es la arrogancia que da la incapacidad de comprender las alternativas. Yo en cambio les reconozco que —en su circunstancia y contexto— tomaron la decisión que creyeron mejor para salvar a Guatemala de los megalómanos y han afrontado valientemente las consecuencias de su decisión, aún cuando no se compara ni de lejos con todas las iniquidades de los megalómanos que hasta la fecha permanecen impunes. Ello los hace acreedores de todo mi respeto. 
Ojalá que de todo esto aprendamos las lecciones: Hay que concentrarse en poner límites al poder y hay que defender abierta y públicamente aquellos principios que uno considera correctos.
Artículo publicado originalmente en Prensa Libre.

viernes, 8 de junio de 2018

Los héroes existen, viven entre nosotros

Héroes que viven entre nosotros y que merecen todo nuestro reconocimiento.

En medio de la tragedia que cayó de manera fulminante sobre cientos de guatemaltecos y que nos embarga a todos de dolor, es esperanzador ver que ha aflorado lo mejor de muchos guatemaltecos. Con el paso de los días nos enteramos de las historias de muchos héroes anónimos que en el momento más importante, aun cuando las circunstancias les eran adversas, tomaron la decisión correcta. Es a esos héroes a quienes quiero honrar en este día. Su ejemplo arrastra y nos motiva. 
Héroes como Rubén Darío, quien regresaba de su trabajo en un ingenio cuando se enteró de la crisis y a pesar del peligro para su propia vida se apresuró hacia su hogar para salvar a su familia. Al principio las autoridades no lo querían dejar pasar y hasta su misma esposa le dijo por teléfono que ya no llegara, que ya estaban muriendo, pero él no aceptó ese destino y hasta convenció a unos policías y soldados de que todavía podían rescatar a su familia. Arriesgando su vida, en medio de una escena dantesca, viendo cómo otras personas se “derretían”, logró llegar hasta donde estaba refugiada su esposa, sus hijos y otros 34 familiares. En total, salvaron a 37 personas.
Héroes como Evelyn Ordóñez, gerente general de La Reunión, quien en el momento justo tuvo el coraje de tomar la decisión de evacuar el hotel, con todas las implicaciones que ello conlleva. Viéndolo con la ventaja de la retrospectiva es muy fácil decir que era la decisión correcta y la que debía tomar. Pero en ese momento no tenía una “alerta oficial” de evacuación, solo su intuición de que “el comportamiento del volcán no era el de costumbre” como nos comentó en nuestro programa de radio. Aún con la información incompleta, tomó la decisión correcta que salvó la vida de más de 300 personas.
Héroes como Juan Bajxac, José Castillo y Juan Galindo, bomberos y delegado de Conred que murieron intentando evacuar a personas para que no perecieran con la llegada de los flujos piroclásticos.
Pero también muchos otros héroes, la mayoría en el anonimato, que se han entregado en cuerpo y alma para tratar de encontrar a sobrevivientes. Bomberos, policías, soldados, rescatistas, todos ellos sabiendo que arriesgan sus vidas sin ninguna otra satisfacción que la de ayudar a otros y cumplir con lo que consideran su deber. Trabajando largas y agotadoras jornadas, en condiciones muy difíciles, a veces incluso sin el equipo adecuado, pero sin quejarse, satisfechos de estar haciendo lo correcto. Héroes como María Esperanza Álvarez, la bombera que mientras estaba en las labores de rescate se enteró de que había sido despedida, pero que aún así siguió con “honor y orgullo” por la satisfacción de estar donde más la necesitaban.
Héroes que se han arriesgado volando en circunstancias peligrosas para obtener información valiosa para las labores de rescate. Héroes que han dejado sus ocupaciones habituales para dedicarse a recolectar víveres, ropa, medicinas para los desplazados en los albergues. Héroes que han puesto sus empresas al servicio de la víctimas, ya sea como centros de acopio o proveyendo víveres, ropa, medicinas y productos sanitarios.
Pero también muchos héroes que han contribuido con sus pocos o muchos recursos para apoyar voluntariamente a quienes están en necesidad. Héroes como Julio José Benjamín Caal, el niño de 10 años que el lunes llegó a un centro de acopio a donar los 5 quetzales que había ganado ese día vendiendo dulces en el parque de San Pedro Carchá. En fin, héroes que viven entre nosotros y que merecen todo nuestro reconocimiento. ¡Muchas gracias a todos!

viernes, 1 de junio de 2018

La basura de unos es el tesoro de otros


El reciclaje ya se da en Guatemala de manera voluntaria porque es económicamente viable.


