jueves, 5 de junio de 2008

Menos aranceles

La decisión del gobierno de Álvaro Colom de eliminar los aranceles para paliar el alza a los productos de la canasta básica por fin se encamina en el camino correcto. Y aunque solamente sean 10 productos los que quedan libres de aranceles, esta medida es de por sí mejor que la que se pretendía al imponer precios topes a muchos productos. Creo que es un buen inicio para encauzarnos por el camino del desarrollo.

Los aranceles no son más que trabas que los gobiernos imponen a los consumidores, so pretexto de evitar la competencia del extranjero y el mantenimiento de industrias y empleos nacionales. Sin embargo, los aranceles tienen una doble función de empobrecimiento; primero, al elevar los precios de productos que podrían ser comprados a un menor precio y con mejor calidad, y segundo, al mantener la “protección” a empleos e industrias que no son económicamente viables sin ella, se afectan otras industrias más rentables que nunca se crearán, en detrimento del consumidor y la economía en general.

El Gobierno al fin ha prestado oídos al sentido común, aunque no del todo, puesto que si ese sentido común indica que es bueno para el consumidor eliminar aranceles a 10 productos, ¿no sería mucho más beneficioso eliminar completamente todo tipo de aranceles? Si lo que se busca es el beneficio de los consumidores, la mejor forma de paliar la crisis es eliminar los aranceles, no solo a determinados productos sino a todos por igual. Esto se reflejaría inmediatamente en una reducción de precios de todos los productos importados y, por tanto, el beneficio sería para los consumidores, quienes podrían disponer de mejor forma de sus ingresos.

Creo firmemente que esta decisión, si bien es parcial y no hará gran diferencia en la economía, sí entreabre la puerta hacia ese ansiado desarrollo que todos esperamos pues, como dije anteriormente, da la pauta a pensar que este gobierno por fin ha escuchado y, sobre todo, experimentado con el sentido común y la lógica del mercado.

Pero no todo es arena, pues la de cal la anunció un día después el presidente con la implementación de la ley de cultivo forzoso. Él mismo se contradice, pues afirma que “no se está obligando a nadie, sino que es lo que manda la ley”.

Es el mercado, no ninguna ley caduca, lo que va a determinar qué se produce y qué no, en qué cantidad, de qué calidad y a qué precio. Al obligar a los dueños de tierras a cultivar el 10 por ciento de sus tierras con “granos básicos”, el Gobierno está interviniendo de forma dañina no solo la producción nacional sino, más importante aún, todo el concepto de la propiedad privada: se estaría violando de forma flagrante el sagrado derecho a que las personas hagan con su propiedad lo que mejor les parezca. Y en última instancia, ¿quién decide qué tipo de grano se va a cultivar? ¿Será que también van a decretar una ley de Tin Marín para ver si se cultiva frijol, maíz, soya o arveja?

Aunque el Gobierno está dando algunas señales de cordura, creo que aún hace falta mucho camino por recorrer. Actualmente, el presidente parece que escucha voces disonantes en cada oído, y dependerá de cuál le pone más atención la dirección en la que ha de encaminar al país.

Estamos en el momento justo de decidir entre el despeñadero o el buen camino. Esta crisis es el momento para definirnos, ¿a dónde nos irán a llevar?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 5 de junio de 2,008.

jueves, 29 de mayo de 2008

Tonta estrategia

En el eterno circo, los encargados de “administrar” el dinero de los tributarios siempre están pensando en nuevas formas de sacarles más dinero a los mismos de siempre. Ahora plantean una nueva reforma con la que, según ellos, incrementarán la cantidad de dinero que le podrán quitar a los tributarios; sin embargo, lo más seguro es que su resultado sea todo lo contrario, siendo contraproducente hasta para ellos mismos. Eso, lamentablemente, nunca lo aceptarán y a veces llego a la conclusión de que ni siquiera entenderán.

Argumentan que lo que logran quitarle a los tributarios es muy poco y no lo suficiente para hacer todo lo que quieren para “beneficiar al pueblo”. Siempre dicen lo mismo. Siempre utilizan de excusa la “falta de recursos” para justificar los evidentes fracasos de su gestión. Nunca son ellos los responsables. Nunca les pasa siquiera por la mente que sea su propio enfoque, la intromisión del Gobierno en cosas que no debería hacer, el causante de los problemas. No, para ellos siempre el problema es el dinero. Y entonces la única solución que se les ocurre es obtener más dinero a través de más impuestos.

Lo otro que no entienden es que o le quitan más al que ya está pagando o tratan de quitarle a más personas. No hay de otra. Por supuesto que los sueños húmedos de los burócratas incluirían la suma de los dos: quitarle más a quienes ya están pagando y lograr quitarle a más personas.

Casi en su totalidad, los funcionarios y políticos se decantan por la opción de quitarle más a quien ya le están quitando. Por supuesto, para ellos es lo más fácil de hacer. Ya lo tienen identificado y pueden coaccionarlo. Siguen la ley del mínimo esfuerzo —para variar—. La conclusión lógica desde esta perspectiva es que la única forma de incrementar el dinero que le quitan a los tributarios ya identificados es quitarle más a cada uno. De allí que todas las reformas fiscales que plantean llevan implícito un aumento de impuestos para los identificados —aunque digan que bajaron algunas tasas—.

La otra opción es la que yo propongo, pero no le gusta a los burócratas: quitarle menos a una mayor cantidad de personas. Esto implica reducir efectivamente los impuestos que se le quitan a cada persona o empresa, pero aumentar la cantidad de personas o empresas a las que se les quita.

Ahora bien, esto no se puede hacer de manera despótica, sino voluntaria. Es de la única manera en que funcionaría. Y para ello es necesario reducir y simplificar lo suficiente los impuestos como para que el costo de estar en la informalidad sea más alto que el de la formalidad.

Ahorita sucede lo contrario. El costo de estar en la formalidad es tan alto que más del 80 por ciento de las personas económicamente activas estén en la economía “paralela”. Por ello es que yo propongo, desde hace tanto tiempo, eliminar el Impuesto Sobre la Renta y dejar solo el IVA, precisamente para reducir ese “costo” de estar en la formalidad —entre otras cosas—. Si esto les parece un sacrilegio, una segunda alternativa es reducir el régimen especial del 5 al 2 por ciento.

Pero no es eso lo que están proponiendo los funcionarios, sino todo lo contrario. Subir la tasa del régimen especial y poner más difícil el otro régimen. ¿Cuál cree usted que será el resultado? Obvio: más gente se pasará a la economía “paralela” y los funcionarios seguirán intentándole quitar más dinero a cada vez menos personas. ¿No le parece una estrategia tonta?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 29 de mayo de 2,008.

jueves, 22 de mayo de 2008

Precios acordados

El gobierno, finalmente, presentó la semana pasada su negociación de “acuerdo de precios” en tres productos, como el inicio de lo que podría considerarse una oleada de “precios tope” para intentar frenar el alza del costo del nivel de vida para los guatemaltecos. Desde ya, considero que la decisión es equivocada en principio, y todavía más equivocada en la forma en que se realizó.

Es equivocada en principio porque en cuatro mil años de historia registrada, todas las veces que los gobernantes han intentado controlar los precios, han fracasado miserablemente. El resultado de los controles de precios siempre es el mismo, primero hay escasez y luego se generan mercados negros. Eso ha sido así en todas partes y en todas las épocas, ni siquiera la Unión Soviética se salvó, con todo y los rígidos controles que pretendía tener. Y, ¿quién puede creer que ahora sí va a funcionar en Guatemala, porque no son precios “controlados”, sino que son precios “acordados”? ¡Por Dios! ¡Hay que ser ingenuos!

Pero el problema no solo es que se están tomando decisiones equivocadas que no han funcionado en ninguna parte del mundo, sino que además, pareciera que las están haciendo con las extremidades inferiores.

Tomemos, por ejemplo, el caso de la harina. Resulta que hace dos semanas los panaderos estaban solicitándoles a los importadores de harina que les redujeran el precio, ya que éste se ha reducido en los mercados internacionales, pero los importadores dijeron que no podían bajarlo, porque ellos la habían comprado a los precios altos.

En esa discusión estaban cuando llegó el fin de semana y, ¡oh sorpresa!, durante el fin de semana los importadores “acordaron” con el presidente que se comprometían a no subir los precios de la harina durante los próximos meses. Lo que no sé si alguien le explicó al presidente es que los precios de los que estaban hablando eran de los precios en su máximo reciente y que el precio internacional ya no era ese.

Para quienes no están enterados, resulta que en el mercado internacional, el contrato de harina (de 5,000 bushels) en junio del 2007 se cotizaba en US$375. A finales de febrero y principios de marzo de este año, ese mismo contrato llegó a los US$1300, pero de allí para acá ha disminuido hasta cerca de los US$750, y todo apunta a que seguirá bajando, ya que se espera que la cosecha de trigo de este año bata todos los registros.

Y resulta que el presidente, quiero creer que por ignorancia y no por mala fe, llegó a un “acuerdo” con los importadores de que no van a subir el precio en los próximos meses, cuando, lo que debería estar sucediendo es que los precios bajen considerablemente, siguiendo la tendencia del mercado internacional.

Así que, no sólo es una decisión incorrecta, sino que además el Gobierno la hizo al revés, y en lugar de ponerle un “tope” a los precios, les puso un “piso”, para que tengan la excusa perfecta para no bajarlos.

¿Hasta cuándo entenderán los gobernantes que la mejor y, para efectos prácticos, la única forma de asegurar que el consumidor va a obtener el mejor producto al más bajo precio es abrir las puertas a la competencia, y no seguir con el sistema mercantilista que tanto daño ha ocasionado a los latinoamericanos en general y a los guatemaltecos en particular?

Lo que hay que hacer ahora es eliminar todas las barreras arancelarias y no arancelarias, y no andarse con las medias tintas de decir que lo que tal vez se podría hacer es ampliar un poco los contingentes.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 22 de mayo de 2,008.

jueves, 15 de mayo de 2008

Amarillismo

Las adopciones en Guatemala se han vuelto todo un caso de estudio de cómo la exageración en los medios de comunicación puede afectar las vidas de muchas personas. En este caso particular, las vidas de miles de niños que ya no tendrán la oportunidad de una vida mejor.

