El sábado, por razones familiares, pasé el día en uno de los hospitales privados de Guatemala. Allí me encontré con un par de estudiantes de medicina francesas que vinieron a realizar sus prácticas a Guatemala. Curioso como siempre, les pregunté cómo vinieron a parar acá. En un español bastante bueno, me contaron que querían hacer sus prácticas en Latinoamérica, tanto para conocer la región como para perfeccionar su español, y que para ello enviaron solicitudes a cuanto hospital encontraron en Internet. El de Guatemala fue el que les respondió aprobando su estadía, así que se vinieron, según ellas de aventureras, a nuestro país.Su sorpresa fue que se encontraron con un hospital (privado) que no tenía nada que envidiarle a los hospitales del mundo "desarrollado". De hecho, según estuvimos platicando con el Doctor Freddy Abed (en la foto con ellas) incluso se usan como norma cosas que en los países desarrollados sólo se usan en algunos casos especiales, como por ejemplo, mencionó, el uso del sensor de ondas encefálicas durante las anestesias. Este es un sensor que le ponen a uno en la frente para verificar qué tan dormido está uno durante una anestesia. El dice que acá se usa casi que por norma este sensor (por lo menos en su hospital) mientras que en los países desarrollados sólo se usa en casos especiales. Las estudiantes francesas confirmaron que en Francia sólo se utiliza cuando son operaciones en la cabeza. Yo puedo dar fe de que sí se usa acá, ya que hace un par de semanas me sedaron para realizarme un injerto e implante en el hueso nasal, no en un hospital sino en la clínica de mi dentista, el Doctor Jimmy Hazbun, y allí también me pusieron el famoso sensor en cuestión.
Las estudiantes francesas están muy contentas de haber venido a Guatemala y han aprendido mucho. Para que no crean que se van a llevar una idea equivocada de la realidad en nuestro país, esta semana van a estar visitando hospitales públicos, en donde de seguro van a ver el gran contraste que existe.
Como conclusión, creo que en Guatemala tenemos la capacidad de acceder a lo mejor de la tecnología médica actual, siempre y cuando pueda uno pagarlo o, como en mi caso, pueda acceder a ella a través de los seguros. Aquí se enfrenta uno a los dilemas de siempre: ¿cómo hacemos para que más personas tengan acceso a esta "mejor" medicina? La respuesta fácil para muchos es la "inversión social", es decir, invertir más dinero de los tributarios en los servicios de salud que brinda el gobierno, sin embargo, yo creo que esta es la respuesta equivocada. El gobierno nunca va a poder brindar un servicio tan bueno como la iniciativa privada, simplemente porque los incentivos están mal puestos. Yo creo que la única forma en que vamos a poder llevar mejores servicios de salud a los guatemaltecos es logrando que éstos mejoren sus ingresos personales para que, a través de ellos, cada uno pueda brindarse a sí mismo un cada vez mejor servicio. ¿Y cómo logramos esto? Pues no es a través de la famosa "redistribución de la riqueza", sino creando más riqueza. Y para ello se necesita atraer inversión, no espantarla, como generalmente se hace en Guatemala.
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