En los artículos anteriores he hablado sobre la importancia del plástico y cómo su uso en empaques y bolsas es la alternativa actual que menor efecto tiene sobre el ambiente. Pero todavía queda el tema de los desechos. ¿Cómo evitar que los beneficios del plástico se vean enturbiados por su ubicuidad en los desechos? Afortunadamente, las soluciones ya están entre nosotros.

Las dos soluciones básicas para erradicar el “problema” del plástico en los desechos sólidos son el reciclaje y la incineración. Yo soy partidario de que se debe reciclar todo lo que se pueda. La tecnología ha avanzado y ahora hay procedimientos que pueden convertir el plástico reciclado hasta en materiales de construcción que reemplacen al acero -más resistentes y duraderos-.

La mejor forma de lograr la mayor cantidad de reciclaje es a través del mercado y no a través de limitaciones o regulaciones. De hecho, así es como ya funciona en Guatemala. Aquí todavía no existe la “cultura” de separar los desechos para reciclaje, sin embargo, en los bienes cuyo reciclaje tiene un valor económico, ya se hace. El proceso inicia en los camiones de recolección de basura, donde separan los productos que pueden vender a las recicladoras -vidrio, aluminio y envases plásticos-. Si algo se les pasa, los “guajeros” lo recogen y lo venden a las recicladoras. Probablemente no sea el mejor proceso de reciclado, pero ya se da y no como una imposición de algún político o burócrata sino como un proceso totalmente voluntario dado que esa “basura” de unos, se ha convertido en un “tesoro” para otros, es decir, es económicamente viable.

La clave es que las personas utilicen los canales adecuados para deshacerse de sus desechos –en este caso, que paguen el servicio de recolección de basura-. La mayoría del plástico que llega a los ríos, por lo menos en la capital, es porque no es canalizado a través de este sistema, es decir, proviene de personas que no pagan el servicio y la desechan de manera informal –la tiran en la calle y/o en los tragantes. ¡Esa irresponsabilidad es la que hay que castigar!

Para el año 2050 más del 90% del plástico que se produzca se reciclará o se incinerará.


En cuanto a la incineración del plástico -y de la basura en general- es una tendencia en varios países desarrollados y que poco a poco se hará en los demás países. Inicialmente se ha quemado la basura para generar electricidad. Con los avances en la tecnología, ya se empiezan a promover plantas en las que se aproveche el 100% de la basura. Con procesos automatizados se separan primero todos los productos reciclables, luego los desechos orgánicos que puedan utilizarse para hacer fertilizante y lo que sobra se quema para producir energía eléctrica. Hasta las cenizas  resultantes se pueden aprovechar para materiales de construcción. Aquí mismo en Guatemala, en la planta de Cementos Progreso de Sanarate se incineran anualmente once mil toneladas de llantas y basura, con lo que se aprovechan adecuadamente sin contaminar el ambiente y sin necesidad de “rellenos sanitarios”.

En el panorama global, la tendencia es que cada vez se recicla y se incinera más plástico. Si siguen las actuales tendencias, para el año 2050 más del 90% del plástico que se produzca se reciclará o se incinerará. Y yo creo que, con los avances tecnológicos, va a ser todavía más rápido.


Lo que me regresa a las prohibiciones al uso del plástico. Es insensato que en lugar de ocuparse en resolver el problema del tratamiento de los desechos, los políticos se decanten por prohibiciones absurdas al uso de bolsas y otros productos plásticos que a quien más afectan es a los más pobres y al mismo ambiente. ¡Esto no se debe permitir!

Si quiere conocer más sobre este tema, lo invito a buscar en mi blog (jorgejacobs.com) más información.

Artículo publicado originalmente en Prensa Libre:  http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/la-basura-de-unos-es-el-tesoro-de-otros 

Notas:
1. Gráfica tomada de los materiales suplementales del artículo: "Production, use, and fate of all plastics ever made", publicado en la revista Science Advances del 19 de Julio de 2017.  http://advances.sciencemag.org/content/3/7/e1700782.full

viernes, 25 de mayo de 2018

Las maravillosas bolsas plásticas


Las bolsas de plástico tienen una “huella de carbono” mucho menor que la de sus alternativas.


Las bolsas plásticas llevan la principal carga de “culpa” en las discusiones actuales sobre la contaminación por desechos sólidos, al grado que en muchos lugares se ha prohibido su uso. Sostengo que es un error típico de ver el árbol y perder de vista el bosque, y su supresión ocasiona más daños y costos no sólo a las personas sino también al ambiente. Y aunque parece ser un tema que desata más pasiones que la política y el futbol, espero contribuir con un grado de arena para regresar a la cordura.