No contentos con haber erradicado la institución de la adopción en Guatemala, ya que con la nueva legislación vigente prácticamente se acabaron (apenas ha habido una veintena en lo que va del año), todavía se ensañan, no solo los “activistas” sino también los funcionarios y muchos periodistas en tratar de evitar que los niños que ya estaban en el proceso de adopción con la legislación anterior finalmente lo sean.

El argumento es siempre el mismo: que se roban niños para darlos en adopción. Yo no puedo asegurar que esto no suceda en algunos casos, pero el problema es la generalización: entonces todos los niños dados en adopción son robados y todos los que se dedican a las adopciones son unos ladrones de niños. Y con esta generalización amarillista, se les vedó a muchos cientos, si no a miles de niños la oportunidad de aspirar a una mejor vida.

De entrada, más del 95 por ciento de estos niños se van para Estados Unidos, y para ello tienen que pasar por dos pruebas de ADN, una al inicio del proceso y otra al final, lo que da muy poco margen para poder meter “niños de contrabando en Estados Unidos”.

Y la otra pregunta clave aquí es: si tantos ladrones de niños existen y tantos niños han sido robados, ¿por qué hay tan poca gente, si es que alguna en la cárcel por ese delito, y por qué solo hay unas pocas madres haciendo huelga de hambre por sus niños robados? ¿No deberían estar llenas las cárceles con todos esos “abogados corruptos que venden niños como que fueran muñecas”? ¿No deberían estar en la Plaza Central unas dos mil madres angustiadas buscando recuperar a sus niños robados? Y eso si solo contamos a los niños que están ahorita terminando el trámite de adopción; si nos vamos a los años anteriores, no cabrían en la Plaza las madres llorando por sus hijos robados.

Un matutino publicó hace un par de días un titular indicando que “desbordan anomalías en trámites”, pero cuando uno revisa la nota resulta que no se encuentra el desborde por ningún lado. Un diputado azuza con el petate del muerto una supuesta lista de abogados “corruptos”, la pregunta es: si tiene esa información, ¿por qué no los denuncia ante las autoridades para que se los lleven presos? ¿Por qué primero toda la alharaca en contra de los abogados y luego no hay órdenes de captura ni procesos en los tribunales de justicia?

Desde el comienzo de esta cacería de brujas en contra de la noble institución de la adopción, el lenguaje amarillista, tergiversado y malintencionado ha sido el único argumento esgrimido de parte de los “defensores de la niñez”. Las pruebas, como dije anteriormente, no se ven por ninguna parte, y el supuesto “desborde” de anomalías brilla por su ausencia.

Lo que sí ha quedado claro, al final de todo, es que debido a este lenguaje amarillista por parte de algunos periodistas, y a la tergiversación de hechos aislados por parte de un pequeño grupúsculo de supuestos defensores de la niñez, que ni siquiera se pudo comprobar que fueran hechos reales, muchos niños hoy por hoy están pagando las consecuencias. Muchos de ellos se quedaron sin la oportunidad de una mejor calidad de vida que aquí en su país, y con el rechazo de sus propios padres, posiblemente los convierta en escoria de la sociedad.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 15 de mayo de 2,008.

jueves, 8 de mayo de 2008

No metan mano (II)

A mi criterio, la Junta Monetaria y el Banco de Guatemala están tomando decisiones equivocadas y que nos pueden llevar, por enésima vez, a una nueva crisis. Por si no fueran suficientes todos los desafíos que enfrentamos en el panorama internacional, como la crisis en Estados Unidos, el incremento en el precio del petróleo y el incremento en el precio de los granos básicos, también tenemos que lidiar con los obstáculos y desafíos que los funcionarios locales nos imponen.

Creo que el problema principal radica en el origen, ya que para los funcionarios, fieles a sus creencias económicas, la inflación es el aumento general y sostenido de los precios medidos a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC). De allí derivan que tenemos un gran problema de inflación y, entonces, para evitar que la economía se “sobrecaliente”, lo que hay que hacer es meterle freno de mano, caiga quien caiga.

Y el freno de mano ya lo pusieron. Si mira la “tasa líder”, llevan ya varios años subiéndola, 1.75 puntos porcentuales solo en los últimos seis meses, y las consecuencias ya se empezaron a sentir. Las tasas de interés en los préstamos bancarios ya empezaron a subir. Como consecuencia, se ha reducido el crédito, muchos negocios empezarán a frenar y pronto tendremos una crisis similar a la de 1998/1999.

Sostengo que ese punto de vista es equivocado, porque prefiero la explicación de la Escuela Austríaca, para la cual el concepto anterior de inflación solo es una de las muchas consecuencias de la verdadera inflación, pero ignora su principal causa: la emisión monetaria. La definición austríaca de inflación es la creación de dinero más allá de su demanda no causada por el mercado.

Esta inflación ocasionada por la emisión monetaria es responsabilidad de la institución que, bajo el sistema actual, tiene el monopolio de esa emisión: el banco central. Es decir, es el banco central el que la crea y también el que después tiene que ver cómo la “controla”, para lo cual utiliza el referido mecanismo de incrementar las tasas de interés.

Ahora bien, el incremento de precios actual en Guatemala, en buena parte se debe al incremento de precios en productos importados que no tiene su origen en la emisión monetaria; por lo menos no la de Guatemala, porque si nos ponemos a analizar más profundamente el asunto, veremos por ejemplo que el incremento de precios del petróleo en términos de dólares se debe principalmente a la pérdida del poder adquisitivo del dólar, no a que de repente se agotó el petróleo del mundo.

Pero como ellos toman como punto de partida para su razonamiento el IPC (que incluye el componente externo), entonces resulta que tienen que “frenar” la inflación, para lo cual su única salida es frenar la economía. Como decimos en el mundo de la computación: garbage in, garbage out (si entra basura, sale basura). Si utilizan premisas equivocadas, llegarán a soluciones equivocadas. Los que terminan pagando esas decisiones somos todos (hasta ellos), pero especialmente los más pobres.

Lo peor de todo es que, si el banco central no se metiera, por un lado no se frenaría la economía, con todas las serias consecuencias que ello implica, y por el otro, el mismo mercado compensaría los “desajustes” en las tasas de cambio. Mi conclusión sigue siendo que estaríamos mucho mejor si los funcionarios dejaran de meterle mano a la economía.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 8 de mayo de 2,008.

jueves, 1 de mayo de 2008

No metan mano

Siempre existirán quienes creen que pueden tener un conocimiento tan amplio y grande de lo que está pasando en la economía que pueden llegar a “manipularla”, “controlarla” o de alguna manera “manejarla” a su sabor y antojo. Esa fatal arrogancia es la que nos ha llevado tantas veces al despeñadero, no solo en Guatemala, sino en todas partes del mundo, incluidos los Estados Unidos.

Esa característica se manifiesta especialmente en los “responsables” y técnicos de los monopolios de la emisión monetaria, más conocidos como bancos centrales, quienes dedican su tiempo a “administrar” las variables que tienen a la mano, para ver si logran llegar a esa codiciada meta de la “estabilidad”.

Para ello, abren por un lado un grifo, solo para percatarse de que el agua que salió tiene efectos no únicamente en la variable que les interesaba, sino también en muchas otras, así que tienen que ver cómo del otro lado abren un hoyo que se trague el agua. Pero cuando finalmente logran sacar el agua, se percatan del alto costo que esa acción les representó y que adicionalmente la variable que al inicio les interesaba, nuevamente se fue por donde no querían, así que sacan más agua, para luego ver cómo hacen para sacarla de nuevo, y así, ad infinítum.

Esa es la triste y cruda realidad de todos los banqueros centrales, incluido quien hasta hace poco era casi el superhéroe de los mercados, Alan Greenspan. En su caso, la historia es larga pero se resume en que las decisiones monetarias que se tomaron en la última década están en la raíz de los problemas actuales de la economía de Estados Unidos. Por supuesto que él ya no está allí y todavía le dio tiempo de sacarle raja personal al asunto, asesorando a un fondo de inversión que ganó varios miles de millones de dólares en la debacle de las subprime.

Volviendo al caso de Guatemala, el banco central y la Junta Monetaria se han dedicado a manipular la cantidad de dólares, de quetzales y la tasa de interés, a sabiendas (esperaría yo) de que lo que hacen con una mano luego lo tienen que deshacer con la otra, porque si no se les va de las manos.

Pero su maldición, como la de todos los bancos centrales del mundo, es que cualquier variable que toquen, como todas están interrelacionadas, afecta otras muchas y después de “resolver” un problema, resulta que crearon uno o varios más, y de allí tienen que “lidiar” con ese nuevo problema, lo que a su vez les ocasiona otro, y así sucesivamente.

Suben la tasa de interés, supuestamente para reducir la inflación (que ellos mismos habían provocado), pero luego resulta que esa subida ocasiona una contracción en el crédito y los medios de pago, lo que a su vez ocasiona que el quetzal se aprecie en relación con el dólar; entonces salen a comprar dólares, por supuesto, con quetzales, los que tarde o temprano van a tener que salir a “sacar” del mercado, para que no ocasionen más inflación, pero de allí resulta que lo que ellos “neutralicen” lo hacen al costo de tener que pagar intereses, y así siguen las infinitas concatenaciones de acciones y resultados, algunos incluso insospechados por ellos mismos.

La cosa es que es un juego de nunca acabar en el que nos tienen metidos por la pura arrogancia de considerarse superiores al mercado. Si fueran tan solo un poco más humildes, se percatarían de que estaríamos mejor sin que ellos tengan que estar metiendo mano en la economía para justificar su razón de existir.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 1 de mayo de 2,008.

jueves, 24 de abril de 2008

Defecto de fábrica

Esta semana se empezó a conocer la nueva propuesta fiscal del Gobierno, y lo que ya se conoció denota que, no importa cuántos años y gobiernos pasen, los funcionarios de turno y sus asesores de siempre nunca logran entender el tema fiscal. Lo único que saben es que quieren más dinero para “invertir” y, como no entienden de economía, lo único que se les ocurre es ver cómo exprimen más y más a los que ya les están pagando impuestos. Y todavía cometen la idiotez de decir que quieren “ampliar la base tributaria”.