El empaque plástico revolucionó el estilo de vida de la humanidad. Sus beneficios son incalculables pero a la vez pasan tan desapercibidos que son poco apreciados. ¿Sabía usted, por ejemplo, que gracias al empaque plástico se logró aumentar el “tiempo de vida” de muchos alimentos, con lo que se logró una reducción considerable en los que se echan a perder y, como consecuencia, precios más bajos de lo que podrían ser? Los beneficios para el ambiente de este solo factor son inmensos, pero imperceptibles para la mayoría.

La cosa no termina allí. Una de las principales ventajas de los empaques de plástico es su increíble capacidad de contener pesos mucho mayores al propio. Ello hace que sea el producto de empaque más liviano que existe. Una consecuencia directa es el ahorro de combustible y de emisiones de CO2 que se obtiene en el transporte de productos. El beneficio al ambiente frente a cualquier otra alternativa de empaque es incalculable.

Las bolsas de plástico son una maravilla de la ingeniería ya que pueden cargar más de mil veces su peso.


Y entonces llegamos a las bolsas de plástico. Estas son una maravilla de la ingeniería ya que pueden cargar más de mil veces su peso. Esa misma característica hace que se les transfieran también los beneficios que mencioné en el párrafo anterior.

El argumento en cuanto a su impacto sobre el ambiente se centra principalmente en dos factores; que son de “un solo uso”, y que no son degradables y por tanto estarán contaminando por cientos o miles de años. Se argumenta que es más amigable al ambiente que las personas utilicen alternativas, entre las que se citan bolsas de papel, de tela o de plástico “reutilizables”. Sin embargo, esta argumentación no toma en cuenta todos los factores necesarios para hacer un correcto análisis.

Para tener más claro el panorama, especialmente en cuanto a los efectos ambientales, lo adecuado es tomar en cuenta todo el “ciclo de vida” de los productos, es decir desde que son producidos hasta su “muerte”. En varios estudios el resultado ha sido que las bolsas de plástico tienen una “huella de carbono” mucho menor que la de sus alternativas, llegando al grado que algunas deberían de utilizarse más de 300 veces para compensar la “huella de carbono” de las bolsas de plástico que reemplazarían. Y esto considerando en el estudio que las bolsas de plástico que dan en las ventas al detalle sean en efecto de “un solo uso”, lo cual casi nunca es cierto ya que la mayor parte de personas las reutiliza para algún otra tarea como por ejemplo en los botes de basura de los baños o para recoger los excrementos de sus mascotas en la calle.

Cuando se prohíbe las bolsas en las ventas al detalle el efecto es todavía peor ya que los otros “usos” que la gente le da a las bolsas de todos modos se necesitan hacer, con lo que la gente para comprando bolsas “de basura” que en algunos casos son de un plástico más denso –es decir, con más “huella de carbono”- y al final, el efecto sobre el ambiente es todavía mayor al que se tenía antes.

Regresamos nuevamente a que el problema no está en el uso del plástico sino en cómo se desecha, que es donde está la clave para reducir su impacto final sobre el ambiente. Pero de eso, por razones de espacio, hablaré en otro artículo.

Notas:
1. Tabla que indica la cantidad de veces que debe reutilizarse una bolsa de distintos materiales para tener compensar la mayor carga que tiene sobre el ambiente que las bolsas de plástico de los supermercados. Tomada del reporte Life Cycle Assessment of grocery carrier bags, de la Oficina de Protección Ambiental, del Ministerio de Ambiente y Alimentos de Dinamarca, publicado en Febrero de 2018, P. 17.
https://www2.mst.dk/Udgiv/publications/2018/02/978-87-93614-73-4.pdf 

viernes, 18 de mayo de 2018

El problema no es el plástico


El plástico es uno de los productos más malentendidos y, por tanto, vilipendiados.


Se está popularizando en Guatemala la errada creencia de que el plástico es el peor enemigo del medioambiente y que, por tanto, si se quiere ser “responsable” se debe combatirlo. Esa falsa creencia ha llevado a algunos alcaldes incluso a establecer absurdas prohibiciones inconstitucionales que no hacen más que desviar la atención del verdadero problema.