Para que después nos salgan con la excusa (mentirosa, por cierto) de que uno solamente critica y no propone soluciones, aquí les va lo que yo creo que deberían hacer.

Primero que nada, el contexto: estamos ante una temporada que se presagia complicada para todo el mundo, y este no es el mejor momento para complicarles todavía más la situación a los que, a pesar de todos los obstáculos, continúan creando riqueza y proveyendo empleos en nuestro país. Hace apenas un par de semanas se publicó un estudio sobre la economía informal que indica que ésta sigue creciendo y que ya llega al 80 por ciento de toda la población económicamente activa.

Lo que se necesita ahorita, urgentemente, es eliminar impuestos y demás obstáculos para producir. La propuesta concreta es eliminar el Impuesto sobre la Renta (ISR), cuya única justificación son los prejuicios ideológicos de algunos cuantos y que representa un costo inmenso para los guatemaltecos, para el Gobierno y para el país. No existe ningún argumento válido para justificar en un país pobre el costo que tiene el impuesto al rendimiento del capital. Lo que se gasta en las empresas y en el Gobierno para recaudar el ISR es muchísimo más alto de lo que “rinde”; y eso, sin tomar en cuenta los problemas éticos y de principios que ocasiona y fomenta.

El Gobierno podría recaudar mucho más dinero si se limitara a cobrar un impuesto, como es el caso del IVA, y se olvidara de todos los dolores de cabeza que representa el ISR. Porque no solo hay que contar lo que ahorita está, ese 20 por ciento de formalidad, sino lo que se podría, aquí si, ampliar la base tributaria, al reducirles el costo de la formalidad a muchas personas y empresas.

Hace poco, un amigo me contó el caso de su hijo, que puso una empresa de venta de computadoras en el interior, y que quería formalizarse, pero no le salían las cuentas por ningún lado. El problema siempre es el ISR. Si se iba al régimen del 5 por ciento (que ahora quieren subir al 7), resulta que quebraba porque en ese negocio tan competido los márgenes son muy pequeños. Y si se iba al régimen optativo, no solo tenía que pagar el impuesto sobre una “utilidad” obligatoria del 3 por ciento, sino además debía contratar los servicios de un auditor. En ambos casos, salía tan mal que, aunque quería formalizarse, no podía, por cuestiones básicas de supervivencia.

Si esta propuesta parece una herejía a los ideológicos oídos de los funcionarios, les propongo entonces una solución no tan extrema y que les permite mantener su “honor socialdemócrata”: reducir la tasa del régimen fijo del ISR del 5 al 2 por ciento. Les aseguro no solo que la mayoría de las empresas formales se pasaría a ese régimen, sino que muchas que están en la informalidad pensarían seriamente en formalizarse. Pero no olviden: lo importante es concentrarse en el IVA, que es el mejor, o si lo quieren ver así, el menos peor de los impuestos.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 24 de abril de 2,008.

jueves, 17 de abril de 2008

¿Precios sin control?

La semana pasada no podía salir de mi asombro al enterarme de las “propuestas” del Gobierno para, supuestamente, paliar la crisis de la inflación. Lamentablemente, aunque digan que es “parte del plan de gobierno”, estas propuestas no solucionarán ninguna crisis y más bien suscitarán muchas otras. ¿Tan difícil será aprender de la historia?

Durante más de cuatro años de historia registrada, muchas veces se ha probado utilizar el mecanismo de control de precios para “resolver crisis”, y en todos los casos el resultado ha sido el mismo: desabastecimiento y mercados negros. No puede ser distinto, porque a) nadie va a consumir su capital (que siempre es escaso) al producir cosas que después el Gobierno lo va a obligar a vender a un precio menor de lo que le costó, y b) cuando la gente tiene necesidad de un bien, va a pagar lo que sea (incluso más de lo que el Gobierno dice que tiene que pagar) con tal de obtenerlo. En esas condiciones siempre habrá alguien que se arriesgará a contravenir las disposiciones de los gobernantes, para satisfacer esa demanda, a un mayor riesgo, por supuesto —lo que naturalmente se ve reflejado en el precio—. Un ejemplo actual de esto último es la droga.

Pero no hay que remontarse a lejanas épocas ya que hay varios ejemplos actuales, y son Zimbabue y Venezuela los más destacados. Para aprovechar que el presidente va a viajar a uno de ellos, sería bueno que se informe un poquito de qué ha pasado con los productos de la canasta básica con precio tope.

En pocas palabras, pasaron de ser productos que no todos podían pagar a productos que nadie puede encontrar. Y eso a pesar de las bravuconadas y amenazas de Chávez. Y si ni él, con todo el ingreso que tiene por las ventas de petróleo a los altos precios actuales, ha logrado paliar la crisis con su “socialismo del siglo XXI”, no veo cómo las mismas tonteras van a dar un mejor resultado en un país sin el ingreso petrolero.

Zimbabue, un poco más lejos pero igualmente llevada al despeñadero por las medidas populistas, es quizá el caso actual más emblemático de los ridículos resultados a que pueden llevar los controles de precios.

Para resolver un problema, lo mejor es buscar y eliminar sus causas y no simplemente tratar de contrarrestar sus efectos. En el caso de la inflación, hay que tener claro que la causa siempre es monetaria. De hecho, toda la crisis en Estados Unidos tiene una raíz monetaria. Para evitar la inflación local, lo que hay que controlar no son los precios de los productos, sino las acciones de la Junta Monetaria y el Banguat (de entrada, ¿qué sentido tiene tratar que el quetzal se devalúe a la par del dólar?).

¿Y el precio del petróleo y los productos de la “canasta básica”? No podemos contrarrestar tendencias mundiales, pero sí podemos eliminar los problemas locales, como por ejemplo, es imperativo eliminar el inconstitucional Impuesto a la Distribución del Petróleo. Se deben eliminar también todas las restricciones, tanto de aranceles como de contingentes, a los productos de la dichosa canasta. Si quieren que acá se produzcan muchos más granos, que el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales no impida la producción con transgénicos.

P.S.: lo invito a seguir escuchando el programa radial +Negocios, que conduzco junto con María Dolores Arias, hoy jueves de 19 a 20 horas. por la 100.9 FM y www.radiopolis.info. Hoy nos acompañará José Raúl González Merlo, columnista de Prensa Libre, para hablar sobre el manejo del flujo de caja.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 17 de abril de 2,008.

jueves, 10 de abril de 2008

Sin esperanza

La escena no es nueva para los guatemaltecos. Un cuerpo en una bolsa negra, bomberos, policías, fiscales del MP, los curiosos que nunca faltan y, por supuesto, el brillo por ausencia de los delincuentes. Ahora fue en la zona 15, pero también se puede dar en cualquier zona de la capital, en la provincia, en aldeas, caseríos y ni siquiera talanqueras o seguridad perimetral la puede detener.

Son la violencia y la inseguridad que azotan a nuestro país desde hace muchos años, durante varios gobiernos; y aunque ministros y funcionarios nacionales y extranjeros vienen y van, estos males persisten. Y al paso que vamos, todo apunta a que seguiremos igual o peor en tanto el Gobierno persista en seguir dilapidando recursos y tiempo en funciones que no le corresponden.

Se ha repetido hasta la saciedad y el hartazgo que las funciones básicas del Gobierno son brindar seguridad e impartir justicia. Las excusas usuales de las que se agarran los funcionarios pueden ser cubiertas por los propios ciudadanos, sin necesidad de que los impuestos sean desviados a actividades que nada tienen que ver con estas funciones primarias. El mísero 14 por ciento del presupuesto que el gobierno asigna a la seguridad y la justicia es una burla a los guatemaltecos, quienes cada día, con la misma escena repetida en diferentes lugares, ven cómo la violencia pasa rozando sus vidas tan cerca.

La escena de las fuerzas de seguridad se queda en eso, en un montaje, y quisiera creer que no es solo por mala fe o falta de competencia, sino también porque los recursos que se asignan después del despilfarro no alcanzan para mantener fuerzas policiales capacitadas y bien entrenadas, sabedoras y cumplidoras de su deber, ni mucho menos un sistema judicial eficiente.

La escena era la del asesinato del venezolano Víctor Rivera, experto en seguridad que colaboró en el esclarecimiento de secuestros y casos de alto impacto en gobiernos anteriores. Y aunque repitan la misma cantaleta y nieguen lo obvio, el Gobierno tiene doble responsabilidad en este hecho sangriento.

En primer lugar, porque es responsabilidad de las autoridades brindar seguridad a todos los que habitan el país, sin importar si es guatemalteco, blanco, morenito, delgado, si vende chicles en la esquina o si es experto en seguridad. En segundo lugar, el asesinato de Víctor Rivera pone en serios aprietos al Gobierno por la forma intempestiva en que lo sacaron del Ministerio de Gobernación y lo dejaron en descampado, especialmente tomando en cuenta que a quienes persiguió no eran caritativos y virtuosos ciudadanos.

Pero indistintamente de quién o quiénes asesinaron a este ser humano, nuevamente, es responsabilidad del Gobierno no dilapidar los recursos que obtiene de los contribuyentes, sino canalizarlos a brindar seguridad y justicia, que tanta falta nos hacen. Puede haber muchas especulaciones acerca de dónde provino el asesinato, pero todas ellas solo refuerzan los temores de la población, en el sentido de que si ni siquiera un experto en seguridad como Rivera está seguro. ¿Qué esperanza podemos tener los demás?

P.S.: no pude continuar hoy con el tema del empresario, pero lo invito a usted a seguir escuchando el programa radial + negocios, que conduzco junto con María Dolores Arias, hoy jueves, de 19 a 20 horas, por la 100.9 FM y www.radiopolis.info.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 10 de abril de 2,008.

jueves, 3 de abril de 2008

El empresario

Hace algunas semanas, con unos compañeros y amigos, estábamos pensando nombres para un nuevo programa radial sobre el arte de la empresarialidad, así que me puse a investigar un poco en el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española (DRAE), y lo que encontré me dejó perplejo: los prejuicios ideológicos han permeado hasta esta obra académica. El bajo concepto que presenta acerca del empresario deja mucho que desear, aunque probablemente refleja un prejuicio extendido en la región.

La primera definición del DRAE acerca del empresario dice: “Persona que por concesión o por contrata ejecuta una obra o explota un servicio público”. Las siguientes definiciones no mejoran mucho el concepto: “Persona que abre al público y explota un espectáculo o diversión”, “patrono (persona que emplea obreros)”, y “titular propietario o directivo de una industria, negocio o empresa”.

Las primeras dos definiciones no solo expresan un concepto erróneo y limitado del empresario, sino que además le ponen el mote de “explotador”. Si va uno luego a buscar “explotar”, en el mismo DRAE, se encuentra estas dos definiciones: “Sacar utilidad de un negocio o industria en provecho propio” y “utilizar en provecho propio, por lo general de un modo abusivo, las cualidades o sentimientos de una persona, de un suceso o de una circunstancia cualquiera”. Si bien es cierto, se podría decir que la que se aplica al empresario es la primera, le garantizo que en la mente de la mayoría visualizan más la segunda.

No me extraña que esas definiciones y los prejuicios que conllevan, aunados al sistema mercantilista que ha predominado en nuestra región desde la Conquista (éste sí se refleja perfectamente en la primera definición) sean parcialmente responsables del subdesarrollo predominante. Una de las principales razones del bajo concepto del empresario en la región es que muchos de quienes han pasado por “empresarios” no son más que rentistas y mercantilistas que se han aprovechado de sus “conexiones” para mamar de la teta del “Estado”, o aprovecharse de los consumidores amparados en algún privilegio concedido por los gobernantes. Pero esos no son los verdaderos empresarios.

Si queremos alejarnos de la pobreza, necesariamente tenemos que pasar por reivindicar el concepto de empresario. No nos engañemos, la única forma de salir de la pobreza es a través de la inversión de capital, y para que exista capital para invertir y proyectos en qué invertirlo se necesitan empresarios. Indistintamente de los prejuicios antiempresariales que muchos puedan tener, lo cierto es que el motor de la economía es el empresario. Sin empresarios, no habría productos que consumir ni fuentes de trabajo para los empleados. Sin empresarios no habría progreso.

¿Quién es el empresario? Es aquel que está dispuesto a tomar riesgos con tal de lograr sus fines, a emprender, a crear algo de la nada, a perseguir sus sueños. Y no depende de la cantidad de dinero que tiene. Igual de empresario puede ser quien tiene su puesto en el mercado que quien ha creado empresas que se han expandido a nivel global. Para salir de la pobreza, necesitamos crear riqueza, y esa es la especialidad del empresario.

P.S.: si quiere afinar sus conocimientos en el arte de la empresarialidad, le invito a escuchar el nuevo programa radial +Negocios, que conduzco junto con María Dolores Arias, hoy jueves, de 19 a 20 horas, por la 100.9 FM, y www.radiopolis.info.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 3 de abril de 2,008.

jueves, 27 de marzo de 2008

Caro petróleo

Todo recurso en este mundo es limitado y, por tanto, en algún punto escaso. Esa es la razón principal por la que los bienes y servicios cambian de precio, dependiendo de su relativa escasez a cada momento. El petróleo, base principal de mucha de la energía que se utiliza en el mundo, no escapa de esta realidad. Por supuesto, los políticos, aquí y en la China, siempre logran distorsionar los precios, metiendo su mano peluda.

Como es un producto no renovable, algún día se terminará toda la reserva de petróleo que hay en el mundo, por lo que no nos debe extrañar que la tendencia de su precio, en el largo plazo, sea al alza, al reflejar su cada vez mayor escasez. Sin embargo, cuándo se dará ese momento, es un enigma que escapa de nuestro conocimiento; que hay muchas reservas, las hay, simplemente no se ha hecho rentable encontrar más a los precios de hasta hace poco. Ahora que ha subido, le garantizo que se encontrarán otras reservas, como la reciente de Brasil.

Mientras tanto, el petróleo sigue ahí y seguirá por muchos años.

La subida de precios reciente tiene otros componentes, como lo son la pérdida de poder adquisitivo real del dólar, la demanda mundial de energía que ha crecido a un ritmo mucho mayor que la oferta, la saturación de la capacidad de refinación mundial (problema que no tiene visos de resolverse ni siquiera a mediano plazo), las guerras e inestabilidad en regiones productoras del mismo (Irak y Nigeria, por ejemplo), entre otros.

La otra razón, más de tinte político que económico, es que la mayor parte de la producción del mundo es controlada, precisamente, por políticos. Con contadas excepciones, el petróleo del mundo depende de políticos, dictadores o “familias reales”. Para más señas, solo hay que ver al cartel del petróleo, mundialmente conocido como la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), que no es una organización o conglomerado de entidades privadas, sino de “países” (realmente, de sus gobernantes) que exportan petróleo.

Son los gobernantes de esos países quienes ejercen el control del crudo. ¿O no ha visto usted que en sus reuniones acuerdan cuál es la cantidad de petróleo que debe extraerse para mantener determinado precio? Si su retentiva es buena, recordará algunas declaraciones que refuerzan esta teoría, como por ejemplo las de un dictadorcillo del sur que dijo hace poco que el precio “justo” del petróleo era por lo menos de US$150.

Es una mezcla de todas esas causas la que tiene al mundo en esta “crisis” energética y de la cual los guatemaltecos tampoco somos ajenos. Una salida momentánea a esta crisis está muy a la mano. El Impuesto a la Distribución de Derivados del Petróleo debe ser eliminado inmediatamente. No solo porque encarece el precio del combustible y los derivados del petróleo, sino porque ya desde hace varios años la Corte de Constitucionalidad lo declaró inconstitucional. A los diputados de ese entonces la Constitución les vino del norte, y lo volvieron a poner, pero los legisladores actuales tienen la oportunidad de reivindicarse un poco.

Mientras el mundo continúe con sus ideas socialistoides y colectivistas, no tenemos más remedio que soportar las torcidas decisiones de la OPEP. Mientras tanto, podemos, con esta sencilla y acertada decisión, mejorar nuestros niveles de vida y paliar la crisis. Exijamos a los funcionarios públicos la eliminación inmediata de este inconstitucional impuesto.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 27 de marzo de 2,008

jueves, 20 de marzo de 2008

Secuestrar o no

El secuestro de cuatro turistas belgas y los dos guatemaltecos que los acompañaban, el viernes pasado, es una más de las “acciones de hecho” que grupos de presión han realizado para imponer su punto de vista sobre los gobernantes y que poco a poco nos acercan más al borde del precipicio y la ingobernabilidad. Esta es una ocasión crucial para que la administración de Colom establezca de una vez por todas si está dispuesta a hacer valer la ley o, por el contrario, demostrar que reverencia a cualquiera que le haga la menor presión (como sus primeros meses al frente del gobierno parecen indicar).

Lo primero que se debe hacer es dejar de apañar los crímenes con el manto eufemístico de las “acciones de hecho”. No nos engañemos, las famosas “acciones de hecho” generalmente son violaciones de la ley por parte de personas que se escudan en las “reivindicaciones” para cometer cualquier delito. A las cosas hay que llamarlas por lo que son, y lo que hicieron los integrantes del grupo que secuestraron a los turistas es eso: un secuestro, un delito penado con cárcel. De hecho, el secuestro es uno de los crímenes más horrendos que puede dejar marcadas de por vida a las víctimas y a sus familiares, indistintamente de las excusas que utilicen los secuestradores para justificar su delito.

Cuando los gobernantes, que están obligados a hacer valer la ley, dejan pasar impunemente un crimen por motivos políticos, no solo están violando la Constitución y muchas leyes menores, sino que adicionalmente dan el mensaje de que la ley los tiene sin cuidado y que no les importa violarla con tal de lograr sus fines. Como consecuencia, las demás personas, particularmente los de los grupos de presión amantes de las “medidas de hecho” se ven reivindicados en su propio desprecio por la ley y tienen los mejores incentivos para presionar cada vez un poco más, con tal de lograr sus fines.

Este caso es el mejor ejemplo de ello, ya que quienes secuestraron a los turistas son los mismos que anteriormente secuestraron a 29 policías y que salieron bien librados, es decir, con toda impunidad, de semejante delito. No se les persiguió, mucho menos se les capturó, y todo ello a pesar de que a todas luces cometieron un delito flagrante a la vista de todo el mundo.

Ah, pero como supuestamente era por “reivindicaciones”, entonces los gobernantes no los trataron como criminales, sino que negociaron con ellos y los dejaron en total impunidad. ¿El resultado? Se envalentonaron y volvieron a las andadas, solo que ahora con repercusiones mucho más serias al secuestrar a turistas.

Las repercusiones ya se empezaron a ver. Durante esta misma Semana Santa, ya muchos turistas cancelaron sus reservaciones para Izabal. Y a mediano plazo las perspectivas para el turismo no serán mucho mejores.

Pero las peores repercusiones no tienen que ver con el turismo, sino con el mensaje que los gobernantes den si dejan que este delito se quede en la impunidad. Les estarán indicando a todos que la ley les viene del norte, y que cualquiera puede cometer delitos y crímenes impunemente, siempre y cuando lo haga excusándose en las “reivindicaciones”, ya que para los gobernantes éstas son mucho más importantes que la ley y además tiemblan ante cualquiera que los presione, sean los euroburócratas, los maestros o un grupo de secuestradores disfrazados de campesinos.

¿Tomarán la decisión correcta los gobernantes?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 20 de marzo de 2,008.

jueves, 13 de marzo de 2008

Todavía peor

No han pasado ni dos semanas desde el accidente del bus en la Curva del Chilero y ya la mayoría parece haberse olvidado del asunto. Lo que es peor, los funcionarios a cargo del “transporte pesado”, en un súbito arranque dizque de conciencia, han decidido que ahora sí van a hacer algo; sin embargo, las decisiones que empiezan a tomar son tan absurdas que no nos debería extrañar que pronto enfrentemos nuevos casos similares al del Chilero.