Como lamentablemente suele suceder en nuestro país –aunque no tenemos la exclusividad- a muy pocos les preocupa profundizar en el análisis de los problemas, se quedan en la superficie y como consecuencia lógica, a lo único que le atinan es a “combatir” las consecuencias más superficiales –y generalmente más intrascendentes-  de los problemas, sin profundizar en las causas que los originan y mucho menos buscar soluciones que resuelvan esas causas.

El plástico es uno de los productos más malentendidos y, por tanto, vilipendiados. Muchos de los “enemigos” del plástico de seguro no saben que de no ser por éste, muchas especies ya no existirían ya que los polímeros reemplazaron a muchas “materias primas de origen animal” cuyo uso amenazó su sobrevivencia en el siglo XIX y principios del siglo XX. Tampoco han de saber que una buena parte del “estilo de vida” moderno que ha ayudado a sacar a millones de personas de la pobreza, mejorar considerablemente la salud y la expectativa de vida de la humanidad, así como muchos otros beneficios, se deben precisamente a ese material sintético tan versátil y barato.

Es precisamente por esa ubicuidad del plástico en casi todas las actividades humanas que también es uno de los productos que se encuentran más a menudo en la basura, la cual –cuando no es tratada adecuadamente- llega después a ríos, lagos y el mar. Es de aquí donde ha surgido la idea de algunos, preocupados genuinamente por el medioambiente, de limitar el uso del plástico para evitar esos desechos. Aquí es donde entra el absurdo de tratar de corregir las consecuencias y no las causas de los problemas. En este caso particular, el problema no es el plástico, sino el mal o nulo tratamiento de la basura. Peor aún, el desecho plástico no es la peor consecuencia medioambiental de los desechos que generamos los humanos en nuestra vida diaria, sino la gran cantidad de desechos orgánicos que van a parar a los ríos y lagos y que son los principales responsables de la muerte lenta de los ríos y lagos guatemaltecos.

Si realmente nos preocupa el efecto que los desechos de la “vida moderna” tienen sobre el medioambiente, hay que entender bien cuáles son las causas y cómo se puede minimizar sus efectos. El énfasis principal debe recaer sobre el tratamiento de las aguas negras antes de que lleguen a los ríos. Mientras esto no se resuelva, los desechos plásticos serán apenas la guinda del pastel.

En cuanto a la basura, el problema no es de qué está compuesta sino que no se trata adecuadamente.


En cuanto a la basura –desechos sólidos- el problema no es de qué está compuesta, sino que no se trata adecuadamente. Aquí el problema empieza desde el que tira la basura en la calle hasta las municipalidades que no se han preocupado de tratar adecuadamente la basura.  Es un hecho de la vida moderna que generamos bastantes desperdicios, de hecho, mientras más se desarrolla una sociedad, más basura genera. Lo importante aquí es que, si se deja actuar al mercado y no se imponen restricciones absurdas, hasta la misma basura se puede convertir en un tesoro y no en una gran carga.

Como sé que hay que profundizar en estos temas para entenderlos, en un próximo artículo reflexionaré sobre el más útil pero a la vez más incomprendido de los productos plásticos: el empaque en general y las bolsas en particular.

viernes, 11 de mayo de 2018

Se necesitan contrapesos


A nosotros nunca se nos quiso escuchar a este respecto pero el tiempo nos ha dado la razón.


Ante el interés de varios senadores y congresistas estadounidenses por las acciones de la CICIG, yo les propongo que si realmente desean fiscalizar el uso de los recursos de los tributarios de su país y evitar los abusos de poder, establezcan un sistema de supervisión al que los funcionarios de la institución deban rendir cuentas y a donde los guatemaltecos que consideren que se han violado sus derechos puedan abocarse.

Si bien es cierto la acción de la CICIG ha sido un parteaguas en la persecución de algunos corruptos que muy probablemente seguirían en su actuar de no ser por esa participación, tampoco podemos obviar el hecho de que en ese actuar se han cometido abusos. Lo cual era de esperar -y algunos pocos lo venimos advirtiendo desde hace más de 15 años- ya que con la excusa de que los “cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad” eran muy poderosos, se puso a los funcionarios de la Comisión por encima de la ley. Desde que fue planteada en su versión inicial, yo he argumentado que esa inmunidad se iba a prestar para abusos de poder.