La principal decisión que tomaron es prohibir los buses “expresos” durante la Semana Santa. Según ellos, así se evitarán accidentes, ya que esos automotores no están “supervisados” por ellos para efectuar tal faena en las carreteras, y entonces no pueden “responder” por ellos. ¡Como que lo hicieran por los que sí están bajo su supervisión!

Esta decisión denota la mentalidad de los funcionarios, que es la verdadera raíz de los problemas actuales: el mercado es “imperfecto” y, por tanto, requiere la “supervisión” de los burócratas para “perfeccionarlo”.

El resultado de esa intromisión de la mano peluda de los burócratas en el servicio de transporte de pasajeros en particular, pero que se replica en toda actividad económica que se meten a regular, es un sistema más imperfecto que el que el mercado proporcionaría, a precios generalmente mayores, con menor oferta de la necesaria y con el problema adicional que a la hora de que hay problemas todos los “responsables” se lavan las manos, como lo expliqué en mi artículo de la semana pasada.

Pues bien, en el caso de esta nueva prohibición, ¿cuál cree usted que será el resultado? En ese momento en el cual la demanda por transporte extraurbano para movilizarse a los departamentos llega a su pico máximo del año, la oferta será todavía más insuficiente de lo que ha sido en los años anteriores, cuando alguna de esa demanda era satisfecha a través de los buses “expresos”. En otras palabras, habrá muchas más personas buscando un medio de transporte para llegar a su lugar de origen o destino de descanso de lo que ha habido en otros años, y una oferta de transporte que no ha crecido al mismo ritmo.

Esos factores, aunados, redundarán, como mínimo, en bastante frustración para muchas personas que ven en este feriado largo su única oportunidad para salir de la ciudad, y, más seguramente, en sobrecarga mayor de la usual en los buses que forman parte del cartel autorizado por la Dirección General de Transportes.

¿Tan difícil será entender que lo que se necesita es eliminar las restricciones de rutas establecidas por los funcionarios? ¿Tanto les costará comprender que el resultado natural de esas restricciones es la formación de un cartel cuyos miembros se vuelven ineficientes, inseguros y poco competitivos, precisamente por la falta de competencia?

¿Alguna vez se les habrá ocurrido a los funcionarios preguntarse por qué nunca es suficiente la cantidad de buses que hay para la demanda que existe (si no, no habría sobrecarga de las camionetas)? Por lo visto, no.

Sólo espero que esta decisión no pare ocasionando más accidentes que los que pretende evitar. Y si lo hace, no hay que buscarle tres pies al gato, la culpa es de los funcionarios que no entienden lo que hacen, pero se creen capaces de controlarlo.

Le aconsejo mucha precaución en esta Semana Santa, y si tiene que utilizar un bus y no está tranquilo con el chofer, es mejor que no se suba y pierda su “descanso” a perder la vida.


Artículo pulblicado en Prensa Libre el jueves 13 de marzo de 2,008.

martes, 11 de marzo de 2008

Irresponsables

Los accidentes de tránsito en general y los del transporte colectivo en particular siempre se han dado y jamás se podrán erradicar por completo; sin embargo, el problema actual, manifestado a raíz del bus que se accidentó en la Curva del Chilero y le costó la vida a más de medio centenar de guatemaltecos, el pasado viernes, tiene otras raíces. Esa raíz es la irresponsabilidad, pero no solo la del piloto que manejaba a excesiva velocidad, ni la del empresario que lo contrató sin licencia y nunca controló su desempeño, sino principalmente de los funcionarios que supuestamente deben velar porque estos percances se minimicen, y no lo han hecho.

Lo triste del caso es que esos funcionarios saldrán tan campantes como siempre, sin dar cuentas a nadie de su irresponsabilidad.

Los funcionarios siempre han tratado de vender la idea de que el mercado no tiene controles y, si se deja libre a las personas para actuar, el caos reinará. Como alternativa, se presentan ellos, que saben a ciencia cierta y con toda exactitud lo que puede y va a suceder y que por tanto están perfectamente capacitados para solucionar los problemas, antes incluso de que se presenten, siempre y cuando se les dé carta blanca para meter su mano peluda a través de una miríada de regulaciones.

Así, se arrogan el derecho de decidir quiénes pueden o no prestar el servicio de transporte y les establecen una serie de regulaciones con el supuesto propósito de velar por el bienestar de los usuarios. Nos venden la idea de que bajo sus controles y sanciones el transporte será más seguro, pero la realidad es muy distinta.

Los funcionarios no cumplen la tarea que ellos mismos se han arrogado y, como consecuencia de ello, suceden accidentes como el mencionado, pero a la hora de la verdad resulta que nadie es “responsable”. Nadie sabía que el piloto no tenía licencia, que el bus estaba defectuoso, que el bus iba sobrecargado, que ya tenía varias multas por exceso de velocidad.

Y entonces uno se pregunta: ¿para qué tanta alharaca con querer “reducir” las imperfecciones del mercado cuando con sus actos demuestran hasta la saciedad que ellos son mucho más imperfectos?

Hoy las mismas autoridades que se supone vigilan el cumplimiento de la reglamentación que ellos mismos imponen no están seguras de quién es el dueño y a quiénes se perseguirá penalmente por el siniestro. Pero tampoco se deducirán responsabilidades a esas autoridades que no cumplieron su labor.

Creo que debemos seguir una ruta distinta. La asignación exclusiva y coercitiva de rutas por parte del Gobierno no permite que los usuarios del transporte puedan escoger entre una gama más amplia de servicios.

La limitación de éstos hace que los dueños de las unidades se acomoden a que no se les puede sacar del negocio y, por consiguiente, la seguridad y el buen servicio les tienen sin cuidado. Eso sucedería menos si tuvieran que competir libremente.

Accidentes habrá siempre, pero muchos pueden evitarse con simples acciones, como liberar las rutas de transporte para que las preferencias de los usuarios se encarguen de mantener a los buenos servicios y sacar del mercado a los irresponsables y mediocres.

Si seguimos haciendo lo mismo, obtendremos los mismos resultados (ayer mismo hubo otro accidente) que hemos tenido desde que tengo memoria.

Artículo pulblicado en Prensa Libre el jueves 6 de marzo de 2,008.

jueves, 28 de febrero de 2008

Inseguros

Con la excusa de "protegernos" los diputados nos dejarán más desamparados.

En el Congreso se discute una nueva “ley de la actividad aseguradora”, con el supuesto fin de “modernizar” el sistema y velar porque los consumidores guatemaltecos estén “protegidos”. La realidad es muy distinta de las “buenas intenciones” de los diputados.

Utilizando la excusa de que cuando las cosas truenan los guatemaltecos vamos llorando a que papá Gobierno mire cómo hace para devolvernos a nosotros lo que supuestamente nos corresponde y vea a quiénes (los tributarios, por supuesto) les cobra los elotes que alguien más se comió y nos defraudó (como ha sido en el caso de los bancos fallidos), los diputados pretenden ahora aprobar esta nueva ley que, en su punto controversial, prohíbe la venta en Guatemala de seguros de empresas que están domiciliadas en otro país y que no pasen por el proceso de abrir una sucursal aquí.

Ellos pueden utilizar cuanto rebuscado argumento se les ocurra, pero lo cierto es que la propuesta tiene los elementos para considerarse una ley proteccionista para “apoyar” a las empresas nacionales. Y como dice el dicho de mi papá, “no sólo hay que serlo, sino también aparentarlo”. Y esa sospecha se acrecienta cuando uno ve que la ley eleva el “crimen” de vender seguros extranjeros al nivel de secuestros y asesinatos. No digamos la ridiculez de que si en los oferentes locales no encuentro lo que necesito, tengo que ir a pedirles permiso a la autoridades para irlo a buscar fuera. ¡Por Dios!

Si realmente quieren proteger a los ciudadanos, se deben abrir más las puertas a la competencia, en lugar de cerrarlas. Permitir que uno pueda comprar el seguro que quiera, domiciliado en donde mejor le plazca y bajo las condiciones que el ciudadano y la empresa con quien lo contrata convengan voluntariamente.

Y si las autoridades lo que quieren es lavarse las manos y evadir cualquier responsabilidad de los fraudes a los que puede estar sujeto un ciudadano (que de todos modos siempre zafan bulto), lo que podrían hacer es simplemente pedir que en las oficinas de las empresas donde se venden estos seguros “extranjeros” pongan un rótulo en el que se aclare que el Gobierno guatemalteco no es responsable de lo que le pueda pasar al ciudadano que se “arriesgue” a contratar un seguro con una empresa extranjera.

Al final, creo que el problema siempre es de raíz, basado en esa arrogante creencia de que el ciudadano es tan tonto y desinformado que de seguro se lo van a babosear y que, ante tal tamaña injusticia, qué mejor que el “Estado” esté pronto a protegerlo de esos infames abusadores. ¿Tan difícil es creer que las personas son lo suficientemente inteligentes y con sentido común como para saber qué es lo que mejor les conviene?

Que puede haber abusos, los puede haber, pero eso no justifica que entonces, para evitar la posibilidad de que “abusen” de ellos, mejor de una vez los amarramos y los fregamos nosotros. Eso es lo que quieren hacer los diputados.

Aun si fuéramos a creer las supuestas buenas intenciones de los diputados, de todos modos quedamos amolados los ciudadanos, ya que, como precisamente lo demuestran las crisis bancarias recientes, la supuesta “supervisión” de la Superintendencia de Bancos más parece la carabina de Ambrosio, ya que éstas se han dado con todo y el acompañamiento de la “Súper”. De ser aprobada esta ley, así como va, los guatemaltecos quedaremos más inseguros de lo que ya estamos.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 28 de febrero de 2008.

jueves, 21 de febrero de 2008

Nerón y los Derechos Humanos

El obispo Rodolfo Quezada Toru- ño publicó el ensayo “Volvemos a los tiempos de Nerón”, en el que da a conocer su oposición a la pena de muerte y la reinstauración del proceso de conmutación de la misma. Encuentro algunas incongruencias en la postura del obispo, que comento a continuación.

Indica: “Algún comentarista ha afirmado que el 90 por ciento de los guatemaltecos está de acuerdo con dicha pena. Pero, ¿hasta qué punto son fiables estas ‘estadísticas’?”. Yo mencioné la semana anterior esa cifra, citando encuestas pasadas; sin embargo, Prensa Libre hizo un sondeo por televoto, y de las siete mil 770 personas que votaron, el 97.4 por ciento está de acuerdo con la pena de muerte. El obispo se cuestiona si las personas “reaccionan con justa indignación ante tanta impunidad para asesinar”; la respuesta sencilla: sí.

De allí pasa a condenar el legado del famoso pulgar de Nerón. Al parecer, él condena el que se le imponga al presidente esa carga, “a pesar de todo un largo proceso judicial”. En otra parte también se pregunta “¿para qué, entonces, tener un organismo judicial?”. Yo estoy de acuerdo con él en ese punto; sin embargo, no debe reclamarles a los diputados, sino a los “defensores de los derechos humanos”, ya que ese procedimiento, como lo expliqué en mi columna anterior, no está ni en nuestra Constitución ni en nuestra legislación penal, sino que es un requisito exigido por la Convención Americana de los Derechos Humanos.

Luego, hace una digresión sobre los “diabólicos inventos” que el hombre ha creado para eliminar a otro ser humano, entre los que incluye hasta el hacha y la hoguera. Yo le diría que el problema no son los instrumentos, sino quien los utiliza, porque si a esas vamos, la quijada de burro, uno de los inventos mencionados, deshonraría a Dios, que lo inventó.

Después asevera: “Está comprobado plenamente que la pena de muerte no es disuasiva, como algunos opinan, sin mayor fundamento”. Yo le recomendaría que lea la columna de Luis Enrique Pérez del sábado pasado, en la que cita varios estudios realizados durante bastantes años que demuestran una correlación sobre esa disuasión. Eso solo para que en el futuro no sea tan categórico para afirmar algo que ignora. Yo creo que esto nunca se va a poder probar “plenamente”, ni en un sentido ni en otro, y existen estudios que “prueban” ambos extremos. De lo que estoy convencido es que a algunas personas la posibilidad de la pena de muerte les disuadirá de cometer un crimen mayor, mientras que a algunas otras, la posibilidad de la pena de muerte les vendrá del norte (lo que, al final, da un resultado positivo).

Ya no me queda espacio para más argumentos, por lo que me limitaré a comentar la frase de Juan Pablo II con que el obispo cierra su mensaje: “Nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho a matar de modo directo a un ser humano inocente”. Me pregunto: ¿por qué añadió Juan Pablo II la palabra “inocente”?

jueves, 14 de febrero de 2008

Sin pena de la muerte

El martes aprobaron en el Congreso la Ley Reguladora de la Conmutación de la Pena para los Condenados a Muerte, con la que se restablece el procedimiento de conmutación de la pena de muerte y se elimina el vacío legal que dejaron Alfonso Portillo y el FRG cuando lo eliminaron. Lo importante de esta aprobación es que se deja libre el camino para que se aplique la condena a los criminales que están en la lista de espera.

La nueva legislación, como lo decía la anteriormente derogada, establece que corresponde al presidente decidir si confirma que se aplique la pena de muerte dictada por los jueces o si, en lugar de que se le aplique esa pena, le concede al reo que se le aplique la pena anterior a ésta, que en otros países sería la cárcel de por vida, pero en Guatemala es la de prisión por 50 años. El presidente no tiene que decidir si el reo es culpable o inocente, eso ya lo determinaron los jueces; lo único que le compete es la severidad de la pena.

Yo creo que esto de la conmutación de la pena es un procedimiento retrógrado, que nos queda como recuerdo de las épocas monárquicas; sin embargo, resulta que nos es impuesta no por algún rey trasnochado sino por los tratados de derechos humanos. En efecto, esto de la conmutación de la pena no está establecido en nuestra Constitución ni como un requisito de nuestra legislación penal, sino que es impuesto por la Convención Americana sobre Derechos Humanos (mejor conocida como Pacto de San José), la que en su artículo 6 dice: “Toda persona condenada a muerte tiene derecho a solicitar la amnistía, el indulto o la conmutación de la pena, los cuales podrán ser concedidos en todos los casos. No se puede aplicar la pena de muerte mientras la solicitud esté pendiente de decisión ante autoridad competente”.

Como aquí no dice exactamente quién es el responsable de tomar dicha decisión, probablemente podría haber sido alguien más, no el presidente, pero la cosa es que alguien tiene que tomar esa decisión.

Como bien lo dice el artículo referido, mientras no se tome una decisión al respecto, no se puede aplicar la pena de muerte, y por eso creo que es un paso importantísimo el que dieron el martes los diputados.

Como no podían hacer algo bueno sin meter la mano peluda, los diputados incluyeron una cláusula de silencio administrativo (según lo reportado ayer en los medios), que de seguro se considerará inconstitucional y que ojalá, de una vez, la corrijan para no entrampar nuevamente las ejecuciones.

Por aquello de las dudas, finalmente, por una vez le atinaron los diputados al sentir de la población, ya que según algunas encuestas, más del 90 por ciento de los guatemaltecos está a favor de que se aplique la pena de muerte. ¿Será eso un indicativo del grado de fracaso que ha tenido el gobierno (me refiero, por el momento, a todos los anteriores) en cumplir esa su función tan primordial de proporcionar seguridad y justicia a los habitantes del país?

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 14 de febrero de 2008.

miércoles, 13 de febrero de 2008

¿Quién es el enemigo?


Potencialmente, un gobierno es la más grande amenaza a los derechos del hombre; ya que mantiene el monopolio legal sobre el uso de la fuerza en contra de victimas legalmente desarmadas. Cuando no está limitado y restringido por los derechos individuales, un gobierno es el enemigo más mortífero del hombre. La Declaración de Derechos (Bill of Rights) no se escribió como una protección contra acciones privadas sino contra acciones gubernamentales.

Ayn Rand

lunes, 11 de febrero de 2008

Dificil predecir


Predecir es muy dificil, especialmente sobre el futuro.

Niels Bohr (Octubre 7, 1885 – Noviembre 18, 1962). Bohr fue un físico danés que hizo contribuciones fundamentales para entender la estructura atómica y la mecánica cuántica. Bohr es considerado uno de los físicos más importantes del siglo XX. En la foto, con Albert Einstein.

viernes, 8 de febrero de 2008

Soluciones al calentamiento


Hace un par de semanas estuvo en Guatemala uno de los miembros del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) y, si lo citaron correctamente en un matutino local, dijo que para estabilizar la atmósfera hay que reducir las emisiones de CO2 en 80 por ciento. A pesar de que soy un escéptico de la teoría antropocéntrica (que es culpa del hombre) sobre el calentamiento global, es interesante ver que, aun si fuera cierta, la solución al problema la daría el mismo mercado y no necesariamente la “voluntad de los tecnócratas”.

¿Se imagina usted lo que implicaría para el progreso (o más bien retroceso) de la humanidad esa reducción? Sin ser tan conocedor del tema, con la tecnología actual me imagino que tendríamos que renunciar a mucho de lo que actualmente conocemos como “progreso”.

Ahora bien, en una gráfica que se presentó en el reportaje mencionado, se hace una proyección de la concentración de CO2 a unos 300 años en el futuro, que me hace preguntarme: ¿y no que ya solo quedan reservas de petróleo para unos 50 ó 75 años? ¿De dónde saldrán las emisiones de CO2 cuando ya no haya petróleo?

Yo creo que las reservas son mucho mayores; sin embargo, también soy consciente que conforme más se exploten los yacimientos, más caro va a ser encontrar y extraer lo que vaya quedando. Esa futura escasez hará que el precio de los derivados del petróleo aumenten (tendencia que ya empezó), lo que a su vez hará más rentable y codiciado encontrar nuevas y más baratas fuentes de energía (tendencia que también ya se inició).

La mayor fuente de energía a la que tenemos acceso y, para efectos de la humanidad es casi infinita, es precisamente el motor principal de toda la vida en nuestro planeta (y según algunas teorías recientes, hasta del calentamiento global): el Sol. A paso lento, pero seguro, las nuevas tecnologías solares que se están desarrollando irán reemplazando a los hidrocarburos y, por consiguiente, asumiendo que la teoría antropocéntrica es correcta, el mercado la resolverá, en el mediano plazo. La ventaja de dejárselo al mercado es que podrían encontrar además otras fuentes.

Otro aspecto que se mencionó en el reportaje es el efecto que la deforestación. Nuevamente, el problema principal no es creado por “el hombre” como especie, sino más bien por los gobiernos. Las áreas más deforestadas son las que son de los gobiernos; las que son privadas están mucho mejor cuidadas, tal vez no con selvas tropicales, pero para efectos de la neutralización del CO2 es mucho mejor cualquier plantación comercial que un cerro “nacional” pelón.

Entonces, mi conclusión es que, aun si fuera cierta la teoría antropocéntrica del calentamiento global (que no lo creo), la mejor solución son el mercado y la propiedad privada, no la intervención gubernamental para obstaculizar el progreso. ¿Usted qué piensa? Si le interesa el tema, escuche hoy Todo a pulmón, a las 12 horas, en el 100.9 FM.

Artículo publicado en Prensa Libre el jueves 7 de febrero de 2008.

miércoles, 6 de febrero de 2008

El éxito no es definitivo...


"El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es el coraje para continuar ".

Winston Churchill

martes, 5 de febrero de 2008

¿Ganar más o fastidiar más?

A veces me pregunto si la intención de los expertos tecnócratas que se mantienen diseñando nuevos esquemas tributarios es recaudar ingresos mayores para el erario o simplemente justificar su puesto ante los “superiores”, para lo cual creen que, mientras más fastidien a los tributarios, mejor imagen tendrán ante sus jefes.

Esta pregunta me llega con recurrencia, especialmente cada vez que se publica una nueva propuesta que se cocina en el perol de los tecnócratas, como la que se presentó ayer en este mismo matutino.