La inmunidad a la que me refiero está en el artículo 10, inciso (b) del Acuerdo para el establecimiento de la CICIG, el que indica que todo el personal internacional de la comisión disfrutará de “inmunidad de toda acción judicial con respecto a palabras pronunciadas o escritas y a actos realizados por ellos en el desempeño  de su misión. Esta inmunidad de toda acción judicial se seguirá concediendo después de que hayan dejado de prestar servicios a la CICIG”. Esto sumado a otros privilegios e inmunidades propias de “funcionarios de la ONU” y, en el caso del comisionado, diplomáticas. En otras palabras, pueden hacer lo que sea sin tener que rendirle cuentas a nadie, sin temor a ser acusados y mucho menos llevados a juicio y para ajuste de penas, mantienen esa impunidad de por vida. Por si eso no fuera suficiente, el acuerdo establece que la Comisión es “absolutamente independiente” y que ni siquiera es un “órgano de las Naciones Unidas”.

Cualquiera que detente poder sin límites, tarde o temprano caerá en la tentación de abusar de ese poder.


Si algo hemos aprendido de la historia -¿o tal vez no?- es que cualquier persona que detente poder sin una estructura de control que verifique su actuar, tarde o temprano caerá en la tentación de abusar de ese poder. Los padres fundadores de Estados Unidos tenían esto tan claro que se cuidaron de establecer un régimen republicano con un efectivo sistema de pesos y contrapesos para evitar que alguien llegase a concentrar tal cantidad de poder que abusara de él en contra de los ciudadanos. Es gracias a esos pesos y contrapesos que, indistintamente de si ha habido buenos o malos funcionarios a lo largo de ya casi 250 años, el sistema se ha sostenido y los ha llevado a ser la república que hoy son.

Ya que a nosotros nunca se nos quiso escuchar a este respecto pero el tiempo nos ha dado la razón, considero de vital importancia que ahora que este tema ha cobrado relevancia en el Congreso estadounidense, aunque tarde, se establezca una estructura de control y supervisión para evitar los posibles abusos de poder.

Así que les solicito a los senadores y congresistas estadounidenses, en especial a quienes se han expresado sobre este tema, como los Senadores Marco Rubio, Mike Lee y Roger F. Wicker y el Congresista Christopher H. Smith, que propongan el establecimiento de una comisión parlamentaria que supervise las actuaciones de los funcionarios de la CICIG, a la que los ciudadanos guatemaltecos que consideren que se haya violado sus derechos puedan presentar sus denuncias. Como bien lo han dicho, ustedes tienen que velar porque los fondos de los tributarios estadounidenses se utilicen de manera adecuada y esta sería la mejor manera de hacerlo.

viernes, 4 de mayo de 2018

Los Bitkov, la CICIG y el abuso del poder


Si algunos creen que se justifican los abusos con tal de lograr un “buen fin”, yo no.


El caso de los rusos Bitkov abre nuevamente la puerta para el que debería ser el punto principal de la discusión alrededor de la CICIG y su operación en Guatemala: ¿Cómo se puede evitar que el amplio poder que detenta se preste para abusos? La solución se debió buscar hace 15 años y no hasta ahora, pero a los pocos que lo hemos venido recalcando desde esa época se nos ha menospreciado tachándonos de “reaccionarios”, “antisistema” y una serie de epítetos, propios de quienes quieren desviar la discusión para no enfrentar la realidad. Bueno, ahora que no somos solo unos pocos parias que desconfiamos del poder los que argumentamos esto, sino que ya se han subido al argumento hasta congresistas gringos, ¿seguirán muchos tratando de tapar el sol con un dedo?

El caso de los rusos Bitkov se internacionalizó recientemente gracias a varios artículos sobre el caso publicados por Mary O’Grady en el diario estadounidense Wall Street Journal. Los artículos de Mary causaron revuelo y fueron seguidos por otros artículos en importantes medios como The Economist y National Review. Una consecuencia de este renovado interés por el caso fue que se convocara a una audiencia en la Comisión sobre Seguridad y Cooperación en Europa, más conocida como la Comisión Helsinki, conformada por miembros del Congreso y del Ejecutivo de Estados Unidos.

Lo que más me llamó la atención de la audiencia fue lo incomprensible que es para personas que han vivido bajo un régimen republicano que le da tanta importancia al sistema de pesos y contrapesos –checks and balances- que una institución gubernamental pueda tener tanto poder sin ninguna estructura de control que evite, en alguna medida, el que se pueda abusar de ese poder.