A pesar de que no hay político ni tecnócrata en el mundo (bueno, esa podría ser una exageración y tal vez sí exista algún despistado) que no sepa que la mejor manera de lograr que crezca una economía es quitándole impuestos, difícilmente encontrará usted uno solo que lo acepte en público, mucho menos que esté dispuesto a actuar en consecuencia. Se dan algunas excepciones, lamentablemente solo cuando ya la cosa está tocando fondo, como por ejemplo lo que está sucediendo en la actualidad en Estados Unidos.

Pues bien, ahora nos salen con que quieren hacer una nueva baraja de cambios en la legislación con el supuesto propósito de obtener más ingresos. El problema es que simplemente proponen parches al sistema para exprimir más a los que ya pagan (que es lo más fácil), y no le entran de raíz al problema.

Lo que necesitamos, en especial, frente a un futuro tan incierto, es quitar los obstáculos para que haya más inversión en el país y que se generen más y mejores empleos (la generación de riqueza es la mejor cura contra la pobreza). Para ello, creo que debemos encaminarnos hacia una reducción y simplificación de los impuestos y no a complicarlos más y volver más caro su cumplimiento.

Yo sigo sosteniendo que lo que hay que hacer es eliminar el Impuesto sobre la Renta y concentrar los esfuerzos de la Superintendencia de Administración Tributaria en la recaudación del Impuesto al Valor Agregado y de las personas y empresas en producir más, y no en estar viendo cómo hace para cumplir y evadir. Ya hace un par de años hice una propuesta muy específica de cómo hacer ese cambio de sistema.

Si eso es pedir demasiado para sus sensibles e ideológicamente dogmáticos oídos, por lo menos que hagan un cambio en esa dirección. Por ejemplo, ¿por qué no cambiar la tasa del régimen del 5 al 2 por ciento, incluidas las personas en “dependencia”? Les aseguro que la mayoría, si es que no todas las empresas que están en el régimen optativo, se cambiarían corriendo y se olvidarían ya de mantener todo un departamento de contabilidad con el único propósito nada productivo de cumplir con los requisitos fiscales. Este solo cambio tendría adicionalmente la ventaja que reduciría considerablemente (aunque no lo elimina) el costo de pasarse a la formalidad.

¿Tan difícil será entender esto?


Artículo publicado en Prensa Libre el 31 de enero de 2,008.

jueves, 24 de enero de 2008

Nocivos impuestos

No se necesitaron muchos días para que la administración socialdemócrata empezara a sacar las uñas. Apenas cuatro días después de tomar posesión, el vicepresidente declaró que pondrían más impuestos a las actividades “nocivas”, para agenciarse fondos para el sistema de salud. Siempre la solución fácil, “pongamos impuestos”, sin siquiera primero preguntarse qué se hace con los miles de millones de quetzales que recibe anualmente el erario.

Las irresponsables declaraciones del vicepresidente solo compiten con las de uno de los diputados oficialistas que le siguió la corriente al vicepresidente y llegó al colmo de declarar: “La iniciativa de ley ya está hecha. No nos gusta llamarlo incremento de impuestos, sino más bien, aumento de los precios”. ¡Ve qué de a petate! Por lo menos que tengan la decencia de aceptar la responsabilidad de sus decisiones, y no que se quieran ocultar tras las enaguas de un eufemístico “aumento de precios”.

Por lo menos hay que reconocerle al diputado que, tal vez sin querer queriendo, reconoció la verdad que a todos los políticos, burócratas y tecnócratas no les gusta aceptar abiertamente: incrementar los impuestos generalmente implica un aumento de precios a los productos.

Y es que no debemos perdernos. Los adoradores del Estado siempre argumentarán que son “otros” los que pagarán los impuestos: los empresarios, los ricos, los viciosos, en fin, otros, no usted. Pero esa solo es la mentira con la que engañan a la gente para que los apoye en su interés de sacarle más dinero del bolsillo a, nada más ni nada menos, que a usted y a toda la gente que vivirá engañada creyendo que “fregó” a otros. La realidad es que todos los impuestos van incluidos en los precios de lo que usted paga por casi todos los productos que compra todos los días. Así como lo oye. En el precio de ese litro de leche o, para hacerlo más congruente con las declaraciones del vicepresidente, en el precio de ese su “traguito”, van incluidos no sólo el Impuesto al Valor Agregado, sino también el Impuesto sobre la Renta que pagará la empresa que lo fabricó de las utilidades que percibió al vender ese producto. Van también todos los otros impuestos que se pagaron con los insumos que se utilizaron para producirlo, como por ejemplo el impuesto a los combustibles. Y así sucesivamente. Así que no se deje engañar: todos los impuestos que el Gobierno cobra salen de lo que usted paga por los productos que compra todos los días.

Lo triste del caso es que, en todo este embrollo fiscal, los malos siempre son los tributarios, pero a los que utilizan mal esos impuestos (que generalmente son la mayoría de funcionarios, y no me refiero sólo a que los roben sino también a que los utilicen de manera tonta, ineficiente y despilfarradora), a ellos nunca se les cuestiona sobre el buen o mal uso que hacen de los mismos. ¿Será justo ese sistema?

Publicado en Prensa Libre el jueves 24 de enero de 2,008.

martes, 22 de enero de 2008

La suerte y el trabajo


Soy un gran creyente de la suerte y me doy cuenta que mientras más duro trabajo, más suerte tengo.

Tomás Jefferson

jueves, 17 de enero de 2008

La duda del beneficio

He dicho públicamente (en el pro- grama radial Todo a pulmón) que no considero conveniente ni necesario dar el así llamado “beneficio de la duda” a la administración de Álvaro Colom. Las críticas a mi postura (en la que no estoy solo) no se han dejado esperar y han sido de los más variados calibres, desde las amables sugerencias a repensar mi postura, hasta los amargos reclamos da más de alguno de los que todavía está esperando el hueso anhelado.

Ante la oposición natural del statu quo por lo que aparentemente es el rompimiento de una larga tradición, expongo las razones de mi postura.

Primero, ¿qué es eso del “beneficio de la duda”? Es una costumbre casi vuelta ley de que cada vez que llega un nuevo gobernante se le debe dejar estar tranquilo en lo que se asienta en el puesto y que, durante ese período, no se le debe criticar, cuestionar, argumentar, preguntar, inquirir sobre sus actuaciones al frente del erario. Presumo, aunque lo desconozco, que esta costumbre surge de la ancestral “cortesía”.

¿Quiere decir eso que soy descortés? Probablemente, pero prefiero ser descortés a las autoridades que infiel a mis principios.

Y ¿por qué no les doy el “beneficio de la duda” a las nuevas autoridades? Sencillo. Porque ellos ya dijeron lo que van a hacer y yo creo que están equivocados. Pasaron ya suficiente tiempo e indicaron claramente cuál es su visión de lo que quieren hacer en el Gobierno: básicamente, uno más grande que, según ellos, logrará esa utopía de la redistribución de la riqueza. Sinceramente, creo que van por el camino equivocado, y no puedo prestarme a apoyarlos en llevar al despeñadero a Guatemala.

Lo ridículo del asunto es que he dicho que podría, quizás, darles el beneficio de la duda a los funcionarios, de que van con buenas (aunque equivocadas) intenciones y no con la idea de pasar a mejor vida (a robar, pues), gracias a los impuestos de los tributarios. Y resulta que las mismas personas que me critican por no darle el “beneficio de la duda” a la administración, me dicen que no sea baboso, que eso es algo que definitivamente no debería esperar.

Entonces, ¿en qué quedamos? Resulta que no creen que los funcionarios sean honrados, pero a la vez mantienen la hipócrita postura de voltear la cara y hacerse los locos de lo que hagan (o no hagan) durante los primeros meses. ¿No cree usted que hay una perversión en esta forma de pensar? ¿O será que lo que muchos piensan es que hay que darles ese “beneficio” a estos, no sea que mañana sean ellos los afortunados y también les agradaría que los demás voltearan la cara y se hiciera los locos?

Yo prefiero ser honesto conmigo y con mis principios, y decirles de una vez que están equivocados. Tanto lo están que hasta los mismos supuestos “defensores” de la “socialdemocracia” ya están adelantando las excusas para justificar el nuevo fracaso.


Artículo publicado en Prensa Libre el 17 de enero de 2008.

martes, 15 de enero de 2008

La cita del día - Dr. Bruce Ames


"El número de cigüeñas en Europa se ha ido reduciendo por años, la tasa de nacimientos se ha ido reduciendo por años. Si grafica una a la par de la otra, tendrá una hermosa correlación. Pero eso no significa que las cigüeñas traen a los bebés".

Dr. Bruce Ames, Universidad de California en Berkeley, citado por John Stossel en su libro "Myths, lies, and downright stupidity".

viernes, 11 de enero de 2008

La cita de hoy - Albert Einstein


El prestigio del gobierno, sin lugar a dudas, se ha reducido considerablemente por la Ley de Prohibición. Ya que nada es más destructivo para el respeto al gobierno y a la ley de la tierra que pasar leyes que no se pueden hacer cumplir. Es un secreto abierto que el peligroso incremento del crimen en este país está estrechamente relacionado con esto.

Albert Einstein, en "Mis primeras impresiones sobre Estados Unidos" [1921], al hablar sobre la ley que prohíbia el consumo de bebidas alcohólicas en Estados Unidos durante la década de 1920.

jueves, 10 de enero de 2008

La cita de hoy - Henry Ford



No puedes construir una reputación sobre lo que vas a hacer.
Henry Ford

¿Cambiará algo?


¿Cambiará algo con cambiar a las personas?

A las puertas del cambio de gobierno, la principal incógnita a resolver es si cambiara la situación con la llegada de una nueva administración y un casi-nuevo Congreso. Con todo y las buenas intenciones que algunos o la mayoría de los nuevos funcionarios puedan tener, la triste realidad es que difícilmente cambiará la situación del país.

Cambiarán los rostros, muy probablemente cambiará el "estilo" de administrar la "cosa pública", seguramente cambiarán de "status" económico los nuevos allegados a la silla de los 44 mil millones de quetzales anuales, pero la situación del resto, con la sola excepción de algunas pinceladas, continuará igual.

Y me atrevo a decir que continuará igual porque si realmente queremos cambiar las cosas, se necesita cambiar el sistema. Sólo cambiar a las personas no es suficiente. Cambian los matices pero el sistema sigue igual.

No importa que los nuevos gobernantes vengan con el discurso de que habrán cambios porque ellos son "social-demócratas" ya que, al final de cuentas, el sistema que hemos tenido durante por lo menos los últimos 60 años en Guatemala, indistintamente de que hayan sido gobernantes de "izquierda" o de "derecha", civiles o militares, ha sido un sistema benefactor, mercantilista, basado en principios socialistas.

Durante todo ese tiempo lo único que ha cambiado, y no mucho, es el grado de involucramiento de los gobernantes en la esfera privada de las personas, y cada nueva administración simplemente llega a darle su "sello personal" al mismo sistema. La novedad ahora supuestamente es la "social-democracia", sin embargo, lamento informarle que no es tal la novedad, esta simplemente es una variante más del sistema en el que llevamos inmersos ya bastante tiempo.

Lo que realmente necesitamos es un cambio de sistema. Alejarnos de ese sistema seudo-benefactor mercantilista que sólo ha beneficiado a los gobernantes y a sus amigos pero que en poco ha contribuido a mejorar el nivel de vida de los habitantes del país. Si no me cree, la mejor prueba del rotundo fracaso del sistema son los casi dos millones de guatemaltecos que voluntariamente han votado con sus pies y se han ido a buscar un mejor futuro a otras latitudes, aún a riesgo de perder la vida en el intento.

Lamentablemente, la nueva administración ha dicho claramente que lo que pretende es incrementar el sistema seudo-benefactor mercantilista y no alejarse de él. Si logran su cometido, lo más seguro es que, a pesar de las cada día más estrictas prohibiciones, muchos guatemaltecos sigan emprendiendo la aventura del norte, en la búsqueda de un mejor futuro para ellos y sus familiares.

Así que, no se haga muchas ilusiones; y si usted realmente se interesa por ese cambio del sistema, le invito a que se informe sobre la propuesta de ProReforma en www.proreforma.org.gt .

Publicado en Prensa Libre el jueves 10 de enero de 2008.
Fotografía, Prensa Libre.

miércoles, 9 de enero de 2008

martes, 8 de enero de 2008

La cita del día - Viktor Frankl

"Quienes vivimos en campos de concentración podemos recordar a los hombres que caminaban por las barracas dando consuelo a otros, dando su último pedazo de pan. Pueden haber sido pocos, pero ellos ofrecen pruebas suficientes de que se le puede arrebatar todo a los hombres menos una cosa: la última de las libertades humanas -- escoger la actitud de uno ante cualquier grupo de circunstancias, escoger el propio camino".

Viktor Frankl
(1905-1997) Ex prisionero de un campo de concentración Nazi. Autor del libro "El hombre en busca de sentido" (entre más de 30).

lunes, 7 de enero de 2008

La cita de hoy - Hannah Arendt


"El revolucionario más radical se convertirá en un conservador el día después de la revolución".

Hannah Arendt

sábado, 5 de enero de 2008

La cita de hoy - Hellen Keller


"No pienses en los fracasos de hoy, sino en los éxitos que pueden venir mañana. Te has puesto una tarea difícil, pero la lograrás si perseveras; y encontrarás felicidad en vencer los obstáculos".

Hellen Keller

viernes, 4 de enero de 2008

La cita de hoy - Andrew Carnegie


"A medida que envejezco, me fijo menos en lo que los hombres dicen. Simplemente miro lo que hacen”.
Andrew Carnegie

miércoles, 2 de enero de 2008

Metas


¿Lograremos alcanzar nuestros objetivos este año?

En estos días en que la gente se pone a hacer conjeturas sobre si el 2008 será bueno o será malo, yo lo que le puedo decir es que, para usted, será tan bueno o tan malo como usted lo permita. Así de sencillo. El resultado que obtenga al final dependerá, en gran medida, de las decisiones que usted mismo tome durante el año.

"Pero siempre hay situaciones inesperadas", me dirá usted; "no podemos controlar el precio del petróleo", "no sabemos qué decisiones vaya a tomar la nueva administración", "podemos tener percances o ser víctimas de la delincuencia", y así por el estilo serán los argumentos utilizados. Y, en efecto, pueden suceder muchas cosas que uno no pueda controlar, lo importante es cómo reaccionamos ante ellas. Más importante aún es que hay muchas cosas que sí podemos controlar, que dependen de nuestras decisiones y que, con contadas excepciones, son las que realmente definen nuestro caminar.

Por ello, yo lo invito a que si aún no lo ha hecho o simplemente no tiene costumbre de hacerlo, se ponga algunas buenas metas a alcanzar durante este año. Está demostrado hasta el cansancio que las personas que se ponen metas obtienen mejores resultados que quienes simplemente andan "a la deriva en la vida".

"Eso no funciona…", "todos se proponen cosas pero luego las olvidan…", "antes de que termine enero ya casi todos se olvidaron de sus propósitos de año nuevo…", continúan los argumentos. En efecto, así suele suceder. De hecho, en algunos estudios han encontrado que el 85% de las personas que se han propuesto algo al inicio del año, lo dejan en el olvido a las pocas semanas.

Lo importante aquí es la contraparte: ese 15% que no lo deja al olvido. Esas personas avanzan más en la vida que el resto, y no me refiero sólo a lo material. Usted puede ser una de ellas. No hay nada en sus genes que lo "predisponga" o "condicione" a estar en ese 85%: la única diferencia es la voluntad.

No pierda más el tiempo y propóngase por lo menos una meta alcanzable (eso es muy importante) en cada una de estas 4 áreas: salud, riqueza, desarrollo personal y desarrollo social. Pueden ser metas muy sencillas, no tiene que pasar de la total inacción a escalar el Everest en un año, pero sí puede proponerse, por ejemplo, caminar 15 minutos tres veces por semana, leer un libro al mes, tomar un curso que le ayude a mejorar en su trabajo, sonreírle a todas las personas con que se encuentre, dominar algún hobby, cambiar de trabajo para hacer algo que realmente le guste, en fin, puede ser cualquier cosa que usted quiera. Lo importante, repito, es que tenga una meta a dónde llegar.

Así que no se deje vencer por las circunstancias y la holgazanería. En este año que empieza, propóngase algunas metas y persígalas todo el año. Verá que no se arrepentirá.

Publicado en Prensa Libre el jueves 3 de enero del 2008.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Curso para "bloggeros"

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miércoles, 26 de diciembre de 2007

Obsequio de fin de año

Quiero compartir con todos ustedes un pequeño libro sobre las fiestas de fin de año que a mí me hizo reflexionar mucho. Espero que les guste. Lo puede encontrar aquí (está en inglés).

¡¡¡¡Que tengan todos un muy feliz año 2008!!!

P.S. También le recomiendo que tome un tiempito para ver las fotos de Navidad que están un par de entradas más abajo.

Reflexiones

Hay mucho por qué estar agradecidos y mucho que buscar el año que viene.

Estas épocas siempre me ponen reflexivo, sin embargo unas cuantas charlas, un par de películas y libros añadieron todavía más a ese ánimo reflexivo de "fin de año". Mi conclusión es que éste ha sido un buen año y tengo muchas cosas por las cuales estar agradecido y que el 2008 se presenta también como un buen año, si tan sólo nos ocupamos en buscar nuestros objetivos.

El 2007 fue un buen año para mí. Me trajo muchas bendiciones y tengo muchísimas cosas por las cuales estar agradecido. Le agradezco a Dios, primeramente por mi familia, mi esposa y mi hija: son las mejores joyas que me pudo dar y sin ellas mi vida estaría vacía. También estoy muy agradecido porque, luego de casi 20 años de separación, finalmente este año mi familia volvió a reunirse.

También estoy agradecido por los amigos que tengo. Con algunos trabajo todo el tiempo, a otros apenas los veo quizá una vez al año, pero poco a poco, esos lazos de amistad van creciendo a veces incluso más que los familiares. Este año debo agradecer también que nuevas personas se han incorporado a ese círculo de amigos, en especial, las madres y los niños del Hogar Rafael Ayau.

También estoy agradecido por la salud y las oportunidades que hemos tenido este año. Por las muchas satisfacciones, batallas, éxitos, alegrías, tristezas y muchos conocidos que el trabajo en los medios me ha permitido experimentar y conocer. Por haberme iniciado formalmente en el hobby de la fotografía. Incluso hasta las cosas que al principio parecían malas, como el tener que mudarme por causa del Transmetro, al final resultaron siendo una bendición.

En fin, para mí el 2007 ha sido un buen año y deseo con todo corazón que también lo haya sido para usted.

Ahora nos enfrentamos al nuevo reto, al nuevo año, al 2008. Como soy optimista a más no poder, creo que el nuevo año también será muy bueno. Qué vaya a suceder, no tengo la más remota idea, así como hace un año no sabía que viviría en otra casa, que tendría nuevos amigos, las batallas que me tocaría pelear.

Lo que sí podemos hacer es trazarnos metas, objetivos, que nos den un norte hacia dónde dirigirnos y saber que, si bien es cierto hay muchas cosas y circunstancias que no dependen de nosotros, siempre, ante cualquier situación, tendremos la oportunidad de decidir si queremos ser dueños de nuestro destino y responsabilizarnos por las decisiones que tomamos o simples "víctimas" de las circunstancias en busca de alguien a quien echarle la culpa de nuestras desgracias.

En una de las lecturas recientes encontré una cita de Benjamín Franklin que me gustó: "mantente siempre en guerra contra tus vicios, en paz con tus vecinos, y que cada año nuevo te encuentre como una mejor persona". Le deseo que el año entrante usted pueda volver su mirada atrás y ver que, en efecto, es una mejor persona. ¡Feliz 2,008!

Publicado en Prensa Libre el jueves 27 de diciembre de 2007.