Todas las organizaciones, aún aquellas creadas con la mejor de las intenciones, deben de tener una supervisión apropiada”


Quien mejor estableció ese punto fue Bill Browder –autor del libro Red Notice e impulsor de la “Ley Magnitsky”- cuando en una de sus intervenciones finales expresó: “El concepto de la CICIG es bueno. El tema no es la organización sino si se ha abusado de esa organización. Deberíamos establecer pesos, contrapesos y revisiones para asegurarnos que esos abusos no sucedan”. Lo dijo también el Congresista Chris Smith, quien presidió la audiencia: “Ha habido poca vigilancia del Congreso sobre la CICIG –es claro que es tiempo de que eso cambie-.” El que se voló la barda a este respecto fue el Senador Michael Lee, quien indicó por escrito: “La CICIG es una bestia difícil de manejar. Todas las organizaciones, aún aquellas creadas con la mejor de las intenciones, deben de tener una supervisión apropiada y contar con mecanismos de rendición de cuentas”.  Y por aquello de que alguien salga con que es un tema “ideológico”, es el mismo tema que también preocupó a la Congresista Jackson Lee en la audiencia.

Es un buen paso que el Congreso de Estados Unidos quiera establecer un mecanismo de control para evitar los abusos que se puedan cometer por parte de la CICIG. Lamentablemente, es  “muy poco, muy tarde”, ya que el meollo del asunto, que les da un poder casi absoluto, está imbuido en la misma concepción de la institución: la impunidad de por vida que gozan sus funcionarios en su actuar como parte de la organización.

Es el tipo de impunidad que permite que un funcionario pueda ser acusado por un testigo en su lecho de muerte de haberle pagado para mentir acusando falsamente a inocentes y que el funcionario, aparte de ruborizarse ante las cámaras, no pagara ninguna consecuencia y adicionalmente siguiera trabajando como uno de los principales funcionarios de la organización por mucho tiempo –no sé si todavía-. Y así como ese, muchos más. Y si algunos creen que se justifican los abusos con tal de lograr un “buen fin”, yo no.

viernes, 27 de abril de 2018

¿Cómo romper el mecanismo?


Todavía falta mucho por recorrer para entender las causas de la corrupción y por consiguiente para combatirla.


Mi artículo de la semana pasada generó bastantes comentarios que me llevan a considerar que si bien es cierto ya hay mejor entendimiento del “mecanismo”, todavía falta mucho por recorrer para entender las causas de la corrupción y por consiguiente para combatirla. Entender esas causas es de trascendental importancia -especialmente en el actual contexto guatemalteco- si queremos romper el mecanismo y encaminarnos en la senda correcta.

Lo que estamos presenciando actualmente en Guatemala es una persecución en contra de algunos corruptos, lo cual es necesario hacer y, si se hace correctamente y no simplemente como pantalla para una lucha de poder, contribuirá a elevar el nivel de “riesgo” para todos aquellos que quieran aprovecharse del poder para enriquecerse ilegítimamente. Pero esto, por definición, solo es una medida paliativa que combate los efectos, pero que no va orientada a la eliminación de las causas que la originan.

Hay que entender que la corrupción y muchas otras injusticias se originan en el abuso del poder. Esto se ha entendido desde hace milenios y la historia humana gira alrededor del intento de algunos –pocos, lamentablemente- por limitar los abusos de quienes detentan el poder. Debo aclarar que aunque la mayoría resienten el abuso de poder, en muchos casos, lo que realmente resienten es que sean “otros” los que detentan el poder y gustosamente abusarían del mismo en caso de ser ellos quienes lo detentaran. Como bien lo planteara Frederic Bastiat hace casi dos siglos, “el estado es esa ficción por medio de la cual todos quieren vivir a expensas de los demás”.

Pero la lucha de esos pocos a lo largo de los siglos ha permitido que se vayan encontrando formas para limitar el poder. Ninguna es perfecta y siempre habrá gente interesada en aprovecharse, por ello es importante, para verdaderamente luchar contra la corrupción reducir el poder arbitrario de los funcionarios, cambiar el sistema, cambiar los procedimientos, en general, reducir la injerencia del gobierno en la vida de los ciudadanos. No hay otra salida.

Se deben reducir las atribuciones del gobierno a sólo aquellas esenciales para garantizar la vida, la libertad y la propiedad de las personas.


Se deben reducir las atribuciones del gobierno a sólo aquellas esenciales para garantizar la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Todo lo demás que se le pida al gobierno que haga, no solo no lo hará bien sino que además se convertirá en nuevas oportunidades para que los pícaros se aprovechen de los ciudadanos. Es irónico que muchos dicen estar en contra de la corrupción, pero al mismo tiempo buscan que “el gobierno” les resuelva todos sus problemas. Si no se entiende la contradicción inherente que hay en esta forma de pensar, nunca se podrá combatir “el mecanismo”.

Este creo que es uno de los principales obstáculos para combatir la corrupción: que mucha gente no entiende que mientras más funciones le den al gobierno, más posibilidades habrá de que se incremente la corrupción. Por tanto, considero que esta es la batalla más importante a pelear si queremos realmente combatir la corrupción. Lograr que la gente entienda la relación de causalidad que existe entre la cantidad de cosas que el gobierno hace y la cantidad de corrupción que hay.

Y digo que es uno de los principales obstáculos porque mientras la gente no entienda esto, será imposible hacer los cambios necesarios para empezar a resolver el problema. Como lo puse en el artículo de la semana pasada, esos cambios deben ir encaminados a limitar el poder discrecional de los funcionarios, pero no se va a poder hacer mientras la gente lo que pide es que se les dé más poder. ¿Por qué será tan difícil entender esto?

viernes, 20 de abril de 2018

La falla en el mecanismo


A Ruffo le faltó llegar a las causas que originan ese círculo vicioso.


Netflix acaba de lanzar una nueva serie denominada “El mecanismo” sobre la “Operación Lava Jato” por medio de la cual se descubrió la corrupción en Petrobras en Brasil y que fue el inicio de la caída de Odebrecht y de Lula. En la serie se hace un buen acercamiento al “mecanismo” de la corrupción, pero lamentablemente, se queda corto porque no logran entender el origen.   

El investigador, Claudio Ruffo, elabora un esquema circular al que denomina “el mecanismo de la corrupción”. Ruffo describe el ciclo, en donde los directores de Petrobras realizan contratos sobrevalorados con las constructoras, las que canalizan parte de los fondos robados a través de los “operadores” -lavadores de dinero- hacia los políticos. El círculo se cierra nuevamente cuando los políticos nombran a los directores de Petrobras y así, el ciclo se repite al infinito. El momento de iluminación de Ruffo llegó cuando descubrió la corrupción en la reparación del desagüe de su casa. Allí se percató que el ciclo era exactamente el mismo.

Su primera reacción fue de desasosiego al creer que era imposible luchar contra ese mecanismo, aunque después se recupera y continúa la investigación. Lamentablemente, Ruffo no logra profundizar en cuáles son las causas que originan ese círculo vicioso y se queda en lo que conoce: perseguir a los corruptos. Más triste aún es que Ruffo no está sólo: la mayoría de gente, aún si llega a visualizar el “mecanismo” no logra entender la verdadera causa.

Los prejuicios ideológicos de Ruffo –o más bien de los guionistas- lo llevan a concluir con una falacia “non sequitur” –no se sigue- de que “los ricos se vuelven más ricos y los pobres se vuelven más pobres”. En todo caso, la conclusión que se colige aquí es que el dinero se lo roban los corruptos –políticos, burócratas, contratistas, lavadores- a los ciudadanos honestos –sean pobres o ricos -.

Si no estamos dispuestos a cambiar el sistema el “mecanismo” de la corrupción seguirá vivito y coleando.


A Ruffo le faltó llegar a las causas que originan ese círculo vicioso. El origen de la corrupción es que los funcionarios tienen el poder de tomar decisiones arbitrarias sobre los fondos de los tributarios y que también tienen el poder arbitrario para obstaculizar las actividades de las personas. Es porque un funcionario tiene en sus manos la decisión de cómo se van a gastar los fondos de los tributarios que existe la posibilidad de entrar en contubernio con los “contratistas” para robar fondos sobrevalorando las compras. Y es por eso mismo que a los pícaros les interesa financiar a los políticos corruptos porque esperan que cuando estén en el poder, las compras sobrevaloradas se las hagan a ellos.

El que los funcionarios puedan obstaculizar arbitrariamente las actividades también es fuente de corrupción porque pueden presionar a las personas retrasando procesos, autorizaciones, pagos, etc., para extorsionarlas a cambio de “aligerar” el proceso.

Perseguir a los corruptos eleva el “riesgo” de la corrupción, pero para reducirla considerablemente, se debe cambiar el sistema para evitar al máximo esa discrecionalidad de los funcionarios públicos. Como regla general, mientras más enfocado esté el gobierno en sus funciones básicas y en menos actividades esté involucrado, habrá menos posibilidades de corrupción. En el caso de las autorizaciones y trámites, se deben eliminar todos aquellos superficiales e innecesarios. Con los que quede, se debe implementar al máximo posible las autorizaciones automáticas con plazos vencidos –y que estos plazos sean lo más corto posibles-. 

Si no estamos dispuestos a cambiar el sistema, solamente cambiaremos cada cierto tiempo de corruptos pero el “mecanismo” de la corrupción seguirá vivito y coleando.

viernes, 27 de mayo de 2016

Un nuevo amanecer

Cuando se quiere, se puede…

Esta semana tuve la oportunidad de visitar Tzununá, en el lago de Atitlán. Durante los últimos cuatro años allí se ha llevado a cabo un experimento social interesante. En la Cervecería Centroamericana, a través de la Fundación Castillo Córdova, llevaron a cabo un proyecto de desarrollo comunitario integral que, de ser exitoso, pudiese ser replicable en cualquier población. El resultado es, como mínimo, impactante.

Tzununá era una población como muchas otras del área rural de Guatemala, con poco acceso a servicios, con graves problemas sanitarios y de desnutrición crónica, pero en particular, con pocas esperanzas de un futuro mejor. Entiendo que fue el alto nivel de desnutrición crónica infantil -76.5%- lo que hizo que se acercara la Fundación a esta población. Sin embargo, con base en experiencias anteriores decidieron que era importante no sólo involucrarse en el tema de la nutrición, sino también en otras áreas –en particular en salud, educación, infraestructura, gestión ambiental y de riesgos y en la empresarialidad- para lograr que los cambios fuesen permanentes y autosostenibles.

A primera vista, lo que resalta es la infraestructura, especialmente porque el primer contacto que uno tiene con el pueblo es el nuevo Centro de Salud y Nutrición construido gracias a los aportes que dieron los trabajadores de la Cervecería. Luego están las calles empedradas –no puedo siquiera imaginar cómo sería transitar esas empinadas calles de tierra en tiempos de lluvia -, y las escuelas y centros de capacitación, el centro de clasificación de desechos y varias otras obras de que están transformando la cara visible de la población.

Pero cuando uno habla con las personas, se percata de que los cambios son más profundos. El proceso ha pasado por capacitaciones de todo tipo, desde aquellas que les han permitido a las mujeres mejorar su autoestima y que tengan como un gran logro el haberse organizado y animado lo suficiente para ir a hacer peticiones formales ante las autoridades municipales –todos hombres- hasta aquellas que les han permitido entender y aceptar nuevas tecnologías, como las de las estufas ahorradoras de leña, letrinas aboneras, filtros de agua e instalaciones de aguas servidas a pozos de filtración.

Lo que más me impresionó fueron los resultados del fomento de la empresarialidad. Varios de los lugareños han abierto nuevos negocios como panadería, tiendas, librerías, ferreterías y hasta un comedor. Varios habitantes han cambiado sus cultivos tradicionales por nuevos cultivos, mucho más rentables y productivos. Me impresionó especialmente el productor de tomates que obtuvo un préstamo semilla para poner su primer invernadero y ahora, con lo que ha ido produciendo y ahorrando ya estaba construyendo dos más y con planes para multiplicar los invernaderos y llegar a tener por lo menos veinte en el próximo par de años. Yo mismo fue testigo de cómo en el corto tiempo que estuvimos logró negociar con el representante de la pizzería Vesubio -que les compra la producción de tomates- un préstamo para construir de una vez el cuarto invernadero, y pagarlo en especie, es decir, con los próximos tomates que produzca.

Y así como él, otras señoras construyeron en su patio trasero un invernadero especial para producción de hongos ostra –que también serán comprados por la pizzería, al igual que otra producción de albahaca-. Conocí también a un señor que en su terreno construyó unas pilas para la crianza de peces que luego son vendidos localmente. Tuve también la oportunidad de ver cómo un productor de café de Huehuetenango ha estado capacitando a varios pequeños caficultores del área para mejorar su producción y llevarla a nivel de exportación, aprovechando que están en la altura ideal para los cafés de mejor calidad.

El propósito original, reducir la desnutrición crónica infantil, se está logrando a tasas incluso mayores que las de los mejores ejemplos en Latinoamérica; pero lo más importante es que la transformación de las personas permitirá que Tzununá se convierta en un ejemplo de superación para muchas comunidades. Las personas con las que tuve la oportunidad de conversar, tenían en su mirada esa convicción de que saben que están mejorando y que pueden mejorar mucho más, si se esfuerzan y trabajan. Ya saben que es posible. Ya saben que depende de ellos. 

Felicito a Cervecería Centroamericana, Fundación Castillo Córdova y a todas las demás personas, empresas, organizaciones que tuvieron el coraje de involucrarse en este proyecto. 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en una versión resumida en Prensa Libre el viernes 27 de Mayo de 2,016.